thumb|325px|Edificio del Círculo de Bellas Artes, cuyo sótano albergó la denominada Checa de Bellas Artes, en realidad dependiente de un organismo oficial conocido como Comité Provincial de Investigación Pública.

Una checa fue una instalación utilizada durante la guerra civil española en la zona republicana para la represión política y la persecución de religiosos.https://www.larazon.es/cultura/historia/10000-religiosos-asesinados-izquierda-republica_2023071964b72bb1bcaee0000186dd2e.html?outputType=amp En estos lugares se realizaban detenciones, interrogatorios, torturas, juicios sumarísimos y ejecuciones extrajudiciales de curas y presos sospechosos de simpatizar con el bando sublevado. Las checas fueron utilizadas principalmente por algunas personas o grupos relacionados con partidos y sindicatos que operaban en la zona republicana.

Por lo general, estas instalaciones eran conocidas por la calle donde se encontraban, o bien por el nombre de quien las dirigía. Aparte de las que dependían de organismos del Estado —como la conocida Checa de Bellas Artes, más tarde de Fomento, dependiente del Comité Provincial de Investigación Pública—, varios partidos políticos, ateneos, comités, sindicatos u organizaciones vinculados al Frente Popular o a la Confederación Nacional del Trabajo dispusieron de una checa.

Concepto y causas

El golpe de Estado contra la República fracasó en la mayor parte del territorio peninsular, por lo que España quedó dividida en dos zonas. En la que había fracasado la rebelión, las instituciones quedaron sumamente debilitadas y el Gobierno decidió ceder a la demanda de las organizaciones obreras de que se entregaran armas a sus militantes. De esta forma, se desencadenó el movimiento revolucionario que los sublevados decían combatir. La combinación de ambos factores, el proceso revolucionario mediante el que las organizaciones izquierdistas trataron de suplir las carencias del debilitado aparato estatal y la rebelión encabezada por los militares insurrectos que amenazaba con propagarse, desencadenaron en la zona que se dio en llamar «republicana» un movimiento represor de base, carente de la dirección y uniformidad que caracterizaron al de la zona sublevada, y que fue de gran intensidad durante los primeros meses de la guerra. Dentro de este movimiento represor, algunos grupos irregulares que actuaron en los primeros meses del conflicto han sido calificados por algún historiador como escuadrones de la muerte, si bien el término no estaba todavía en vigor en la época de los hechos.

Contexto de la represión

La represión en la zona republicana se desarrolló en un contexto en el que influyó la ausencia de una autoridad clara tras la insurrección, que ha llevado a algún autor a hablar de "quiebra del Estado de derecho". Las principales instituciones (Ejército, Policía, judicatura) quedaron debilitadas por la rebelión de muchos de sus integrantes, el asesinato o encarcelamiento de otros y el clima de sospecha existente sobre los restantes, a quienes los militantes anarquistas, comunistas y socialistas veían como herramientas de la clase dominante a la que querían derrotar. La decisión del Gobierno de entregar armas a las organizaciones obreras para poder derrotar a las fuerzas sublevadas acabó acrecentando la debilidad de las instituciones constitucionales, que se vieron superadas y sustituidas por organismos oficiosos creados por los partidos y sindicatos obreros, de ideología mayoritariamente revolucionaria. Para los militantes de estas organizaciones, que habían sido perseguidos por la Justicia durante décadas, las garantías jurídicas eran solo formalismos inútiles que dificultaban la administración de una «justicia revolucionaria».

Tras el estallido del conflicto se produjo la excarcelación de numerosos presos comunes, condenados algunos por graves delitos, encontrando muchos de ellos acomodo en diversos órganos represivos, siendo los anarquistas particularmente receptivos a aceptar la colaboración de estos individuos, en quienes veían a aliados de clase, si bien Gabriele Ranzato resta importancia a esta violencia más desorganizada frente a la llevada a cabo por los miembros de las formaciones políticas, comités y sindicatos. Determinadas checas se convirtieron en refugios de criminales que actuaban con ánimo de lucro.

Los mensajes radiofónicos del general Queipo de Llano provocaban pavor entre los republicanos. La proclamación por el general Mola de que en Madrid existía una «quinta columna» que colaboraría con las cuatro que se dirigían contra la capital buscaba sembrar inquietud entre sus adversarios, objetivo que consiguió, pues recrudeció la represión no solo contra reales o supuestos colaboradores de los sublevados, sino también contra presuntos simpatizantes. El conocimiento de que el bando contrario también estaba realizando sistemáticas acciones de represión con extraordinaria dureza, como la masacre de Badajoz por el teniente coronel Yagüe o la represión desatada en Navarra por las tropas de Mola, generaría deseos de venganza y alentó a los más radicales.

Los bombardeos aéreos llevados a cabo por la aviación «nacional» sobre Madrid, un tipo de guerra desconocido hasta entonces que afectaba duramente a la población civil, encendieron los ánimos de los milicianos, que buscaron vengarse del enemigo en las cabezas de sus simpatizantes más próximos y vulnerables. Sobre todo por el hecho de que la aviación franquista parecía respetar el barrio de Salamanca, zona residencial de clase alta a la que acudieron a refugiarse multitud de personas.

Finalmente, también estaba en juego el interés económico por las incautaciones de bienes de los detenidos. Las autoridades necesitaban dinero para la guerra, y les pareció que una forma lógica de obtenerlo era proceder a la incautación de bienes de los detenidos como sospechosos de colaborar con el bando contrario. En consecuencia, las checas se apoderaban de dinero en metálico, joyas y otros bienes de los detenidos que, en parte, entregaban a la Dirección General de Seguridad. La decisión oficial de que los miembros de los tribunales chequistas fueran retribuidos con cargo al producto de lo incautado acentuó el peligro de que el ánimo de lucro influyera en su actuación. Existen sospechas de que ciertas checas tenían tendencia a dirigir la represión contra personas de cierta posición económica con la intención de incautar sus bienes, independientemente de que hubiera pruebas de su colaboración con el enemigo.

Delimitación del concepto

thumb|350px|La Casa de Campo, amplia zona verde contigua a Madrid, fue uno de los lugares apartados donde se daba el paseo a los detenidos.

Aunque la palabra «checa» sea hoy utilizada despectivamente por los sectores más críticos con este fenómeno, el término fue en su momento asumido por sus propios creadores y utilizado por los simpatizantes de ambos bandos. La denominación procede del apócope de la Comisión Extraordinaria (Chrezvichàinaia Komissia) creada en Rusia el año 1917 por los bolcheviques para reprimir con dureza cualquier acto considerado como contrarrevolucionario.

El historiador Peter Wyden, en su obra La guerra apasionada, describe a la checa de la siguiente manera: Partiendo de este concepto, se excluyen algunos organismos que participaron en la represión de los insurgentes y se discute la inclusión o no de otros.

Recientemente, se ha cuestionado el uso de la palabra «checa» por ser un término acuñado por la prensa y la propaganda franquista. Así, se han destacado las diferencias que existían entre estos centros parapoliciales y la Checa, policía política soviética de donde proviene el término; así, el uso de la palabra cumplió una función a nivel nacional para simplificar al enemigo asociándolo a injerencias extranjeras.

Asimismo, se ha constatado la existencia de checas en la zona sublevada, denominadas checas azules. Es el caso de la checa de Sevilla, situada en el edificio de los jesuitas de la calle de Jesús del Gran Poder.

La administración de justicia

Aunque muy disminuida por el caos producido por la rebelión, la administración de justicia tradicional no desapareció totalmente. Ciertos casos, como el de los generales Fanjul, Goded y Fernández Burriel, fueron enjuiciados por tribunales constituidos con unas ciertas garantías. En ocasiones, los mismos jueces serían quienes investigarían algunos de los excesos de las checas. Las autoridades crearon con el tiempo unos tribunales mixtos en los que, aunque había jueces profesionales, predominaban los jurados simpatizantes de las organizaciones izquierdistas. Estos órganos judiciales no fueron confundidos con las checas ni siquiera por el Ministerio de Justicia del régimen de Franco tras la victoria bélica. La Causa General dedica su capítulo XI a lo que denomina «Justicia roja», separándolo del Capítulo IV dedicado a las checas.

Otros grupos irregulares Es discutida la consideración o no como checas de los puestos de las Milicias de Vigilancia de Retaguardia, de los que existían 35 en Madrid, o la sede del Departamento Especial de Información del Estado (DEDIDE) de la calle de O'Donnell.

Por otro lado, existieron ciertos grupos represivos, ya fueran oficiosos creados por organizaciones políticas, ya fueran oficiales pero con una actuación muy autónoma, que realizaban una labor muy similar a la de las checas pero de forma volante, es decir, sin contar con un centro de detención e interrogatorio estable. Estas organizaciones practicaban detenciones y realizaban incautaciones pero los detenidos que no eran asesinados por ellas eran entregados a checas propiamente dichas. Aunque suelen estar incluidos en las relaciones de checas hechas por diversos historiadores, algunos discuten su consideración como tales. En cualquier caso, su actuación no se distinguía mucho de la de las checas en sentido estricto. Entre estos grupos destacan:

Los Linces de la República, integrados inicialmente por miembros de Seguridad y de la Guardia de Asalto dirigidos por el teniente del Ejército Juan Tomás Esterlich y el capitán miliciano socialista Emilio Losada. Dependió primero del director general de Seguridad Manuel Muñoz Martínez, a quien entregaban parte de lo incautado. Después pasaron a depender del cuartel general de la Columna Mangada, sin por ello cambiar sustancialmente su actividad. Solían pasear a sus víctimas en la Casa de Campo. La Escuadrilla del Amanecer (también denominada Brigada o Patrulla), grupo móvil de la Dirección General de Seguridad, perteneciente a la Checa de Fomento. Las Milicias Populares de Investigación, adscritas formalmente a la Brigada de Investigación Criminal, dirigidas por el socialista Agapito García Atadell y que actuaban muchas veces interrelacionadas con la Patrulla del Amanecer, hasta el punto de que se suelen confundir sus actividades y aun sus identidades.Memoria - República - Personajes - Politicos II: Agapito García Atadell

El SIM