La energía nuclear es la segunda fuente de generación de energía eléctrica en España. En 2025 aportó el 19,06% de la producción total con 51.836 GWh netos generados, lo que la sitúa como la tecnología con mayor factor de capacidad de producción pesa a representar solo el 5,28% de la potencia instalada del país. En el mismo año produjo el 25,58% de toda la electricidad libre de CO₂ generada en España.

En España hay cinco centrales nucleares en activo, con un total de siete reactores: Almaraz I y II, Ascó I y II, Cofrentes, Trillo I y Vandellós II. En conjunto, suman una potencia instalada de 7.117 MW. Además, hay un reactor desconectado: Garoña, y dos en desmantelamiento: Vandellós I y José Cabrera-Zorita. Existe una fábrica de combustible nuclear en Juzbado, Salamanca y un centro de almacenamiento de residuos radiactivos de baja y media actividad en Hornachuelos, Córdoba.Energía nuclear en España Foronuclear. Consultado el 14 de abril de 2010.

Hasta febrero de 2011 existió una moratoria por la que no se contemplaba la construcción de nuevas centrales, pero en esa fecha se aprobó en el Senado la Ley de Economía Sostenible por la que se permite la ampliación del periodo de vida útil de las centrales nucleares más allá de los 40 años si lo autoriza el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).

Sin embargo, se trata de un tipo de energía controvertida debido a diferentes aspectos: la seguridad de las centrales nucleares (se han producido en España incidentes de nivel 1, 2 y 3), los residuos radiactivos generados y la proliferación de armamento nuclear, y los grupos ecologistas se declaran mayoritariamente en contra (o más a favor de otros tipos de energía, como las renovables). En cuanto a los partidos políticos, en los últimos años algunos han evolucionado a posiciones más favorables hacia esta, debido a algunas de sus características como la estabilidad de la generación energética y a nuevas preocupaciones como el cambio climático.Murphy, A. W. 1976. The Nuclear Power Controversy, Englewood Cliffs, N.J., Prentice-Hall, 184 p., ISBN 0-13-625582-5.Walker, S.B. 2004. Three Mile Island: A Nuclear Crisis in Historical Perspective. Berkeley: University of California Press, pp. 10-11. Consultado el 14 de abril de 2010 (en inglés)Véase también el resurgimiento del debate sobre la energía nuclear en las ediciones de febrero de 2010 del periódico New York Times:A Reasonable Bet on Nuclear Power (en inglés), Revisiting Nuclear Power: A Debate (en inglés) y A Comeback for Nuclear Power?, consultados el 14 de abril de 2010. (en inglés)

Historia

Se puede afirmar que el padre de la energía nuclear en España fue José María Otero de Navascués, director del Laboratorio y Taller de Investigación del Estado Mayor de la Armada, y una de las personalidades científicas de mayor relieve en España durante los años posteriores a la Guerra Civil.

En diciembre de 1942, Enrico Fermi logró la primera reacción nuclear controlada. Pero el objetivo de ésta no era la producción de energía, sino la de crear armas atómicas. El lanzamiento de Little Boy y Fat Man en 1945 sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki conmocionó al mundo, desvelando todo su potencial.

El desarrollo nuclear español comenzó durante el régimen franquista tras la Segunda Guerra Mundial, de manera independiente (acorde con las políticas autárquicas de la época). Aunque oficialmente se trataba de un programa de uso civil, existía la intención secreta de su aplicación militar. No obstante, y aunque se hicieron notables progresos, no fue hasta la apertura del régimen en la década de 1950 cuando se pudo proyectar la primera central. Este desarrollo precoz situó a España en la vanguardia de la aplicación de estas tecnologías, convirtiéndose en el primer país en desarrollo (en aquel momento) que explotaba comercialmente una central nuclear.

Primeros años En 1945, el gobierno franquista de la época reservó en favor del Estado los yacimientos de uranio ante la presunción de la existencia de dichos minerales, declarándolos posteriormente de interés nacional. Tres años más tarde se formaba el primer embrión de investigación nuclear: la Junta de Investigaciones Atómicas, presidida por Otero de Navascués. Los primeros objetivos se orientaron a la formación del personal, al estudio de la explotación de los yacimientos de uranio, así como de las técnicas relacionadas con la extracción, metalurgia y física del mineral. Para conseguirlo, el primer paso que se dio fue acercarse a científicos italianos y alemanes.Presas i Puig, Albert "Science on the Periphery. The Spanish Reception of Nuclear Energy: an Attempt at Modernity?". Minerva 43, 197–218 (2005). https://doi.org/10.1007/s11024-005-2332-7Ordóñez, J.; Sánchez Ron, J.M. (1996), “Nuclear energy in Spain: from Hiroshima to the Sixties”, in National Military Establishments and the Advancement of Science and Technology, Boston, Kluwer Academica Publishers, pp. 185-213.

Posteriormente, por el Decreto-Ley de 22 de octubre de 1951 se transformaría la Junta en Junta de Energía Nuclear (JEN), comenzando entonces la investigación sistemática de minerales radiactivos en España.

Aplicación militar miniatura|250px|Francisco Oltra, José María Otero de Navascués, Guillermo Velarde, Javier Goicolea, Paul Barbour y Robert Loftness en la inauguración del Centro Nacional de Energía Nuclear Juan Vigón (ahora parte del CIEMAT), 27 de diciembre de 1958.

Aunque oficialmente el régimen defendía el uso civil de la energía nuclear, no hay que olvidar que, en aquella época, España era una dictadura aislada, por lo que existía una fuerte relación con la Defensa del país. Así, ya en 1963, Otero de Navascués (como presidente del JEN), encargó un estudio sobre las posibilidades reales de construir una bomba atómica sin alertar a la comunidad internacional. Como anécdota, el incidente de Palomares permitió a los técnicos españoles resolver algunas de sus dudas. Además, el Régimen siempre se negó a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear (que no sería ratificado hasta 1987). El primer documento oficial donde se reconocía la capacidad española para fabricar la bomba atómica data de 1967: una circular interna del Ministerio de Asuntos Exteriores a varias de sus embajadas en el extranjero. Al proyecto contribuyó significativamente el hecho de que se encontraran y se explotaran reservas propias de uranio.

En 1971, el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), elaboró un informe confidencial en el que señalaba en sus conclusiones que «España podía poner en marcha con éxito la opción nuclear militar». Según este estudio, España podía dotarse rápidamente de su propio armamento nuclear utilizando las instalaciones de las que ya disponía. Indicaba la importancia de la central de Vandellós como fuente de plutonio, así como la posibilidad de realizar la primera prueba nuclear en el desierto del Sáhara Español.

Así, un informe top secret de la CIA de 1974 ya advertía de que «España es uno de los países de Europa merecedores de atención por su posible proliferación (de armas nucleares) en los próximos años. Tiene reservas propias de uranio de moderado tamaño, un extenso programa de desarrollo nuclear (tres reactores operativos, siete en construcción y otros 17 más en proyecto), y una planta piloto para enriquecimiento de uranio». La CIA aseguraba entonces que España, además de Irán, Egipto, Pakistán, Brasil y Corea del Sur necesitaban «al menos una década para desarrollar su programa de armas nucleares».

Efectivamente, en 1977 se anunció la creación de una planta de enriquecimiento de uranio. Sin embargo, debido a las fuertes presiones americanas, el 1 de abril de 1981, España acabó aceptando las condiciones impuestas por los norteamericanos y firmó un acuerdo de salvaguardias con la OIEA para someter estas instalaciones a verificación constante. Se terminaba así el proyecto de obtención de la bomba atómica.

Uso civil thumb|250px|Llegada del Generador de Vapor a la Central Nuclear José Cabrera (también conocida como Zorita) en 1966. Fue la primera central nuclear construida en España y la primera en verter electricidad a la red en España, en 1969.

En 1953 se produjo un acontecimiento que permitió un salto cualitativo en las investigaciones: el presidente de los Estados Unidos Dwight D. Eisenhower pronunció su discurso Átomos para la Paz en el que expresaba su apoyo para el desarrollo de proyectos pacíficos de energía nuclear en los países aliados. Por supuesto, esta situación también beneficiaba a las empresas estadounidenses del sector, sin olvidar que la Unión Soviética también había logrado explotar la bomba H. Así, en 1955 España firmaba con Estados Unidos un acuerdo de cooperación nuclear, en virtud del cual España recibió su primer reactor (Zorita), así como uranio enriquecido.

La estructura nuclear industrial civil en España comenzó entonces a crearse en los años 60, con la decisión de ampliar el parque nuclear y construir las centrales de Garoña y Vandellós I (constituyendo la llamada Primera Generación); fuertemente impulsada desde la Administración por la JEN. En estos primeros proyectos los ingenieros y los constructores eran la misma entidad. La primera central construida, Zorita, se desconectó en 2006 y se encuentra en fase de desmantelamiento hasta 2015. Su construcción se inició en julio de 1965 y entró en operación comercial en agosto de 1969, sólo quince años después de que se construyera la primera central en el mundo (Óbninsk, en Rusia, en la antigua URSS). IAEA.

miniatura|240px|izquierda|Central nuclear Santa María de Garoña, a principios de la década de 1970. Fue la segunda en entrar en servicio.

En la Segunda Generación de centrales tuvieron mayor protagonismo diversas empresas nacionales (Empresarios Agrupados, INITEC y ENSA): Almaraz I y II, Ascó I y II, Cofrentes.

La central nuclear de Lemóniz comenzó a construirse en 1972 y aunque el grupo I (de los dos de que constaba el proyecto) estaba terminado y únicamente estaba a falta de ser cargado con el combustible no llegó a ser puesta en funcionamiento, fue paralizada definitivamente por la moratoria nuclear aprobada por el gobierno español de Felipe González en 1984.

En 1974 se paralizó el proyecto de construcción de una central en Águilas, Cope, provincia de Murcia. Hubo bastante oposición vecinal y de ecologistas contrarios a su instalación. El 23 de febrero de 1974, el jefe de Protección Civil de la región presentó un escrito en el que alegaba que Marina de Cope era una zona de riesgo sísmico por lo que el proyecto fue definitivamente paralizado. Pasados 37 años, el 11 de mayo de 2011, se produjo —a 20 kilómetros del lugar previsto para la ubicación de la central— el terremoto de Lorca de 2011 suceso que confirmaría dramáticamente el riesgo sísmico de la zona.El rechazo social evitó la construcción de una central en 1974, 13/5/2011, PúblicoUna central nuclear desechada junto a Lorca, 13/5/2011, El País

A pesar de estos 'contratiempos' las empresas españolas se fueron incorporando a las tecnologías nucleares, consolidándose en la década de los 80 durante la construcción de las centrales de Tercera Generación (Vandellós II y Trillo), con la construcción de fábricas, tanto de equipos como de combustible, así como de servicios especializados. En 1985 se creaba asimismo la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA), encargada de su gestión.

Mientras que las centrales de la Primera generación fueron construidas principalmente por empresas extranjeras (con la colaboración de empresas españolas de ingeniería, construcción y montaje, así como fabricantes de equipos, sobre todo eléctricos), se pasó de una participación del 43% total, a un 75% en las de segunda generación, y finalmente a un 85% en las centrales de tercera.