Ópera de la época virreinal En 1711 se estrena en la Ciudad de México la ópera La Parténope con música de Manuel de Sumaya, maestro de la capilla catedralicia y el más grande compositor barroco mexicano. La especial importancia de esta ópera es que es la primera compuesta en América del Norte y la primera ópera compuesta en el continente americano por un compositor americano. Esta ópera da inicio a la fecunda y aún poco estudiada historia de la creación operística latinoamericana no interrumpida desde entonces durante trescientos años.

Manuel Arenzana fue un compositor del clasicismo novohispano (1762-1821), con obras tanto seculares como sacras como la misa en re mayor, para la Gran Orquesta, Maitines para la virgen de Guadalupe, Responso a Dúo para nuestra Señora de las Nieves.

Ópera del siglo XIX miniatura|izquierda|Vista interior del Gran Teatro Nacional en un óleo de Pedro Gualdi Manuel Covarruvias, (1810 - 1879) fue un violinista y compositor de ópera mexicano. Su composición musical incluyó Reynaldo y Elina o La sacerdotisa peruana (1838), La estrella (1842), La Palmira obertura(1843), La Lágrima de piedad (1845), La baronesa de Joux (1848).

El duranguense Luis Baca Elorreaga estudiado en París, fue un compositor y pionero de la ópera en Mexicana con las obras Ave María (1850), Amada, Josefina, Julieta y otras.

Cenobio Paniagua escribió su primera obra, titulada Catalina de Guisa, estrenada el 29 de septiembre de 1859, la cual fue dedicada al general Miguel Miramón. Utilizó un libreto de Félix Romani, libretista de Vicenzo Bellini. Obtuvo el éxito con su primera obra.

Cenobio, creó la Academia de Armonía y Composición, donde estudiaron Melesio Morales, Mateo Torres Serratos, Miguel Planas y Carlos J. Meneses. Fue profesor de Ángela Peralta. En dicho instituto se crearon óperas como Cleotilde de Coscenza, de Octaviano Valle; Adelaida de Lusán, de Ramón Vega; Atala, Agorante, rey de Nubia y La reina de las hadas, de Miguel Meneses y Romeo y Julieta e Ildegonda de Melesio Morales, las cuales fueron parcialmente representadas en su compañía, la primera empresa operística mexicana.

En el caso de las óperas mencionadas como también muchas de las obras escritas posteriormente, la mayoría no llegaron a estrenarse profesionalmente. thumb|left|Ángela Peraltathumb|Grabado del Gran Teatro Nacional de México destruido en 1900 El caso de Ramón Vega es significativo: a pesar de haber intentado llevar a escena sus tres ópera, Adelaida de Lusan, La reina de León y El grito de Dolores y, en algunos casos, haber contado con apoyos importantes, ninguna de las tres se representó jamás y hoy están perdidas.Roubina, Evguenia. “Don Ramón Vega, enigmático rebelde de la ópera mexicana” [en línea]. Revista del Instituto de Investigación Musicológica “Carlos Vega”. 25.25 (2011). Disponible en: http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/revistas/don-ramon-vega-enigmatico-rebelde.pdf Leonora Saavedra explica que la inestable situación económica y política, y la falta de una clase media urbana numerosa hicieron casi imposible para el Estado mexicano o inversores privados mantener una compañía de ópera estable en México.Leonora Saavedra, “Staging the Nation: Race, Religion, and History in Mexican Opera of the 1940s,” The Opera Quarterly 23, no. 1 (2008): 3. Como consecuencia, la vida operística mexicana dependía casi exclusivamente de las compañías de ópera extranjeras que visitaban el país. Dado que estas compañías rara vez representaban a compositores locales, aunque siguieran estilos de la escuela italiana, la difusión de la ópera mexicana fue casi nula.Anna Agranoff Ochs 2011: 6 thumb|Vista de la fachada del Gran Teatro Nacional de México. Escuela Mexicana de pintura del . 1866 es el año de Ildegonda de Melesio Morales que canta Angela Peralta. La ópera había sido terminada dos años antes, pero no llegó a los escenarios hasta que el emperador Maximiliano I de México, a diferencia de los presidentes que rigieron el país antes, decidiera apoyar a los artistas mexicanos y pagó todos los costos para estrenar la ópera de Melesio Morales.Anna Agranoff Ochs 2011: 10. Para mayor información sobre el estreno de Ildegonda véanse las ediciones del 31 de enero y del 4 de febrero de 1866 de los periódicos mexicanos La Orquesta, y la del 11 y 15 de noviembre de 1865 del periódico mexicano El Cronista. En 1871 Miguel Planas estrena su Don Quijote en la venta encantada, así como Aniceto Ortega de Vilar (1825-1875) su ópera Guatemotzin. Es ésta el primer intento consciente por incorporar elementos nativos a las características formales de la ópera. La ópera se estrenó con Ángela Peralta y el célebre tenor Enrico Tamberlick. A pesar de que el Segundo Imperio había terminado con el fusilamiento, el 19 de junio de 1867, del emperador Maximiliano I de México, los esfuerzos del Emperador por llevar cultura a México invitando compañías de ópera italianas no terminaron con su asesinato y las visitas de las compañías de ópera italianas se sucedieron regularmente. Además se contó con visitas regulares de compañías españolas que representaron, además de zarzuelas, el repertorio francés hasta que en 1873, gracias a la labor cultural de Porfirio Díaz se inició la visita de compañías francesas.Anna Agranoff Ochs 2011: 8

Seis años más tarde, el 15 de julio de 1877, otra vez Melesio Morales logra que se estrene Gino Corsini en el Gran Teatro Nacional, alcanzando fama, aplausos y algo de dinero. En 1885, en el Colegio del Sagrado Corazón y casi con aficionados, Felipe Villanueva (1862-1893) da a conocer su ópera infantil Un día de asueto el 19 de octubre, para que seis años después Melesio Morales llevara a escena su Cleopatra, que vio la luz en 1891 en el Gran Teatro Nacional, miniatura|izquierda|Grabado del del Gran Teatro Nacional de México auspiciada por la Compañía de Ópera Italiana Sieni y con la soprano Salud Othón como protagonista. Un año después, Julio Morales (1860-192?), hijo de Melesio llevó a la escena su primer intento operístico, Colón en Santo Domingo y en 1893, en el teatro Principal Felipe Villanueva promueve su bella partitura Keofar, y casi para iniciar el siglo, en 1900, Ricardo Castro (1864-1907), notable pianista y compositor da a conocer la ópera Atzimba. Y al iniciar el , Gustavo E. Campa (1863-1934) presenta sin éxito alguno El Rey Poeta. Una gran parte de estas óperas no han sido rescatadas gracias a una edición moderna con las correspondientes representaciones y grabaciones. Las óperas mencionadas son tan solo algunas pocas de las escritas en México en el . Existen muchas óperas de este periodo que fueron estrenadas y obligadas o que nunca fueron estrenadas y que merecen la atención de algún musicólogo que realice el rescate correspondiente. Entre ellas se deben mencionar las óperas de Melesio Morales: Gino Corsini (estrenada en la Ciudad de México el 15 de julio de 1877), Cleopatra (estrenada en la Ciudad de México el 14 de noviembre de 1891), Carlo Magno, (sin estrenar), La tempestad (perdida, algunos investigadores afirman que se encuentra en los archivos de La Scala de Milán); y las óperas de Julio Morales: Colombo a San Domingo, estrenada en 1892, y las sin estrenar El mago, La bella durmiente y La Cenicienta

Ópera del siglo XX En 1902 Ernesto Elorduy presentó al público su ópera Zulema, repetida en 1903 en el Teatro Principal. miniaturadeimagen|Ricardo CastroCon La leyenda de Rudel, Ricardo Castro cerraba el año de 1906, consiguiendo buen éxito, y en 1910 la ópera Nicolás Bravo de Rafael J. Tello se escenificaba en un ambiente posrevolucionario, logrando que su partitura se volviera a representar en 1912. El Teatro Arbeu estrenó en 1916 I due amore del mismo Rafael Tello en enero, para después presentar en 1918 Anáhuac de Arnulfo Miramontes con María Gay y Giovanni Zenatello en los papeles principales y El indiano de Alberto Flachebba. El hombre de letras y músico, Alejandro Cuevas estrenó su ópera Morgana en 1920 llevando en su elenco a María Romero, José Mojica y María Teresa Santillán y el no menos inteligente maestro José F. Vásquez daba a conocer en 1922, su primera ópera llamada Citlali con María Luisa Escobar como heroína. El año de 1928 en el inconcluso Teatro Nacional, después llamado Palacio de Bellas Artes, se reponía Atzimba de Castro, para dar paso un año después a la extraña ópera Lisisca de Flachebba el 10 de noviembre. En el destartalado teatro Hidalgo, ahora teatro Regina, en 1935, Heliodoro Oseguera presentaba su partitura Un sueño de hadas, en tanto el Palacio de Bellas Artes reponía, otra vez, Atzimba, y Lisisca, así como El mandarín y El Rajáh de José F. Vásquez, además de Tabaré de Oseguera. Media década después, Manuel Camacho Vega aprovechó la oportunidad y mostró su ópera Tonatiuh en Bellas Artes, en tanto se preparaba la estreno mundial de Tata Vasco, en 1941, de Miguel Bernal Jiménez en Pátzcuaro, Michoacán y la presentación de la misma en la Ciudad de México el propio año. La mulata de Córdoba, única ópera de José Pablo Moncayo y texto de Xavier Villaurrutia, escrita por encargo de Carlos Chávez, que se estrenó en la temporada de la Academia de la Ópera en 1948, encabezando el elenco una Oralia Domínguez en los albores de su carrera, se presentó como el plato fuerte de la noche en un programa que incluía otros dos estrenos: Carlota de Luis Sandi (1905-1996) y Elena de Eduardo Hernández Moncada (1899-1995). Fue La mulata de Córdoba la única que alcanzó un verdadero triunfo, reprogramándose en posteriores temporadas en Bellas Artes e incluso en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona en 1966, donde compartió el programa con Severino de Salvador Moreno (1916-1999) y Carlota de Sandi. En la década de los cincuenta se repusieron La leyenda de Rudel y Atzimba de Castro, Carlota y La mulata de Córdoba, pero el acontecimiento, porque así se le llamó, fue el estreno en 1959 de El amor propiciado de Carlos Chávez, cuyo estreno había tenido lugar en Nueva York dos años antes. Otro grupo interesante es el de aquellos compositores que intentaron desarrollar una tradición operística yucateca basándose en leyendas mayas. Todos ellos desarrollaron gran parte de su obra en Mérida, México y han sido despreciados por los historiógrafos nacionales mexicanos. En este caso particular se encuentran las óperas de Cosgaya Ceballos, Ríos Escalante, Ricalde Moguel, Rivera Velador, Cárdenas Samada, Jebe Halfdan. En la primera mitad del sobresalen en la creación operística mexicana Julián Carrillo y los compositores cercanos a él como Antonio Gomezanda, Juan León Mariscal, Julia Alonso, Sofía Cancino de Cuevas, José F. Vásquez, Arnulfo Miramontes, Rafael J. Tello, Francisco Camacho Vega, Efraín Pérez Cámara. Todos ellos han sido relegados por la historiografía musical oficial que tan solo reconoció la obra de los compositores nacionalistas. Desde finales del en México (y toda Latinoamérica) hay un creciente interés de los compositores por escribir ópera. thumb|left|250px|Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.