Marco Claudio Marcelo  (c. 270-208 a. C.) fue un político y militar romano de la República. Fue uno de los comandantes del ejército romano durante la segunda guerra púnica, cinco veces cónsul y el conquistador de la ciudad de Siracusa, en la isla de Sicilia.

Vida miniaturadeimagen|Denario de Marco Claudio Marcelo al Reverso

Su juventud Sabemos muy poco de sus primeros años, el año de su nacimiento es incierto, pero puede ser supuesto antes de 268 a.C., porque se señala que él estaba por encima de sesenta años de edad cuando obtuvo su quinto consulado.Plut. Marc. 28; Liv. xxvii. 27.

Plutarco nos relata que fue entrenado en el servicio militar en su juventud, recibiendo una educación imperfecta en otros aspectos. En la guerra, por el contrario, se distinguió tempranamente, sobre todo por sus logros personales, siempre buscando combates individuales con los guerreros más atrevidos entre los enemigos, y de manera constante saliendo victorioso. En una ocasión, durante la primera guerra púnica, tuvo la oportunidad de salvar la vida de su hermano mediante una intervención personal.Plut. Marc. 1.2.

Pero sea cual sea la reputación que podía tener como un soldado, no parece haber abierto en él el camino a los cargos públicos, hasta un período muy posterior. La primera magistratura que registramos es el de edil curul, al parecer en 226 a.C.

Fue durante el ejercicio de esta magistratura que se vio obligado a presentar una acusación contra C. Scantilius Capitolino, su colega edil, por haber insultado a su hijo Marco. Capitolino fue declarado culpable y condenado a pagar una fuerte multa, cuyo producto fue empleado por Marcelo en la compra de vasos sagrados para los templos.Plut. Marc. 2; Val. Máx. Vi. 1. § 7.

Casi al mismo tiempo también, según Plutarco, obtuvo el cargo de augur.

Vencedor de los galos No fue hasta el año 222 a.C. que Marcelo obtuvo su primer consulado. La guerra con los galos, que unos años antes había despertado la alarma en Roma, estaba llegando a su fin: los Boios ya se habían sometido, y los insubrios: por el temor de las repetidas derrotas que habían sufrido en manos de los cónsules de los últimos años, Publio Furio Filo y Cayo Flaminio, ahora enviaron a delegados a pedir la paz.

Sus proposiciones fueron, sin embargo, rechazadas, principalmente a instancias de Marcelo y su colega Cneo Cornelio Escipión, quienes estaban deseosos de continuar la guerra.Polyb. ii. 36; Plut. Marc. 6.

Por consiguiente, los galos convocaron en su ayuda de de sus hermanos, los Gaesatae, desde más allá de los Alpes, pero a pesar de este refuerzo, no impidieron que los dos cónsules invadieran la llanura del Po, y sitiaran Acerrae. Con el fin de crear una distracción, una división del ejército galo, formado por hombres, cruzó el Po, y sitió a su vez a la ciudad de Clastidium.

Acontecido esto, Marcelo, con un gran cuerpo de caballería y una pequeña fuerza de infantería, se apresuró a oponerse a ellos, y una batalla se entabló, que terminó con la derrota total y la destrucción del destacamento galo. La acción fue iniciada por un combate de caballería, en el cual Marcelo mató con su propia mano a Britomartus o Viridomarus, el rey, o al menos el líder, de los galos.

Después de esta brillante hazaña, se reunió con su colega en Acerrae, que poco después cayó en sus manos, y fue seguido por la conquista de Mediolanum, la ciudad más importante de la Galia Cisalpina. Los insubrios se sometieron a discreción, y los dos cónsules tuvieron la gloria de haber puesto fin a la guerra de las Galias.

Gran parte del crédito de la campaña, según Polibio, parece haber pertenecido a Escipión, pero solo Marcelo fue honrado con un triunfo, que se hizo visible por el botín de Viridomaro, llevado como trofeo por el vencedor, y después dedicado por él como spolia opima en el templo de Júpiter Feretrio. Esta fue la tercera y última vez en la historia romana en la que se hizo tal ofrecimiento. Ese año Marcello dedicó el templo de Honos et Virtus en Roma, votado en 233 a.C. por Q. Fabio Máximo Verrucoso Cunctator.Polyb. ii. 34, 35; Plut. Marc. 6-8; Zonar. viii. 20, p. 404; Val. Máx. iii. 2. § 5; Eutrop. iii. 6; Flor. ii. 3; Aur. Vict. de Vir. iii. 45; Oros. iv. 13; Fast. Capit. ap. Gruter, p. 297.

Enfrentando a Aníbal A partir de este momento no oímos más de Marcelo, hasta que el progreso alarmante de Aníbal en Italia, y especialmente tras su victoria en el lago de Trasimeno, obligó a los romanos a buscar intensamente a los hombres en que podían confiar la conducción de la guerra, y Marcelo fue nombrado uno de los pretores para el año 216 a.C.

Al principio fue destinado a tomar el mando en Sicilia, pero mientras él estaba aún ocupado en Ostia con la preparación de una flota para este fin, fue llamado urgentemente a Roma, a consecuencia de la desastrosa derrota de los dos cónsules en Cannas.

Por órdenes del Senado tomó un cuerpo de 1500 hombres, lo que él había planteado para la expedición a Sicilia, para defender la misma Roma, mientras que se apresuró con una legión a Canusium, y después de recoger allí a los restos del destruido ejército consular, se dirigió a Campania, donde acamparon cerca de Suessula.

Mientras tanto, la importante ciudad de Capua había abierto sus puertas a Aníbal, y Nola habría seguido su ejemplo, de no haber Marcelo recibido la notificación oportuna de este peligro, de parte del partido aristocrático en aquella ciudad, que estaba favorablemente dispuesto hacia Roma. En consecuencia, se apresuró con las fuerzas bajo su mando hacia la ciudad, y ante la aproximación de Aníbal, hizo una repentina salida, con la cual rechazó a los cartagineses causándoles algunas pérdidas.

El éxito obtenido en esta llamada Primera Batalla de Nola (216 a. C.) (aunque, evidentemente, muy magnificada por los cronistas romanos), era importante por su efecto moral, ya que era el primer revés, por insignificante que fuera, que Aníbal había recibido a la fecha.

Marcelo aseguraba Nola, con la ejecución de setenta de los hombres principales del partido opositor, y volvió a retirarse a las colinas que dominan Suessula. Pero ni él ni Graco fueron capaces de evitar el destino de Casilino, que cayó en manos de Aníbal antes de la conclusión del invierno.Liv. xxii. 35, 57, xxiii. 14-17, 19; Plut. Marc. 9-11; Apiano, Annib. 27; Cic. Brut. 3.

Controvertido segundo consulado en 215 a. C. Marcelo fue poco después llamado a Roma a consultar con el dictador M. Junio Pera y su magister equitum, Tiberio Graco, la conducción futura de la guerra : a continuación, fue investido con el rango de procónsul y volvió a tomar el mando del ejército en la Campania.

Mientras tanto, llegaron a Roma las noticias que Postumio, que había sido elegido uno de los cónsules para el año 215 a.C., había sido muerto en la Galia Cisalpina, ante lo cual el pueblo eligió por unanimidad a Marcelo en su lugar.

Pero el Senado, que no estaba dispuesto a admitir dos cónsules plebeyos, al mismo tiempo, declaró que los augurios no eran favorables, y Marcelo, en obediencia a los augures, renunció al consulado, y reasumió una vez más el mando del ejército en Campania como procónsul.Liv. xxiii. 24, 25, 30 a 32; Plut. Marc. 12.

Su principal hazaña que se encuentra registrada durante este año fue el alivio de Nola, que por segunda vez defendió con éxito contra Aníbal y aunque el general cartaginés había sido últimamente reforzado por Hannón con un poderoso ejército, Marcelo no solo le rechazó de las murallas, sino (si hemos de creer los datos transmitidos) le derrotó con una masacre considerable, y el éxito de este enfrentamiento fue seguido inmediatamente por la deserción al bando romano de una gran cantidad de caballería númida e hispana.Liv. xxiii. 39, 41-46; Plut. Marc. 12.

Su tercer consulado En la elección de los cónsules para el año siguiente (214 a.C.) Marcelo fue elegido por tercera vez, con Fabio Máximo como su colega. Tal par de cónsules (dice Tito Livio) no había sido visto por muchos años.

Sus operaciones durante la primera mitad de la campaña se desarrollaron en Campania: Marcelo regresó a su antiguo campamento cerca de Nola, y por tercera vez rechazó un intento de Aníbal (llamado Tercera Batalla de Nola) de apoderarse de la ciudad, tras lo cual el general cartaginés se marchó a Tarento, y los dos cónsules aprovecharon su ausencia para poner sitio a la ciudad de Casilino.

La guarnición de esta fortaleza de Campania, después de una obstinada defensa, capituló ante Fabio, pero Marcelo irrumpió entre ellos mientras se retiraban de la ciudad, y paso a todos a cuchillo, a excepción de unos cincuenta de ellos, que escaparon bajo la protección de Fabio.Liv. xxiv. 9, 13, 19. Después de esto, Marcelo volvió a Nola, donde recibió la orden del Senado para proceder a Sicilia, al parecer antes del término del verano de 214 a.C.Liv. xxiv. 20, 21

El conquistador de Siracusa A su llegada a esa isla encontró las cosas en un estado muy inestable. La muerte de Hierónimo, que en un primer momento parecía el hecho favorable a la causa romana, había llevado finalmente al resultado contrario, e Hipócrates y Epícides, dos cartagineses de nacimiento, habían obtenido la dirección de los asuntos principales de Siracusa.

Marcelo, sin embargo, en un primer momento decidió probar el efecto de la negociación: sus embajadores obtuvieron una audiencia favorable e incluso indujo a los siracusanos a dictar sentencia de destierro contra Hipócrates y Epícides. Estos dos dirigentes buscaron refugio en Leontino, a la cabeza de una fuerza considerable, pero fueron incapaces de defender la ciudad contra Marcelo, que la tomó por asalto, y aunque perdonó a sus habitantes, ejecutó a sangre fría a 2000 desertores romanos que se encontraban entre las tropas que formaban la guarnición. Este acto sanguinario alienó la mente de los sicilianos, y alarmó a las tropas mercenarias al servicio de Siracusa.

Estos últimos inmediatamente se unieron a Hipócrates y Epícides, que habían huido a Erbesos; las puertas de Siracusa se abrieron ante ellos por sus partidarios dentro de los muros, y la facción enemiga de Roma así tomó el poder en esa ciudad.Liv. xxiv. 27 a 32; Plutarco, Vidas paralelas, Marcelo 13, 14; Apiano, Sic. 3.

Marcelo, cuya severidad había dado lugar a esta revolución, se presentó ante Siracusa a la cabeza de su ejército, y después de una infructuosa exhortación a los habitantes, procedió a poner sitio a la ciudad por mar y tierra. Sus ataques fueron vigorosos y constantes y se dirigieron especialmente en contra de la cuarta parte de Achradina desde el lado del mar, pero a pesar de que trajo muchas poderosas máquinas de guerra para derribar las paredes, eran totalmente inútiles frente a la habilidad superior y a la ciencia de Arquímedes, quien dirigió las de los sitiados.

Los asaltantes estaban tan preocupados, y a los soldados romanos les inspiraba tal temor Arquímedes y sus máquinas, que Marcelo se vio obligado a renunciar a toda esperanza de tomar a la ciudad a viva fuerza, y convirtió el sitio en un bloqueo.Liv. xxiv. 33, 34; Plut. Marc. 14-17; Polyb. viii. 3, 5-9; Zonar. ix. 4; Tzetz. Chil. ii. 35.

A continuación de esto, con una parte de su ejército, llevó las operaciones a otras partes de la isla, dejando a App. Claudio para vigilar el sitio de Siracusa. De esta manera tomó Heloros y Erbesos, y destruyó por completo Megara, y aunque fracasó en prevenir que el general cartaginés Himilcón se hiciera dueño de Agrigento, derrotó a Hipócrates cerca de Acras.

Debido al avance de Himilcón, Marcelo se vio obligado a retirarse a su campamento de Siracusa, pero aquí el general cartaginés fue incapaz de molestarlo, y la guerra se redujo a una serie de operaciones inconexas e irregulares en diferentes partes de la isla.