Juan Esteban Montero Rodríguez (Santiago, 12 de febrero de 1879-Santiago, 25 de febrero de 1948), fue un abogado, empresario y político radical chileno. Ejerció como catedrático y ministro de Estado en la primera administración de Carlos Ibáñez del Campo. Alcanzó la vicepresidencia y presidencia de Chile entre 1931 y 1932, apodado Don One-Step por la revista satírica Topaze. Padre del subsecretario Pedro Montero Fehrman, nieto del senador Juan Esteban Rodríguez Segura y bisnieto del prócer independentista Manuel Rodríguez Erdoíza.
Fue el primer miembro del Partido Radical (PR) en alcanzar la presidencia de Chile. Altamente apolítico, jurisconsulto y pasivo, fue derrocado a inicios de su mandato en un extravagante golpe de Estado por parte de la izquierda y su mandato develó el catastrófico estado del gobierno chileno. Debido a su alta votación y cercanía con la prensa, sus revolucionarios sucesores fueron rechazados por la opinión pública y la situación crítica del Estado siguió empeorando hasta 1933.
Su gobierno sepultó políticamente a todos sus participantes —a excepción de Héctor Rodríguez de la Sotta, Marcial Mora, Ignacio Urrutia Manzano, Santiago Labarca, Ramón Vergara y Sótero del Río Gundián—, incluidos los veteranos Víctor Vicente Robles, Luis Izquierdo Fredes, Carlos Vergara Montero, Alfredo Guillermo Bravo, Carlos Balmaceda Saavedra y al mismo Montero.
Primeros años de vida Hijo de Benjamín Montero, perteneciente a una familia curicana, y de Eugenia Rodríguez, hija del destacado funcionario público Juan Esteban Rodríguez Segura (a quien Montero debe su nombre), y por lo tanto, nieta del prócer independentista Manuel Rodríguez Erdoiza.
Estudió en una escuela pública primero y después en Colegio San Ignacio. Finalizada la secundaria, ingresó en la Facultad de Derecho Universidad de Chile, donde se tituló de abogado el 16 de septiembre de 1901.
Matrimonio e hijos Casado en 1905 con Graciela Fehrman Martínez, tuvo cuatro hijos: Juan Esteban, Benjamín, Carmen y Pedro. Este último llegaría a ser subsecretario del Trabajo y de Educación, así como embajador en Costa Rica bajo el gobierno de Jorge Alessandri; además, tendría una prestigiosa carrera de derecho, participaría en la reforma constitucional y en la Corte Suprema de Chile.
Vida pública Abogado del Consejo de Defensa Fiscal (1906-1920) y catedrático en derecho civil y derecho romano en su alma máter, defendió al general Guillermo Armstrong, acusado de intentos subversivos, caso que ganó.
Masón, ingresó en el Partido Radical en 1925, año en que participó en la Comisión Consultiva que estudió convocar y además organizar a la Asamblea Constituyente que reformaría la Constitución política y derivaría en un plebiscito con una aprobación superior al 94% de los votos y que se transformaría en la nueva Constitución de 1925.
El periodo 1924-1932, en el que Montero figuró políticamente, fueron años convulsos en Chile: hubo diecisiete presidentes, tres caudillos y nueve golpes de Estado, fallidos y efectivos, además de nueve renuncias forzadas, dos cierres de congreso, dos crisis económicas e innumerables ministros.
Tras la dimisión del sumiso Emiliano Figueroa en mayo de 1927, el en ese entonces coronel Carlos Ibáñez del Campo, militar popular y caudillista, inició una presidencia donde la represión y la inconstitucionalidad fueron armas potentes de la seguridad del Estado. El Partido Radical se vio particularmente dividido: mientras que las figuras más "progresistas" de la colectividad como los futuros presidentes Pedro Aguirre Cerda y Juan Antonio Ríos se abanderaron con Ibáñez (Ríos eventualmente sería electo senador en el Congreso Termal de 1930), los radicales más "derechistas" como Marcial Mora y el propio Montero mantuvieron una posición bastante crítica respecto del gobierno.
A medida que la Gran Depresión empezaba a golpear a Chile a inicios de 1931 con la paralización de los préstamos internacionales y especialmente el fracaso de la Compañía de Salitres de Chile, la posición del gobierno empezó a debilitarse precipitadamente, por lo que el PR intentó formar una comisión que contara con las grandes figuras del partido, incluido Esteban Montero para supervisar la catastrófica situación constitucional del Gobierno y definir una postura unificada que indicara su adhesión u oposición a Ibáñez. La comisión no prosperó pues tan solo Ríos y su tocayo Juan Antonio Iribarren se reunieron efectivamente, puesto que ambas facciones se negaron a conferir.
Al empeorar la situación económica, también surgieron rumores de insurrecciones y la masiva llegada de cesantes trajo consigo una serie de epidemias que colapsaron el sistema sanitario. Frente a esto, el presidente Ibáñez solicita un gabinete denominado de Salvación Nacional el 13 de julio de 1931, llamando a opositores para que lideraran las carteras en crisis: Hacienda, Bienestar Social e Interior. Montero asumió como ministro de estas dos últimas carteras, mientras que el catedrático de economía y matemáticas Pedro Blanquier, también radical, se hizo cargo de la primera. Montero anunciaría en una conferencia de prensa:
El gabinete no prosperó; Ibáñez, de carácter férreo y autoritario, no toleró las medidas de Montero, las cuales eran ocupar la apertura de prensa como válvula de escape a la situación: Montero puso en marcha este plan y fue abierto y amable con la prensa, que estaba muy polarizada, causando la consecuente reacción del público, que se enteró del catastrófico estado de la nación. Blanquier hizo lo mismo con los presupuestos, obteniendo los mismos resultados por el magro estado financiero. El gabinete es reemplazado por Ibáñez, impopularizándose el Gobierno pero popularizándose Montero.
El 22 de julio de 1931, renunciado Montero, el Gobierno llega a su estado más crítico. Miguel Letelier Espínola le sucede de forma interina, pero es reemplazado rápidamente por no querer aceptar esa fuerte responsabilidad. El 23 de julio retorna a la cartera de Interior el almirante Carlos Frödden, trayendo de nuevo la censura y la represión policial. Se inicia una paralización total del país e Ibáñez renuncia tres días después.
Pedro Opazo Letelier, presidente del Senado, asume interinamente la presidencia, pero nombra a Montero ministro del Interior y renuncia en menos de veinticuatro horas, con lo que este se convierte en vicepresidente de Chile el 27 de julio de 1931.
Vicepresidencia Con Montero regresa la libertad de prensa y retornan los exiliados; además se tranquilizan las paralizaciones con parlamentos. Ello hace subir notoriamente su popularidad, lo que, a su vez, motivó que diversos partidos de la derecha conservadora le ofrecieran la candidatura a la presidencia.
Para evitar que, como había ocurrido en 1927 con Carlos Ibáñez del Campo, Montero presentó la renuncia a su cargo con el fin de que no surgieran sospechas sobre una posible intervención suya en las elecciones, pero el Congreso Nacional se la rechazó. Como seguía pensando que su puesto a la cabeza del país era incompatible con la candidatura presidencial, a la que fue proclamado el 19 de agosto, al día siguiente le entregó la vicepresidencia al ministro del Interior Manuel Trucco Franzani. Aunque dudó en aceptar el ofrecimiento, finalmente accedió.
Con el apoyo de su partido y de los partidos Conservador y Liberal, derrotó a Arturo Alessandri del Partido Demócrata, a Manuel Hidalgo de la Izquierda Comunista y a Elías Lafferte del Partido Comunista con un 64% de los votos en las presidenciales del 4 de octubre de 1931. Su eslogan de campaña fue: La consolidación del régimen civil.Personajes de nuestra historia: Montero Rodríguez, Juan Esteban (1879 – 1948), portal Educar Chile, s/f; acceso 17.06.2013
Gobierno thumb|200px|Fotografía oficial del presidente Juan Esteban Montero. Juan Esteban Montero asumió la presidencia el 4 de diciembre de 1931, con una amplia mayoría de los votos, obteniendo más del 63% de ellos en las elecciones dos meses después de haber vencido a Arturo Alessandri en las elecciones presidenciales apoyado por la derecha antiibañista, conformada por los radicales "monteristas", conservadores, liberales y ex-nacionales, así como los profesionales, estudiantes universitarios y un sector de las FF.AA. encabezado por el general Carlos Vergara Montero, quien irónicamente sería afín posteriormente al nacionalsocialismo.
El panorama general en el Chile de 1931 favorecía a los sectores izquierdistas revolucionarios y jóvenes anarquistas, que nunca tuvieron importancia política y aprovechaban de ser una férrea oposición al tradicionalismo civil, el cual se había desprestigiado por las malas prácticas de la República Parlamentaria, aún fresca en la memoria de los sectores populares. Y si bien la mayor parte del Ejército estaba comprometido con el civilismo y con Montero, Carlos Ibáñez del Campo, su dictatorial predecesor, aún mantenía peso entre los elementos castrenses, mientras que Marmaduke Grove ganaba terreno entre la izquierda.
Pedro Blanquier fue convocado nuevamente al Ministerio de Hacienda con el objetivo de restablecer las finanzas a un nivel aceptable. Sin embargo, sus políticas austeras y demasiado ajustadas, que iban en contra de los presupuestos a los que la población ya estaba acostumbrada durante el despilfarro de los años de bonanza provocaron que Blanquier fuese reemplazado por Arturo Prat Carvajal, quien tampoco pudo hacer frente a la crisis y el estado de las finanzas empeoró. Como salvación asumió el veterano político Luis Izquierdo Fredes, quien no logró concretar su programa debido a su incapacidad de fraguar una política acorde al momento que se estaba viviendo, lo cual le valió el mote de Don Vejestorio.
La transición al civilismo fue un punto importante del gobierno de Montero, que de haberse concretado hubiera pasado a la historia de Chile como una especie de restauración democrática. Gobernó hasta que Marmaduque Grove lo derrocó en 1932.
Política interna miniaturadeimagen|Caricatura de Montero en Revista Topaze, advirtiendo los riesgos del militarismo (1931). La política interna de Montero es de vital importancia en el periodo, en el que hubo que sofocar movimientos anarquistas. Marcial Mora Miranda, ministro del Interior, fue uno de los más afectados por la opinión pública: la desesperación, unida al boicot procedente de la izquierda revolucionaria y la ultraderecha, terminaron por truncar al político, quien sin embargo, retornaría bajo la presidencia de Pedro Aguirre Cerda.
Entre los progresos en este ministerio, cabe destacar el sofocamiento del Motín del Norte Grande, que finalizó con una penosa matanza en la que fallecieron más de 30 personas. Se culpabilizó de esta tragedia a los monteristas que provenían de distintos puntos del país y a los carabineros. El aplastamiento violento y con infiltración civil de los levantamientos se debía en gran medida al atentado que había sufrido Montero en las elecciones, cuando viajaba a Arauco, y del que se culpó a Óscar Schnake, posterior fundador del Partido Socialista de Chile.
El motín de Copiapó y Vallenar fue el primer golpe para el Gobierno y su alta popularidad, aunque por parte de los comunistas fue casi injustificado ya que Montero llevaba solo veinte días en el cargo efectivo. A pesar de la violencia con que fue sofocado, no se reaccionó con censura como lo hubiera hecho Ibáñez.
El 4 de marzo de 1932 se promulgó la ley n.º 5.077 que unió los ministerios de Marina y Guerra en el de Defensa Nacional, al que se le agregó la Subsecretaría de Aviación, que antes pertenecía a Interior para un mayor control de las tres ramas de defensa. Carabineros continuó en el del Interior.