miniatura|derecha|El empresario estadounidense Thomas Alva Edison estableció la primera empresa eléctrica propiedad de inversores en 1882, basando su infraestructura en la corriente continua (CC). miniatura|derecha|El empresario e ingeniero estadounidense George Westinghouse introdujo en 1886 una red rival de distribución de energía basada en la corriente alterna (CA).

Nota: en el artículo se utilizan las abreviaturas CA (corriente alterna) y CC (corriente continua) para referirse a los dos tipos de alimentación eléctrica.

La guerra de las corrientes (a veces llamada la batalla de las corrientes) fue una serie de eventos que rodearon a la pugna motivada por la introducción de los sistemas de transmisión de energía eléctrica en los Estados Unidos, librada entre el final de la década de 1880 y el comienzo de la década de 1890, con la expectativa de los enormes beneficios que las grandes compañías esperaban obtener del rápido crecimiento del negocio del suministro de electricidad como telón de fondo.

En un ambiente de encarnizada competencia comercial, se desencadenó un debate público sobre la seguridad eléctrica, acompañado de campañas de propaganda en los medios de comunicación. Los sistemas de corriente continua (CC) de la Compañía Edison y de corriente alterna (CA) de la Westinghouse Electric, con sus respectivas ventajas e inconvenientes, se convirtieron en los protagonistas del enfrentamiento entre empresas. En el bando de los defensores de la corriente continua destacaba Edison (por entonces en la cima de su prestigio como inventor y empresario); enfrentado a Nikola Tesla financiado por George Westinghouse (un empresario procedente del sector del ferrocarril) que había intuido las grandes posibilidades técnicas de la corriente alterna.

La disputa se desarrolló coincidiendo con la introducción y la rápida expansión del estándar de corriente alterna (ya en uso y defendido por varias empresas estadounidenses y europeas) y su eventual adopción reemplazando al sistema de distribución de corriente continua. A pesar de la popularidad de Edison y sus descubrimientos e inventos, fue la corriente alterna propugnada por Tesla la que predominó para la distribución de electricidad desde entonces hasta nuestros días.

Historia La electricidad era la palabra mágica a finales del . Desde las tentativas iniciales de Benjamin Franklin o de Michael Faraday hasta la tecnología del telégrafo, las aplicaciones para la electricidad crecían continuamente.

Después de la Exposición Mundial de París en 1881 y de la presentación de la lámpara de Edison, los nuevos sistemas de iluminación eléctricos se convirtieron en el logro tecnológico más importante del mundo. La electricidad podía sustituir el vapor para hacer funcionar los motores. Era una segunda revolución industrial y, en ciudades europeas y americanas, las centrales eléctricas se multiplicaban basadas en el diseño de Pearl Street. La central que Edison estableció en 1882, en Nueva York, fue la primera instalación para la producción eléctrica comercial del mundo y, aunque era una planta enorme para su época, podía producir y distribuir electricidad hasta, aproximadamente, 330 ha de Manhattan.

La demanda de electricidad pronto condujo al deseo de construir centrales eléctricas más grandes y de llevar la energía a mayores distancias. Además, la rápida distribución de motores eléctricos industriales provocó una fuerte demanda por un voltaje diferente a los 110 V usados para la iluminación.

Corriente continua y alterna El sistema de Thomas Alva Edison, que utilizaba la corriente continua (CC), era poco adecuado para responder a estas nuevas demandas. El problema del transporte era aún más difícil, puesto que la transmisión interurbana de grandes cantidades de CC en 110 voltios era muy costosa y sufría enormes pérdidas por disipación en forma de calor.

En 1886, George Westinghouse, un empresario rico pero sin conocimiento en el negocio eléctrico, fundó Westinghouse Electric para competir con General Electric de Edison. Su principal ventaja fueron los descubrimientos y las patentes de Nikola Tesla, quien creyó apasionadamente en la superioridad de la corriente alterna (CA). Su argumento se basaba en que las pérdidas en la transmisión de electricidad dependían de la intensidad de la corriente que circulaba por la línea (), lo que se conoce como efecto Joule. Como la potencia es producto de la intensidad por el voltaje (), al elevar el voltaje se reduce la intensidad de corriente necesaria para transmitir una determinada potencia y, por lo tanto, hay menores pérdidas.

Si bien el principio mencionado se aplica tanto a la CA como a la CC, resulta mucho más fácil elevar el voltaje en CA con un transformador electromagnético con el fin de transportar energía eléctrica a largas distancias reduciendo así las pérdidas en forma de calor. Antes de suministrar esa energía a los clientes, el voltaje se adapta a niveles seguros usando otros transformadores, en un proceso inverso al anterior. El trabajar con alta tensión implica ciertos desafíos a la hora de construir, instalar y mantener las redes, amén de presentar el llamado efecto pelicular en los conductores y la posibilidad de generar arcos eléctricos, aunque el ahorro en energía utilizando CA en la transmisión eléctrica es significativo, al reducir las pérdidas por calor en altas potencias.

Edison vs Tesla Westinghouse Electric vs General Electric Edison se alarmó por la aparición de la tecnología de Tesla, que amenazaba sus intereses en un campo que él mismo había creado. Ambos acabaron enfrentándose en una batalla de relaciones públicas –que los periódicos denominaron “la guerra de las corrientes”– para determinar qué sistema se convertiría en la tecnología dominante. Nikola Tesla se expuso a una CA que atravesó su cuerpo sin causarle ningún daño. Ante esta prueba, Edison nada pudo hacer y su prestigio quedó momentáneamente erosionado.

Durante la Exposición Mundial Colombina de Chicago de 1893, Tesla tuvo su gran oportunidad. Cuando Westinghouse presentó un presupuesto por la mitad de lo que pedía General Electric, la iluminación de la Feria le fue adjudicada y Tesla pudo exhibir sus generadores y motores de CA.

Más tarde, la Niagara Falls Power Company encargó a Westinghouse el desarrollo de su sistema de transmisión. Fue el final de la “guerra de las corrientes” y el comienzo del uso generalizado de la corriente alterna para la distribución de electricidad. Tesla finalmente terminó cediendo las patentes a Westinghouse para que continuara con sus proyectos de energía alterna, la misma que se utiliza hoy en día.

Aspectos particulares Tres aspectos particularmente destacables se combinaron en esta guerra:

Una competencia abierta que involucraba a grandes compañías eléctricas, en paralelo con una guerra de formatos que afectaba a sus sistemas en desarrollo. Una serie de accidentes aireados por la prensa, que provocaron un miedo generalizado en la mente del público a la muerte por electrocución accidental causada por CA de alto voltaje, lo que llevó a un debate sobre su seguridad y regulación. La polémica y las maniobras soterradas asociadas con la introducción de la silla eléctrica.

La introducción de sistemas de alumbrado público mediante lámparas de arco a gran escala durante la década de 1870, en muchos casos alimentados por corriente alterna de alta tensión, fue seguida en 1882 por la distribución de corriente continua de baja tensión ideada por Thomas Alva Edison, un sistema diseñado para su uso comercial y residencial en interiores como alternativa a la iluminación a base de gas o de petróleo. En 1886, George Westinghouse comenzó a construir un sistema de corriente alterna que utilizaba transformadores que primero elevaban el voltaje para la transmisión de la electricidad a larga distancia y luego lo bajaban para alimentar la iluminación interior, creando un sistema más eficiente y menos costoso que competía directamente por el mismo mercado que el sistema de Edison. Muchas otras compañías eléctricas se unieron al uso de la CA, que se extendió rápidamente. Entonces, a principios de 1888, la compañía de Edison comenzó a afirmar que la CA era peligrosa e inferior a su sistema patentado de CC.

En la primavera de 1888, se desencadenó una ola de protestas en la prensa motivadas por una serie de muertes causadas por líneas de CA de alta tensión montadas sobre postes en la ciudad de Nueva York y por todo el país, atribuidas a la codicia y la insensibilidad de las compañías de iluminación locales basadas en la CA. En junio de ese año, un ingeniero eléctrico de Nueva York llamado Harold P. Brown saltó a la fama como oponente al uso de corriente alterna, alegando que las compañías de iluminación basadas en la CA estaban poniendo en peligro al público al usar altos voltajes e instalar los tendidos eléctricos de manera descuidada. La campaña de Brown inmediatamente obtuvo la ayuda de Edison y su compañía, que lo apoyaron en sus actos públicos de electrocución de animales con CA, tratando de demostrar que era más peligrosa que la CC. Según afirman los historiadores y los documentos del período parecen confirmarlo, en un claro ejemplo de colusión. Brown y la compañía de Edison se pusieron de acuerdo secretamente en sus esfuerzos paralelos encaminados a limitar el uso de la CA. Así, colaboraron en el intento de Brown de impulsar la legislación para controlar y limitar severamente las instalaciones de CA y sus voltajes (hasta el punto de convertirlo en un sistema ineficaz de suministro de energía); le proporcionaron asistencia técnica en las pruebas para demostrar que la CA sería la más adecuada para alimentar la nueva silla eléctrica; y coludiendo con Brown y con el rival principal de Westinghouse en el campo de la CA (la empresa Thomson-Houston Electric Company), consiguieron asegurarse de que la primera silla eléctrica fuese alimentada por un generador de CA de Westinghouse.

Este fue un período de consolidación industrial y en 1890 más de una docena de compañías eléctricas se habían fusionado en tres: Edison (actualmente Edison General Electric), Thomson-Houston (hoy desaparecida) y Westinghouse. A principios de la década de 1890, las dos últimas estaban generando ganancias muy por delante de la compañía Edison con sede en Washington D. C. Durante este período, Thomas Edison abandonó el negocio de la energía eléctrica y la compañía que fundó comenzó a agregar tecnología de CA a su sistema. La oposición institucional de Edison Electric a la corriente alterna llegó a su fin en 1892, cuando se fusionó con la que se había convertido en su mayor competidora, la compañía Thomson-Houston, una fusión que puso a los gerentes de Thomson-Houston bajo el control de la nueva compañía, la General Electric. La fusión de la compañía Edison (junto con sus fuertes patentes de iluminación) con Thomson-Houston (y sus patentes de CA) creó una empresa que pasó a controlar tres cuartas partes del negocio eléctrico de los Estados Unidos. Por su parte, Westinghouse ganó la oferta para suministrar energía eléctrica para la Exposición Mundial Colombina de Chicago en 1893 y obtuvo el primer contrato en las Cataratas del Niágara ese mismo año. Sin embargo, su ventaja en este campo disminuyó rápidamente, pasando posteriormente a compartir contratos con General Electric.