La moral sexual católica, promulgada por la autoridad del Magisterio de la Iglesia católica, se deriva de la ley natural, la Biblia y la tradición apostólica. Como toda moral sexual, evalúa la bondad del comportamiento sexual y proporciona principios generales por los que evaluar la moralidad de cada acto.

La Iglesia católica enseña que la vida humana y la sexualidad humana son ambas inseparables y sagradas;Catecismo de la Iglesia católica, 2331–2400 y condenó como herejía el maniqueísmo (creer que el espíritu es bueno mientras la carne es mala). Por tanto la Iglesia no considera al sexo como pecaminoso o como un obstáculo para una vida plena en la gracia. Al creer que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y que al considerar todo lo creado vio que era bueno;Génesis, 1, 31. la Iglesia católica considera que tanto el cuerpo humano como el sexo son buenos.

El Catecismo enseña que la carne es soporte de la salvación.Catecismo de la Iglesia católica, 1015 La Iglesia considera la expresión de amor entre marido y mujer como la forma más elevada de actividad humana, al unirlos como lo hace en un completo y mutuo autodarse y abrir su relación a la creación de nueva vida. Estos actos, con los cuales los esposos se unen en casta intimidad, y a través de los cuales se transmite la vida humana, son, como ha recordado el Concilio, "honestos y dignos".PABLO VI, Encíclica Humanae Vitae, núm. 11. Es en los casos en que la expresión sexual se efectúa fuera del sacramento matrimonial, o en que la función reproductiva se frustra deliberadamente, incluso aunque lo sea dentro del matrimonio, cuando la Iglesia Católica expresa su juicio moral.

La Iglesia católica considera pecado la actividad sexual extramatrimonial porque viola el propósito de la sexualidad humana al participar en el acto conyugal antes del matrimonio. El acto conyugal mira a una unidad profundamente personal que, más allá de la unión en una sola carne, conduce a no tener más que un corazón y un almaCatecismo de la Iglesia católica, 1643</ref> ya que el vínculo matrimonial debe ser un signo del amor entre Dios y la humanidad.Catecismo de la Iglesia católica, 1617

La Iglesia requiere que sus miembros no practiquen la masturbación, la fornicación, el adulterio, la pornografía, la prostitución, la violación, los actos homosexuales,Catecismo de la Iglesia católica 2351–2357 y los métodos anticonceptivos.<ref>Catecismo de la Iglesia católica, 2370] Específicamente, intervenir en un aborto puede acarrear la pena de excomunión.Catecismo de la Iglesia católica, 2272]

Fuentes de la moral sexual católica

Ley natural La ley natural (latín: lex naturalis) es una teoría ética que postula la existencia de una ley cuyo contenido está inscrito en la naturaleza y que por tanto tiene validez en todo tiempo y lugar y para toda persona.Definición tomada de "Natural Law," International Encyclopedia of the Social Sciences. A pesar de la relación de esta teoría con escuelas filosóficas paganas (como el estoicismo), algunos (aunque no todos) de los primeros Padres de la Iglesia buscaron su incorporación al cristianismo.

En un influyente pasaje de la Summa Theologiae, Santo Tomás de Aquino escribió:

La ley natural es una fuente básica para el magisterio católico sobre moral sexual.

Sagrada escritura El relato bíblico de la creación (Génesis 1-3) proporciona una antropología que informa la moral sexual católica. Los versículos siguientes son frecuentemente citados en los estudios sobre el asunto:

La historia de Onán (cf. Gn 38) se suele traer a cuenta de los argumentos contra la masturbación y la contracepción:

Dos de los Diez Mandamientos se ocupan directamente de moral sexual, prohibiendo el adulterio y desear la mujer del prójimo (Éx 20, 14, 17; Dt 5, 18.21).

Jesucristo comentó estos mandamientos en Mateo 5, 27-28:

Jesús hace referencia a los pasajes del Génesis en su enseñanza sobre el matrimonio (cf. Mt 19):

Padres de la Iglesia San Agustín describió su conversión al cristianismo en sus Confesiones, incluyendo aspectos relativos al comportamiento sexual. El siguiente pasaje de su autobiografía trata de un punto crucial de su concepto de moral sexual:

Teólogos medievales Santo Tomás de Aquino trata la moral sexual como un aspecto de la virtud de la templanza, e incorpora la Escritura en su argumento. En su Summa Theologiae escribe esto acerca de la castidad:

Magisterio reciente de la Iglesia Católica Casti Connubii (1932), encíclica de Pío XI.Casti Connubii Documento oficial en castellano. Se escribió en parte como respuesta a la decisión de la Lambeth Conference anglicana de 1930, que adoptó el uso legítimo de la contracepción en algunas circunstancias.

Humanae Vitae (1968) de Pablo VI. Pontificado de Juan Pablo II Teología del Cuerpo (conferencias entre 1979-1984) Evangelium Vitae, Teología y Moral familiar y de la vida, encíclica del 25 de marzo de 1995.Evangelium Vitae Documento oficial en castellano. Donum Vitae, Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe (entonces presidida por el cardenal Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI), sobre el respeto a la vida humana y la procreación, febrero de 1987.Donum Vitae Documento oficial en castellano. Veritatis splendor, encíclica sobre la Moral Fundamental, del 6 de agosto de 1993.Veritatis Splendor. Documento oficial en castellano. Catecismo de la Iglesia Católica (1992).

Magisterio católico sobre materias concretas

Castidad

La vocación a la castidad 2337 La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual. La sexualidad, en la que se expresa la pertenencia del hombre al mundo corporal y biológico, se hace personal y verdaderamente humana cuando está integrada en la relación de persona a persona, en el don mutuo total y temporalmente ilimitado del hombre y de la mujer.

La virtud de la castidad, por tanto, entraña la integridad de la persona y la totalidad del don.

La integridad de la persona 2338 La persona casta mantiene la integridad de las fuerzas de vida y de amor depositadas en ella. Esta integridad asegura la unidad de la persona; se opone a todo comportamiento que la pueda lesionar. No tolera ni la doble vida ni el doble lenguaje (cf Mt 5, 37).

2339 La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado (cf Si 1, 22). “La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados” (GS 17).

2340 El que quiere permanecer fiel a las promesas de su Bautismo y resistir las tentaciones debe poner los medios para ello: el conocimiento de sí, la práctica de una ascesis adaptada a las situaciones encontradas, la obediencia a los mandamientos divinos, la práctica de las virtudes morales y la fidelidad a la oración. “La castidad nos recompone; nos devuelve a la unidad que habíamos perdido dispersándonos” (San Agustín, Confessiones, 10, 29; 40).

2341 La virtud de la castidad forma parte de la virtud cardinal de la templanza, que tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana.

2342 El dominio de sí es una obra que dura toda la vida. Nunca se la considerará adquirida de una vez para siempre. Supone un esfuerzo reiterado en todas las edades de la vida (cf Tt 2, 1-6). El esfuerzo requerido puede ser más intenso en ciertas épocas, como cuando se forma la personalidad, durante la infancia y la adolescencia.

2343 La castidad tiene unas leyes de crecimiento; éste pasa por grados marcados por la imperfección y, muy a menudo, por el pecado. “Pero el hombre, llamado a vivir responsablemente el designio sabio y amoroso de Dios, es un ser histórico que se construye día a día con sus opciones numerosas y libres; por esto él conoce, ama y realiza el bien moral según las diversas etapas de crecimiento” (FC 34).

2344 La castidad representa una tarea eminentemente personal; implica también un esfuerzo cultural, pues “el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la sociedad misma están mutuamente condicionados” (GS 25). La castidad supone el respeto de los derechos de la persona, en particular, el de recibir una información y una educación que respeten las dimensiones morales y espirituales de la vida humana.

2345 La castidad es una virtud moral. Es también un don de Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual (cf Ga 5, 22). El Espíritu Santo concede, al que ha sido regenerado por el agua del bautismo, imitar la pureza de Cristo (cf 1 Jn 3, 3).

La integridad del don de sí 2346 La caridad es la forma de todas las virtudes. Bajo su influencia, la castidad aparece como una escuela de donación de la persona. El dominio de sí está ordenado al don de sí mismo. La castidad conduce al que la practica a ser ante el prójimo un testigo de la fidelidad y de la ternura de Dios.

2347 La virtud de la castidad se desarrolla en la amistad. Indica al discípulo cómo seguir e imitar al que nos eligió como sus amigos (cf Jn 15, 15), a quien se dio totalmente a nosotros y nos hace participar de su condición divina. La castidad es promesa de inmortalidad.

La castidad se expresa especialmente en la amistad con el prójimo. Desarrollada entre personas del mismo sexo o de sexos distintos, la amistad representa un gran bien para todos. Conduce a la comunión espiritual.

Los diversos regímenes de la castidad 2348 Todo bautizado es llamado a la castidad. El cristiano se ha “revestido de Cristo” (Ga 3, 27), modelo de toda castidad. Todos los fieles de Cristo son llamados a una vida casta según su estado de vida particular. En el momento de su Bautismo, el cristiano se compromete a dirigir su afectividad en la castidad.

2349 La castidad “debe calificar a las personas según los diferentes estados de vida: a unas, en la virginidad o en el celibato consagrado, manera eminente de dedicarse más fácilmente a Dios solo con corazón indiviso; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según sean casadas o célibes” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 11). Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal; las otras practican la castidad en la continencia.«Se nos enseña que hay tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de las viudas, la tercera de la virginidad. No alabamos a una con exclusión de las otras. [...] En esto la disciplina de la Iglesia es rica» (San Ambrosio, De viduis 23).2350 Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad.

Lujuria

2351 La lujuria es un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión.

Masturbación