Tlaxcala () fue uno de los territorios integrantes del virreinato de Nueva España, en cuyo establecimiento y posteriores conquistas sus gentes jugaron un papel fundamental como aliados de los españoles.

Con base en estos méritos, fue recompensada como una de las repúblicas de naturales con más privilegios otorgados por la Corona española en el periodo que comprende desde 1521 hasta 1821, aunque desde aproximadamente 1756 el poder de la república se redujo sustancialmente al ceder competencias ante otro cabildo local, pero protagonizado en su mayoría por españoles.

Conquista de Tlaxcala

Alianza de los españoles con México A principios del , Tlaxcala era un pequeño territorio cuyos habitantes, los tlaxcaltecas, uno de los grupos teochichimecas que habían abandonado el lugar mítico Aztlán, defendían su independencia, constantemente amenazada por los mexicas.

A la llegada de Cortés en 1519 y tras enfrentamientos iniciales, los tlaxcaltecas se asombraron del poderío de los conquistadores que llegaron con armas desconocidas, como cañones y arcabuces, y montando caballos, animales que no existían en América y que por lo mismo, impresionaban. Ante todo ello pensaron que sería posible vencer a sus enemigos mexicas si se aliaban a los recién llegados, así brindaron a Hernán Cortés una valiosa colaboración en la conquista de México, no sin antes haber intentado combatirlo.

Fue en 1519 cuando el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, envió a Hernán Cortés a explorar las costas del Golfo de México. Al desembarcar éste frente a lo que hoy se conoce como San Juan de Ulúa, y encontrar ante sus ojos un inmenso y rico territorio, decidió explorar y conquistar las nuevas tierras para el rey de España. Como primer paso, estableció el primer ayuntamiento de la Nueva España en la llamada Villa Rica de la Veracruz. Allí Cortés fue designado justicia mayor y capitán general, desligado por ello de Diego Velázquez y con autoridad propia.

Contando con la eficacia de sus armas, con la alianza de los cempoaltecas, con el servicio de sus intérpretes, la Malinche y Jerónimo de Aguilar, y con la esperanza de encontrar inmensas riquezas, Cortés se lanzó a la conquista. Así abandonó la costa a mediados de agosto de 1519 y se dirigió al centro de México. Cuando llegó cerca de los dominios de los tlaxcaltecas, se enteró de que eran enemigos de los mexicas y quiso aprovechar esa situación. Por ello envió embajadores a preparar una entrevista.

Dominio Militar El consejo que regía los destinos del señorío de Tlaxcala discutió la solicitud de Cortés. Maxixcatzin, tlahtoani de Ocotelulco y el más importante de los señores del consejo en ese momento, pidió que se le recibiera pacíficamente, pero el consejo prefirió guiarse por las palabras de Xicohténcatl el Viejo, señor de Tizatlan, quien recomendaba combatir a los españoles. Cortés, que estaba impaciente porque no regresaban sus embajadores, decidió avanzar y llegó ante una gran muralla de piedra que marcaba la frontera, encontró un paso a través de ella y, ya en terrenos tlaxcaltecas, ganó el primer combate contra el señor de Tecoac. Luego recibió a los enviados del consejo quienes se disculparon por la agresión, explicándole que se trataba de uno acción emprendida por sus aliados otomíes, que vivían en esa zona.

Después, el ejército español acampó en el cerro de Tzompantepec, en cuyas cercanías se libraron, en los primeros días de septiembre de 1519, las famosas batallas entre castellanos y tlaxcaltecas, estos al mando de Xicohténcatl Axayacatzin, el joven. En estas batallas se dio la primera muerte a una yegua de los españoles, propiedad de Pedro Cedeño, pero la montaba el alférez Corral. El ejército Tlaxcalteca comandado por Xicohténcatl el joven y con ayuda del guerrero local Chichimecatecuhtli, se retiraron una vez arrancado el estandarte español, pues para ellos esto era signo de haber ganado la batalla por sus costumbres al hacer la guerra. Los restos del animal fueron destazados y mandados a las principales cabeceras tlaxcaltecas para demostrar que no eran dioses como se creía y sirvió como argumento a Xicohténcatl para continuar con el acecho al español. Hubo otras batallas posteriores, pero favorecieron al español, por lo que los tlaxcaltecas optaron por dejarlos pasar a suelo tlaxcalteca y hacer una alianza contra los mexicas.

Cortés descansó 20 días en Tlaxcala, y desde allí envió a Diego de Ordaz con un grupo de tlaxcaltecas a la cumbre del Popocatépetl a conseguir azufre, material indispensable para la fabricación de pólvora, de la que carecía. Por su parte, el Conquistador continuó su camino y arribó a Cholula al frente de seis mil guerreros tlaxcaltecas, quienes acamparon fuera de la ciudad y lo previnieron de una posible emboscada de los cholultecas. Por esa razón Cortés se adelantó y llevó a cabo una terrible matanza que llegó a oídos de los aztecas. Esto, a la postre, sirvió a los españoles para encontrar abierto el camino de Tenochtitlan, ciudad en la que serían recibidos amistosamente por Moctezuma. Apenas alojado en Tenochtitlan, Cortés hizo prisionero a Moctezuma, lo que causó gran sorpresa entre los mexicas.

Desde el principio el pueblo azteca vio con malos ojos a los hispanos, y su disgusto estalló en ausencia de Cortés (que había ido al encuentro de Pánfilo de Narváez), cuando Pedro de Alvarado, uno de los capitanes españoles que había permitido la celebración de una fiesta religiosa, intentó despojar a los indígenas de sus joyas y con simples pretextos desencadenó el asesinato de los mexicas, lo que se conoce como la “matanza del templo mayor”.

Cortés se apresuró a regresar a Tenochtitlan, donde lo sorprendió la rebelión. Al darse cuenta de que la serie de asaltos aztecas que venían sufriendo podrían acabar con sus soldados, se decidió a abandonar Tenochtitlán. El 30 de junio de 1520 salió de la ciudad, pero en el momento de la huida fueron descubiertos por los centinelas y los ejércitos aztecas cayeron sobre ellos. Sólo la vanguardia logró evadirse hasta Tlacopan y fue entonces cuando Cortés pudo darse cuenta de la temible derrota sufrida. Esto es lo que se denomina la “noche triste”.

Los españoles huyeron hacia Tlaxcala y en el camino murieron casi todos los aliados tlaxcaltecas que los acompañaban. A su llegada fueron bien recibidos. Allí pudieron reponerse de las heridas y además preparar minuciosamente la campaña con la que sitiarían y destruirían finalmente Tenochtitlán. Permanecieron en las casas de Xicohténcatl y Maxixcatzin, con los que Cortés celebró una alianza militar, haciéndoles muchas promesas si obtenía la victoria.

Los mexicas, mientras tanto, enviaban embajadores a todos los pueblos solicitando ayuda y alianza en contra de los españoles. Ofrecían a cambio perdonarles el pago de tributos y devolverles propiedades. Pero ocurrió que la mayoría de los pueblos se alegraban al contemplar la desgracia de los aztecas, sus tradicionales enemigos. Conocedores de ese sentimiento, los jefes de Tlaxcala se reunieron y decidieron apoyar a los hispanos. Ya seguro Cortés no sólo de la alianza de los tlaxcaltecas, sino de la de los cholultecas y huexotzincas, inició una serie de campañas a partir de agosto de 1520, apoderándose primero de los señoríos que pertenecían a los aztecas y que rodeaban la ciudad de Tenochtitlan.

Para acabar con el poderío naval azteca, compuesto de miles de canoas que le impedían llegar a Tenochtitlan, resolvió fabricar 13 bergantines o pequeños barcos. La tarea la encomendó al carpintero Martín López, quien los construyó con madera del volcán de la Malinche, en el barrio de Atempan, que en la época colonial se llamara San Buenaventura. Al regresar Cortés a Tlaxcala, después de su triunfal campaña contra los señoríos dependientes de los mexicas, fue informado de la muerte de Maxixcatzin a consecuencia de la viruela, enfermedad que los españoles trajeron a América.

Enseguida se dispuso a preparar su ataque a la capital azteca: hizo un recuento de su ejército y el señorío tlaxcalteca presentó el suyo, que estaría bajo las órdenes de Cortés. Así desfilaron los cuatro señores principales con sus escudos y estandartes, acompañados de flecheros, músicos y pajes. Más de 20 mil guerreros indígenas se unieron a los españoles en la conquista de Tenochtitlan. A orillas del lago de Texcoco, otro gran número de tlaxcaltecas transportaron durante cuatro días las piezas de los bergantines. Al mismo tiempo, la división tlaxcalteca, bajo las órdenes de Xicohténcatl hijo, y de Calmecahua, marchó de Texcoco a Tenochtitlán. Fue entonces cuando ahorcaron a Xicohténcatl.

Finalmente, después de una cruel lucha y un largo sitio, cayó Tenochtitlán, el 13 de agosto de 1521. Allí tuvieron una actuación destacada los generales tlaxcaltecas Cuamatzin, señor de Contla, Tolinpanecatl, de Tepeyanco, y Acxotecatl, de Atlihuetzia.

Los comienzos del virreinato Tlaxcala al incorporarse al virreinato, tuvo muchos cambios, fueron construidas numerosas iglesias tales como la iglesia de San José en el centro histórico de Tlaxcala y la iglesia de la virgen de Ocotlán.

Primera organización y rasgos de tlaxcaltecas Consumada la conquista de la Nueva España, la Corona española planeó su colonización, y por eso se dedicó a fundar ciudades y establecer gobiernos. La Ciudad de México fue la capital y la sede de las autoridades españolas, y de allí partirían muchas de las expediciones destinadas a la extensión y el afianzamiento de la dominación hispana. En cada población de la Nueva España hubo dos sectores sociales distintos: el español, que vivía en ciudades, reales de minas, haciendas o pueblos militares, y el sector indígena, que vivía en sus propios pueblos y ranchos. Parecidas a las de España, se trazaron las nuevas ciudades con igual reparto de solares o lotes y el mismo sistema municipal de gobierno, por cabildos. En el centro de las ciudades, o cerca de ellas, se establecían los tianguis o mercados. Los barrios indígenas estaban en las afueras.

A principios de la Colonia y en agradecimiento a su lealtad, España tuvo con Tlaxcala distinciones muy especiales, como las de permitirle conservar su antiguo gobierno indígena y sus tierras sin la intromisión de los españoles, nombrarla sede del primer obispado de la Nueva España, otorgarle un escudo de armas y el nombramiento de “Leal Ciudad de Tlaxcala”. A sus habitantes se les concedió el derecho de portar armas y de montar a caballo, cosa que sólo se permitía a los españoles, se les consideró hidalgos, con facultad para anteponer a sus nombres el título de “don”, se les eximió del pago de tributos y se les concedieron otros privilegios, muchos de los cuales eran resultado de las gestiones hechas por los nobles tlaxcaltecas que viajaban a España a hacer peticiones al rey.

Pero con el correr de los años, estos privilegios se fueron quedando en el olvido y a los indígenas se les obligó, por ejemplo, a cubrir los gastos para recibir al nuevo virrey, en su paso por Tlaxcala, rumbo a México, a pagar tributos en dinero, en especies como el maíz, y aun en servicios personales, como ayudar en la construcción de la ciudad de Puebla de los Ángeles y especialmente de su catedral, iniciada por Real Cédula en 1537.

Colonias tlaxcaltecas Después de la toma de la Ciudad de México, los españoles tuvieron tanta confianza en los tlaxcaltecas que los llevaron a las principales expediciones de conquista y colonización. A su vez los tlaxcaltecas, como fundadores, gozaron de privilegios que no tuvieron el resto de la población indígena.