miniaturadeimagen|Juan Pablo II fue el Papa que realizó la mediación papal en el Conflicto del Beagle thumb|right|300px|Michelle Bachelet y Cristina Fernández de Kirchner, presidentas de Chile y Argentina respectivamente, en 2008, colocando un monolito en la frontera entre ambos países en Monte Aymond, en recuerdo de la mediación del papa Juan Pablo II en 1978, que detuvo la guerra entre los dos países por una disputa fronteriza en el Canal de Beagle. Los gobiernos de Chile y la República Argentina acordaron en 1971 solicitar el arbitraje de la Corona británica para dirimir el Conflicto del Beagle cuyo cumplimiento sería entregado al honor de las naciones signatarias.
La Argentina rechazó unilateralmente el Laudo Arbitral de 1977, colocando a ambos países al borde de la guerra. Tampoco las negociaciones directas lograron siquiera impedir el aumento de la tensión militar en la frontera.
Con ello se habían comprobado como inviables dos de los caminos para la resolución del conflicto, el de las negociaciones directas y el del arbitraje británico. Quedaba aún un camino por intentar antes de la guerra: la mediación.
Justo en el momento en que en la Argentina el Proceso de reorganización nacional se había decidido por la guerra, el papa Juan Pablo II comunicó a ambos gobiernos que ofrecía su mediación.
Además del peligro de guerra, el cardenal Antonio Samoré, enviado personal del papa, debió enfrentar los siguientes hechos consumados: Chile consideraba el Laudo como vigente y lo había convertido en ley declarando el mar entre las islas como aguas interiores chilenas. Argentina no reconocía el Laudo. Argentina extendió el conflicto a todas las islas al sur del Canal Beagle y al este del meridiano del Cabo de Hornos y exigió también derechos sobre la regulación de la navegación en el Estrecho de Magallanes, es decir había ampliado el conflicto a una zona mucho mayor que la tratada inicialmente en la solicitud de Laudo Arbitral de 1971.
La Santa Sede tuvo durante la mediación dos roles que cumplir, primero el cardenal Samoré debió detener el comienzo de una guerra y comprometer a las dos partes a dejar de lado la amenaza y el uso de la fuerza. Luego debió encauzar las negociaciones que duraron 6 años adaptándose a todos los cambios que ocurrieron en ese lapso de tiempo.
Pretensiones e intereses de ambos países en la zona La Argentina consideraba absolutamente necesario desde el punto de vista económico y militar la libre navegación por los canales fueguinos. Su puerto Ushuaia era una de las bases de su flota pesquera y punto de aprovisionamiento para sus bases antárticas.
La zona de controversia del arbitraje británico estaba delimitada por un polígono, llamado por su forma "el martillo", pero tras desahuciar el Laudo Arbitral de 1977, la Argentina extendió el conflicto a todas las islas al sur del Canal Beagle y al este del meridiano del Cabo de Hornos, argumentando que la tesis oceánica le otorgaba todas las islas al este de ese meridiano.
thumb|Según la definición del límite oriental del Estrecho de Magallanes, se pueden obtener derechos chilenos sobre el Atlántico o derechos argentinos a co-regular la navegación en el Estrecho. A raíz de lo candente de la situación, las divergencias en cuanto a la precisa delimitación en el Estrecho de Magallanes se acentuaron. Chile consideraba que el estrecho terminaba en la línea Punta Dungeness-Cabo Espíritu Santo. Por el contrario la Argentina planteaba que el estrecho continuaba hasta el Cabo Vírgenes. Si se aceptaba la visión chilena, la Argentina no era corribereña ni cogarante del estrecho y por eso no tenía derecho a participar en la regulación del tráfico marítimo. Además, si el estrecho terminaba allí y luego continuaba el océano Atlántico, Chile podría exigir derechos propios en ese océano según el derecho internacional del mar. La visión argentina implicaba lo contrario: derecho de la Argentina a participar en la regulación del tráfico marítimo en el estrecho y la negación de derechos chilenos en el Atlántico.
thumb|left|200px|Las dos visiones del curso del Estrecho de Magallanes durante el Conflicto del Beagle. La línea negra es la interpretación chilena. La línea amarilla era la visión argentina, que exigía un delta. Según el Tratado de 1881 el Estrecho debe ser navegable para todas las naciones. También en la boca occidental del estrecho había divergencias, pues la Argentina postulaba que existía un delta formado por los canales Magdalena, Abra, Bárbara y Cockburn que debían ser navegables a todas las embarcaciones de acuerdo al Tratado de Límites de 1881. Chile rechazaba esa tesis y consideraba que el estrecho tenía solo una salida y que los otros canales eran aguas interiores chilenas.
Ya se vislumbraba en 1978 que el derecho internacional otorgaría en el futuro grandes zonas marinas a los países costeros, en general el límite sigue la línea de puntos equidistantes a las costas más cercanas (un punto en el mar pertenece entonces al país cuya costa esté más cercana).
La frontera marítima a fijar podría tener una decisiva importancia en los derechos que ambos países pretenden sobre la Antártida.
La política interna era un factor que afectaba en forma diferente a las partes. En Chile, Augusto Pinochet ejercía el poder casi sin restricciones, lo que le permitía mayor flexibilidad y menos vulnerabilidad a críticas. Es sin duda un caso especial en la política interna chilena durante la dictadura, pues Eduardo Frei Montalva, expresidente de Chile (1964-1970) y líder de la incipiente oposición, dio su apoyo al gobierno en su gestión de la crisis.
En la Argentina, una actitud conciliadora podía ser utilizada por los adversarios políticos de la línea dura para socavar la ya precaria estabilidad del presidente Jorge Rafael Videla.Mark Laudy, nota nr.21 "On December 14, 1978,Argentine President Videla informed papal nuncio Pio Laghi that Argentina had finalized plans to invade the PNL group the following week. Videla reportedly told Laghi that if he did not give the invasion orders, he would be removed, and those with extreme views would take over." cita sacada de (Thomas Princen, Intermediaries in International Conflict [Princeton: Princeton University Press, 1992], 143.). Ver también Juan de Onis, "Argentina, Chile Feud Masks Other Troubles", The New York Times del 31 de diciembre de 1978
Es decir, el problema no se reducía solo a la posesión de las islas sino a un complejo de factores económicos, militares y políticos que repercutían también sobre el prestigio exterior de ambos países.
Decisión de buscar un mediador
A comienzos de noviembre de 1978 habían fracasado ya las negociaciones directas entre ambos países y el ministro de relaciones exteriores de Chile, Hernán Cubillos, propuso a su par trasandino Carlos Washington Pastor entregar la disputa a la Corte Internacional de Justicia, pero en Buenos Aires transcendió que tal paso sería considerado por la Argentina, dada su negativa experiencia con el Tribunal Arbitral de 1977 como casus belli.
Como última alternativa ante el peligro inminente de la guerra, el ministro chileno propuso buscar una mediación, la que fue aceptada en principio por su par argentino. Se acordó reunirse en la capital federal argentina el 12 de diciembre de 1978.
En la reunión del día 12 se llegó rápidamente al acuerdo de solicitar la mediación papal, pero en la tarde, cuando los diplomáticos chilenos preparaban el documento de acuerdo, el canciller argentino Carlos Pastor llamó a Hernán Cubillos para comunicarle que la junta de gobierno había revocado la aceptación dada por el presidente de facto Jorge Videla.Entrevista a Ernesto Videla publicada en El Mercurio de Santiago. En esas circunstancias se llegó al 22 de diciembre de 1978, el día en que la Argentina tenía previsto ocupar las islas. Ese día en la mañana, el papa Juan Pablo II comunicó directamente a ambos gobiernos que enviaba a su representante personal en una misión de buenos oficios.
El papa, alertado por las iglesias de ambos países y por los Estados Unidos sobre la inminencia de la guerra, se había comprometido a ayudar.
Búsqueda de mediador
En la elección del mediador se conjugaban los temas a quién elegir, qué mediar y cómo mediar. Chile buscaba darle a la mediación un aspecto más formal y legal para aprovechar el respaldo del Laudo Arbitral de 1977, en cambio la Argentina prefería una instancia más política en que pudiera hacer valer su mayor poderío militar.
Para Chile el mediador debía tener la capacidad de presionar a la Argentina para impedirle desconocer otra vez la mediación y comenzar una guerra. Para la Argentina el mediador debía ser neutral, es decir no debía basarse en Laudo Arbitral de 1977, y considerar solo los temas entregados a mediación. Para la Argentina, la lista de posibles mediadores incluía a Henry Kissinger, el rey de España, el papa Juan Pablo II y el secretario general de las Naciones Unidas Kurt Waldheim.
Ni Chile ni la Argentina consideraron a los Estados Unidos como un mediador potencial en el litigio. Para Chile, el país del norte carecía de la capacidad para obligar a la Argentina a cumplir el acuerdo de la mediación. Bajo capacidad se entendía no solo el poder material sino también la decisión de hacerlo cumplir.
Francisco Orrego V., un prominente miembro del equipo negociador chileno y Dante Caputo, ministro de relaciones exteriores de Argentina durante la fase final de las negociaciones, consideran que ningún país podría dar la seguridad de que la Argentina respetaría lo acordado en la mediación.
El papa era, para Chile, el único mediador confiable ya que su peso moral impediría al gobierno argentino desconocer un potencial acuerdo o iniciar una guerra.
Ese año ocuparon el puesto de papa Pablo VI, Juan Pablo I (solo por unas semanas) y Juan Pablo II quien se comprometió a ayudar. La rápida secuencia de los sucesores de San Pedro dificultó los esfuerzos por lograr la mediación.
Características del mediador thumb|El cardenal Antonio Samorè, propuesto por Juan Pablo II para oficiar en la mediación por el conflicto del Beagle, llegó a la Argentina en diciembre de 1978. El papa Juan Pablo II nombró al cardenal italiano Antonio Samorè de 73 años de edad, como responsable de sus buenos oficios. La larga experiencia de la Iglesia católica en el campo diplomático ayudó al cardenal Samorè a llevar las negociaciones a buen puerto. Para ello:
Separó cada una de pretensiones y problemas que las partes tenían, esto es: Dejó de lado el problema del Estrecho de Magallanes Dejó de lado el problema de la Antártida Resolvió aparte el problema suscitado por la renuncia argentina al tratado con Chile para la solución de controversias que hubiese obligado a Chile a llevar el caso a la Corte Internacional de Justicia Separó las pretensiones territoriales de las marítimas Dado que su misión no debía responder a contingencias políticas, como en el caso del gobierno de un estado nacional que debe atender factores internos, el mediador pudo esperar hasta que cambiasen las condiciones políticas en la Argentina. El mediador se entrevistó repetidamente en forma separada con los equipos mediadores a los que consultó intensivamente sobre sus pretensiones, argumentos y posibilidades de ceder en sus apuestas. Solo rara vez se hicieron reuniones conjuntas.
Las negociaciones se realizaron en la Casita de Pío IV, la sede construida en el que alberga desde entonces la Pontificia Academia de las CienciasVer Artículo del diario Clarín del 20 de diciembre de 1998]
El enviado papal se esforzó en todo momento por guardar una estricta neutralidad ante ambas partes. El entonces ministro de relaciones exteriores de Chile, Hernán Cubillos, indicó que no hubo temas relevantes de negociación tras su primer encuentro en Chile con el enviado papal, pero a pesar de eso, el enviado papal siempre mantuvo reuniones de igual lapso de tiempo a ambos lados de la frontera.