Manuel Quijano y García (Cartago, 1801 - León, 1845), conocido históricamente por el apodo de «el malo», fue un destacado y polémico militar y marino costarricense. Alcanzó el rango de general de división y es recordado en la historiografía centroamericana como una figura de singular ferocidad, marcada por sus constantes cambios de lealtad.

Biografía Primeros años y servicio en España Nació en Cartago en 1801. Fue hijo de Francisco Javier Quijano, de origen nicaragüense, y de la cartaginesa Inés García.Fernández Guardia, Ricardo. Quijano el malo, pág. 121. Desde joven mostró un carácter rebelde; siendo aún adolescente huyó de su hogar hacia Nicaragua, donde se empleó como marinero con rumbo a Acapulco. Tras pasar por la Ciudad de México, llegó a Veracruz, donde fue reclutado en 1819 para tripular una fragata de guerra española con destino a Cádiz.

En España, sentó plaza en el Cuerpo de Artillería Volante de Cartagena. Aunque fue destinado inicialmente a Buenos Aires, el pronunciamiento de Riego en 1820 cambió su rumbo hacia La Habana y, posteriormente, a Panamá. Allí desertó del ejército español en febrero de 1821.Fernández Guardia, Ricardo. Quijano el malo, pág. 122.

Carrera militar en Costa Rica (1822-1823) Regresó a Costa Rica y en 1822 contrajo matrimonio con Petronila de Bonilla y Alvarado.Fernández Guardia, Ricardo. Espigando el pasado, pág. 32, editorial EDUNED. Al estallar los conflictos tras la independencia, Quijano se alineó con la facción imperialista de Cartago, que favorecía la unión al Primer Imperio mexicano.

Durante la batalla de Ochomogo (1823), comandó la artillería cartaginesa. La derrota sufrida ante las fuerzas republicanas de San José, lideradas por Gregorio José Ramírez y Castro, marcó profundamente su carácter. Según el historiador Ricardo Fernández Guardia, esta derrota sembró en él una "monomanía" de odio hacia los josefinos que duraría toda su vida.Fernández Guardia, Ricardo. Revista Archivo Nacional, Quijano el malo, pág. 124. Tras la batalla, se vio obligado a emigrar a Guatemala.

Actuación en la Federación Centroamericana En Guatemala se alistó en el ejército federal bajo la protección del presidente Manuel José de Arce y Fagoaga, ascendiendo a capitán efectivo de artillería.Fernández Guardia, Ricardo. Espigando el pasado, pág. 33, editorial EDUNED. Participó activamente en la primera guerra civil centroamericana (1826-1829), pero tras la victoria de Francisco Morazán, fue desterrado a México junto a Arce en 1829. En 1831, participó en la fallida invasión de Soconusco en un intento por reinstaurar a los conservadores en el poder.

La Guerra de la Liga y el papel de infiltrado (1835-1836) En abril de 1835, Quijano regresó a Costa Rica bajo un indulto. A pesar de su pasado imperialista, el jefe de Estado Braulio Carrillo Colina lo empleó como capitán de artillería. No obstante, al estallar la guerra de la Liga, Quijano actuó como un agente doble o infiltrado para los rebeldes de Cartago.Fernández Guardia, Ricardo. Quijano el malo, pág. 132.

Durante este periodo, realizó actos de sabotaje, como ordenar inutilizar las llaves de los fusiles en el cuartel de Cartago y tratar de incitar a la tropa de San José a la rebelión. El 24 de octubre de 1835, incluso ofreció secretamente entregar la plaza de San José a los rebeldes que se encontraban en Tibás. Para evitar sospechas y mantener la confianza de Carrillo, combatió en las filas del gobierno con una pericia y valentía notorias. Se distinguió especialmente en los combates del 14 y 28 de octubre de 1835, donde las fuerzas de San José vencieron a los facciosos. Debido a su aparente buen desempeño en batalla, el gobierno lo premió con el ascenso a sargento mayor, la comandancia del Cuerpo de Artillería y le otorgó un solar valioso en la capital. No obstante, Quijano continuó conspirando para entregar el depósito de armas y municiones de San José a los cartagineses. La trama fue finalmente descubierta la noche del 24 de diciembre de 1835. Quijano fue arrestado y sometido a un consejo de guerra. Pese a la gravedad de su traición, la sentencia fue indulgente: se le condenó únicamente a la degradación y al destierro del Estado. Al partir hacia el exilio, amenazó abiertamente con regresar para vengarse del gobierno de Carrillo.

En 1836, organizó desde Nicaragua una invasión al departamento del Guanacaste con el apoyo de otros exiliados. Supuestamente contaba con el apoyo del gobierno de José Zepeda, mismo que al final no obtuvo. Las tropas de Quijano fueron rechazadas al intentar apoderarse de Guanacaste y la invasión fracasó.

Conflictos regionales y el incidente de San Juan del Norte A partir de 1838, se involucró en la segunda guerra civil centroamericana, combatiendo contra las fuerzas de Morazán en las batallas de Espíritu Santo (1839), Las Lomas (1840) y El Potrero (1840). Durante estos años, sirvió alternativamente a los gobiernos de Nicaragua y El Salvador.

En 1841, fungiendo como administrador nicaragüense del puerto de San Juan del Norte, protagonizó un incidente diplomático con los británicos. Tras protestar airadamente por la presencia de la fragata Tweed, fue apresado por el capitán británico Alexander MacDonald, quien, para humillarlo, ordenó que le rapasen el bigote y las barbas.Fernández Guardia, Ricardo. Espigando el pasado, pág. 36, editorial EDUNED.

Campaña de Malespín y fallecimiento Entre 1844 y 1845, Quijano se unió a la invasión de Nicaragua liderada por el general salvadoreño Francisco Malespín. En este conflicto alcanzó el rango de General de División, pero su conducta fue calificada de atroz. Participó en el incendio de Sutiaba y dirigió numerosas ejecuciones en León.Revista Conservadora, Número 91, abril de 1968. Capítulo 6, pág. 48.

Denunció a muchos liberales leoneses ante Malespín y por orden de éste ejecutó a muchos. Entre sus actos más condenados se encuentra el fusilamiento en el atrio de la capilla de San Juan de Dios del presbítero Dionisio Urcuyo y Crespín, quien intentaba proteger a los enfermos de un hospital que estaba siendo asaltado por las tropas. Asimismo, en febrero de 1845, presidió el consejo de guerra que sentenció a muerte al mariscal Casto Fonseca.Fernández Guardia, Ricardo. Espigando el pasado, pág. 39, editorial EDUNED.

Muerte Hacia finales de 1845, Quijano cayó postrado por una "asquerosa enfermedad", que historiadores modernos identifican probablemente como sífilis terciaria. Murió en su lecho en León, Nicaragua. Se registra que en sus últimos momentos de agonía, consciente de sus crímenes, expresó con pesar que su "almita" no estaba tan limpia como desearía.Fernández Guardia, Ricardo. Quijano el malo, pág. 150.

Apariencia y carácter Según su filiación militar de 1836, Manuel Quijano era de estatura regular, cuerpo delgado, color trigueño, pelo crespo, ojos negros, nariz afilada y barba cerrada.

Historiadores contemporáneos y posteriores han sido unánimes en su juicio negativo sobre su figura:

El historiador Lorenzo Montúfar y Rivera lo llamó "el jefe militar más execrable del conservatismo centroamericano, que no resppetaba ni los hospitales, ni los cementerios".

Rafael Heliodoro Valle lo calificó de "bandolerón".

Ricardo Fernández Guardia lo describió como un hombre que "parecía una encarnación de la maldad", destacando que "Quijano era un amoral, un perverso que se complacía en hacer el mal".Fernández Guardia, Ricardo. Espigando el pasado, pág. 34, editorial EDUNED

Referencias

Bibliografía

Fernández Guardia, Ricardo. Quijano el malo. San José, Costa Rica. Fernández Guardia, Ricardo. Espigando el pasado. Editorial EDUNED.

Categoría:Militares de Costa Rica Categoría:Nacidos en Cartago (Costa Rica)