La batalla de Empel, conocida en España por ser la batalla que dio lugar al Milagro de Empel, ocurrió entre los días 2 y 8 de diciembre de 1585 como parte de la guerra de los Ochenta Años. Consistió en un enfrentamiento de los tercios de Francisco Arias de Bobadilla, de Cristóbal de Mondragón y de Agustín Íñiguez de Zárate, comandados por el maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla. Se enfrentaron en condiciones muy adversas a una flota de entre cien y doscientos barcos, (En neerlandés) "De strijd bij Empel (1585). Een episode uit de Tachtigjarige Oorlog" (La batalla de Empel (1585). Un episodio de la Guerra de los Ochenta Años), en: Armentaria 12 (1978) 43-46.de los rebeldes neerlandeses que los asediaban, bajo mando del almirante Felipe de Hohenlohe-Neuenstein. Los tercios asediados fueron auxiliados por el Conde de Mansfeld y el Tercio de Juan del Águila.
Antecedentes Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano-Germánico había heredado de su padre Felipe I el Condado de Borgoña, del que formaba parte Flandes. Por eso era reconocido y respetado como su soberano natural.
El rey Carlos I unificó la administración usando los Estados Generales como parlamento común para sustituir a los numerosos gobiernos provinciales. Esto originó el malestar de la nobleza flamenca que veía peligrar sus intereses políticos y sus privilegios.
Al abdicar en 1556 en favor de su hijo Felipe II, la situación empeoró. Al rey Felipe se le consideraba un extraño: ni había nacido ni se había criado allí; desconocía aquellas tierras y sus gentes, y no hablaba su lengua y ponía por delante los intereses de la Corona.
La situación estratégica de Flandes era muy importante para España, ya que estaba muy próxima a Inglaterra, era frontera con el Sacro imperio Romano-Germánico del que era parte y a la vez cerraba el cerco a Francia.
En lo religioso, ya durante el reinado de Carlos V, el calvinismo se había aposentado en Flandes, lo que provocó una reacción del emperador en defensa del catolicismo que dio inicio a las revueltas. Felipe II continuó la defensa del catolicismo y llegó a prohibir la libertad de culto, por lo que aumentaron las revueltas.
Desde el punto de vista económico, la guerra entre Suecia y Dinamarca cerró el Báltico al comercio y a las importaciones, provocando la carestía de los alimentos e incluso hambre.
El malestar general aumentó, de manera que se envía al ejército al mando de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Gran Duque de Alba, a contener las rebeliones.
En 1568, la Corona envió 400 000 ducados para el sustento de las tropas españolas en Flandes. Estos fondos procedentes de banqueros genoveses, se transportaban en un navío peninsular y cuatro zabras genovesas bajo el mando de Lope de la Sierra. Aunque iban bajo protección diplomática, no llevaban protección militar. En el canal de la Mancha fueron a la vez sorprendidos por fuertes vientos del sur y por bucaneros franceses, de modo que buscaron refugio en los puertos de Plymouth, Southampton y Fowey. Cuando la reina Isabel I se enteró del contenido, asesorada por su consejero William Cecil, ordenó la confiscación.
Felipe II lo consideró una agresión directa que, aunque no supuso una guerra inmediata, hizo madurar la idea de la invasión de Inglaterra.
Isabel I utilizó ese dinero para financiar su propia política exterior, incluyendo el apoyo a los rebeldes protestantes en los Países Bajos.
Los banqueros genoveses, al ver que Inglaterra había confiscado su dinero, retiraron su confianza en Isabel I y se alinearon más estrechamente con Felipe II.
Al Duque de Alba no le quedó más remedio que imponer una subida de impuestos para sufragar los gastos. Parte de los nobles que no quería seguir manteniendo un ejército extranjero, que además les imponía otras costumbres, se rebeló. En respuesta, el duque actuó con mano dura, lo que desembocó en una guerra que duraría ochenta años.
Durante esa guerra, Alejandro Farnesio, Duque de Parma, rindió Amberes tras un asedio de 14 meses. Las capitulaciones se firmaron el 17 de agosto de 1585 y la entrada en la ciudad se realizó el día 27 del mismo mes.
El día 14 había llegado desde Milán el Tercio de Francisco Arias de Bobadilla para refuerzo del cerco. Traía 40 000 ducados para las 37 pagas que se adeudaba a toda la milicia de Farnesio desde julio de 1582.
Farnesio, había recibido órdenes del rey de desmovilizar las tropas flamencas, valonas, borgoñonas y alemanas, para reducir el ejército a una tercera parte y poder dedicar así los recursos a preparar una gran armada con intención de invadir Inglaterra. Pensaba que era un error, estando a un paso de culminar ahora la victoria total en Flandes. Tras solucionar el remate de las pagas atrasadas que podía haber desembocado en motines, se vio con las manos libres para realizar la invernada de las tropas, fortificar diversas posiciones en otros puntos, asegurar las poblaciones católicas amenazadas y socorrer a los católicos de Zelanda y Holanda.
Envíó al Conde Carlos de Mansfeld, quien llegó el 22 de noviembre a Aalst con los tercios de Cristóbal de Mondragón cuyo origen era el Tercio Viejo de Lombardía, el Tercio de Juan del Águila, cuyo origen era el Tercio Viejo de Sicilia, el Tercio de Francisco Arias de Bobadilla, cuyo origen era el Tercio de Zamora, y el Agustín Íñiguez de Zárate, además de dos tercios italianos, cuatro regimientos alemanes, uno de valones y una compañía de arcabuceros a caballo al mando del Capitán Juan García de Toledo. Desde allí mandó hacia Herpen y Grave al Tercio de Juan del Águila, con un regimiento de valones y una compañía de caballos.
Como Mondragón había sido nombrado Gobernador de Amberes, Flandes y Brabante, su tercio venía al mando de Alonso de Uceda.
Estratégicamente, este movimiento debía controlar la zona que daba acceso a Alemania y preparar la campaña de primavera.
Empel Los tercios de Mondragón, Íñiguez y Bobadilla, más la compañía de arcabuceros a caballo y seis piezas de artillería, con un total de unos 5000 hombres bajo el mando de Bobadilla, se dirigieron por la línea del río Mosa que marcaba la separación con el territorio rebelde, en dirección a Bolduque, hoy 's-Hertogenbosch, con intención de pasar el invierno en la llamada isla de Bommel (entre el Mosa y el Waal). Esta es una tierra muy fértil y, aunque de población era hostil, tenía la ventaja de que no se consumían los recursos de las poblaciones amigas. Para llegar, atravesaron el Mosa en ocho barcazas y nueve pleytas (barcas de fondo plano) que les ofreció la cercana población de Bolduque leal al Rey Felipe II.
Mansfeld y el resto partieron hacia Herpen para fortificar la orilla sur del Mosa e impedir la llegada de socorros desde Alemania para los rebeldes. Estos ordenaron a los lugareños de Bommel que abandonaran la zona con todos sus bastimentas y se dirigieran a las zonas bajo su control.
Bobadilla planeaba que los otros dos tercios ocuparan la zona este de la isla y controlasen los diques y esclusas, para poder asediar y ocupar con su tercio la ciudad de Zaltbommel situada más al oeste. En tres días, se tomaron sin resistencia las ciudades de Dril, Rosan, Heerwardelf y Hurweneen.
El Almirante holandés Felipe de Hohenlohe-Neuenstein reunió una flota de entre 100 y 200 barcos de todos los tamaños con fondo plano en el río Waal y llegó al norte de la isla de Bommel el 2 de diciembre. Únicamente había diez barcos mayores que solo podrían navegar por el río. A la altura de Zaltbommel empezaron a abrir las esclusas y demoler los diques del Waal con intención de anegar la isla y ahogar así a los españoles. Bobadilla había tomado la zona de Rosum y de Kerkdriel y así, pese a los reiterados intentos de asalto holandeses, pudo evitar la demolición de otros diques del Mosa e impedir que la inundación fuera inmediata. Esto permitió el repliegue hacia el sur con todos los pertrechos y algunas vacas que se consiguen coger con el agua al pecho, en las nueve pleytas . Cruzaron el Mosa de nuevo y se refugiaron en el dique de Empel y en tres isletas más al sur ('s-Hertogenbosch y Maaspoort), que con una altura máxima de pocos metros sobre el nivel del mar, permitieron establecer algunas defensas donde emplazar parte de la artillería.
La campiña entre el Mosa y Bolduque estaba habitualmente inundada. La flota holandesa rompió el dique del Mosa por la orilla de Bolduque de modo que sus barcos pequeños pudieron acceder a esta zona para acosar el dique de Empel también desde el sur. Tan solo podía responderse al fuego desde las isletas que tenían algún pequeño castillete o torre. El resto que se encontraba sobre el dique no podía resguardarse, hasta que se hizo la noche y la flota se retiró voceando en español: «...que todo el poder de su Rey no los escaparía de sus manos».
El día tres la flota holandesa colocó algunos barcos más entre Empel y Bolduque para evitar que pudieran ser socorridos desde allí. Con un tiempo muy frío y lluvioso, se empezaron a parapetar unos 200 soldados junto a la iglesia de Empel con los Capitanes Esteban de Peñalosa y Álvaro de Barragán, a base de cestones (sacos de arena y fagina) para proteger su artillería y se ordenó el atrincheramiento del dique. Aún les quedaban algunas vacas y caballos. Hohenlohe envío un mensajero avisándoles que: «...humillasen los ánimos, que él les daría de gracia que no humillasen los cuerpos debajo del yugo, más que no esperasen poder pelear o morir honradamente, pues habían de perecer como brutos, de hambre y frío…».
La respuesta de Bobadilla fue: «Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos»
Mansfeld enterado por los mensajeros de Bobadilla de la dificilísima situación preparó una acción de socorro de la que informó a Bobadilla.
El día cuatro, Bobadilla, mandó que se ocuparan los dos islotes más cercanos donde se apostó una pieza de artillería que protegería el dique.
El día cinco ordenó que se aprestaron las nueve pleytas (barcones) disponibles, tres para cada tercio, que habían seleccionado a dos Capitanes, 10 picas, 10 mosqueteros y 15 arcabuceros cada uno, a la para espera de la intervención de Mansfeld, pero al ser este interceptado, nada sucede. Bobadilla buscó una posible zona vadeable hasta tierra firme por donde los barcos no pudieran llegar, para ir sacando poco a poco a todos los tercios. Cuando comprobaron que la profundidad sí permitía el paso de los barcos, Bobadilla ordenó a las pleytas que estaban preparadas esperando a Mansfeld, que con dos piezas de artillería tomaran una isleta cercana al torreón. Una vez tomada y emplazada la artillería protegida con cestones, llegaron de nuevo los barcos holandeses, estableciéndose un duelo artillero sin consecuencias.
A la vez, el Tercio de Juan del Águila llegó a Bolduque y trasladó la artillería pesadaque protegía la ciudad, a la iglesia de Orthen más al norte justo en la orilla de la inundación, para poder así batir a los barcos holandeses desde el sur e impedir su libre circulación por esta zona inundada, gracias al fuego combinado con Bobadilla desde el norte. Ese traslado de dos kilómetros se realizó a mano por los soldados de su tercio ya que no disponían de suficientes caballos. (Cada tiro de esta artillería precisaba de unos 70 u 80 caballos).
Por la noche los holandeses tomaron un par de isletas cercanas, que eran el siguiente paso de los españoles, y las fortificaron, lo que supuso un golpe moral muy grande para los tercios.
Mansfeld, el día seis, realizó un nuevo intento que al ser descubierto por los holandeses tampoco prospera. Entonces Bobadilla se planteó evacuar sus posiciones por el dique en dirección este y atravesar la zona inundada por las posiciones más cercanas a Juan del Águila, protegidos bajo su fuego de cobertura.
El milagro