El Palacio de Hierro, S.A.B. de C.V. es una empresa mexicana de grandes almacenes que opera 15 tiendas departamentales de lujo, 3 boutiques, 2 casas tipo palacio, y 2 outlets en toda la República Mexicana, con su sede en la Ciudad de México. Se fundó en 1891, originalmente como sociedad en comandita. En 1898, se convirtió en la primera sociedad anónima en el ámbito comercial del país.

Antecedentes Cuando en México estaba su apogeo el virreinato y aún se llamaba Nueva España, la entrada de los extranjeros estaba prohibida. Los pocos que llegaban tenían permiso de la Corona. A finales del se fue relajando un poco la situación y llegaron algunos franceses, como el comerciante Ernesto Maillefert. En el año 1821, ya consumada la independencia, llegaron más comerciantes franceses. A la Ciudad de México arribó Jacques Arnaud, un barcelonnette, como se le dice en México a los nacidos en valle del río Ubaye, al sur de Francia. Ambos abrieron "Las siete puertas," una tienda o cajón de ropa elegante y surtida. Así, antes de que Agustín de Iturbide fuera emperador, comenzó el movimiento comercial que se estableció entre México y los de Barcelonnette de entonces hasta la Segunda Guerra Mundial y que dio lugar al nacimiento de muchas tiendas mexicanas, entre ellas El Palacio de Hierro.

izquierda|miniaturadeimagen|350x350px|El Palacio de Hierro en 1898.El flujo fue tan importante que en Jausiers, el poblado donde nacieron Jacques Arnaud y sus hermanos, hay una placa cuya traducción reza:

Las Siete Puertas Los 3 hermanos Arnaud, primeros hijos del Valle que partieron a México "1821" abriendo en el centro de la Ciudad de México el almacén de telas Las Siete Puertas La prosperidad de esta tienda dio nacimiento al de la formidable emigración de los barcelonnettes a México.http://www.photos-provence.fr/dpt04/barcelonnette.html

La emigración dejó prácticamente sin mano de obra masculina al Valle de Ubaye. Además, los barcelonnettes se casaban cuando ya se habían retirado de la vida laboral, es decir cuando tenían alrededor de 45 años. Así evitaban problemas familiares que perturbaran su eficacia en el trabajo. Como sus hijos eran muy pequeños, cuando se trataba de dueños de algún negocio, los sucedían en ellos sus hermanos menores, sus sobrinos y sus empleados destacados. El entrenamiento era parte del proceso de ascenso, tan definido como un escalafón: aprendiz sin remuneración, vendedor con un sueldo mensual de diez pesos; luego agente vendedor; después asociado, con derecho a un porcentaje sobre las ganancias. Ya como jefe, el porcentaje subía según su responsabilidad: venta al menudeo, venta al mayoreo, compras en plaza, correspondencia, caja, contabilidad y, finalmente, la dirección. Quienes preferían un camino más libre y ganar por arriba de los mil pesos mensuales, tras tres años de aprendizaje, se iban de vendedores a los circuitos de distribución de las tiendas, a lo largo y ancho de México.Chabrand, Emile. (1987). De Barceloneta a la República Mexicana. Con 18 ilustraciones de G Profit según fotografías del autor. Traducción, estudio preliminar y notas de Luis Everaert Dubernard. México, Banco de México. 268 pp. p. 82-84. miniaturadeimagen|350x350px|Tránsito popular a las afueras del edificio. El primer año prácticamente nadie tenía sueldo: los aprendices pagaban con trabajo el costo del viaje. Como todos los trabajadores, recibían casa, comida y dos botellas de vino: una el 14 de julio y otra el 24 de diciembre. En su libro, describió Chabrand: Desde la mañana hasta la noche, no hacen otra cosa que enrollar, doblar y pegar las telas, y colocar las piezas en los anaqueles de la trastienda. Como se desacomoda a medida que se acomoda, cuando creen haber terminado tienen que recomenzar de nueva cuenta. Lógicamente están a las órdenes de todos los vendedores a los que deben obedecer: “Obedecer y callarse... sin murmurar”, es la consigna... Mientras dura este aprendizaje que, hay que reconocerlo, es sumamente fatigoso, duermen sobre el mostrador. Tienen a su cargo, además, la tarea de asear y barrer todo el local. izquierda|miniaturadeimagen|Promocional de inauguración del nuevo edificio.Para ir subiendo de categoría, su primera preocupación debe ser la de aprender lo más rápidamente posible la lengua española, memorizar los nombres de todas las mercancías y familiarizarse con el manejo de las monedas mexicanas.El idioma no significa mayor problema, ya que su pattois natal se parece al español, pero el sistema monetario les parece muy complicado. Los franceses usan el sistema monetario decimal, creado en su país. Se ha tratado de introducir en México, con pocos resultados, así que convive con el octaval en uso desde la Colonia, con el resultado de aumentar las dificultades.Chabrand, E. Op. cit. p. 90.

En el año 1862, a raíz de la Segunda intervención francesa en México, la Compagnie Générale Transatlantique (CGT) inauguró la ruta Saint-Nazaire-El Caribe-Veracruz. En el año 1864, con la llegada de Maximiliano, se estableció un viaje mensual, lo que provocó un aumento en la migración de jóvenes franceses.French Lines. Liner Florida. Compagnie Générale Transatlantique, 1862 – 1874 [www.frenchlines.com/histoire/histoire_cgt_dates_en.php] Consultado en octubre de 2012. Entre ellos llegaron dos: Joseph Tron y Joseph Léautaud. Se conocieron en la travesía. Ambos jóvenes llegaron al Portal de las Flores, en el Zócalo de la Ciudad de México. Ahí había un cajón de ropa llamado Las Fábricas de Francia, donde trabajaron hasta comprarlo en el año 1876 a los antiguos dueños, de acuerdo con la costumbre barcelonnetta. Junto con Jules y Henri, hermanos Joseph Tron, formaron una sociedad: J. Tron y Cía.

En el año 1888, J. Tron y Cía. vendió Las Fábricas de Francia para abrir la primera tienda de departamentos de México: El Palacio de Hierro. Tendría mucha más mercancía que un cajón de ropa, o que un almacén de novedades, como se les llamaba a los que ofrecían artículos de arreglo personal y para el hogar.

Del Porfiriato a la Primera Guerra miniatura|Edificio del palacio de hierro construido por el arquitecto Paul Dubois de 1918 a 1921 El Palacio de Hierro fue hecho a imagen y semejanza de Le Bon Marché, el gran almacén parisino fundado por Aristide Boucicaut. Para ello, el 30 de enero del año 1888, ante el notario Ignacio Burgoa, se firmó el acta por la que El Palacio de Hierro quedó legalmente constituido. Luego, J. Tron y Cía. adquirió un terreno de 625 m² en las calles de San Bernardo y pasaje de la Diputación, actualmente las avenidas Venustiano Carranza y Veinte de Noviembre, en el centro de la Ciudad de México, donde construyó un edificio de cinco pisos, primer edificio hecho ex profeso para ser comercio, dotado de una estructura de hierro y acero bajo los criterios de la escuela de Gustave Eiffel, el creador de la famosa Torre parisina que lleva su nombre. La construcción demoró tres años. Cuando ya iba bastante adelantada se formó la leyenda de que el público pasaba por la calle y al verla decía que ahí se estaba construyendo un palacio de hierro y por eso le pusieron ese nombre, aunque en realidad la tienda ya se llamaba así desde su escrituración. El 1 de julio del año 1891 fue la inauguración. El Dr. José María Marroqui describió el edificio en su libro de la Ciudad de México. Es casi cuadrado, bello y elegante; tiene veintitrés metros de elevación y descuella sobre todos los edificios particulares de la ciudad. Merced a esto pudo colocarse en la orilla de la azotea, a manera de baranda, repetido en los cuatro lados, un letrero que, con letras doradas, grandes y abultadas, dice: ‘Almacenes del Palacio de Hierro’. Tres asta banderas hay: una en el ángulo libre de la escuadra, y otra en cada uno de los extremos; en la primera, se enarbola, los días grandes, el pabellón mexicano, y en las de los extremos, el francés. Sobre las vidrieras del primer piso, en el lado de la calle de San Bernardo, se lee: ‘J. Tron y C.’; en la esquina, dentro de un medallón de relieve tallado en la piedra, las tres letras iniciales, ‘J.T. y C.’, enlazadas, y abajo de él, ‘1891’.”'Marroqui, José María. (1969). La Ciudad de México. Contiene: el origen de los nombres de muchas de sus calles y plazas, del de varios establecimientos públicos y privados, y no pocas noticias curiosas y entretenidas. 2ª edición (facsimilar). México, Jesús Medina Editor. Tres tomos. Tomo 1 p. 618

En su interior, llamaba la atención un elevador hidráulico y transparente; los 350 focos eléctricos que se encendían por las noches, los 500 mecheros de gas que estaban listos por si fallaba la electricidad; que tuviera su propia oficina de correo y de telégrafo y además su teléfono, cuyo número era el 636 de la Compañía Telefónica Mexicana. Los maniquíes y el piso sin tarimas resultaron un éxito entre la clientela, al igual que los estilizados mostradores de madera donde se extendían cosas pesadas, por ejemplo, rollos de tela. Lealtad, honradez y eficacia es nuestro lema, anunciaba El Palacio de Hierro. Desde el principio hubo venta directa y por catálogo, pues su principal negocio era el mayoreo, sobre todo por las compras que hacían las haciendas y los negocios del interior del país. Había productos importados y otros elaborados en talleres y fábricas propias. Se introdujo la novedad de presentar precios fijos etiquetados —lo que rompió la tradición del regateo— y provocó verdaderas batallas con la clientela. Auguste Genin, uno de los socios, describió el servicio de entrega a domicilio: ... El Palacio de Hierro, al igual que cualquier almacén de París, posee coches de entrega, tan prácticos como elegantes, que llevan a los cuatro puntos cardinales de la ciudad las mercancías compradas ese mismo día.Genin, Auguste. (1933). Les français au Mexique. Du XVIe siecle a nos jours. Paris, Nouvelles Editions Argo. 544 pp. p. 433

El 6 de abril del año 1898, J. Tron y Cía. adoptó el nombre de su tienda y se volvió El Palacio de Hierro Sociedad Anónima (S.A.), probablemente la primera empresa comercial constituida como Sociedad Anónima en México. Esa figura sólo la usaban las compañías mineras y algunos bancos. La sociedad inició con un capital de cuatro millones de pesos, totalmente suscrito. Se decidió construir un inmueble nuevo junto al edificio principal, para ampliar los pisos de venta y celebrar el décimo aniversario del negocio, en el año 1901. Así se hizo y para ello se mudaron al entonces vecino pueblo de Tlaxcoaque los talleres que estaban en una casa vecina al edificio original, en San Bernardo 18, hoy Venustiano Carranza, y se edificó un edificio casi idéntico al primero de la tienda.

Con miras a celebrar el 20º aniversario en el año 1911, se compró la casa que faltaba para que la tienda ocupara toda la acera de San Bernardo. Con eso, El Palacio de Hierro tuvo la esquina de Monterilla, hoy avenida Cinco de febrero. La nueva construcción fue de un edificio majestuoso, con una fachada muy parisina. Mientras se construía, en el año 1910 se conmemoró el centenario de la Independencia. Hubo varios desfiles. El dedicado al comercio fue el 4 de septiembre. El Palacio de Hierro participó con un lujoso carro alegórico acompañado de un carruaje y tres automóviles de su propiedad. El lunes 2 de octubre del año 1911 se inauguró el nuevo edificio. Para entonces, Porfirio Díaz y su familia vivían exiliados en París. El presidente interino era Francisco León de la Barra y se esperaba que en noviembre lo fuera Francisco I. Madero.