El caso Wanninkhof es un caso de error judicial que sucedió en España cuando, en un ambiente de histeria popular creado por los medios de comunicación y en un juicio plagado de irregularidades por parte de las autoridades judiciales y policiales, Dolores Vázquez Mosquera fue declarada culpable por un jurado popular de la muerte de Rocío Wanninkhof Hornos, nacida el 9 de noviembre de 1979, quien había sido asesinada el 9 de octubre de 1999, a los 19 años, cerca de Mijas, provincia de Málaga, Andalucía. Años después, el 14 de agosto de 2003, el caso dio un vuelco al resolverse otro asesinato posterior cometido en la misma zona, el de la joven Sonia Carabantes Guzmán, nacida el 15 de mayo de 1986, al descubrirse que el ADN de su asesino coincidía con el ADN encontrado en pruebas del caso Wanninkhof.

Es uno de los ejemplos de la denominada "pena de telediario", es decir, la acusación ante la opinión pública de una persona con base en lo expuesto en los medios de comunicación sin disponer de pruebas concluyentes y sin respetar la presunción de inocencia.

En 2026 el Gobierno de España concedió a Dolores Vázquez la Medalla a la Promoción de los valores de Igualdad y organizó un acto de reparación, memoria y justicia.

Desaparición de Rocío Wanninkhof La tarde del 9 de octubre de 1999 Rocío Wanninkhof, de 19 años, visitó a su novio, Antonio José Jurado, en su domicilio en La Cala de Mijas y hacia las 21:30 salió sola camino de su propia casa que distaba unos 500 m con intención de ducharse y volver a ver a su novio en la feria de Fuengirola. Tras este hecho desaparece y se le pierde la pista.

En las declaraciones a la Guardia Civil hubo discrepancia en lo que respecta a la vestimenta que llevaba ese día ya que la madre, Alicia Hornos, y la hermana, Rosa, declararon que vestía una camiseta blanca con logotipo “Nike” y un pantalón morado elástico, mientras que el novio declaró que no llevaba tal camiseta y que nunca la había visto con tal prenda.

Un hombre declaró haberla visto camino de su casa, pero la policía no le preguntó por la vestimenta.

A la mañana siguiente, Alicia Hornos, su madre, se extrañó por la ausencia de su hija y envió a su otra hija, Rosa, a la casa de Antonio José Jurado para que preguntara por ella. A su regreso, Rosa le dice que no se preocupe ya que, aunque Antonio José no fue a la feria porque se quedó dormido, le ha dicho que la vieron en la feria, y era posible que se hubiera quedado a dormir en casa de alguna amiga. Pero nadie comprobó si realmente la habían visto sus amigas o si se había quedado a dormir con alguna.

Con el paso de las horas, Alicia Hornos, intranquila por falta de noticias de su hija, con el fin de despejarse, sale a dar un paseo junto con su compañero sentimental Juan Cerrillo. Alicia comentó a Juan que le iba a enseñar unas ruinas que existían adentrándose en un descampado, percatándose ella, a escasos metros, de la existencia de unas zapatillas de deporte que identificó como pertenecientes a su hija, de un pañuelo, y de manchas de sangre en el suelo.

Inmediatamente lo pone en conocimiento de la Guardia Civil la cual procede al acotamiento de la zona y se confirma que tanto las zapatillas como los restos de sangre existentes en el suelo y el pañuelo, corresponden a Rocío Wanninkhof.

La investigación afirma en el acto del juicio que las gotas de sangre se inician en la misma calzada a una distancia de 1,10 metros de la acera, formando un reguero que continúa hacia el descampado hasta una zona donde existe un gran charco de sangre donde se desangró. En dicho lugar había huellas de un vehículo, que por las características de las mismas, podrían corresponder a un modelo pequeño, cuyos neumáticos ya no estaban disponibles en el mercado, estimándose que debían tener una antigüedad de unos 6 años. En dicho vehículo fue muy probablemente donde se trasladó el cuerpo pues las huellas dejadas estaban superpuestas a los restos de sangre y a las dejadas por el arrastramiento del cadáver que en un primer momento se realizó para ocultarlo.

La investigación sitúa los hechos a las 22:00 del día 9 de octubre de 1999 coincidiendo con la declaración en juicio de un taxista que manifestó que ese día regresaba de dejar a unos clientes en Fuengirola, y al llegar a la altura en donde aparecieron los restos de sangre y zapatillas, esquivó a un vehículo todo-terreno que se encontraba parado encima de la acera (contraria al sentido de dicho vehículo) con las luces puestas, y que al cruzarse con él, pudo oír un enorme "chillido o grito" que le hizo asustarse hasta el punto de subir rápidamente los cristales de las ventanas de su vehículo. A los tres o cuatro días de enterarse de lo que allí había sucedido, acudió a la Guardia Civil para manifestar lo que él había visto y oído. Este dato es importante porque sitúa la agresión a Rocío a las 22:00 de dicho día, pues según su declaración se fijó en el reloj de su vehículo y marcaba exactamente dicha hora.

El 17 de octubre de 1999 se organiza en la Cala de Mijas una búsqueda dirigida por la Guardia Civil.

Tras más de tres semanas de búsqueda infructuosa, el día 2 de noviembre apareció el cadáver de Rocío, totalmente desnudo, a 32 km de distancia del lugar de la desaparición, en unos terrenos ubicados entre Marbella y San Pedro de Alcántara, pertenecientes al complejo donde se encuentra el restaurante denominado "El Rodeito". Más tarde se determinó que había sido apuñalada repetidamente. El cadáver estaba en muy mal estado, probablemente por haber sido rociado con líquido inflamable y quemado, por lo que no pudo determinarse si había sido violada.

A poca distancia del cuerpo se encontraron dos bolsas de basura tipo "industrial o comunitaria" de color negro, conteniendo, entre otros objetos personales, dos camisetas, de las cuales una de ellas era de color blanco con el anagrama "Nike", pero no se encontró en dichas bolsas ninguna vestimenta correspondiente a la parte inferior ni tampoco de su ropa interior. No existe duda en cuanto a que dichas prendas eran las que llevaban Rocío cuando la mataron, ya que constan en ellas los desgarros ocasionados por las puñaladas. Según declaración de los investigadores en el acto del juicio, en una de las bolsas que aparecieron junto al cadáver, constaba escrito en grandes caracteres el número 8. Según los investigadores, estas bolsas fueron unidas entre sí con cinta adhesiva en forma de sudario. Apareció, asimismo, una pegatina de las repartidas por el párroco Sr. Tejero en la búsqueda organizada del 17 de octubre de 1999. Esto hizo sospechar que quizá el asesino o algún cómplice fueran del círculo de Rocío o de su familia.

El lugar donde fue hallado el cadáver necesariamente debía ser bien conocido por la persona que allí lo depositó, ya que el acceso al mismo parte de un camino existente que se inicia perpendicularmente a la carretera, inapreciable para los conductores que no conozcan su situación.

El propietario del citado restaurante "El Rodeito" manifestó que viendo en la televisión la noticia de la aparición del cadáver de Rocío, reconoció a una persona, y que esta, junto con otra, muy poco tiempo atrás, habían mantenido contactos para arrendarle el negocio. Este dato lo puso en conocimiento de los investigadores, así como el nombre y teléfono de la persona a la que reconoció en la TV, quienes resultaron ser dos hermanos de Alicia Hornos. Los dos tenían coartadas para el día del crimen, pero esto hizo pensar a los agentes que alguien los había intentado inculpar y eso solo lo podía hacer alguien del círculo familiar, que conociera esa circunstancia y hubiera visitado la zona donde fue depositado el cadáver.

Investigación

Durante los primeros días tras la aparición del cadáver, la Guardia Civil facilita a los medios de comunicación tres informes diferentes y contradictorios sobre las condiciones en que fue encontrado el cadáver.

Interrogan inicialmente como principal sospechoso al novio de Rocío, Antonio José Jurado, por entonces menor de edad. El hecho de haberse quedado dormido en su casa en lugar de haber acudido a la feria de Fuengirola como había acordado, la contradicción respecto a la ropa que vestía Rocío, la circunstancia de la poca altura desde su dormitorio a la calle, etc., le puso en situación muy sospechosa. Durante los interrogatorios negó rotundamente los hechos y afirmó, asimismo, no tener carné de conducir, extremo este que se comprobó pero, paradójicamente se supo que conducía habitualmente. Fue puesto en libertad sin cargos. 20 años después declaró en televisión que sufrió maltrato en comisaría por parte de la Guardia Civil, que no entendía lo que le decían, que recibió insultos como "perro judio" o "niñato de mierda", que le tiraron de las orejas y chocaron su cabeza contra una mesa, por lo que estuvo a punto de inculparse de la muerte de su novia.

Otra persona sospechosa y sometida a vigilancia fue María Dolores Vázquez Mosquera, nacida en Betanzos (La Coruña), profesional de la hostelería, vecina de la Cala de Mijas, aunque criada en el Reino Unido, y expareja de Alicia Hornos, la madre de Rocío. La Guardia Civil le intervino su línea telefónica e incluso introdujo en su círculo social una agente femenina, quizá psicóloga, quien posteriormente declararía que Dolores "era fría, calculadora y agresiva".

La Guardia Civil fue reduciendo la lista de sospechosos hasta centrarse en Dolores Vázquez. La propia Alicia Hornos, aunque al principió lo rechazó, terminó convencida de la culpabilidad de Dolores Vázquez y fue una de las principales instigadoras de la acusación.

Ante la publicidad y alarma social suscitadas por el caso, la Guardia Civil aceleraba sus pesquisas y finalmente la detuvo como sospechosa el 7 de septiembre de 2000, por lo que pasó a prisión preventiva. Un centenar de personas concentradas frente a la comisaría intentaron agredirla, zarandearon el vehículo sin distintivos en que era trasladada y arrojaron piedras. Dos días antes de la detención El Mundo publica que la policía está a punto de detener a una amiga de la familia, dejan un ejemplar de dicho periódico en la cafetería donde Dolores Vázquez desayuna habitualmente, para observar su reacción y fotografiarla, pero ella no lo coge ni lo mira. El Mundo publica una fotografía de Dolores Vázquez llenando un carrito del supermercado tomada dos días antes de la detención porque ya la estaban siguiendo.

La descripción del físico de Dolores Vázquez en la prensa cambia rápidamente. El País la describe como una mujer de 1.65 cm de estatura y complexión normal, al día siguiente afirma que tiene mucha fuerza, después la complexión normal pasa a fuerte, y revelan que lleva a su madre a su pulso, por lo que pudo llevar a pulso el cadáver de Rocío. El Mundo revela que practicó karate y que hace footing todos los días, también que entrena con pesas, lo que era falso.

En sus primeras declaraciones a la prensa, Alicia Hornos y la familia Wanninkhof manifestaron una gran sorpresa y que la relación nunca fue mala, sin embargo, en pocos días pasan a hacer declaraciones sobre sus sospechas previas, el carácter perverso de Dolores y el infierno de la convivencia con ella. Estas nuevas opiniones servirán como soporte fundamental de la acusación.

Los titulares de la detención hablan de que la policía "ha logrado resolver el crimen", y a los dos días de la detención cuentan que la detenida defiende "su presunta inocencia".