La batalla naval de Drépano —o Drepanum— se libró en 249a.C., durante la primera guerra púnica, en el oeste de Sicilia en las inmediaciones de Drépano (actual Trapani), entre una flota cartaginesa al mando de Aderbal y una flota romana comandada por Publio Claudio Pulcro.

Los romanos estaban bloqueando la fortaleza cartaginesa de Lilibea (actual Marsala) cuando, en ese momento, decidieron atacar a la flota púnica que se encontraba atracada en el puerto de la cercana ciudad de Drépano. La flota romana zarpó de noche para realizar un ataque sorpresa, pero se dispersó en la oscuridad. Aderbal ganó espacio en el mar para maniobrar y contraatacar en el momento que pudo llevar a su armada mar adentro antes de quedar encerrado en el puerto. Los romanos quedaron atrapados contra la orilla y, después de un día de lucha, los barcos cartagineses mucho más maniobrables, con tripulaciones mejor entrenadas les derrotaron y casi barrieron a los romanos del mar; gracias a esto, los cartagineses consiguieron su mayor victoria naval de la guerra, y después pasaron a la ofensiva marítima. Roma necesitó 7 años para intentar, nuevamente, desplegar una flota sustancial, mientras que Cartago puso la mayoría de sus barcos en reserva para ahorrar dinero y liberar mano de obra.

Fuentes La fuente principal de casi todos los aspectos de la primera guerra púnica es el historiador Polibio (200 a. C.-118 a. C.), un griego enviado a Roma en 167 a. C. como rehén. Sus obras incluyen un manual ahora perdido sobre tácticas militares, conocido como Las Historias, escritas en algún momento después de 146 a. C., o aproximadamente un siglo después de la batalla de Drépano. La obra de Polibio se considera ampliamente objetiva y neutral entre los puntos de vista cartaginés y romano.

Los registros escritos cartagineses fueron destruidos junto con su capital, Cartago, en 146 a. C., por lo que el relato de Polibio es la fuente disponible de mejor calidad. Polibio utilizó varias fuentes griegas y latinas, ahora perdidas, pero, como era un historiador analítico, siempre que le era posible entrevistaba personalmente a los participantes de los eventos sobre los que escribía. Solo el primer libro de los cuarenta que comprende Las Historias trata de la primera guerra púnica. La precisión del relato se ha debatido mucho, pero el consenso moderno es aceptarlo en gran medida al pie de la letra, y los detalles de la batalla en las fuentes modernas se basan casi por completo en interpretaciones del relato de Polibio. El historiador Andrew Curry considera que «Polibio resulta ser bastante confiable»; mientras que Dexter Hoyos lo describe como «un historiador notablemente bien informado, trabajador y perspicaz». Existen otras historias posteriores a la guerra, pero en forma fragmentaria o resumida, y generalmente tratan las operaciones militares en tierra con más detalle que en el mar. Los historiadores actuales también suelen tener en cuenta los relatos posteriores de Diodoro Sículo y Dion Casio, aunque, frente a ellos, el historiador Adrian Goldsworthy afirma que «el relato de Polibio suele ser preferido cuando difiere de cualquier otro relato».

Otras fuentes incluyen inscripciones, datos arqueológicos y empíricos de reconstrucciones como el trirreme Olympias. Desde 2010, se han recuperado varios artefactos del lugar donde se libró la batalla de las Islas Egadas —que puso fin a la guerra ocho años después y se disputó cerca de Drépano—, actividad que continúa junto con la de análisis de lo ya recobrado.

Situación

Operaciones en Sicilia left|thumb|upright=1.2|alt=Un mapa del Mediterráneo occidental que muestra el territorio controlado por Cartago y Roma al comienzo de la primera guerra púnica.|Territorio controlado por Roma y Cartago al comienzo de la primera guerra púnica En 264a.C. las repúblicas de Cartago y Roma entraron en guerra en la conocida como primera guerra púnica. Cartago era una potencia marítima bien establecida en el Mediterráneo occidental, mientras que Roma había unificado recientemente a la Italia continental situada al sur del río Arno. Esta expansión probablemente hizo inevitable que terminase por chocar con Cartago por el control de Sicilia con algún pretexto. La causa inmediata de la guerra fue la cuestión del control de la ciudad siciliana de Messana (la moderna Mesina).

Hacia 241 a. C. la guerra duraba 15 años, con muchos cambios de suerte y se había convertido en una lucha en la que los romanos intentaban derrotar a los cartagineses de manera decisiva y, como mínimo, controlar toda Sicilia. Estos últimos estaban comprometidos con su política tradicional de esperar a que sus oponentes se desgastaran, con la expectativa de recuperar algunas o todas sus posesiones y negociar un tratado de paz mutuamente satisfactorio. En 260 a. C., los romanos construyeron una gran flota y durante los siguientes diez años derrotaron a los cartagineses en una sucesión de batallas navales. Los romanos también ganaron lentamente el control de la mayor parte de Sicilia, incluidas las principales ciudades de Agrigentum (Agrigento moderno) capturado en 262 a. C. y Panormus (Palermo moderno) capturado en 254 a. C.

Barcos thumb|upright=1|right|alt=Un diagrama que muestra las posiciones de los remeros de los tres remos diferentes en un trirreme|Representación de la posición de los remeros de los tres remos diferentes en un trirreme griego El buque de guerra típico de este conflicto fue el quinquerreme, una nave de cinco remos que una galera de unos cuarenta y cinco metros de eslora, cinco de manga a nivel del agua y un francobordo de unos tres metros, que desplazaba alrededor de cien toneladas. El experto en galeras John Coates sugiere que estos barcos podían navegar a una velocidad de siete nudos (13km/h) durante períodos prolongados. La moderna réplica de la galera Olympias alcanzó velocidades de ocho nudos y medio (16km/h) y navegó a cuatro nudos (7,4km/h) durante horas y horas.

Las embarcaciones fueron construidas como catafractos, o barcos «protegidos», es decir, con una cubierta completa, para poder transportar mejor a los infantes de marina y a las catapultas; también tenían unas estructuras anexas al casco principal en las que se disponían los remeros. Estas permitían fortalecer el casco, aumentar la capacidad de carga y mejorar las condiciones de trabajo de los remeros. La teoría generalmente aceptada con respecto a la disposición de los remeros en quinquerremes es que había conjuntos —o filas— de tres remos, uno encima del otro, con dos remeros en cada uno de los dos remos superiores y uno en el inferior, con un total de cinco remeros por fila, orden que se repetía a lo largo de los costados de la galera en las veintiocho filas de cada borda, por lo que había un total de doscientos ochenta.

En 260 a. C. los romanos se propusieron construir una flota y utilizaron un quinquerreme cartaginés naufragado como modelo para el suyo. La falta de experiencia en construcción naval hizo que construyeran copias más pesadas que las embarcaciones cartaginesas, lo que las hacía más lentas y menos maniobrables. El quinquerreme fue el caballo de batalla de las flotas romanas y cartaginesas durante las guerras púnicas, aunque también se mencionan ocasionalmente a los hexarremes —seis remeros por banco—, a los cuatrirremes —cuatro remeros por banco— y a los trirremes —tres remeros por banco—. Tan ubicuo era este tipo de navío que Polibio lo usa como sinónimo de «buque de guerra» en general. Un quinquerreme contaba con una tripulación de trescientos hombres, de los cuales doscientos ochenta eran remeros y veinte tripulantes y oficiales de cubierta. Normalmente también llevaba una dotación de cuarenta infantes de marina, número que aumentaba hasta los ciento veinte cuando se preveía un combate inminente.

thumb|Recreación de una flota de trirremes left|thumb|upright=0.8|alt=Un diagrama que muestra la ubicación y el uso de un en una galera romana.|El corvus, el sistema de abordaje romano Conseguir que los remeros remaran como una unidad, así como ejecutar maniobras de batalla más complejas, requería un entrenamiento largo y arduo, y al menos la mitad de los remeros debían tener algo de experiencia para que el barco se pudiera manejar con eficacia. Todos los buques de guerra estaban equipados con un ariete y un juego triple de hojas de bronce de sesenta centímetros de ancho que pesaban hasta doscientos setenta kilogramos colocadas en la línea de flotación. Se fabricaban individualmente por el método de la cera perdida para encajarlas de manera inamovible en la proa de la galera y se aseguraban con púas de bronce. El abordaje se había vuelto cada vez más común y había ido sustituyendo a la embestida como sistema de ataque durante el siglo anterior a las guerras púnicas, ya que los buques más grandes y pesados adoptados en este período carecían de la velocidad y maniobrabilidad necesarias para arremeter al enemigo, al tiempo que la construcción más robusta de los cascos reducía el efecto del ariete incluso en el caso de un impacto directo del espolón.

La adaptación romana del corvus fue una continuación de esta tendencia y compensó su desventaja inicial en las habilidades de maniobra de barcos. El peso adicional en la proa comprometió la maniobrabilidad del barco y, en condiciones de mar agitado, el corvus se volvía inútil. En 255 a. C., la flota romana fue destruida por una tormenta mientras regresaba de África, que hundió 384 naves de un total de 464 y acabó con la vida de 100 000 hombres. Es posible que la presencia del corvus hiciera que los barcos romanos fueran especialmente peligrosos con mar gruesa y no hay registro de que se hayan utilizado después de este desastre.

Preludio El uso del corvus por parte de los romanos ayudó a infligir varias derrotas a los cartagineses en grandes batallas navales como en Milas (260 a. C.), Sulci (257 a. C.), Ecnomo (256 a. C.) y el cabo Hermeo (255 a. C). Durante los años 252 y 251 a. C. el ejército romano evitó la batalla, según Polibio, porque temía a los elefantes de guerra que los cartagineses habían enviado a Sicilia. Los cartagineses intentaron recuperar Panormus (actual Palermo) en 250 a. C., pero los romanos los derrotaron y los púnicos perdieron la mayoría de sus elefantes. Los relatos contemporáneos se limitan a indicar la pérdida de los paquidermos y no informan de las demás pérdidas que los dos bandos debieron sufrir en la batalla; los historiadores modernos consideran improbable que sean correctas las afirmaciones posteriores de que en el choque hubo entre veinte mil y treinta mil bajas cartaginesas.

Los romanos, animados por la victoria en Panormus, despacharon un gran ejército comandado por los cónsules del año, Publio Claudio Pulcro y Lucio Junio Pulo, y una flota recién reconstruida formada por doscientos barcos, que se dirigieron hacia Lilibea, la principal base cartaginesa en Sicilia, y realizaron una operación conjunta, en la que las tropas sitiaron la ciudad mientras la escuadra bloqueaba el puerto. Al principio del bloqueo, cincuenta quinquerremes cartagineses se reunieron frente a las islas Egadas, situadas entre unos quince y cuarenta kilómetros al oeste de Sicilia. Un fuerte viento occidental les permitió alcanzar la plaza sitiada antes de que los romanos pudieran impedírselo. Desembarcaron hombres —entre cuatro mil y diez mil según diferentes fuentes antiguas— y copiosos suministros antes de retirarse de noche para evitar al enemigo, llevándose consigo a la caballería.

miniaturadeimagen|En oro, el punto de apoyo de Cartago en el oeste de Sicilia; en rosa, territorio controlado por los romanos; en verde, Siracusa|alt=Un mapa de Sicilia que muestra la pequeña cantidad de territorio controlado por Cartago.