Reacción de Termidor o Convención Termidoriana son los nombres que recibe el periodo de la Revolución francesa que se inicia el 27 de julio de 1794, con la caída de Robespierre y Saint Just, terminando el 26 de octubre de 1795, fecha en la que la Constitución del Año III establece el Directorio. Toma su nombre de la Convención Nacional, denominación del parlamento en aquella época, y sucede a la Convención Montañesa, período de la Primera República francesa dominado por los jacobinos. El nombre de «termidor» procede de uno de los meses de verano en el calendario republicano y hace referencia al 9 de termidor del año II (27 de julio de 1794), fecha de la caída de Robespierre que dio paso al dominio de los republicanos conservadores, llamados precisamente «termidorianos».thumb|320px|Ejecución de Maximilien Robespierre el 10 de termidor del año II (28 de julio de 1794). Antecedentes: de Germinal a Termidor del año II (marzo-julio de 1794)

thumb|Robespierre. Tras la caída de los girondinos en las jornadas del 31 de mayo y del 2 de junio de 1793, la izquierda de la Convención Nacional, conocida como La Montaña —e integrada por jacobinos y por cordeliers—, se hizo con el poder. Para hacer frente a la invasión de Francia por la Primera Coalición y al estallido de rebeliones "contrarrevolucionarias" en el interior del país –"federalistas", Vendée- puso el "Terror a la orden del día" el 5 de septiembre de 1793 y el 10 de octubre proclamó que el gobierno sería revolucionario hasta la paz, encabezado por el Comité de Salvación Pública junto con el Comité de Seguridad General.

En el mes de germinal del año II (marzo-abril de 1794) fueron eliminadas sucesivamente las dos "facciones" que «amenazaban» al «gobierno revolucionario». La "ultrarrevolucionaria" –o Exagerés- constituida por los cordeliers encabezados por Jacques-René Hébert -guillotinados el 4 de germinal (24 de marzo)- y la "citrarevolucionaria" de los jacobinos Indulgents encabezados por Georges Danton y por Camille Desmoulins —guillotinados el 16 de germinal (5 de abril de 1794)—. thumb|left|300px|Fiesta del Ser Supremo, 20 de pradial del año II (8 de junio de 1794). Tras la eliminación de hebertistas y dantonistas el Comité de Salvación Pública, en el que el miembro más prominente era el jacobino Maximilien Robespierre, afianzó su dictadura y pareció que la unidad del "gobierno revolucionario" estaba salvaguardada. Pero pronto se produjo la división en el mismo a causa de la celebración de la deísta fiesta del Ser Supremo del 20 de pradial (8 de junio) promovida por Robespierre y que suponía poner fin al movimiento ateo descristianizador defendido por los "ultrarevolucionarios". En la celebración Robespierre, como presidente de la Convención desde el 16 de pradial, marchó solo en cabeza del desfile. Según las Memorias de un diputado, la fiesta del Ser Supremo encolerizó a Billaud-Varenne y a Collot d'Herbois, antiguos hebertistas y miembros del Comité de Salvación Pública, porque era un síntoma de vuelta al antiguo orden.

La división se ahondó a propósito de la Ley de 22 de pradial (10 de junio) que simplificaba aún más los procedimientos judiciales del Terror, porque en su elaboración, que corrió a cargo de un amigo y estrecho aliado de Robespierre, Georges Couthon, los miembros del Comité de Seguridad General, que era el órgano que se ocupaba de las detenciones, ni siquiera fueron consultados. Esto se sumaba al rechazo del Comité al Boureau de policía creado un mes antes por Robespierre y Louis Saint-Just, otro amigo y estrecho aliado de El Incorruptible también miembro del Comité de Salvación Pública, y que interfería con sus competencias. Las relaciones entre Robespierre y el Comité de Seguridad Gerneral se degradaron aún más a causa del llamado affaire Théot, una anciana visionaria admiradora de Robespierre conocida como la madre de Dios, que estaba acusada de dirigir una "conspiración contrarrevolucionaria", y que profetizaba la venida del Mesías. Fue denunciada por el miembro del Comité de Seguridad General, Marc Vadier, quien insinuó que el Mesías esperado era Robespierre, pero éste consiguió que el fiscal del Tribunal Revolucionario desestimara el caso, lo que, según Peter McPhee, "confirmó a muchos la opinión de que sus poderes eran ilimitados".

A pesar de que la victoria en la batalla de Fleurus del 8 de mesidor (26 de junio) puso fin a la amenaza de las tropas austríacas en la frontera norte, lo que suponía que podía comenzar a plantearse el fin al Terror, las ejecuciones no solamente continuaron sino que se incrementaron durante este período conocido como el Gran Terror. "En mesidor (del 19 de junio al 18 de julio) se dictaron 796 condenas a muerte. Mientras que aproximadamente la mitad de las expuestas ante el Tribunal Revolucionario en 1793 habían sido absolutorias, con la ley de 22 pradial solo una de cada cinco personas quedaba en libertad. Las cifras de las ejecuciones aumentaba sin cesar: en floreal (del 20 de abril al 19 de mayo) había habido un promedio de once diarias; en pradial (del 20 de mayo al 18 de junio) de dieciséis diarias; pero ahora, en mesidor, había veintiséis diarias". thumb|150px|Joseph Fouché, representante en misión enemigo de Robespierre. Las serias desavenencias entre los dos comités y en el seno del Comité de Salvación Pública se hicieron evidentes en la tumultuosa reunión conjunta del 11 de mesidor (29 de junio). A partir de aquella fecha Robespierre dejó de asistir a las reuniones del Comité de Salvación Pública, como ya lo había hecho desde el 18 de junio en la Convención. En el discurso del 8 de termidor explicó las razones de su ausencia: Desde hace más de seis semanas, la naturaleza y la fuerza de la calumnia, la impotencia de hacer el bien y de detener el mal, me han forzado a abandonar mis funciones de miembro del Comité de Salvación Pública. Según David Andress la decisión de ausentarse de la vida pública, la tomó en el peor momento ya que por entonces "se alineaba en su contra un rosario de fuerzas políticas, y al negarse a debatir con ellas en público no hizo más que dar pábulo a sus miedos ante una nueva depuración y, por añadidura, a su determinación de actuar". Además durante su ausencia del Comité de Salud Pública tuvo lugar la escalada del "Gran Terror" por lo que, según Peter McPhee, "el espectacular ascenso de los veredictos de culpabilidad y las ejecuciones del mes de julio bajo la ley de 22 de pradial no se pueden imputar directamente a él". Por el contrario «había ocasiones en que Robespierre intervenía personalmente para proteger a determinados individuos». Robespierre no volvió al Comité de Salvación Pública hasta el 5 de termidor (23 de julio) para una sesión de "reconciliación" preparada por Bertrand Barère, y que había surgido tras la reunión de los dos comités –el de Salvación Pública y el de Seguridad General- del día anterior. Pero Robespierre se mostró intransigente y la pretendida reconciliación no se produjo.

Se ha debatido mucho sobre si la conspiración que denunciaba Robespierre, y sobre la que volvería a insistir en su discurso del 8 de termidor ante la Convención, existió realmente. Según Peter McPhee, Robespierre esta vez, "tenía toda la razón". Según David Andress, la iniciativa de la conjura partió de los amenazados representantes en misión (Fréron, Barras, Tallien, Fouché, Edmond Dubois-Crancé), singularmente de Joseph Fouché, quien se dedicó a decir a los compañeros sobre los que pesaba la misma amenaza: Vuestro nombre está en la lista; figuráis en la lista [de Robespierre] como figuro en ella yo mismo, ¡y no me cabe la menor duda!.

9 de termidor del año II (26 de julio de 1794): la caída de Robespierre

El 8 de termidor (26 de julio) Robespierre volvió a la Convención de la que llevaba ausente seis semanas para pronunciar un discurso dirigido a revelar abusos y defender vuestra autoridad ultrajada y la libertad violada. No dio ningún nombre sobre la conspiración que según él amenazaba a la Convención, excepto el de su colega del Comité de Salvación Pública, Pierre-Joseph Cambon y el de dos miembros del Comité de Finanzas, pero, según Peter McPhee, "el discurso sí contenía las suficientes precisiones como para hacer temer a los sospechosos de excesos que habían sido identificados como responsables de propagar el terror y la calumnia: unos agentes impuros se han excedido realizando detenciones injustas; los proyectos destructivos han amenazado a todas las fortunas modestas y sembrado la desesperación en infinidad de familias apegadas a la revolución. Lo mismo afirma David Andress: "Ninguno de los presentes ignoraba a quiénes estaba acusando. Entre otros, se refería a Billaud-Varenne, Carnot y el tránfuga Barère; a Marc Vadier… y a diversos dantonistas, incluido Thuriot. […] También comunicó, de forma implícita aunque inequívoca, al trío de representantes depuestos conformado por Tallien, Barras y Fouché, el funesto destino que los aguardaba". Robespierre dijo:

Acabó su discurso con unas frases en las que, según David Andress, pareció asumir que "sería destruido por haberlo redactado":

A diferencia de ocasiones anteriores, los diputados esta vez sí reaccionaron. Cambon, directamente acusado por Robespierre, afirmó: Es hora de decir toda la verdad: un solo hombre paraliza la voluntad de la Convención nacional; ese hombre es el que acaba de pronunciar el discurso, es Robespierre; así juzgad. Y otros diputados le exigieron que diera los nombres de los que participaban en la conspiración, pero Robespierre se negó.

Por la tarde Robespierre leyó de nuevo su discurso ante el Club de los Jacobinos y cuando acabó declaró:

Cuando Collot d'Herbois intervino a continuación apenas se le pudo oír a causa de los abucheos –pidió que se emprendiera una investigación más crítica acerca de las acusaciones formulada por Robespierre, en lo que fue secundado por Billaud-Varenne, que tampoco pudo ser escuchado a causa de los gritos de los asistentes, entre los que se oyó alguno que decía: ¡A la guillotina!-. Y finalmente Collot y Billaud-Varenne fueron expulsados de la sala. thumb|upright|Louis Saint-Just, miembro del Comité de Salvación Pública. Amigo y aliado de Robespierre y de Couthon. Al día siguiente, 9 de termidor, Saint-Just subió a la tribuna de la Convención hacia las doce de la mañana para presentar un informe en nombre de los dos comités, pero solo consiguió leer el primer párrafo, porque fue interrumpido por Tallien quien le llamó al orden argumentando que su discurso iba a dividir aún más al gobierno –vienen a atacarse unos a otros, a exacerbar los males de la patria y a hundirla en el abismo-. Le siguió Billaud-Varenne quien acusó a Robespierre de haber dictado él solo la Ley del 22 de pradial, de haber espiado a los diputados, de haberse ausentado del comité y de querer degradar la Convención. También lo acusó, incurriendo en una contradicción que al parecer pasó desapercibida, de haber sido demasiado indulgente con los "contrarrevolucionarios". Pero cuando Robespierre se dirigió a la tribuna para defenderse de las acusaciones se oyeron gritos de ¡Abajo el tirano! y no le dejaron hablar. El presidente Collot d'Herbois tampoco le dio palabra.