Pedro de Castilla (Valladolid, 1290-Pinos Puente, 25 de junio de 1319) fue infante de Castilla e hijo de Sancho IV de Castilla y de la reina María de Molina, fue señor de los Cameros, Almazán, Berlanga, Monteagudo y Cifuentes y mayordomo mayor del rey Fernando IV.

A la muerte de su hermano Fernando IV de Castilla, en 1312, fue nombrado tutor de su sobrino, el rey Alfonso XI de Castilla, junto con su madre, la reina madre María de Molina, y su tío, el infante Juan de Castilla, el de Tarifa, hijo de Alfonso X el Sabio. Falleció a los veintinueve años de edad, en el Desastre de la Vega de Granada.

Orígenes familiares Hijo de Sancho IV de Castilla y de su esposa, la reina María de Molina. Por línea paterna, era nieto de Alfonso X de Castilla y de la reina Violante de Aragón, hija de Jaime I de Aragón. Sus abuelos maternos fueron el infante Alfonso de Molina, hijo del rey Alfonso IX de León, y su esposa, Mayor Alfonso de Meneses.

Fue hermano, entre otros, de Fernando IV de Castilla, del infante Felipe de Castilla, y de la infanta Beatriz de Castilla, reina consorte de Portugal.

Juventud del infante Pedro y actuaciones durante el reinado de Fernando IV (1290-1312) Nació en Valladolid en 1290. Su padre, Sancho IV de Castilla, le cedió la mitad del señorío de los Cameros, correspondiéndole la otra mitad a María Álvarez, prima de Simón Ruiz de los Cameros, señor de los Cameros, quien fue ejecutado por orden de Alfonso X de Castilla en 1277, junto con el infante Fadrique de Castilla. Como infante de Castilla, fue dotado por su padre con diversos señoríos y posesiones. En 1295 falleció Sancho IV, siendo sucedido en el trono por Fernando IV de Castilla, hermano del infante Pedro. thumb|María de Molina presenta a su hijo Fernando IV en las Cortes de Valladolid de 1295. Óleo sobre lienzo de Antonio Gisbert Pérez. (1863). Congreso de los Diputados.

En noviembre de 1301, hallándose la corte en la ciudad de Burgos, se hizo pública la bula por la que el papa Bonifacio VIII legitimaba el matrimonio de la reina María de Molina con el difunto rey Sancho IV, siendo por tanto sus hijos legítimos a partir de ese momento. Al mismo tiempo, se declaró la mayoría de edad de Fernando IV. Con ello, el infante Juan de Castilla "el de Tarifa" y los infantes de la Cerda perdieron uno de sus principales argumentos a la hora de reclamar el trono, no pudiendo esgrimir en adelante la ilegitimidad del monarca castellano-leonés. También se recibió la dispensa pontificia que permitía la celebración del matrimonio de Fernando IV con Constanza de Portugal, hija del rey Dionisio I de Portugal.

En 1308 estuvo presente en las Cortes de Burgos de 1308. El 19 de diciembre de 1308, en Alcalá de Henares, Fernando IV y los embajadores aragoneses Bernaldo de Sarriá y Gonzalo García rubricaron el tratado de Alcalá de Henares. Fernando IV, que contaba con el apoyo de su hermano, el infante Pedro, de Diego López V de Haro, del arzobispo de Toledo y del obispo de Zamora, acordó iniciar la guerra contra el reino de Granada el 24 de junio de 1309 y se comprometió, al igual que el monarca aragonés, a no firmar una paz por separado con el monarca granadino. El rey castellano aportaría diez galeras a la expedición y otras tantas el rey aragonés. Se aprobó con la anuencia de ambas partes que las tropas del reino de Castilla y León atacarían las plazas de Algeciras y Gibraltar, mientras que los aragoneses conquistarían la ciudad de Almería.

En las Cortes de Madrid de 1309, las primeras celebradas en la actual capital de España, el rey Fernando IV manifestó su deseo de ir a la guerra contra el reino de Granada, al tiempo que demandaba subsidios para poder hacer la guerra. En dichas Cortes estuvieron presentes el rey Fernando IV y su esposa, la reina María de Molina, los infantes Pedro, Felipe y Juan, don Juan Manuel, Juan Núñez II de Lara, Diego López V de Haro, Alfonso Téllez de Molina, hermano de la reina María de Molina, el arzobispo de Toledo, los Maestres de las Órdenes Militares de Santiago y Calatrava, los representantes de las ciudades y concejos, y otros nobles y prelados. Las Cortes aprobaron la concesión de cinco servicios, destinados a pagar las soldadas de los ricoshombres e hidalgos.

En junio de 1309 se congregaron en Córdoba las huestes del rey destinadas a tomar parte en el sitio de Algeciras, así como las que traían el infante Pedro, el infante Juan, don Juan Manuel, y Diego López V de Haro, señor de Vizcaya, así como las de otros ricoshombres y caballeros. A pesar de la oposición de los magnates que le acompañaban, que deseaban entrar en la Vega de Granada, como se había acordado en Toledo, prevaleció la voluntad de Fernando IV y se dirigieron a Sevilla, desde donde posteriormente partieron para cercar Algeciras, cuyo sitio comenzó a finales de julio de 1309.

A finales de 1309, Diego López V de Haro, enfermó de gravedad como consecuencia de un ataque de gota, lo que vino a sumarse a la defunción de Alonso Pérez de Guzmán, señor de Sanlúcar de Barrameda, al temporal de lluvias que inundaron el campamento cristiano, y a la deserción del infante Juan de Castilla "el de Tarifa" y de don Juan Manuel. No obstante, a pesar de dichas adversidades, Fernando IV persistió hasta el último momento en su objetivo de apoderarse de Algeciras, aunque al final abandonó su propósito. En enero de 1310 el rey Fernando IV decidió negociar con los granadinos, quienes habían enviado como emisario al campamento cristiano al arráez de Andarax. Alcanzado un acuerdo, en el que se estipulaba que a cambio de levantar el asedio de Algeciras Fernando IV recibiría Quesada y Bedmar, además de 50.000 doblas de oro, el rey ordenó levantar el asedio a finales de enero de 1310. Tras la firma del acuerdo preliminar falleció Diego López V de Haro, y María Díaz de Haro, esposa del infante Juan, tomó posesión del señorío de Vizcaya. A continuación, el infante Juan devolvió al rey las villas de Paredes de Nava, Cabreros, Medina de Rioseco, Castronuño y Mansilla. A finales de enero de 1310, al mismo tiempo que Fernando IV ordenaba levantar el cerco de Algeciras, Jaime II de Aragón ordenó el levantamiento del asedio de Almería, sin haber conseguido apoderarse de la ciudad.

Fernando IV emprendió de nuevo la guerra contra el reino de Granada. El infante Pedro, su hermano, conquistó el castillo de Tempul y posteriormente se dirigió a Sevilla, donde se hallaba el rey. En noviembre de 1310, ambos hermanos se dirigieron a Córdoba, donde se había producido un levantamiento popular en contra de varios caballeros de la ciudad. Mientras tanto, la reina María de Molina, que se encontraba en Valladolid, suplicó a su hijo que se reuniese con ella allí, a fin de que el monarca estuviese presente en la boda de su hermana, la infantaIsabel de Castilla, que iba a contraer matrimonio con Juan III de Bretaña, duque de Bretaña y bisnieto de Enrique III de Inglaterra. De camino a Burgos, Fernando IV se detuvo en la ciudad de Toledo y confesó a Juan Núñez II de Lara, señor de la Casa de Lara, que planeaba prender o asesinar al infante Juan, pues el rey creía que mientras el infante viviese, le perjudicaría y estorbaría en todos sus propósitos. Sin embargo, Juan Núñez II de Lara, a pesar del odio que sentía hacia el infante, se dio cuenta de que el rey no lo hacía por afecto hacia él, y que si ayudaba al rey a deshacerse del infante, labraría su propia ruina. Fernando IV llegó a Burgos en enero de 1311.

Después de la boda de la infanta Isabel, hermana de Fernando IV, este último planeó asesinar al infante Juan de Castilla en la ciudad de Burgos, en enero de 1311, para vengarse de ese modo por la deserción del infante del cerco de Algeciras y, al mismo tiempo, para someter a la nobleza, que volvía a rebelarse contra el poder de la Corona. Sin embargo, la reina María de Molina avisó al infante Juan de los propósitos de su hijo y el infante pudo ponerse a salvo. Fernando IV, acompañado por su hermano el infante Pedro, por Lope Díaz de Haro, y por las mesnadas del concejo de Burgos persiguió al infante Juan y a sus partidarios, que se refugiaron en la villa palentina de Saldaña.

El rey privó entonces al infante Juan del cargo de Adelantado Mayor de la Frontera de Andalucía y se lo concedió a Juan Núñez II de Lara, al tiempo que ordenó la confiscación de las tierras y señoríos que le había entregado al infante, a sus hijos, Alfonso de Valencia y Juan el Tuerto, e idéntica suerte corrió Sancho de Castilla "el de la Paz" , primo de Fernando IV y partidario del infante Juan. Al mismo tiempo, don Juan Manuel se reconcilió con el rey y le solicitó que le concediese el cargo de mayordomo mayor del rey, por lo que el monarca, que deseaba atraerse a don Juan Manuel, creyendo que este último rompería su alianza con el infante Juan, despojó al infante Pedro del cargo de mayordomo mayor y se lo concedió, dando a cambio a su hermano las villas de Almazán y Berlanga, que le había prometido anteriormente.thumb|Últimos momentos de Fernando IV el Emplazado. Óleo sobre lienzo de José Casado del Alisal (1860). Palacio del Senado de España.

En abril de 1311, hallándose en Palencia, Fernando IV enfermó de gravedad y hubo de ser trasladado a Valladolid, a pesar de la oposición de la reina Constanza, su esposa, que deseaba trasladarlo a Carrión de los Condes, a fin de poder controlar al monarca junto con su aliado, Juan Núñez II de Lara. Durante la enfermedad del rey surgieron discrepancias entre el infante Pedro, Juan Núñez II de Lara, el infante Juan, y don Juan Manuel.

Mientras el rey se encontraba en Toro, la reina Constanza dio a luz en Salamanca el 13 de agosto de 1311 un hijo varón, que llegaría a reinar en Castilla y León a la muerte de su padre como Alfonso XI de Castilla. El infante Alfonso, heredero de Fernando IV, fue bautizado en la Catedral Vieja de Salamanca, y a pesar de los deseos del rey, quien deseaba encomendar la crianza del niño a su abuela, la reina María de Molina, prevaleció la voluntad de la reina Constanza, quien deseaba, contando para ello con el apoyo de Juan Núñez II de Lara y de Lope Díaz de Haro, que la custodia del niño fuese encomendada al infante Pedro de Castilla, hermano de Fernando IV.

En el otoño de 1311 surgió una conspiración que pretendía el destronamiento de Fernando IV y colocar en el trono a su hermano, el infante Pedro de Castilla. La conjura se hallaba protagonizada por el infante Juan de Castilla "el de Tarifa", por Juan Núñez II de Lara y por Lope Díaz de Haro, hijo del difunto Diego López V de Haro. Sin embargo, el proyecto de destronamiento fracasó debido a la rotunda negativa de la reina María de Molina. En diciembre de 1311 Fernando IV se entrevistó en Calatayud con el rey Jaime II de Aragón. En ese momento se llevó a cabo el enlace matrimonial entre el infante Pedro de Castilla, hermano de Fernando IV, y la infanta María de Aragón, hija de Jaime II de Aragón, aunque algunos autores señalan que el matrimonio se celebró en el mes de enero de 1312.

Al mismo tiempo, Fernando IV le entregó al soberano aragonés su hija primogénita, la infanta Leonor de Castilla, para que fuese criada en la corte aragonesa hasta que tuviera la edad adecuada para contraer matrimonio con el infante Jaime de Aragón, hijo primogénito y heredero del rey aragonés. En la entrevista de Calatayud también se acordó reanudar la guerra contra el reino de Granada, pero se decidió que cada reino la hiciera por separado.