La Rio Tinto Company Limited (RTC) es el nombre de una de las empresas fundadoras del conglomerado Rio Tinto Group, y que fue adjudicataria entre 1873 y 1954 de la explotación minera de los yacimientos de Riotinto, municipio de la provincia de Huelva, en la región de Andalucía (España).

Fue constituida en 1873 por capitalistas británicos para hacerse cargo de la explotación de una serie de yacimientos en la cuenca minera de Riotinto-Nerva que habían adquirido al Estado español ese mismo año. Durante las siguientes décadas la extracción de minerales en la zona vivió un gran auge, desarrollándose también diversas actividades de tipo minero y metalúrgico. Bajo la explotación británica las minas de Riotinto se convirtieron «en un referente mundial». La RTC fue constructora y propietaria de la línea de ferrocarril que comunicaba las minas con el puerto de Huelva, donde construyó un muelle de mineral para facilitar la descarga y transporte del material extraído vía marítima. Así mismo, la compañía tuvo una gran influencia en la comarca y la provincia que iba más allá de lo meramente económico. Las duras condiciones laborales de los mineros se tradujeron en numerosos conflictos entre estos y la dirección de la RTC.

Al margen de las minas de Riotinto, desde la década de 1920 la compañía empezó a extender sus operaciones a África. Tras la guerra civil española el contexto político y económico en España se volvió mucho más adverso, lo que condicionó el futuro del negocio. En 1954 los activos de la empresa en Huelva fueron desgajados y vendidos a un consorcio local, creándose en su lugar la Compañía Española de Minas de Río Tinto. Por su parte, en 1962 la RTC se fusionó con la firma australiana Consolidated Zinc para formar la «Rio Tinto-Zinc Corporation», diversificando sus actividades a otras partes del globo.

Los antecedentes thumb|Reproducción del malacate en la antigua Mina de Peña del Hierro.

La zona de la Faja pirítica ibérica ya había sido explotada desde hacía más de 3000 años, en el Calcolítico y por pueblos como tartessos, fenicios o romanos, que obtenían de ellas piritas de hierro, cobre, plata y otros metales.Andalucia.com.(en inglés) Producto de las labores metalúrgicas, existen datos de que los romanos habrían dejado más de quince millones de toneladas de escoria en la zona de Riotinto en una etapa en la que trabajaron nuevas técnicas de extracción con hornos y nuevas herramientas en la zona —como norias o el tornillo de Arquímedes— porque al superar el nivel freático era necesario desaguar las numerosas aguas subterráneas. Siglos después, los almohades no trabajaron demasiado la extracción de minerales (caparrosa, acije y aceche) pero sí la de diferentes materiales para la creación de tintes.

Ya en 1556 las minas estuvieron a punto de ser de nuevo explotadas durante el reinado de Felipe II, que necesitaba costear las numerosas guerras del Imperio. Este intento fracasó, ya que los estudios de la época consideraron inviable y poco rentable su explotación.El Diario Montañés En 1725 el sueco Liebert Wolters Vonsiohielm consiguió que las autoridades le otorgaran la explotación, en régimen de alquiler, de los yacimientos durante treinta años. Durante ese período de tiempo Wolters explotaría las minas junto a un sobrino y un socio español. Retornaron al Estado en 1783, siendo administradas por éste de nuevo hasta 1810 cuando fueron cerradas debido a la Guerra de Independencia. El declive en esos años fue patente: entre 1815 y 1823 solo se aprovechan precariamente las aguas agrias. El fracaso en la explotación minera durante esas épocas se explica por la dificultad, y sobre todo el alto coste, de trasladar los minerales hasta el mar cuando aún no existía ninguna red de ferrocarril y el traslado con animales de carga era la única opción. Fue hacia finales del siglo cuando la iniciativa privada se interese de nuevo alquilarlas.Flores Caballero, Manuel. Huelva y su provincia, tomo 3. Ediciones Tartessos SL (1986) ISBN 84-7663-003-4

Historia operacional La compra de las minas thumb|El río Tinto, del cual compañía tomó el nombre, baja rojizo al océano coloreado por los minerales.

Fue en 1873 cuando las minas fueron compradas por un importe de 94.000.000 pesetas al gobierno de la Primera República (prácticamente salvada de la bancarrota por esta venta) por adjudicatarios ingleses que crearon un consorcio para su explotación. Si bien, cabe decir, la presencia extranjera en la zona databa ya del siglo por empresas arrendatarias como la Robert Wolters. El despegue de la industrialización en países muy desarrollados había propiciado que diversas empresas buscaran nuevos minerales y yacimientos para su crecimiento. Asimismo, el aumento de las necesidades de empleo provocó un rápido crecimiento de la zona e incluso en Huelva capital. La razón del interés privado en estas minas se tiene su origen en las nuevas leyes centrales de 1849 y 1859, que superaron un anterior régimen intervencionista para pasar a uno nuevo que favorecía enormemente a la iniciativa privada. Pero fueron realmente la Ley de Bases de 29 de diciembre de 1868 sobre minas y la Ley de 19 de octubre de 1869 las que favorecieron la creación de sociedades mercantiles privadas e industriales.

Así, el 14 de febrero de 1873, tras una fracasada subasta, las minas son adquiridas por compra directa por un consorcio internacional creado entre otros, por tres poderosas familias, los Matheson, los Rothschild y la Goldschimidt —propietaria del Deutsche National Bank of Bremen—.González de Molina, M. y Pareja, A. La historia de Andalucía a debate: industrialización y desindustrialización de Andalucía. Ediciones Anthropos y Diputación de Granada. ISBN 84-7658-680-49 En la operación intervinieron intermediarios como Guillermo Sundheim, Ernst M. Taylor o Enrique Doetsch. El consorcio liderado por Hugh Matheson fundaría poco después la Rio Tinto Company Limited, con un capital de seis millones de libras inglesas. La compra de las minas llevó aparejada una concesión del Estado para que la empresa británica pudiera construir un ferrocarril que enlazase Riotinto con el puerto Huelva. La construcción de la línea se puso en marcha en junio de 1873.

Inicios y años de expansión El consejo de administración de la Rio Tinto Company Limited se reunió por primera vez en Londres el 31 de marzo de 1873, bajo la presidencia de Hugh Matheson. Entre las primeras decisiones que se tomaron estuvo la construcción de una línea férrea, bajo la asesoría del ingeniero George Barclay Bruce. Cabe decir que los primeros años de la RTC fueron difíciles: los accionistas tuvieron que realizar grandes inversiones y hacer frente a las fuertes críticas por la falta de dividendos. Pasada esta etapa inicial, la situación experimentó un cambio considerable. La empresa británica, que había conseguido los derechos de explotación del cobre, plata y oro de las minas, propició en un principio el resurgir de la comarca al abrir nuevas vetas de explotación y desarrollar la minería interior. Su producción, que salía de España a través de la ría de Huelva, hizo de la empresa una de las mayores de toda Europa y —según palabras del empresario e historiador David Avery— convirtió a Riotinto (en 1884) «en el mayor centro minero del mundo». A finales de la década de 1880 el control de la compañía de Riotinto pasó a manos de la familia Rothschild, que apostó por incrementar la escala de las labores mineras.

En sus años de esplendor, Riotinto se convirtió en una pequeña colonia inglesa gracias a la mina, en un «Gibraltar sui generis», como lo denomina el escritor y poeta de la localidad Juan Cobos Wilkins. A escasos metros de las excavaciones, se construyó el lujoso y exclusivo barrio de Bella Vista para el personal inglés y al que se accedía tras franquear incluso una garita con guardias; un barrio de estilo victoriano que estaba dotado de pistas de tenis, campos de golf, un cementerio propio, un Club Social o incluso una iglesia presbiteriana. Mientras, en la localidad española original, la iglesia o la Plaza de la Constitución donde años antes se había producido la matanza del «Año de los tiros» acabaron siendo enterradas bajo la escoria procedente de las excavaciones.

thumb|Muelle-embarcadero del ferrocarril de las Minas de Riotinto, en La Ilustración Española y Americana, grabado de Rico, 1876.

Huelva capital también se desarrolló enormemente bajo el influjo inglés. Los numerosos talleres e instalaciones edificados por la RTC que daban trabajo a más de setecientos obreros, como la estación de ferrocarril, cambiaron la fisonomía de la ciudad y contrastaban con el auge de una nueva burguesía tanto de españoles como de extranjeros que se encontraban vinculados a la empresa. El poder de la empresa llegó a ser tal en la ciudad que las edificaciones civiles dependían de los intereses de la empresa. Prueba de ello son el barrio Reina Victoria, como ciudad jardín que acogía a parte de sus empleados; la construcción de la Casa Colón, que terminó convirtiéndose en sede para oficinas de la compañía; el desaparecido Hospital Inglés; o el gigantesco muelle-embarcadero de mineral situado en el río Odiel.

En los primeros años se acometió la construcción del ferrocarril para poder dar una salida barata y rápida al mineral. Para 1875 ya se disponía de una línea férrea que unía la misma mina con la salida más cercana al mar: el puerto de Huelva. Por lo tanto, la mayor parte de la riqueza obtenida de las entrañas de la tierra (se estima, por ejemplo, que la mitad de la pirita mundial) partía rápidamente, a través del Atlántico, hasta Inglaterra, dejando una comarca en aparente progreso pero en realidad deprimida por una industrialización feroz. Pese a todo los beneficios de la empresa en la provincia fueron innegables: en poco más de ochenta años obtuvo más de 54 millones de libras de beneficio. El impacto paisajístico de las minas se hará notable y prueba de ello serán las tres inmensas explotaciones a cielo abierto que se abren hacia el interior de la tierra. Filón Sur en 1874, Filón Norte en 1892 y sobre todo Corta Atalaya, en 1907, entonces la más grande del continente europeo, serán prueba de ello. Para 1909 la RTC contaba en Riotinto con una plantilla de 16.973 operarios, empleando a casi un tercio de la población de la cuenca minera.

La expansión de las actividades de extracción en Riotinto llevó a que la compañía construyese, desde finales del siglo , diversas instalaciones industriales dedicadas al tratamiento del mineral. Entre otras, se levantaron una fábrica de ácido sulfúrico, una planta metalúrgica (fundición Bessemer) o una planta de clasificación (Lavadoras). Así mismo, se articuló una red de instalaciones auxiliares: almacenes, cargaderos de mineral, talleres, una red de vías férreas y ramales, centrales eléctricas, presas y embalses, etc. Con el tiempo Riotinto se convirtió en un polo industrial de gran relevancia.