Cristina de Noruega (en nórdico antiguo: Kristín Hákonardóttir, en noruego: Kristina Håkonsdatter); (Bergen, 1234-Sevilla, 1262) fue una princesa noruega e hija de los reyes Haakon IV de Noruega y Margarita Skulesdatter.
Fue infanta consorte de Castilla por su matrimonio con el infante Felipe de Castilla, hijo del rey Fernando III el Santo, y algunos autores han señalado que «los escasos datos biográficos de la princesa, su origen lejano y su muerte temprana», han propiciado que se convierta en la protagonista de múltiples relatos literarios.
Biografía Esta princesa, considerada por algunos una «figura romántica medieval», ha protagonizado, según algunos autores, «más de una novela por su vida y su triste destino». Y, como señaló Emiliano García Esteban, la vida de Cristina está, al igual que la de otras muchas princesas medievales, «tejida de historia y de leyenda», lo que a juicio de este historiador no resulta nada insólito. La leyenda sostuvo en el pasado que la princesa llegó a España después de que Alfonso X el Sabio solicitase al rey de Noruega que le enviase a una hija suya para contraer un nuevo matrimonio con ella, basándose en la infertilidad de su esposa, la reina Violante de Aragón, hija de Jaime I de Aragón.Cuando la princesa Cristina llegó a Castilla en 1258, la reina Violante ya había dado a luz a cuatro de los hijos que tuvo con Alfonso X: las infantas Berenguela, Beatriz y Leonor y el heredero del trono, Fernando de la Cerda. Por ello, el acercamiento de Castilla a Noruega no pudo estar relacionado con una inexistente esterilidad de la esposa de Alfonso X, sino con la ambición de este último por ser coronado como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en la empresa conocida como Fecho del Imperio. Cfr. Álvarez Cifuentes (2021), p. 95.
No obstante, se ha demostrado la falsedad de dicha leyenda, ya que en 1258 la reina Violante ya había dado a luz varios hijos. La realidad es que el soberano de Noruega envió a la princesa Cristina a Castilla en 1257El historiador y presbítero Hernández Parrales describió del siguiente modo el viaje de la princesa Cristina a tierras castellanas: «Don Alfonso el Sabio, deseando tener contacto y relaciones amistosas con el Rey de Noruega, Haakon II, le envió una numerosa embajada, solicitando desposar a la hija de éste, la bella princesa Cristina, con uno de sus hermanos. Y del corazón de Castilla partieron los emisarios portadores de ricos presentes, que fueron recibidos cordialmente por el Rey noruego, accediendo a los deseos del Rey de Castilla, con la sola condición de que la infanta debía elegir libremente su esposo entre los hermanos de Alfonso X. Parte Cristina en una embarcación hecha exprofeso para la travesía, acompañada de cien caballeros, amén del Obispo de Hamar y damas de alta alcurnia. Al llegar a Francia se altera el rumbo marcado y Cristina atraviesa el país, pasando por Narbona hacia la frontera española, y, ya en nuestra patria, don Jaime el Conquistador, Rey de Aragón, le colma de honores. A los pocos días emprende el camino hacia Burgos, y antes de llegar sale a su encuentro el infante don Luis, seguido de su brillante cortejo de caballeros moros y cristianos. La Nochebuena de aquel año 1257 la pasó doña Cristina en el Monasterio de las Huelgas, donde doña Berenguela, hermana del Rey, le hace ofrenda de un precioso baldaquino. Y poco antes de llegar a Palencia, el monarca castellano recibe a la princesa con agrado y contento». Cfr. Hernández Parrales (1959), pp. 198-199. a fin de que contrajese matrimonio con uno de los hermanos del rey, y de camino a Castilla,El historiador Adrián Elías Negro Cortés afirmó que las dos principales fuentes, una noruega y la otra castellana, para conocer con detalle el viaje de la princesa Cristina a Castilla son la Hakonar saga Hákonarsonar, que narra el reinado de Haakon IV de Noruega, el padre de la princesa, y la otra la Crónica de Alfonso X, que ofrece mucha menos información que la primera obra. Cfr. Negro Cortés (2020), p. 268. la princesa, acompañada por el embajador Loðinn leppur, pasó por Inglaterra, Normandía, Francia y Aragón, donde fue recibida con todos los honores por Jaime I el Conquistador, quien llegó a proponerle matrimonio. Y el historiador Martínez Santamarta afirmó lo siguiente con respecto a esta unión matrimonial entre los reinos de Castilla y Noruega, pues Alfonso X quería:
A su llegada a la corte, que se hallaba en la ciudad de Valladolid en enero de 1258, la princesa Cristina fue presentada a los hermanos del rey y sobre todo a los infantes Fadrique y Felipe, entre los que debía escoger esposo. Al parecer, a la princesa le agradó más Felipe que Fadrique, debido a una cicatriz que este último tenía en el labio y que le desfiguraba el rostro, pero en un documento posterior, Alfonso X el Sabio reconoció que había sido decisión suya que la princesa noruega contrajese matrimonio con su hermano Felipe, y posiblemente, como señaló Kinkade:
265px|thumb|Imagen de Nuestra Señora de Rocamadour. (Iglesia de San Lorenzo de Sevilla).
El infante Felipe, futuro esposo de la princesa Cristina, fue hasta el año 1258 arzobispo electo de Sevilla, canónigo de la catedral de Toledo, beneficiado en la catedral de Burgos y abad de la Colegiata de Valladolid, de la Colegiata de Castrojeriz y de la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias.
El matrimonio entre el infante Felipe y la princesa noruega se celebró el día 31 de marzo de 1258 en Valladolid y de modo fastuoso. Alfonso X el Sabio concedió entonces varios señoríos y posesiones al infante Felipe, entre los que se contaban la martiniega, el portazgo, la renta de los judíos y los restantes pechos reales de Ávila, así como las tercias del arzobispado de Toledo y las de los obispados de Ávila y Segovia, las rentas que pagaban al rey los musulmanes del Valle de Purchena y la heredad de Valdecorneja, compuesta por las villas de El Barco de Ávila, Piedrahíta, La Horcajada y Almirón. La vacante que el infante Felipe dejaba en el arzobispado de Sevilla, no fue cubierta hasta mayo del año 1259, cuando el papa Alejandro IV designó a Raimundo de Losana arzobispo de Sevilla.
En la Crónica de Alfonso X se afirma, con respecto a la concesión de esas posesiones al infante que: «lo cual nunca quiso hacer ningún Rey a ninguno de sus hermanos, ni a otro ninguno darle cosa en ningún lugar de las Extremaduras», por lo que de ese modo quedaba compensada parcialmente la pérdida que sufrió el infante con la renuncia a la archidiócesis sevillana, como señaló el historiador Antonio Ballesteros Beretta.
Después de la celebración del matrimonio, el séquito de la princesa Cristina regresó a su país a excepción de dos «intrépidos guerreros», Ivar y Thorleit, que planearon viajar a Jerusalén a fin de tomar parte en la cruzada. Y según los testimonios noruegos de la época los miembros del séquito de la princesa regresaron muy complacidos por la magnífica acogida que se les había dispensado en Castilla.
Los recién casados se establecieron en la collación de San Lorenzo de Sevilla, y posiblemente en alguna de las partes del palacio de Vib-Arragel,El nombre de Vib-Arragel, como señaló el historiador Francisco Aguilar Piñal, se hace eco de la tradición que sitúa en ese emplazamiento el palacio de los reyes de la Taifa de Sevilla entre los siglos VIII y XI. Y sobre las ruinas del palacio se alzó en el siglo XIII el monasterio de San Clemente de Sevilla, que ya en 1260 estaba habitado por religiosas que provenían del monasterio de las Huelgas de Burgos. Cfr. Aguilar Piñal (2002), p. 125. que en esos momentos pertenecía al infante Fadrique, hermano de Felipe, que fue quien ordenó construir la llamada Torre de Don Fadrique, propiedad en la actualidad del Ayuntamiento de Sevilla. Y una prueba de que el infante Felipe residía en la capital hispalense es que cuando en 1260 el infante Sancho de Castilla, que era hijo de Fernando III y arzobispo de Toledo en esos momentos, pretendió entrar en Sevilla con la «cruz alzada», el arzobispo de Sevilla, Raimundo de Losana, se opuso enérgicamente a ello para defender sus privilegios, pero el rey Alfonso X, en presencia de sus hermanos Felipe, Manuel y Luis confirmó el 14 de diciembre de ese año que ni la archidiócesis de Toledo ni la de Sevilla se verían perjudicadas por «aquel caso aislado».
Cerca del palacio en el que residían los infantes Felipe y Cristina se hallaba la ermita y hospital de Santa Bárbara, junto a la iglesia de San Lorenzo, y en dicha ermita, según algunos testimonios, el infante había colocado una gran pintura que representaba a Nuestra Señora de Rocamador, a quien se veneraba mucho en Francia. Y según la tradición, el infante habría traído esa imagen, ante la que se postraría muchas veces la princesa Cristina, de París en su último viaje a dicha ciudad, habiendo sido un regalo por parte de su tío San Luis, rey de Francia. Y el infante Felipe, que al parecer «mimaba con sumo cuidado a su esposa», debió levantar también en la iglesia del hospital de Santa Bárbara un altar a Olaf II el Santo,El cuadro o imagen de San Olaf posiblemente desapareció, según el sacerdote Hernández Parrales, al ser destruido el hospital de Santa Bárbara y agregado el solar en el que se hallaba a la parroquia de San Lorenzo. Cfr. Hernández Parrales (1959), p. 200. más conocido como San Olaf, que murió en la batalla de Stiklestad luchando contra los daneses y a quien se profesa una gran devoción en Noruega. Además, según Hernández Parrales, en el se hizo una reproducción del cuadro de la Virgen de Rocamador en una pintura mural que aún se conserva en la parroquia de San Lorenzo de Sevilla y de la que otros autores, como el historiador Manuel Jesús Roldán, aseguran que fue realizada a finales del y que es una imagen «cargada de leyendas y de referencias apócrifas».miniatura|Torre de Don Fadrique, Sevilla
La tradición señala que la princesa Cristina, que añoraba su país natal, y a pesar de los cuidados que le prodigaba su esposo, murió de melancolía Hay una leyenda, basada en una saga islandesa, que afirma que la princesa Cristina murió de tristeza porque al infante Felipe, su marido, le apasionaba la caza, y ella, mientras le aguardaba, hacía sonar una campana a fin de que supiera que lo esperaba impacientemente. Cfr. García Esteban (2003), pp. 30-31. a los veintiocho años de edad y tras cuatro de matrimonio con el hijo de San Fernando. Y conviene señalar, por otra parte y como advirtió el profesor Kinkade, que el infante Felipe, según consignó su sobrino Don Juan Manuel en el Libro de la caza, fue muy aficionado a esta al igual que sus hermanos Enrique, Manuel y Alfonso X.
La realidad es, al menos según las crónicas de la época, que la princesa Cristina falleció en Sevilla en 1262 por causa del calor, al que no estaba acostumbrada, según la Crónica de Alfonso X, provocando su muerte en el infante Felipe, por no haberle dado hijos, «grandes estragos morales», lo que llevó al viudo a elegir «!o más peligroso del siglo andando en él harto mezclado en las inquietudes públicas con que perdió en todo la gracia de su hermano el Rey». Y el historiador Adrián Elías Negro Cortés, por su parte, afirmó, con respecto a la princesa Cristina y a las relaciones castellano-noruegas que:
Tras la muerte de Cristina de Noruega en 1262, el infante Felipe contrajo matrimonio con una dama llamada Inés de Guevara, que falleció en 1265 y que está sepultada junto al infante Felipe en la iglesia de Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga. Y posteriormente el infante se casó por tercera y última vez con Leonor Rodríguez de Castro, hija de Rodrigo Fernández de Castro, a quien Jaime de Salazar y Acha llama Guerau Rodrigo de Castro, y que fue señor de Cigales, Mucientes y Santa Olalla.
Sepultura 333px|thumb|Sepulcro de la princesa Cristina de Noruega. (Colegiata de Covarrubias).