Matehuala es la cabecera del municipio de Matehuala en el estado de San Luis Potosí, en el norte de México. Según el censo de 2020, tiene una población de 86686 habitantes. Es la cuarta ciudad en importancia del estado en cuanto a población después de San Luis Potosí, Soledad de Graciano Sánchez y Ciudad Valles.
Durante los siglos y , el área que hoy comprende Matehuala fue un territorio fronterizo, una zona disputada por varias jurisdicciones: la alcaldía mayor de Charcas, el Reino de Nueva Galicia, el Reino de México y el Nuevo Reino de León. Esta condición de frontera, marcada por una baja densidad demográfica y una economía limitada, se mantuvo por más de un siglo y medio.
La población original de la región estuvo compuesta por pueblos originarios como negritos y guachichiles,Kwāchichil es un vocablo en mexicano que significa gorrión; de kwāitl, cabeza y chichiltik, cosa colorada o bermeja. Se les llamó así porque con frecuencia se pintaban la cabeza de colorado; había algunos que usaban unos bonetes puntiagudos de cuero colorado que les daban apariencia de gorrión. a los que posteriormente se sumaron tlaxcaltecas, tarascos e hispanos. A partir de políticas virreinales de pacificación y reparto de dádivas, estos grupos comenzaron a establecerse de manera más permanente en torno a rancherías y haciendas, generando una sociedad heterogénea y cambiante.
Fundada en 1682, existen múltiples hipótesis sobre el origen del nombre de la ciudad, aunque ninguna ha sido comprobada con certeza. Se ha dicho que proviene del náhuatl maka tiwallaw, que se interpreta como "no vengas", relacionado con un supuesto grito de guerra guachichil. No obstante, el análisis lingüístico de estas teorías muestra inconsistencias, y no hay una etimología definitiva aceptada por los especialistas.
Historia
Época prehispánica La zona del Altiplano Potosino era poblada por los negritos y guachichiles que, se sabe, eran pueblos nómadas, cuya principal actividad económica era la recolección, por lo que se caracterizaban por ser conocedores de la herbolaria.
No usaban vestidos. Las mujeres se fajaban a la cintura un cuero de venado. Se pintaban el cuerpo con almagre y otros minerales, negros y amarillos, que obtenían de las minas. Se trasquilaban cuando estaban de luto. No enterraban a sus muertos, sino que los quemaban y guardaban las cenizas en unos costalitos que llevaban siempre consigo. Aventaban las cenizas de sus enemigos.
A sus prisioneros les quitaban la cabellera, la cual se colgaban a la espalda. Usaban los nervios para atar con ellos el pedernal a su flecha y los huesos de las canillas para mostrarlos como trofeo. Sólo perdonaban la vida a muchachos y mujeres jóvenes.
En su mayor parte, su organización social se basaba en la familia nuclear. Vivían en pequeñas aldeas en la parte sur y, hacia el norte, prevalecía la forma tribal de asentamientos menos estables. En general, los pueblos del norte eran más pequeños que los del sur. La poligamia caracterizaba a los primeros y la monogamia a los segundos, teniendo la esposa mayor libertad que en otras partes. Había matrimonios tanto intratribales como intertribales.
Expediciones españolas A principios del , los españoles realizaban expediciones en el Altiplano en busca de metales y de la explotación de minas. Un capitán de nombre Gabriel Ortiz de Fuenmayor en compañía de algunos otros aventureros y misioneros entró al corazón del nuevo reino por el lado de Zacatecas y con destino a Texas.
Entre octubre de 1551 y abril de 1553, el virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón organizó tres expediciones para acabar con la Guerra Chichimeca. Comisionó a capitanes que quisieran la paz, interesados en velar por sus propios intereses; todos llevaron a sus aliados indígenas. Se cedieron terrenos a los nuevos habitantes, pero con la obligación de residir allí y mantener armas para su defensa. Además, dio orden a los gobernadores y jefes militares de los otomíes de operar en la Gran Chichimeca como diplomáticos, guerreros y colonos en los puestos defensivos.
Fue hasta 1568, en el virreinato de Martín Enríquez de Almanza, cuando se tomaron medidas más serias para enfrentar el problema y se establecieron los presidios de la frontera, unidos por un sistema de escoltas militares. En la década de 1570 se cuestionó por primera vez la moralidad de la guerra. Se escucharon muchas voces, pero finalmente se llegó a la conclusión de que la guerra era justa y obligatoria, pero siempre y cuando no hubiera esclavos. Los dominicos fueron los únicos en sostener que los españoles eran invasores y agresores de la Gran Chichimeca.
Felipe II, rey de España, convencido de que deberían de realizarse verdaderas acciones de pacificación, decidiría enviar un representante para que a su nombre pactara con los indígenas. Las conferencias de paz se realizaron en la capital de la Nueva España y asistieron los señores de los pueblos o caciques, entre ellos Maticoya y Tenso, acompañados por el capitán Miguel Caldera.
Fundación del pueblo El análisis documental detallado muestra que el verdadero origen de Matehuala como asentamiento estable corresponde a una hacienda de labor establecida en 1615. Esta hacienda fue otorgada por merced al capitán Miguel de Escorigüela, quien la aprovechó durante varias décadas como centro de producción agrícola y ganadera, en un contexto de baja densidad poblacional y de prolongada condición fronteriza.
En 1638, Juan Zúñiga Almaraz, jefe de Justicia Mayor y capitán de guerra del Nuevo Reino de León, llegaría al paraje de Matehuala para tomar posesión de aquellas tierras argumentando que no había españoles que hablaran lenguas chichimecas y los negritos tampoco entendían el español. De este modo, la hacienda de Matehuala empezó a formar parte del territorio del Nuevo Reino de León.
En las décadas siguientes, alrededor del Ojo de Agua de Matehuala comenzaron a instalarse también diversas rancherías indígenas, lo que dio lugar a una creciente interacción entre indígenas nómadas, pueblos recientemente reducidos, y colonizadores españoles. Para finales del , en 1682, los negritos y los guachichiles solicitaron establecer formalmente un pueblo de indios en ese mismo sitio, lo que marcó la transición de la antigua hacienda hacia una comunidad reconocida dentro del orden virreinal. El proceso no fue sencillo: la oposición de hacendados y mineros derivó en disputas legales y conflictos territoriales que persistieron durante décadas. Fue hasta el 10 de marzo de 1706 que se consolidó la segunda fundación del pueblo, bajo el nombre de San Francisco de Matehuala.
Como resultado de los litigios, se convendría en realizar una nueva posesión de tierras a guachichiles, negritos y tlaxcaltecas, en cumplimiento al mandato del gobernador del Nuevo Reino de León, Gregorio de Salinas Varona; que a su vez obedecía a la real provisión del virrey Francisco Fernández de la Cueva Enríquez, duque de Alburquerque. El encargado de efectuar la comisión sería Fernando Zamora, capitán de guerra de los llanos de San Antonio del Río Blanco; de tal suerte que el mismo año se levantaría la segunda acta de fundación de Matehuala, asentando a los nativos en las tierras que eligieron y dándoles posesión para fundar el pueblo.
En 1748, durante los conflictos por el control de Matehuala, los pobladores presentaron una supuesta acta de fundación fechada en 10 de julio de 1550 para defender sus derechos sobre el territorio. Desde su perspectiva, el documento buscaba legitimar la antigüedad del pueblo frente a autoridades externas y a los reclamos de la poderosa familia Medellín. Aunque hoy se sabe que era apócrifo, en ese momento fue una herramienta política clave para proteger tierras comunales y sostener la autonomía local frente a intereses foráneos.
Con las nuevas ordenanzas promulgadas en 1786, la Nueva España quedaría dividida en 12 intendencias que tomaron el nombre de sus capitales. La intendencia de San Luis Potosí, donde se encontrará la alcaldía mayor, se formará con varios distritos, entre ellos el de Charcas, donde se encontrarán Real de Catorce, Matehuala y Venado.
La audiencia de la Nueva Galicia autorizaría la erección de una parroquia en Matehuala en la antigua capilla de lo que fue la hacienda de San Francisco de Matehuala en el año de 1799 y se celebraría una ceremonia en marzo de ese año por el obispo Juan Ruiz de Cabañas, quedando por designar el nombre titular de la misma. Sin embargo, las pugnas entre los españoles y los indígenas regresarían, en esta ocasión debido a que los españoles cobraban altas cuotas a los nuevos habitantes prefiriendo que los nuevos colonos pidiesen tierras a los habitantes de Matehuala. En ese entonces, las haciendas de mayor extensión serían las de Coronado, Solís, Guanamé, San Antonio del Rul, Cruces, El Salado y la hacienda del Represadero, que después sería erigida con el nombre de Municipio de Guadalupe, por decreto de diciembre de 1857, y la hacienda de La Boca que décadas más tarde, por decreto del 27 de septiembre de 1921, sería erigida como el municipio de Villa de la Paz.
El auge minero del Real de Minas de Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Guadalupe de los Álamos de Catorce, mejor conocido como Real de Catorce, cuyas primeras vetas fueron descubiertas hacia el año de 1772 entre otros por Sebastián Coronado y Manuel Martínez, significó grandes beneficios económicos para Matehuala al encarecer el valor de las propiedades, favorecer el comercio y dar paso así al asentamiento de la población en forma definitiva; esto originó que no sólo fuera un lugar de tránsito obligado, sino que abandonara su condición de tránsito fugaz, como lo había sido hasta entonces.
Debido a estas circunstancias, Matehuala sería nombrada villa en el año de 1808, acuñándose una pequeña medalla de cobre como una forma de celebrar tal acontecimiento. Esta pieza, ahora curiosidad numismática, se ha hecho rara.
Independencia Félix María Calleja del Rey, quien por motivos personales estuvo estrechamente vinculado a San Luis Potosí, desde marzo de 1796 se había encargado de la comandancia y subinspección de las tropas milicianas y veteranas del Nuevo Reino de León, Colonia del Nuevo Santander, Primera División del Norte y Brigada de San Luis Potosí.Cuando se adhirió al gobierno de Garibay en 1808, le fue concedido el grado de brigadier y el mando de la Décima Brigada establecida en San Luis. Se casó hacia 1807 en San Luis Potosí con Francisca de la Gándara, hija de Manuel Jerónimo de la Gándara, alférez real y dueño de las haciendas de Bledos Altos, Canoas, Santiago y Tepetate, al poniente de la provincia de San Luis Potosí.
Calleja mandaba sobre tres cuerpos: los dos regimientos provinciales de dragones, de San Luis y San Carlos, que desde 1795 estaban de guarnición en San Luis, Charcas y Matehuala, y el cuerpo de caballería del Nuevo Santander, acantonado en RioVerde. La caballería de los dos primeros cuerpos fue donada hacia 1796 por los principales hacendados de San Luis Potosí, entre ellos:
Ana María de la Campa Cos, condesa de San Mateo de Valparaíso y marquesa de Jaral de Berrio, propietaria de las haciendas de Jaral, Cerro Prieto, Ordeña de Matapulgas y Trasquila de Gallinas. Manuel Rincón Gallardo, del mayorazgo de Ciénega de Mata, quien en 1807 recibió el título de marqués de Guadalupe Gallardo, propietario de la hacienda de Ojuelos. Juan de Mora y Luna, conde de Guadalupe del Peñasco, propietario de las haciendas de Peñasco, Laguna Seca, El Puerto y La Tinaja. Juan María de Medina y Torres, conde de Medina, propietario de las haciendas de Lobo, El Agostadero, El Pedregoso, La Pendencia y San Marcos. Manuel de la Gándara, propietario de las haciendas de Bledos Altos, Canoas, Santiago y Tepetate. Antonia Arduengo, propietaria de las haciendas de La Pila y Estancia de Herrera. Ignacio Orrochúa, propietario de la hacienda de Espíritu Santo. Ángel Prieto de la Maza, propietario de la hacienda de La Parada.