La Grande y Felicísima Armada o Gran Armada de 1588 (apodada posteriormente Armada Invencible)nota: El término “Armada Invencible” no procede de fuentes inglesas de la época, sino de una traducción de 1588 hecha por el calígrafo italiano Petruccio Ubaldini al servicio de Isabel I de Inglaterra, quien añadió comentarios irónicos no presentes en el original. Algunos historiadores, como Fernández Duro y Herrera Ória, lo atribuyeron erróneamente al texto inglés, convirtiéndose en los mayores difusores del apelativo. fue una expedición militar marítima que, tras el triunfo en la batalla de Lepanto y la consolidación del poder español en Europa, fue planificada por el monarca español Felipe II para destronar a su contraparte Isabel I e invadir Inglaterra. El ataque que llevó a cabo ocurrió en el contexto de la guerra anglo-española de 1585-1604, y aunque fracasó, la guerra se prolongó dieciséis años más y terminó con el Tratado de Londres de 1604, favorable a España.
Felipe II decidió articular el ataque conjuntamente y de manera compleja desde los puertos del litoral atlántico español (de Andalucía a Guipúzcoa pasando por Portugal —desde donde zarpó el grueso de la flota—, Galicia, Asturias, Santander y Vizcaya; y desde las posesiones españolas en los actuales Países Bajos). Se armó una gran flota en puertos españoles que recibió el nombre de Grande y Felicísima Armada. Las naves enviadas desde la península ibérica participarían en el combate, mientras que las fuerzas españolas que salieran simultáneamente desde los Países Bajos, con los Tercios de Flandes, se encontrarían entre el canal de la Mancha y el mar del Norte con las que habían partido de la península ibérica, con el objetivo de desembarcar en Inglaterra.Al contrario de lo que comúnmente se piensa, esta expedición no tenía como objetivo invadir Inglaterra, sino la de transportar soldados, munición y vituallas para apoyar a las tropas de Flandes, que serían las encargadas de esa misión, y escoltarles en el paso del Canal. Esta invasión no pretendía la anexión de las islas británicas al Imperio español, sino la expulsión de Isabel I del trono inglés, y respondía a la ejecución de María Estuardo, a la política antiespañola de piratería y a la guerra de Flandes. Debía gobernarla el almirante de Castilla Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, pero falleció poco antes de la partida de la flota, y le sustituyó a toda prisa Alonso Pérez de Guzmán (VII duque de Medina Sidonia). Estaba compuesta por 137 barcos que zarparon de Lisboa, y de ellos, 122 barcos entraron en el canal de la Mancha.
Las turbulentas condiciones meteorológicas en el mar causaron el naufragio de muchas naves. Sin embargo, 87 barcos —unas dos terceras partes de la flota— regresaron a España sin haber cumplido su misión de derrotar a las fuerzas inglesas y de favorecer el ataque desde Flandes. En 1589 Inglaterra llevó a cabo una expedición militar para destruir los barcos españoles que estaban siendo reparados en La Coruña, Santander y San Sebastián, así como para iniciar una insurrección antiespañola en Lisboa. Esta expedición fue conocida como la Invencible Inglesa, o Contraarmada, y también fracasó en sus objetivos.
Antecedentes
En 1558 el Imperio español se extendía por América y Filipinas, además de haberse anexionado los territorios del Imperio portugués por derechos sucesorios. El interés de España por Inglaterra era geopolítico, al ser un reino de importancia que podría ser un perfecto paraguas para sus posesiones en los Países Bajos frente a ataques franceses o rebeliones protestantes.
Felipe II contrajo matrimonio con la reina católica de Inglaterra María I, de modo que el hijo que tuvieran pudiera reinar en España y en Inglaterra. María I, a instancias de su consorte, Felipe II, comenzó a construir una armada inglesa moderna, bautizando al primer barco como Felipe y María en conmemoración de su casamiento. María I falleció en 1558 sin dar a Felipe II un heredero, lo que llevó a la hermanastra de María, la reina Isabel I de Inglaterra, a acceder al trono. Isabel comenzó a reinstaurar la reforma anglicana en Inglaterra y Felipe II intentó detener el proceso y asegurarse la alianza con Inglaterra, proponiéndole matrimonio a la que fuera su cuñada, proposición que fue rechazada.
Felipe II de España e Isabel I de Inglaterra convivieron de manera pacífica durante su primera década de reinado. A la postre, España había sufrido constantes ataques en sus virreinatos de ultramar y de sus barcos mercantes por parte del pirata John Hawkins y de su primo Sir Francis Drake, que actuaban con expediciones financiadas por Isabel I, pero sin perder su condición de piratas y tratantes de esclavos africanos. En 1568 Hawkins y Drake, practicaban su actividad corsaria en las costas del Nuevo Mundo, pero en una tormenta, buscaron refugio en un puerto de Nueva España (actual México), lo que España vio como una ocasión para atacarles, librándose la batalla de San Juan de Ulúa, que se saldaría con una victoria española. Isabel respondió a este ataque a naves inglesas atacando cinco galeones españoles cargados de oro.
En 1570 el papa Pío V promulgó una bula que excomulgaba a Isabel I y autorizaba a cualquier católico para asesinarla y a cualquier monarca católico para destronarla. Felipe II no se mostró interesado en dicha acción, pero el agente papal italiano Roberto di Ridolfi acabó presentándose ante la Corte de España y propuso al rey una conspiración para asesinar a Isabel I y sustituirla por la reina de Escocia, María Estuardo, de religión católica. El rey de España mandaría diversos agentes a Inglaterra para incitar a la rebelión, pero esta jamás llegó a estallar porque los espías de Isabel descubrieron el complot. Isabel decidió iniciar un contraplan para dar dinero y tropas a los rebeldes protestantes de los Países Bajos. A partir de 1572 Isabel comenzó a financiar las expediciones corsarias de Hawkins y Drake en las costas del Caribe, capturando botines de ciudades españolas. En 1585 Drake atacó diversos puertos de Galicia, atentando contra iglesias y matando a curas y a monjas, lo que motivó la acción de Felipe II de atacar por fin a Inglaterra. Ana de san Bartolomé, secretaria de Teresa de Jesús, afirmó que una monja, de Portugal, María de la Visitación, brujuleaba por la corte incitando al ataque a Inglaterra.
La estrategia Los planes de Felipe Felipe II contactó con el duque de Parma, Alejandro Farnesio, que gobernaba los Países Bajos, y con el marqués de Santa Cruz, Álvaro de Bazán, almirante de la flota de Lisboa, para pedirles un plan de invasión de Inglaterra. El plan de Álvaro de Bazán era mandar una gran flota que desembarcara en Gran Bretaña y procediera a la invasión. Por su parte, la estrategia de Farnesio era una ofensiva relámpago a Londres por parte de los Tercios de Flandes. Felipe, en lugar de decidirse por uno, ordenó que ambos planes fueran combinados. El marqués de Santa Cruz debía salir de Lisboa a cargo de una Gran Armada y se reuniría con Alejandro Farnesio, cuyos 30 000 hombres desembarcarían en el condado de Kent y sitiarían a Londres. Esta era zona propicia, ya que no había fortificaciones entre la costa de Kent y la actual Londres.
Los planes de Isabel
Isabel I fue informada por sus espías de los planes de invasión de Felipe II. Desde 1583 Inglaterra había fundado una Comisión Real para la Armada, que continuó la labor de modernización de la armada inglesa iniciada por María I. Todos los buques antiguos —como el Felipe y Maria que fue construido durante el anterior reinado de Felipe II como rey consorte de María I y rebautizado como el Nonpareil— se reacondicionaron para mejorar su velocidad, y todos los nuevos buques se diseñaban para ser más rápidos, presentando una proa más baja, castillos de popa, líneas más pulidas y cubiertas de cañones más largas.
A fin de ganar tiempo para disponer sus defensas, Isabel ordenó a sir Francis Drake atacar la bahía de Cádiz, donde se estaban construyendo barcos de la Gran Armada española. El ataque de Francis Drake, conocido como la Expedición de Drake de 1587, destruyó o capturó cerca de 100 buques españoles, lo que interrumpió notoriamente los preparativos españoles y retrasó los trabajos cerca de un año.
Cambio de mando de la Armada y la partida
thumb|left|Alejandro Farnesio, duque de Parma thumb|left|Almirante Álvaro de Bazán thumb|left|Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia Felipe II veía que la Armada se había convertido en un enorme gasto financiero y apresuró a Álvaro de Bazán para que atacara Inglaterra. Sin embargo, el 9 de febrero de 1588 Álvaro de Bazán murió en Lisboa aquejado de tifus, dejando a la Armada sin almirante. En la capital portuguesa no se encontraba ningún marino con un prestigio social a la altura de Bazán para liderar una empresa de esa envergadura, de modo que Felipe II recurrió al duque de Medina Sidonia, Alonso Pérez de Guzmán. El 19 de febrero de 1588, recibió el anuncio de la muerte del marqués de Santa Cruz y la orden de partir a Lisboa.amerilis.iespana.es
El duque de Medina Sidonia carecía de experiencia naval y no se consideraba el hombre indicado para el proyecto. En cartas enviadas al rey se puede leer en concreto:
Así, lo fácil de comprender en este caso eran sus preocupaciones en relación con la premura que exigía el rey y el mal estado de aquella armada. Una armada mal pertrechada, sin el personal necesario ni el apropiado. Una armada diseñada apresuradamente que él tenía que disponer en un demasiado corto espacio de tiempo y sin apenas hombres (9000). Dice en un informe (ortografía original):
Felipe II no recibió las cartas del duque declinando el cargo que le ofrecían, ya que los consejeros del rey las interceptaron y le respondieron que negarse a semejante misión le desacreditaría para siempre. Recibida esta respuesta, el duque se dirigió a Lisboa a cumplir con lo encomendado. Al cabo de seis semanas de haber ejercido el mando, la Armada se hizo a la mar. La armada incluía 19 000 infantes, 7000 marineros, 1000 caballeros de fortuna, 180 clérigos y 130 barcos.
El 25 de mayo de 1588, el duque de Medina Sidonia mandó un correo al duque de Parma, en los Países Bajos, para informarle de que la Grande y Felicísima Armada, como se hizo conocer por Felipe II, se hacía a la mar. Recomendaba en su correo que se dispusiera a preparar las tropas terrestres para la invasión de Inglaterra.
El 24 de junio, las galernas dispersaron la flota frente a La Coruña, empujando a algunos barcos hasta el sureste de Inglaterra, y a otros hacia el golfo de Vizcaya. Llevó más de un mes volver a reunir la flota. Por su parte, el duque de Medina Sidonia volvió a aconsejar una vez más al rey que desistiese de la empresa o que le relevase del mando, a lo que el rey respondió airado que se dedicase a lo que le tocaba hacer.
Al mismo tiempo, los ingleses enviaron a la desesperada una flota de guerra destinada a enfrentarse a la Gran Armada mientras esta se hallaba amarrada en La Coruña, pero las condiciones meteorológicas eran tan malas que los ingleses ni siquiera consiguieron llegar a España y hubieron de regresar a sus puertos.
La Armada se acerca a Inglaterra
thumb|300px|La batalla entre la Armada española y la flota inglesa A partir del 22 de julio, cuando alcanzaron el golfo de Vizcaya, las fuertes tormentas y el estado de la mar provocaron que para el 28 del mismo mes una parte de la flota (40 barcos) se hubiera perdido y separado del resto. Tuvieron que pasar otros dos días más para que los barcos perdidos regresaran al grueso de la flota. Desafortunadamente para ellos ya habían sido avistados por el barco inglés Golden Hind, comandado esta vez por Thomas Fleming, quien tuvo tiempo de dar la voz de alarma mientras la «Grande» aún se recomponía. Cuando la Armada alcanzaba la altura de Fowey, el 29 de julio de 1588, los faros costeros ingleses ya anunciaban su presencia.