La Armenia rusa () es el periodo de la historia de Armenia en el que este territorio estuvo bajo el dominio ruso. Abarca desde la incorporación de Armenia oriental al Imperio ruso en 1829 hasta la creación de la República Democrática de Armenia, tras la caída del régimen zarista, en 1918.
Antecedentes
Durante cientos de años, los habitantes de la Armenia oriental vivieron bajo el dominio de los Imperios otomano y safávida. Posteriores guerras entre ambos imperios llevaron a la destrucción de muchas de las ciudades de Armenia, lo que hizo difícil la vida de los armenios. Agregado a esto, los armenios son cristianos, mientras que los otomanos y persas eran musulmanes.
En 1678, los dirigentes armenios llevaron a cabo en secreto el Congreso de Echmiadzin, donde decidieron que Armenia debía ser liberada de la dominación extranjera. En esta etapa, los armenios eran incapaces de luchar contra dos imperios a la vez, por lo que buscaron la ayuda en el extranjero. Israel Ori un armenio nativo de Karabaj, hijo de un melik o príncipe armenio, buscó ayuda en muchas capitales europeas. Murió en 1711 sin ver realizado el «sueño armenio».
En 1722, el zar de Rusia Pedro el Grande declaró la guerra contra los persas safávidas. Los georgianos y armenios de Karabaj ayudaron a los rusos rebelándose contra la dominación safávida. David Bek comandó la rebelión durante seis años, hasta que murió en el campo de batalla.
La anexión de Rusia thumb|Iván Paskévich, gobernador ruso de Armenia. Un punto de inflexión se produjo en 1801, cuando los rusos anexionaron el georgiano Reino de Kartli-Kajetia, lo que les dio una base firme en Transcaucasia. En las siguientes tres décadas, Rusia intentó expandir sus territorios hacia el sur, a expensas de otomanos y persas. Las campañas rusas tuvieron un entusiasta apoyo entre los armenios, liderados por el obispo de Tiflis, que tomó parte personalmente en la lucha. La Guerra ruso-persa (1804-1813) les mostró a los rusos que la conquista de los territorios en la Armenia Oriental solo les había servido para renunciar a ellos en el Tratado de Gulistán.
En el periodo 1827-1828, el zar Nicolás I declaró la guerra a los Qajaridas persas y solicitó la ayuda de los armenios, con la promesa de que, tras la guerra, su vida mejoraría. En 1828, con el Tratado de Turkmenchay, Rusia se anexionó Ereván y Najicheván. Se alentó a los armenios que aún vivían bajo el Imperio persa a emigrar a Rusia y 30 000 armenios partieron hacia Rusia.
En 1828, los rusos declararon la guerra contra el Imperio otomano. Rápidamente fueron conquistadas Kars, Ajalkalaki, Ajaltsije, Erzurum, y llegaron hasta Trebisonda. Sin embargo, en el tratado de paz de 1829, los rusos devolvieron el recién capturado territorio armenio al Imperio otomano, manteniendo solo Ajalkalaki y Ajaltsije. Hubo otra ola de inmigración en los que 25 000 armenios otomanos se trasladaron a la Armenia rusa. Decenas de miles de musulmanes también emigraron a Persia o al Imperio otomano, garantizando a los cristianos una vez más la mayoría en el este de Armenia.
Establecimiento del dominio del Imperio ruso thumb|Mapa del Cáucaso, Georgia, Armenia, y Azerbaiyán en 1882. Algunos patriotas armenios, como el obispo Nerses, tenían la esperanza de establecer una Armenia autónoma dentro del Imperio ruso, pero el nuevo régimen les decepcionó gravemente. El zar Nicolás I de Rusia y su gobernador en Transcaucasia, Iván Paskévich, tenían otros planes: hacer del Imperio ruso un estado centralizado y burocrático. Cuando el obispo Nerses se quejó, fue rápidamente enviado a Besarabia, lejos de la región del Cáucaso.
En 1836 fue promulgado por el gobierno ruso un reglamento, la Polozhenie (Estatuto), que redujo drásticamente los poderes políticos de los dirigentes religiosos de Armenia, incluido el de los catholicos, al tiempo que se preservó la autonomía de la Iglesia armenia. Después de 1836, en conformidad con las nuevas regulaciones, los catholicos de Echmiadzin fueron elegidos mediante un congreso, en el que participaron dignatarios religiosos y no religiosos. El zar tuvo la última palabra en la elección de los catholicos. No se permitía a los catholicos abrir escuelas, pero sí fundaron numerosas imprentas y alentaron la publicación de diarios armenios.
Los armenios en el Imperio ruso thumb|Mijáil Vorontsov, virrey del Cáucaso (1845-1854). Un significativo número de armenios vivían ya en el Imperio ruso antes de la década de 1820. Después de la destrucción de los últimos remanentes de los estados independientes de Armenia en la Edad Media, la nobleza se desintegró, dejando a la sociedad compuesta principalmente por campesinos, además de una clase media que no eran más que artesanos y comerciantes. Estos exiliados se establecieron en la mayoría de los pueblos de Transcaucasia, de hecho, a principios del formaban la mayoría de la población de ciudades como Tiflis.
Los comerciantes armenios realizaron su comercio a lo largo del mundo y muchos habían establecido su residencia dentro de Rusia. En 1778 Catalina la Grande invitó a los comerciantes armenios de Crimea a Rusia, y ellos establecieron asentamientos en Nakhicheván del Norte, cerca de Rostov del Don. Las clases dominantes rusas dieron la bienvenida a las habilidades empresariales de los armenios, como revulsivo económico, pero también mantuvieron una actitud de sospecha sobre ellos. La imagen del armenio como «astuto comerciante» se extendió ampliamente. Los nobles rusos obtenían sus ingresos de sus propiedades, trabajadas por siervos y, con su aristocrática aversión a participar en negocios, tenían poca compresión o simpatía por el modo de vida mercantil de los armenios.
No obstante, la clase media armenia prosperó bajo el mandato ruso y fueron los primeros en aprovechar las nuevas oportunidades para transformarse en una próspera burguesía, cuando el capitalismo y la industrialización llegaron a Transcaucasia, en la segunda mitad del . Los armenios eran mucho más expertos en la adaptación a las nuevas circunstancias económicas que sus vecinos de Transcaucasia, los georgianos y los azeríes, por lo que pronto se convirtieron en el elemento más poderoso en la vida municipal de Tiflis, la ciudad considerada por los georgianos como su capital.
A finales del , comenzaron a comprar las tierras a la nobleza de Georgia, que inició el declive después de la emancipación de los siervos. Los empresarios armenios se apresuraron a explotar el auge petrolero que se inició en la Transcaucasia, en la década de 1870, haciendo grandes inversiones en los campos de petróleo de Bakú (Azerbaiyán) y en las refinerías de Batumi, sobre la costa del Mar Negro.
Todo esto derivó en mayores tensiones entre los armenios, georgianos y azeríes de la Rusia transcaucásica, conflictos no simplemente de naturaleza étnica o religiosa, sino ocasionados también a factores sociales y económicos. No obstante, a pesar de la imagen popular del típico armenio como un exitoso hombre de negocios, a finales del el 80 % de los armenios de Rusia seguían siendo campesinos que trabajan la tierra.
Imperio ruso hasta 1877 thumb|290px|Mapa del óblast de Armenia. Las relaciones entre las autoridades rusas y sus nuevos ciudadanos armenios no comenzó sin problemas. Dado que Armenia era la primera línea rusa contra los rivales otomanos y persas, en un principio se consideró como una zona militar. Hasta 1840, la Armenia rusa era una unidad administrativa separada, el óblast de Armenia, pero luego se fusionaron en otras provincias transcaucásicas sin tener en cuenta su identidad nacional. Las cosas mejoraron cuando Nerses Ashtaraketsi fue llamado de Besarabia y constituyó la Iglesia católica armenia en 1843. Además, Mijáil Vorontsov, que gobernó la Armenia rusa en calidad de virrey del Cáucaso entre 1845 y 1854, fue muy condescendiente con los armenios y sus costumbres.
Como consecuencia, a mediados del la mayoría de los intelectuales de Armenia era rusófila. La cultura armenia floreció en estos años, como una nueva provincia unificada bajo gobierno ruso, dando a los armenios un sentimiento de identidad compartida una vez más. Siendo parte del Imperio ruso, Armenia giró del Medio Oriente hacia Europa y se abrió a las modernas corrientes intelectuales, como la Ilustración y el Romanticismo. Fueron publicados una amplia gama de periódicos armenios y hubo un renacimiento literario encabezado por Mikael Nalbandian, que quiso modernizar el idioma armenio, y el poeta y novelista Raffi. La visión prorrusa de la intelectualidad armenia continuó bajo el zar Alejandro II, que fue muy elogiado por sus reformas.Ibid.
La guerra ruso-turca
thumb|150px|Escudo de la Gobernación de Ereván, durante el Imperio ruso. La Guerra Ruso-Turca marcó un hito en la relación entre las autoridades rusas y sus súbditos armenios. Los armenios que aún vivían en la parte occidental de Armenia bajo el Imperio otomano esperaban la liberación de la dominación turca por parte de Rusia. En 1877, estalló la guerra entre Rusia y los otomanos por el tratamiento que recibían los cristianos de los Balcanes. Los rusos se mostraron dispuestos a movilizar el patriotismo armenio cuando avanzaban en un segundo frente contra los turcos en el Cáucaso, y muchos de los comandantes empleados eran de ascendencia armenia. Los rusos hicieron grandes ganancias territoriales en la parte occidental de Armenia antes del armisticio de enero de 1878.
El Tratado de San Estéfano, firmado en marzo de 1878, no concedió a Rusia toda la Armenia occidental, sino que contenía una cláusula especial, el artículo 16, por el que Rusia garantizaba los derechos de los armenios todavía bajo dominio otomano contra la opresión. Sin embargo, los poderosos rivales de Rusia, Gran Bretaña y Austria, preocupados por los logros que Rusia había hecho a expensas de los otomanos, presionaron para revisar el tratado. En el Congreso de Berlín de 1878, Rusia se vio obligada a renunciar a todas sus conquistas en Armenia, entre otros territorios, salvo las regiones de Kars y Ardahan y el artículo 16 se vació de contenido.Suny. Mirando hacia el Ararat (Looking Toward Ararat), p. 43 En el artículo 61, se afirmaba que las reformas solo debían ser llevadas a cabo en las provincias armenias del Imperio otomano después que el ejército ruso se hubiese retirado.Ternon. Los Armenios (Les Arméniens), pp. 61-74Suny. 'Mirando hacia el Ararat (Looking Toward Ararat), pp. 42-43
El reinado de Alejandro III thumb|El zar Alejandro III de Rusia. Tras el asesinato del zar reformista Alejandro II en 1881, la actitud de las autoridades rusas hacia las minorías nacionales del imperio cambió drásticamente. El nuevo zar, Alejandro III, con una perspectiva más conservadora, pretendía crear un estado autocrático altamente centralizado. El menor deseo de incrementar la libertad y autonomía de sus súbditos era tomado como una evidencia de rebelión.
Rusificación
En los últimos decenios del , también se registró un aumento en el chovinismo ruso respecto a los no-rusos, descrito en términos cada vez más racistas. Los armenios fueron objeto particular de abusos, de manera que a menudo se asemejó al antisemitismo. El primer signo del nuevo régimen, fue el despido del primer ministro de Alejandro II, el conde armenio Mijaíl Lorís-Mélikov, considerado demasiado liberal y etiquetado como un «asiático frenético» y «no verdadero patriota de Rusia». Las autoridades rusas también comenzaron a sospechar de dominio económico armenio en Transcaucasia.Ternon. Los Armenios (Les Arméniens), p. 93 Paradójicamente, tales sospechas sobre los armenios, que se encontraban entre los más rusófilos de los súbditos del zar, como personas indignas de confianza, propensas a la conspiración revolucionaria, llevaron a los rusos a introducir políticas que produjeron el efecto cuyo objeto querían evitar, volviéndose los armenios más y más hacia los nuevos movimientos nacionalistas.