La iglesia y el convento San Ignacio de Loyola de La Compañía de Jesús de Quito, también conocidos en el acervo popular ecuatoriano simplemente como La Compañía, es un complejo clerical católico ubicado en la esquina formada por las calles García Moreno y Sucre, en el Centro Histórico de la ciudad de Quito, capital de Ecuador. La portada de su templo mayor, labrada totalmente en piedra volcánica, está considerada como una de las más importantes expresiones de la arquitectura barroca en el continente americano y del mundo.
La iglesia, y su rica ornamentación interna, totalmente cubierta con láminas de oro, es una de las mayores atracciones turísticas de la ciudad y un patrimonio invaluable, tanto artístico como económico, para el país.
El complejo incluye la Residencia San Ignacio, "Casa Madre" de los Jesuitas en Ecuador. Durante el período colonial esta "manzana jesuítica" albergó al Seminario San Luis, al Colegio Máximo, a la Universidad de San Gregorio Magno y la Procura de las Misiones de Mainas. Desde 1862 funcionó en la manzana el Colegio San Gabriel y (desde 1959 hasta 2001) el Colegio San Luis Gonzaga.
A lo largo del tiempo, esta iglesia ha sido llamada además: Templo de Salomón de América del Sur. El padre Bernardo Recio, jesuita viajero, la llamó Ascua de oro. Mientras que Ernesto La Orden, Embajador de España en Ecuador, la describiría como «el mejor templo jesuítico del mundo».Fue visitada por el Papa Juan Pablo II, quien presidió una misa en el templo el 30 de enero de 1985, dentro del marco de su visita de tres días a Ecuador. Fue además visitada por el Papa Francisco el 7 de julio de 2015, que ahí rezó ante la imagen de la Dolorosa.El Universo, Quito: 2015/07/07
Historia miniaturadeimagen|Iglesia de la Compañía de Jesús. Anónimo, acuarela sobre papel (ca. 1855). Madrid, Biblioteca Nacional de España. Tomado del Álbum de costumbres ecuatorianas: paisajes, tipos y costumbres, n.º 132. Se puede apreciar el recubrimiento original de la fachada, que imitaba el mármol. La historia de la construcción de este templo y su convento uno de los íconos arquitectónicos más importantes del Nuevo Mundo, se remonta a los primeros años de la colonia y la llegada de la orden jesuita a las tierras de la entonces Audiencia de Quito.
Antecedentes La orden jesuita llegó a la ciudad de Quito el 19 de julio de 1586, con el propósito de establecer una iglesia, un colegio y un monasterio en esta ciudad. En el primer grupo de sacerdotes jesuitas se encontraba Juan de Hinojosa, Diego González Holguín, Baltasar Piñas y Juan de Santiago.Vargas (2005), p.131
La mayoría de solares para la construcción de iglesias ya habían sido otorgados por el cabildo a los franciscanos, los mercedarios, los agustinos y los dominicos. Sin embargo, en 1587 el cabildo les cedió a los jesuitas un terreno en la esquina noroccidental de la Plaza Grande, pero los agustinos demostraron su disconformidad con la decisión; por esta razón el cabildo optó por establecerles en otro lote ubicado en dirección sur de la Catedral. Poco a poco, y con el pasar de los primeros años, la orden fue adquiriendo mediante compra varios solares vecinos hasta completar toda una manzana de grandes proporciones, que se extendía desde el costado sur del actual Palacio de Carondelet hasta la hoy llamada calle Sucre, y desde la calle de las Siete Cruces (hoy García Moreno) por el oriente hasta la actual calle Benalcázar por el occidente.Kennedy y Ortiz (2002), p.89
thumb|Nave central del templo
El problema con los terrenos adquiridos, es que estaban cruzados por la quebrada de Zanguña, que bajaba desde el Pichincha y cruzaba detrás de la Catedral, por lo que el hermano Marcos Guerra construyó varios arcos de ladrillo sobre esta, de tal manera que el suelo quedase al mismo nivel y después podrían levantarse sin mayores problemas los edificios del Colegio, la Universidad, la residencia de los Padres, la Casa de los Estudiantes, el Hospital de Ancianos y el Centro Procura de las Misiones del Mainas en el Amazonas. En 1622 inauguran la Universidad de San Gregorio, en el edificio adjunto a la iglesia y que hoy constituye el Centro Cultural Metropolitano, con autorización del papa Gregorio XV, del rey Felipe III y de las autoridades de la Audiencia. La universidad estaba dotada de modernos laboratorios, una biblioteca de 20.000 volúmenes que incluso admiró a los miembros de la Misión geodésica francesa de 1736, y un profesorado de primer nivel que incluía mentes brillantes como las de Juan Bautista Aguirre, Bernardo Recio, Caledonio de Arteta, Juan de Velasco y Francisco Sanna, entre otros. En 1630, el nuevo Obispo de Quito fray Diego de Oviedo, le escribe al rey Felipe IV: «En esta provincia ha habido Universidad y Estudios Generales de la Compañía de Jesús, con sujetos muy eminentes que han regentado sus cátedras. Hay muchos ingenios notables, y los profesores y maestros que tiene en ella la Compañía, lo son tanto que podrían ser catedráticos de Alcalá...».
Es por tanto, en medio de este escenario de saber y artes, que la iglesia de La Compañía de Jesús de Quito iba tomando forma desde sus más tempranos esbozos, hasta convertirse en una de las obras cumbres del barroco mundial.
Construcción miniaturadeimagen|Inscripción de la fachada. En el año 1597 el hermano español Francisco Ayerdi se hace cargo de los trabajos de construcción del templo de la orden jesuita en Quito, contando para ello con la ayuda de José Iglesias y José Gutiérrez. Lamentablemente, y pese a la buena voluntad, Ayerdi no reunía los conocimientos necesarios para tan titánica empresa, por lo que se tomó la decisión de reemplazarlo en 1605.
Entre 1605 y 1614 el sacerdote italiano Nicolás Durán Mastrilli recibe los planos de la iglesia, llegados desde Roma y aprobados por la Compañía; y comienza a ejecutarlos con la ayuda del arquitecto vasco Martín de Azpitarte, bajo la dirección de obra del también jesuita Gil de Madrigal (español). Para 1614, ya parte de la obra estaba abierta al culto.
El hermano Marcos Guerra llega desde Italia en 1636 para hacerse cargo de la construcción, a la que le imprime los gustos y formas del Renacimiento, estilo en el que tenía vasta experiencia antes de convertirse en clérigo. Es él quien introduce las cúpulas y bóvedas de cañón, además de las capillas laterales ornamentadas con cupulines. A Guerra también se le atribuyen los mejores retablos, la decoración completamente de oro y el púlpito.
Otros jesuitas que colaborarían en la obra a lo largo de los años serían el padre Sánchez, los hermanos Simón Schonherr y Bartolomé Ferrer. El hermano Jorge Vinterer fue el creador del retablo mayor. En 1722 el padre Leonardo Deubler inició la construcción del impresionante pórtico de piedra volcánica gris, que no pudo terminar porque la obra fue suspendida en 1725; finalmente, en 1760 el hermano Venancio Gandolfi reinició los trabajos en la fachada inconclusa, que fue terminada el 24 de julio de 1765. Hay que recalcar que todas las obras concebidas por estos artistas europeos fueron puestas en práctica por artistas indígenas y mestizos de Quito, que le imprimían su sello personal a través de representaciones de flora nativa y símbolos de los pueblos ancestrales de la Audiencia.
Cuenta la leyenda que el rey Felipe V, que gobernaba España en esos años, preocupado por el inmenso costo de la obra se asomaba a lo alto de las torres de su palacio en El Escorial y miraba por el horizonte hacia el oeste, diciendo: “Cuesta tanto la construcción de ese templo, que debe ser una obra monumental; entonces, deben verse desde aquí sus torres y cúpulas”. No sabía el soberano que el valor de ella no era por su tamaño, sino por la belleza de su arquitectura, su construcción y de sus ricas piedras talladas maravillosamente.
Daños y reparaciones a lo largo de la historia
La iglesia de la Compañía ha sufrido varios reveses desde que su construcción fue finalizada. Las principales causas de daños a la estructura han sido los continuos terremotos que han azotado la ciudad. Por ejemplo, un terremoto en 1859 produjo graves agrietamientos en la estructura de la torre del campanario. A pesar de que la torre fue reforzada con barras metálicas, otro terremoto en 1868 produjo tal daño en la estructura que hubo que derribar su mitad superior ya que había riesgo de que esta se derrumbara sobre los terrenos vecinos.
Un terremoto en el año de 1987 produjo graves daños en la estructura de la bóveda de la iglesia, creando varias grietas por las que el agua de lluvia empezó a filtrarse al interior del templo. La humedad producida por las filtraciones a su vez empezó a deteriorar los acabados interiores de madera. Por este motivo, el Fondo de Salvamento de la ciudad (FONSAL) inició un programa de restauración. El proyecto de restauración consistió en construir un gran andamio en el interior de la iglesia, desde el cual se pudo apuntalar el techo de la bóveda mientras las grietas se reparaban. Adicionalmente, se taladraron agujeros a lo largo del techo, dentro de los cuales se colocaron varillas metálicas con el objetivo de mejorar las propiedades antisísimicas de la estructura.
Otro siniestro se produjo el 31 de enero de 1996, cuando se inició un incendio en el interior de la iglesia que dañó seriamente uno de los retablos de la estructura y llenó el interior de hollín. Para reparar los daños un nuevo programa de restauración tuvo que ponerse en marcha, partes del retablo tuvieron que ser reconstruidas y nuevas láminas de oro tuvieron que colocarse en el interior. La UNESCO aportó 50 mil dólares americanos para la adquisición de las láminas de pan de oro necesarias para reparar la iglesia.
Arquitectura thumb|Vista en escorzo de la fachada
El templo, por haber sido construido durante 160 años y con diferentes arquitectos, maneja cuatro estilos en su arquitectura, aunque predomina el arte barroco. Este es de fácil apreciación debido a la simetría que hay al interior de la iglesia, puesto que en cada lado de ella constan la misma cantidad de elementos; otra de las particularidades de este estilo es el movimiento, producto de la forma como están diseñadas las columnas principales del templo y el retablo mayor, lo cual produce la impresión de que se mueve mientras se camina dentro de la iglesia. La luminosidad es otra de las particularidades del barroco; las ventanas superiores de la nave principal están colocadas con tal precisión que iluminan toda la iglesia con la luz del sol. Otro de los estilos que tiene la iglesia es el mudéjar o morisco, que se caracteriza por las figuras geométricas que se observan en los pilares. Este es un estilo completamente árabe que trajeron los españoles debido a la influencia que tuvieron al ser dominados 800 años por los moros y árabes.
El tercer estilo que podemos encontrar en La Compañía de Quito es el churrigueresco, de marcada decoración recargada, y que está presente sobre todo en las mamparas de la iglesia. Finalmente encontramos el estilo neoclásico, que adorna la capilla de Santa Mariana de Jesús, y que en los primeros años fue una bodega.
Planta thumb|Cúpulas de La Compañía vistas desde San Francisco. La planta del templo de La Compañía de Quito, comúnmente comparada con la de la Iglesia del Gesú, en Roma, es la de cruz latina inscrita en un rectángulo, típica de la segunda etapa del Renacimiento. Posee crucero y tres naves sin tribunas a lo largo de las capillas: la central, que es alta y cubierta con bóveda de cañón, y las laterales, que son bajas y cubiertas con cupulines. Son estos detalles los que justamente la diferencian de su similar romana, ya que la del Gesú posee una sola nave y tribunas a lo largo de las capillas; de hecho, en lo único que se parecen es en la cúpula sobre el crucero de las bóvedas que cubren la nave de la cruz latina
Naves y cruceros