El marquesado de Santiago de Oropesa es un título nobiliario español de carácter hereditario que fue concedido en el virreinato del Perú por el rey Felipe III de España el 1 de marzo de 1614 para Ana María Lorenza de Loyola, noble inca, Coya, nieta de Sayri Túpac Inca, inca de Vilcabamba y por ello descendiente de la dinastía real incaica por línea femenina. Su descendencia emparentó con las principales familias nobles de España. Implicaba el mayorazgo del Valle de Yucay, mayorazgo de Oropesa o señorío de Yucay. Inicialmente el título se concedía al linaje del matrimonio que se extinguió en 1741, cuando el título regresó a la corona española, sin embargo eso cambió a partir de 1982 cuando se le otorgó a los descendientes de los familiares colaterales de la última titular.

Fue junto con el ducado de Veragua, el ducado de Atrisco, el marquesado del Valle de Oaxaca todos en Nueva España y el marquesado del Valle de Tojo en la región de Jujuy, antiguo virreinato del Río de la Plata, los únicos señoríos plenos en América.

Historia

Antecedentes El antecedente histórico de este título nobiliario es el repartimiento de tierras en el Cuzco que recibió Sayri Túpac, inca de Vilcabamba, como hijo de Manco Inca Yupanqui y nieto de Huayna Cápac por parte del virrey Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, cuando Sayri Túpac salió de su refugio a finales de 1557 y en 1560 el soberano Sayri Túpac Inca renunciaría, en el Tratado de Acobamba ante el Virrey del Perú, a sus derechos al “Imperio del Perú” (una manera occidental de referirse a los 4 Suyos), en favor del rey Felipe II de España y de sus sucesores a cambio de una Encomienda y otros privilegios señoriales (Mayorazgo). Dentro de estas propiedades otorgadas, se encontró el Valle de Yucay, así como tierras cerca de Oropesa, al sureste de la ciudad del Cuzco, además de otras posesiones.

Radicado en el Cuzco, Sayri Túpac casó con su hermana la coya María Cusi Huarcay, de la que tuvo como única hija a Beatriz Clara Coya (que también sería nieta de Manco Inca), que heredó sus bienes al morir en 1560. Tras varias negociaciones, Beatriz fue casada hacia 1590 con Martín García Oñez de Loyola, capitán general de Chile, señor de la casa de Loyola y sobrino nieto de san Ignacio de Loyola (fundador de la Orden jesuita durante la Contrarreforma católica). Fueron padres de Ana María Lorenza de Loyola Coya, que siendo niña quedó huérfana, y fue enviada a España para ser criada por su familia paterna.

Origen Hacia el año 1611, Ana María contrajo matrimonio con Juan Enríquez de Borja, hijo de Álvaro de Borja y Aragón (de la Casa de Gandía), y de Elvira Enríquez de Almansa, V marquesa de Alcañices. Con la participación de su influyente esposo, Ana María obtuvo, del rey Felipe III de España, el Marquesado de Santiago de Oropesa, por real cédula del 1 de marzo de 1614, además de la dignidad de Adelantada del Valle de Yucay (Señorío de Yucay). Esto fue hecho como retribución a los daños y perjuicios que sufrieron sus antepasados, los "emperadores y reyes incas", por culpa del mal accionar de algunos de los súbditos del Rey de España en la Conquista del Perú. A su vez, el rey de España la declaró «legítima heredera del Imperio de los Incas«. Pudo haber ayudado, a la magnanimidad de la donación de este título, la unión con los Borja, que eran grandes de España, parientes cercanos del duque de Lerma, valido del rey y en sí mismo la familia más poderosa en todo el Imperio español, quienes hicieron todo lo posible por persuadir al rey de España con una narración histórica de que la familia de los incas de Vilcabamba habían sufrido vejaciones por algunos malos súbditos (algunos conquistadores y funcionarios coloniales) y merecían justicia digna de su estirpe imperial. Tenía un rango especial de dominio señorial (siendo un Feudo autónomo de la monarquía), por el que las tierras de Maras, Yucay, Urubamba y Huayllabamba, así como las haciendas de Coya, Chinchero, Pucará, Quipa, Jaquijahuana, Canco, Gualla, etc, poseían autonomía y estaban fuera del dominio directo del rey de España (incluido sus virreyes) hasta que quedase extinto el linaje de la "infanta del Perú". Sus dominios quedarían entonces libres de impuestos, así como del control del gobierno del virreinato del Perú, haciendo que los funcionarios (encargados de su administración y justicia) en ese territorio sean designados por los mismos marqueses y no por otra autoridad.Los Borja, Francisco de Maldonado (1962)El Tratado de Alcañices, José Sánchez Herrero (1999).Mientras la familia "De Loyola-Borja Inca" radicaba en España, el marquesado en Perú fue administrado por la familia de los caciques-gobernadores, Chiguantopa Inga (de la panaca de Lloque Yupanqui).

Importancia histórica del título La importancia del título de marques de Oropesa es por su gran valor simbólico (sobre todo para el campesinado andino y los funcionarios españoles de la época colonial), ya que el titular de dicho marquesado sería considerado por las autoridades como el legítimo heredero del poder imperial incaico de los Reyes del Perú (y con ello, herederos de un hipotético Tahuantinsuyo restaurado a Sapa Incas independientes), puesto que el propietario de este título lo poseía explícitamente por haber cedido al Rey de España (bajo el principio del “Translatio Imperii”) la soberanía sobre el resto del Perú, mientras que conservaba esa soberanía en las tierras correspondientes del marquesado, siendo a su vez un feudo autónomo dentro de la Monarquía Hispánica (volviéndose en la teoría un caso único en toda América, y excepcional en el imperio al estar creciendo el poder del rey contra los señores feudales de la Monarquía tradicional). Lo que implicaba que legalmente el Tahuantinsuyo aún existía en ese pequeño feudo que mantuvo las instituciones incas intactas y solo estaba bajo un Protectorado español. Por esta razón, los mantenían a sus propietarios en Europa (para que en la práctica sea un feudo sometido al Estado español), siendo entonces un título nobiliario de Castilla con Mayorazgo de Oropesa, expedida por el rey Felipe III de la Casa de Austria en favor de Doña Ana María de Loyola Coya Inca (nieta de Túpac Amaru I). Fue el único título nobiliario concedido por la Corona de Castilla directamente a los descendientes de Huayna Capác (pues estos títulos de Castilla solían ser para la nobleza criolla), en este caso a la Panaca de la Casa Real de Manco Inca (casa real de Vilcabamba), como retribución y reconocimiento de su "linaje imperial", al servir como compensación por su renuncia pacífica de está familia a la soberanía del Estado neoinca de Vilcabamba (que reclamaba en el papel el control de todo el Perú). Esto fue acordado en el Tratado de Acobamba, cuando el soberano Sayri Túpac Inca renunció ante el virrey del Perú, en favor del rey Felipe II, a sus derechos al “Imperio del Perú” (siendo los Reynos del Perú el entendimiento occidental del Imperio incaico) a cambio de privilegios señoriales. Por lo que el titular del marquesado era reconocido automáticamente como el más importante de entre toda la nobleza Inca bajo la concepción europea, es decir que poseían la "primogenitura imperial" (razón por la cual en la Corte del Rey los conocían como los "Infantes del Perú" ), mientras que para el resto de panacas incaicas eran un Primus inter pares entre ellos.

Estos nobles, al emparentarse con la aristocracia española, se convirtieron en los descendientes legítimos de los soberanos Huayna Cápac, Manco Inca, Sayri Túpac Inca, Alfonso XI de Castilla, Juan II de Aragón, Sancho VI de Navarra, Alfonso V de León y del Papa Alejandro VI (Casa de Borja), acumulando más poder, así como por emparentarse con la Casa de Loyola (y con San Ignacio de Loyola), ganándose el favor constante de los Jesuitas, como de la Monarquía Española al estar emparentados con la Casa de Trastámara.Nobleza, identidad y rebelión: los incas nobles del Cuzco frente a Túpac Amaru (1778-1782). David Cahill. Universidad de New South WalesRevista del Instituto Peruano de Investigaciones Genealógicas (1994). El titular del marquesado recibía el tratamiento protocolar de "Su Ilustrísima" o "Ilustrísimo Señor". Por lo que pertenecía a un rango medio-alto dentro del sistema nobiliario español. Además, el titular recibía una renta de 10.000 ducados de oro (aproximadamente 270.000 €), y como el título tenía vinculado el Mayorazgo de Oropesa, se le concedía la potestad señorial de dominio sobre las ricas tierras de Maras, Yucay, Urubamba y Huayllabamba; además, era la prueba decisiva para la sucesión en un supuesto trono inca. Para que alguien pudiese ostentar el título de Marqués de Santiago de Oropesa, debía probar ante la Corona su parentesco con el soberano Inca de Vilcabamba (Sayri Túpac) tanto directamente o de manera colateral, o en última instancia su parentesco con los “Loyola y Borja”.

Retención del título por la corona Para cuando quedó extinta la sucesión, se percibió como un gran alivio para los Borbones (más centralistas que los Habsburgos) contra lo que se percibía era un insulto a su entendimiento afrancesado y regalista de la soberanía del Rey para afianzar el Absolutismo español. Por una real cédula del 16 de octubre de 1744, se ordenó que el territorio del Marquesado en Perú fuese administrado por la Real Hacienda, sin perjuicio del que tuviese derecho de propiedad.Índice de Documentos referentes al Juicio sobre legítima descendencia del último Inca Tupac Amaru Frente a ello, a lo largo de la historia virreinal, numerosos personajes quisieron obtener este codiciado título por diversos motivos, sobre todo cuando la marquesa María de la Almudena Enríquez de Cabrera muriese el 31 de julio de 1741, quedando el título retenido por la Corona española. Así, pretendientes indianos como Juan Bustamante Carlos Inca, Antonio de Idiáquez, Domingo Uchu Ampuero Inca (padre de Dionisio Inca Yupanqui) y Diego Felipe Betancur Túpac Amaru, como pretendientes españoles (como Antonio Francisco de Idiáquez, Manuel de Osorio, Francisco de Osorio, Francisco de Pimentel Borja, Francisco de Borja y Joaquín de Enríquez) habían intentado apoderarse del título. Para iniciar este proceso de probanza (que podía durar muchos años y traía consigo muchos gastos) primero uno debía de ser reconocido como descendiente legítimos del soberano Sayri Tupac por vía patrilineal, siendo así un miembro certificado del Ayllu Real de los Incas por el Consejo de los 24 Electores Incas del Cuzco. Fue tal el interés por este título, que incluso tras la Independencia del Perú, en el año de 1860, apareció en escena Manuel Laza Ladrón de Guevara (un sargento del Ejército del Perú) solicitando al Congreso de la República del Perú que se le entregara el Mayorazgo de Oropesa.

Durante su existencia, miembros de la Nobleza incaica consideraban que el Mayorazgo de Oropesa era poca compensación para lo que fue la entrega del extenso Imperio Incaico; sin embargo, había consenso de que la legitimidad de la soberanía del Rey de España no podía ponerse en discusión por ser justa dentro de la concepción católica (Escolástica) del Derecho natural:

Relación con José Gabriel Túpac Amaru

Litigio con Betancur sobre la filiación con Túpac Amaru I