Fadrique de Castilla (Guadalajara, 1223-Castillo de Burgos, abril de 1277) fue un infante de Castilla e hijo del rey Fernando III de Castilla y de su primera esposa, la reina Beatriz de Suabia. Fue ejecutado en 1277 en el castillo de la ciudad de Burgos por orden de su hermano, el rey Alfonso X.

Orígenes familiares

Hijo de Fernando III, rey de Castilla, y de su primera esposa, la reina Beatriz de Suabia, era nieto por parte paterna del rey Alfonso IX de León y de su segunda esposa, la reina Berenguela, reina de Castilla, que renunció al trono que había recibido tras la muerte de su hermano, Enrique I de Castilla, siendo ambos hermanos hijos del rey Alfonso VIII de Castilla. Por parte materna era nieto de Felipe de Suabia, rey de Romanos y duque de Suabia, y de Irene Ángelo, hija de Isaac II Ángelo, emperador del Imperio romano de Oriente. Fueron sus hermanos, entre otros, Alfonso X, Enrique de Castilla el Senador, y Manuel de Castilla, padre de don Juan Manuel.

Biografía Primeras actuaciones y estancia en el Imperio (1225-1245)

El infante Fadrique nació en 1225, siendo el segundo hijo varón del rey Fernando III de Castilla. Desde el primer momento participó junto a su padre Fernando III y sus hermanos en la empresa de la Reconquista. En 1235 falleció su madre, la reina Beatriz de Suabia. En 1240 el infante Fadrique fue enviado por su padre a la corte de Federico II Hohenstaufen, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, con el propósito de que el infante recibiera la herencia de su madre, la reina Beatriz de Suabia, prima del emperador Federico II, que había fallecido cinco años atrás, consistente en diversas posesiones en el Imperio y en el ducado de Suabia. No obstante, los historiadores se han planteado las razones que llevaron a Fernando III a retrasar el viaje de su hijo al Imperio hasta el año 1240, a pesar de que ya tenía intención de hacerlo en el año 1239, según consta en dos cartas enviadas por Fernando III al Papa Gregorio IX, en las que el monarca transmitía al Pontífice su propósito de enviar al infante Fadrique al Imperio a fin de que recibiese la herencia materna, al tiempo que le suplicaba que protegiese los derechos de su hijo en caso de que el emperador se negase a entregarle los bienes reclamados. En dichas cartas, Fernando III ofreció su cooperación al Papa Gregorio IX, a fin de que este último resolviera sus diferencias con el emperador Federico II Hohenstaufen.

En 1240 el infante Fadrique de Castilla emprendió el viaje hacia el Imperio, acompañado entre otros por Guillermo, abad del monasterio de San Benito de Sahagún, quien era portador de una carta dirigida por la reina Berenguela de Castilla, abuela del infante Fadrique, al Papa Gregorio IX. El abad Guillermo, que se dirigió a la ciudad de Roma, fue nombrado cardenal después de una rápida promoción en la curia pontificia.

A principios de 1240 el infante Fadrique fue recibido por el emperador Federico II Hohenstaufen en la ciudad italiana de Foggia, donde se hallaba en esos momentos la Corte imperial, y en el mes de abril de 1240, el emperador agradeció a Fernando III el Santo en una carta que hubiese enviado a su hijo a su Corte, demostrando con ello que las relaciones entre ambos países no habían sufrido menoscabo alguno tras la defunción de la reina Beatriz de Suabia, a pesar de que el Papa había excomulgado al Emperador. Mas, a pesar de dicha excomunión, ni Fernando III ni Luis IX de Francia rompieron sus relaciones con el emperador alemán, y ambos monarcas intercedieron por el soberano excomulgado ante el Papa. thumb|250px|Miniatura medieval que representa a Federico II Hohenstaufen, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

En sus cartas al Papa, Fernando III manifestó que el propósito del viaje del infante Fadrique era la reclamación de los bienes que constituían su herencia materna, aunque no existe constancia de que tras su llegada al Imperio al infante le fuera entregada propiedad alguna, lo que ha llevado a los historiadores a plantearse el motivo de su estancia en la corte imperial, sin conseguir que sus reclamaciones fueran atendidas, durante cinco años, aunque se ha considerado que el infante pretendía ganarse el afecto del emperador, con la esperanza de que éste recompensase su fidelidad con la entrega de algún feudo, puesto que Federico II no manifestó la intención de entregarle los bienes de su madre. No obstante, también se considera que la reclamación de los bienes que pertenecieron a Beatriz de Suabia fue la excusa utilizada por el infante para permanecer en la Corte al lado de su tío. Durante su estancia en el Imperio, el infante Fadrique completó su educación en la Corte de su familia materna, y aparece confirmando como testigo en varios privilegios entre agosto de 1240 y junio de 1245, mientras acompañaba al emperador en su lucha contra las ciudades lombardas y contra el Papado.

En el mes de junio de 1245 el infante Fadrique estuvo presente en la reunión convocada en la ciudad de Verona por el emperador Federico II Hohenstaufen, con el propósito de contrarrestar las disposiciones del Primer Concilio de Lyon, convocado por el Papa Inocencio IV con el propósito de deponerlo. Poco después de la reunión de Verona, y mientras Federico II se dirigía a Turín después de haber estado en Cremona, el infante Fadrique de Castilla abandonó la Corte imperial y se dirigió a la ciudad de Milán, enemiga de su tío el emperador. Los historiadores discrepan sobre las razones que pudieron mover al infante Fadrique a abandonar la Corte de su tío y trasladarse a Milán, pues mientras que unos argumentan que la causa fue el temor de continuar militando en el bando del emperador, excomulgado y depuesto por el Papa Inocencio IV, otros sostienen que pudo haber sido el deseo del infante de regresar al reino de Castilla, a fin de tomar parte en la Reconquista, y otros argumentan que deseó luchar al lado del Papa contra su tío el emperador.

En el mes de julio de 1245, y poco después del abandono del infante Fadrique, el emperador Federico II Hohenstaufen manifestó su descontento a su padre, Fernando III de Castilla, calificando el comportamiento del infante de ingrato y traicionero, al tiempo que comunicaba al monarca castellano-leonés que, en caso de que dudase de la veracidad de los hechos que le transmitía, interrogase a los portadores de la carta, pues eran antiguos compañeros del infante.

Consta en los documentos que a finales de 1245 el infante Fadrique había regresado a la Corona de Castilla, aunque se desconocen sus actividades tras su salida de la Corte del emperador. Cuando se inició el asedio de Jaén, en 1245, el infante Fadrique fue convocado junto a sus dos hermanos, los infantes Alfonso y Enrique, por su padre Fernando III el Santo, a fin de que participasen. La ciudad de Jaén capituló al año siguiente.

En el repartimiento de Sevilla, y a diferencia de su hermano el infante Enrique de Castilla, el infante Fadrique recibió numerosas propiedades, lo que ha sido interpretado por algunos historiadores como una pretendida compensación por la renuncia a sus supuestos derechos sobre el ducado de Suabia. Entre los bienes que recibió se contaban, además de los palacios que ya ocupaba en la ciudad de Sevilla, en la zona llamada de la "Abadía", donde Fernando III había concedido extensas propiedades a las órdenes de Calatrava y de San Juan de Jerusalén, y que el infante remodeló, numerosas villas y alquerías repartidas por toda la actual provincia de Sevilla. De los palacios que poseyó en la ciudad se conservan en la actualidad, además de la Torre de don Fadrique, otros restos incorporados al clausurado convento de Santa Clara de Sevilla.

Algunos autores han señalado la posibilidad de que el infante Fadrique tomase parte en la revuelta que su hermano, el infante Enrique de Castilla y Lope Díaz III de Haro, señor de Vizcaya, entre otros, protagonizaron contra Alfonso X en 1255, y que concluyó con la derrota de las tropas del infante Enrique en una batalla librada en las cercanías del municipio sevillano de Lebrija, siendo vencidas por las tropas reales a las órdenes de Nuño González de Lara el Bueno, señor de la Casa de Lara, y de Rodrigo Alfonso de León, hijo ilegítimo del rey Alfonso IX de León.

En 1257 fue candidato a la mano de la princesa Cristina de Noruega, hija del rey Haakon IV de Noruega, junto con su hermano el infante Felipe de Castilla, que había abandonado la carrera eclesiástica, a pesar de la inicial oposición de Alfonso X el Sabio. Los embajadores noruegos relataron que la princesa Cristina rechazó al infante Fadrique a causa de una cicatriz que tenía en el labio, producida en un accidente venatorio, la cual le afeaba mucho el rostro. No obstante, Manuel González Jiménez señaló en su obra Alfonso X el Sabio que fue el propio Alfonso X, como confesó el propio rey en un documento de 1273, quien decidió que la princesa escandinava contrajese matrimonio con el infante Felipe de Castilla.

Estancias en Túnez e Italia y regreso al reino de Castilla

En algún momento comprendido entre mayo y julio de 1260, y debido a su descontento con su hermano Alfonso X el Sabio, el infante Fadrique de Castilla abandonó la corona de Castilla. Es probable que su salida fuera ocultada a Alfonso X, o que se realizara en contra de la voluntad de éste, puesto que a los pocos meses de la partida del infante Fadrique, su hermano el rey comenzó a disponer de sus bienes.

Después de abandonar la Corona de Castilla, el infante Fadrique se unió al infante Enrique, su hermano, quien en esos momentos servía como mercenario al rey de Túnez, y el infante Fadrique, junto con sus hombres, permaneció al servicio del mismo rey durante varios años. Posteriormente se dirigió a Italia y entró al servicio del rey Manfredo de Sicilia, hijo ilegítimo del emperador Federico II Hohenstaufen, y luchó a su lado en la batalla de Benevento, en la que las tropas del rey Manfredo fueron derrotadas por las de Carlos I de Anjou. Existe controversia entre los historiadores sobre los motivos que llevaron al infante Fadrique de Castilla a militar en el bando del rey Manfredo de Sicilia, pues mientras que algunos señalan que lo hizo por ser partidario de la dinastía Staufen, otros argumentan que su actuación se limitó a la de un jefe de mercenarios con ánimo de lucro.

thumb|250px|Miniatura medieval que representa al rey Conradino de Hohenstaufen, hijo del rey Conrado IV y nieto del emperador Federico II Hohenstaufen.

Después de la derrota de Manfredo de Sicilia en la batalla de Benevento, el infante Fadrique regresó a Túnez y continuó sirviendo a su rey. A principios de 1267, un emisario que actuaba en nombre de Conradino de Hohenstaufen, hijo del rey Conrado IV y nieto del emperador Federico II Hohenstaufen, se trasladó a Túnez con el propósito de solicitar el apoyo del rey de Túnez para Conradino de Hohenstaufen, que deseaba conquistar el reino de Sicilia y, debido a dicha solicitud, el infante Fadrique, junto con un grupo de hombres a sus órdenes, se dirigió a Italia y pasó a servir a Conradino de Hohenstaufen, pariente lejano suyo, pues era nieto de su tío, el emperador Federico II Hohenstaufen. No obstante, algunos historiadores consideran que el verdadero promotor del viaje del infante Fadrique a Italia no fue Conradino de Hohenstaufen, sino el hermano del infante, Enrique de Castilla el Senador, que había sido nombrado recientemente senador de Roma, y que según esta versión habría enviado emisarios a la Corte tunecina a fin de que su hermano se uniese a él y ayudase junto con sus tropas a Conradino de Hohenstaufen a conquistar Sicilia.