thumb|Saturno devorando a un hijo. thumb|Finca y casa de la Quinta de Goya en 1828. La gran maqueta o "Modelo de Madrid" de León Gil de Palacio, que conserva el Museo de Historia de Madrid, incluye la casa donde residió Francisco de Goya.Revista Descubrir el Arte, nº 201, noviembre de 2015, páginas 18-24. ISSN 1578-9047. thumb|Duelo a garrotazos.

Pinturas negras (1820-1823) es el nombre que recibe una serie de catorce obras murales de Francisco de Goya, pintadas con la técnica de óleo al secco (sobre paredes recubiertas de yeso), con una técnica mixta denominada "temple graso" que incorpora óleo y aglutinante proteico, constituido por yema de huevo. Las creó como decoración de los muros de su casa, llamada la Quinta del Sordo,Iberic@l, Revue d’études ibériques et ibéro-américaines, nº 10, otoño 2016, pp. 219-232. "La casa de Goya en la Quinta del Sordo, en 1828". CRIMIC, Université Paris-Sorbonne. que había adquirido en febrero de 1819. Estos murales fueron trasladados a lienzo a partir de 1874, y actualmente se conservan en el Museo del Prado de Madrid.

La serie, a cuyos óleos Goya no puso título, se ha dicho que fue inventariada en 1828 con los bienes de la quinta a la muerte de Goya por su amigo Antonio de BrugadaHan sido variadas las propuestas de título para estas pinturas. La más temprana se debe al inventario de bienes del pintor que Antonio Brugada realizó tras la muerte de Goya. y se compone de los siguientes lienzos: Átropos o Las Parcas, Dos viejos o Un viejo y un fraile, Dos viejos comiendo sopa, Duelo a garrotazos o La riña, El aquelarre, Hombres leyendo, Judith y Holofernes, La romería de San Isidro, Dos mujeres y un hombre, Peregrinación a la fuente de San Isidro o Procesión del Santo Oficio, Perro semihundido o más simplemente El perro, Saturno devorando a un hijo, Una manola: doña Leocadia Zorrilla y Visión fantástica o Asmodea.

La casa de Goya, junto con las pinturas murales, pasó a ser propiedad de su nieto Mariano Goya en 1823, año en que Goya se la cede, al parecer para preservar la propiedad de posibles represalias tras la restauración de la monarquía absoluta y la represión de liberales fernandina. Durante 50 años la existencia de las Pinturas negras fue escasamente conocida (solo algunos críticos, como Charles Yriarte, las describieron).Charles Yriarte, Goya, sa vie, son oeuvre (1867). A partir de 1874, y en un lento proceso que duró varios años, fueron trasladadas de revoco a lienzo por Salvador Martínez Cubells a instancias del barón Émile d’Erlanger,Cfr. Valeriano Bozal (2005), vol. 2, pág. 247: un banquero y coleccionista de arte francés de origen alemán que se había hecho con la propiedad de la finca con intención de preservar las pinturas, amenazadas de desaparición junto con la casa.Al morir Javier Goya en 1854, a quien su hijo Mariano había traspasado la propiedad, los acreedores hipotecarios y crediticios exigieron la venta de la finca en pública subasta, pero no hubo comprador ni en ese año ni en los siguientes. En 1859 la adquirió Segundo Colmenares que tenía un proyecto de urbanización de la zona, pero por dificultades económicas se la traspasó con los terrenos colindantes a Luis Rodolfo Coumont, residente en Bruselas. Fue entonces cuando Yriarte visitó la Quinta. En 1873, conocedor de la existencia de las pinturas, Erlanger se hizo con la propiedad de la casa, cercana ya a la ruina, encargó a Laurent un reportaje fotográfico y encomendó a Martínez Cubells el trasladarlas a lienzo: Hervás (2019), pp. 33-42. Erlanger presentó las pinturas en la Exposición Universal de París de 1878, se ha dicho que con intención de venderlas, sin lograrlo, aunque otros testimonios indican que su propósito fue desde el primer momento el de hacer donación de ellas al Museo del Prado, como en efecto hizo en 1881.Hervás (2019), pp. 43-45. En realidad, poco estimadas por el gusto académico dominante en aquellos años, su paso por la exposición parisina apenas suscitó algún comentario y tampoco lo hubo tras su ingreso en el museo, donde una parte de ellas no se expusieron hasta 1898, cuando el hijo del barón presentó una reclamación.Hervás (2019), p. 45.

Las Pinturas negras en su contexto original thumb|left|180px|Cabezas en un paisaje es, con probabilidad, la «decimoquinta» pintura negra, perdida posteriormente, que se conserva en la colección Stanley Moss de Nueva York. Goya adquiere esta finca a orillas del río Manzanares, cerca del puente de Segovia y con vistas hacia la pradera de San Isidro, en febrero de 1819. Allí estaba atendido por su ama de llaves Leocadia Weiss, casada con Isidoro Weiss. Era la mujer con la que se ha especulado (sin fundamento) que tuviera una relación y una hija, Rosario, de los dos niños que tenía a su cargo. Como en noviembre de ese año Goya sufre una grave enfermedad —de la que Goya atendido por el doctor Arrieta (1820) es estremecedor testimonio—, el artista pudo haber comenzado la decoración de los muros de su casa entre febrero y noviembre de 1819. Lo cierto es que las Pinturas negras fueron pintadas sobre imágenes campestres de pequeñas figuras, cuyos paisajes aprovechó en alguna ocasión, como en el Duelo a garrotazos. Si estas pinturas de tono alegre fueron también obra del aragonés, podría pensarse que la crisis de la enfermedad unida quizá a los turbulentos sucesos del Trienio Liberal, llevara a Goya a repintar estas imágenes.Valeriano Bozal (2005), vol. 2, págs. 248-249. Bozal se inclina a pensar que efectivamente los cuadros preexistentes eran de Goya, debido a que solo así se entiende que reutilizara alguno de sus materiales; sin embargo, Glendinning y posteriormente el investigador Carlos Foradada acreditan que las pinturas «ya adornaban las paredes de la Quinta del Sordo cuando la compró».Glendinning (1993), pág. 116. En todo caso, la realización de las pinturas de la quinta podría datar de 1820. La fecha de finalización de la obra no puede ir más allá de 1823, año en que Goya marcha a Burdeos y cede la finca a su nieto Mariano,Arnaiz (1996), pág. 19. probablemente temiendo represalias contra su persona tras la caída de Riego. Sin embargo, recientes investigaciones acreditan que Goya concluyó la serie durante los primeros meses de 1824, antes de su partida a Burdeos en junio de 1824. En 1830 Mariano de Goya transfiere la finca a su padre, Javier de Goya.

Una reciente teoría ha querido atribuir la autoría de las Pinturas negras a Javier de Goya (hijo del pintor); sin embargo, Bozal, Glendinning y Foradada,Nigel Glendinning, "Las pinturas Negras de Goya y la Quinta del Sordo. Precisiones sobre las teorías de Juan José Junquera", Archivo Español de Arte, julio-septiembre de 2004, tomo LXXVII, núm. 307, pp. 233 a 245. tres de los máximos conocedores de la obra pictórica de Goya, rechazan esta hipótesis. Es difícil imaginar que este hecho extraordinario no fuera conocido por sus contemporáneos. La técnica pictórica, la calidad de la pincelada, los tipos humanos grotescos, los temas obsesivos, que ya están presentes en la obra goyesca anterior y posterior, hacen infundada la atribución a Javier de Goya.

El llamado inventario de Antonio de Brugada menciona siete obras en la planta baja y ocho en la alta.El que se conoce como Inventario Brugada es, en realidad, un documento sin firma ni fecha y actualmente perdido. Fue publicado por Xavier Desparmet Fitz-Geraldd que pudo consultar una copia incompleta en poder de la viuda de Brugada hacia 1875, razón por la que atribuyó la autoría a Brugada y supuso que lo habría realizado en Madrid en 1828, a la muerte de Goya y en relación con su herencia. Pero, exiliado en Francia y perseguido en España por sus ideas liberales, no hay ninguna prueba de que viajase a Madrid en esa fecha, por lo que Jeaninne Baticle, aceptando como imposible que hiciese el inventario a la muerte de Goya y desde la distancia, supuso que lo haría en 1823, antes de marchar a Francia, aunque nada indica que Brugada tuviese trato con Goya antes de encontrarse con él en Burdeos. Contra ese adelanto de la fecha de realización del inventario también se posiciona Junquera con fuentes documentales y argumentos filológicos, como la mención que se hace en él de un vargueño o bargueño y un sillonceto Luis XV, voces que solo aparecerán en castellano a finales del siglo XIX: Junquera (2003), pp. 357-358. También Hervás (2019) pp. 25-26. Sin embargo, al Museo del Prado solo llegaron catorce. Charles Yriarte (1867) menciona asimismo la existencia de una pintura más de las que se conocen en la actualidad, aunque solo describe trece y advierte que otra ya había sido arrancada del muro cuando visitó la finca, siendo trasladada al palacio de Vista Alegre, que entonces pertenecía al marqués de Salamanca. Muchos críticos consideran que por sus medidas y su tema, esta sería Cabezas en un paisaje (Nueva York, colección Stanley Moss).Cabezas en un paisaje con comentario. Un reciente estudio aporta nuevas fuentes documentales sobre la naturaleza y avatares relacionados con esta obra.

El otro problema de ubicación radica en la titulada Dos viejos comiendo sopa, de la que se ha dudado si era sobrepuerta de la planta alta o baja. Dejando este detalle aparte, la distribución original en la Quinta del Sordo según Yriarte era como sigue:Existen reconstrucciones virtuales de este espacio en línea en artarchive.com y theartwolf.com thumb|300px|Una de las hipótesis de la ubicación original de las Pinturas negras en la Quinta del Sordo.

Planta baja: Se trataba de un espacio rectangular. En los lados largos existían dos ventanas cercanas a los muros cortos. Recientes aportaciones de Foradada han esclarecido que los dos vanos de la pared derecha, según se entraba en la sala, eran puertas que conducían al jardín vallado al que se accedía desde el comedor de la planta baja, y en la pared que se extendía en el lado izquierdo, correspondiente a la fachada de la casa, se abría únicaemte una ventana, situada a la izquierda de la pared. Entre ellas aparecían dos cuadros de gran formato muy apaisado: La romería de San Isidro a la derecha, según la perspectiva del espectador y El aquelarre a la izquierda. Al fondo, en el lado corto enfrentado al de la entrada, una ventana en el centro con Judith y Holofernes a su derecha y el Saturno devorando a un hijo a la izquierda. A ambos lados de la puerta de entrada al comedor se situaban La Leocadia (frente a Saturno) y Dos viejos o Un viejo y un fraile frente a Judith. Glendinning y Foradada sitúan en el fondo de la planta baja, junto al comedor, un gabinete en el extremo de la misma planta. Planta alta: De las mismas dimensiones que la planta baja, sin embargo, solo tenía una ventana central en los muros largos, a cuyos lados se situaban dos óleos. En la pared de la derecha conforme se entraba se hallaban Visión fantástica o Asmodea cerca del espectador y El Santo Oficio, que cita como la Peregrinación más alejada. En el de la izquierda estaban Átropos o Las Parcas y Duelo a garrotazos sucesivamente. En el muro corto del fondo se veía Dos mujeres y un hombre a la derecha del vano y a la izquierda Hombres leyendo. A mano derecha de la puerta de entrada se encontraba El Perro y a la izquierda pudo situarse Cabezas en un paisaje. Recientes investigaciones han esclarecido que los tres vanos de la planta alta correspondiente al salón de la casa respondían a tres balcones, y la longitud del salón, en función de la dimensión de los cuatro murales de las paredes largas se limitaba en 8 metros, a diferencia de los 10 metros de longitud de la planta baja.