miniaturadeimagen La alfabetización informacional o AlfIn () es un término que fue acuñado por Paul Zurkowski y que ha cobrado relevancia a partir de la masificación de los medios de comunicación en la década de 1970, marcada por la abundancia de información y la rápida evolución de las tecnologías de la información y la comunicación. Se refiere a la capacidad de una persona para reconocer cuándo necesita información, dónde encontrarla, y cómo evaluar y utilizar efectivamente la información identificada. Este concepto va más allá de la simple destreza técnica en el uso de herramientas digitales y abarca habilidades cognitivas y críticas esenciales para el discernimiento y la toma de decisiones informadas.

En su núcleo, la alfabetización informacional busca empoderar a los individuos, permitiéndoles enfrentar la sobrecarga de información con una perspectiva crítica y discernir la validez, relevancia y confiabilidad de las fuentes consultadas. Este enfoque integral abarca no solo la habilidad para buscar información en la red, sino también para analizarla, sintetizarla y comunicarla de manera efectiva. Se considera un prerrequisito para participar eficazmente en la Sociedad de la Información y es parte de los derechos básicos de la Humanidad para un aprendizaje permanente.

La alfabetización informacional es esencial en entornos educativos y laborales, donde el acceso y manejo de información precisa y actualizada son imperativos. En la educación, la Alfabetización Informacional promueve la autonomía del estudiantado al capacitarle para realizar investigaciones independientes y evaluar la calidad de la información que encuentra. Además, en el ámbito laboral, se convierte en una herramienta crucial para la toma de decisiones informadas, el desarrollo profesional y la resolución de problemas.

La evolución constante de la tecnología y la proliferación de información en línea hacen que la alfabetización informacional sea una habilidad dinámica y en constante cambio. Adaptarse a nuevas plataformas, discernir entre noticias falsas y veraces, y comprender las implicaciones éticas de la información son aspectos cruciales de esta competencia, así como el reto ante los modelos de lenguaje de gran escala o de inteligencia artificial generativa, que amplia el espectro de atención en el desarrollo de competencias.

Terminología La expresión “alfabetización informacional” es la traducción más habitual de “information literacy”, se usa igualmente el acrónimo ALFIN (como en el mundo anglosajón existe el acrónimo INFOLIT)también se denomina «alfabetización en información», «desarrollo de habilidades informativas», DHI (en México y Colombia), o «competencias informacionales». Desarrollo normativo La descripción de los conceptos, procedimientos y actitudes que abarca esta competencia se ha realizado a través del desarrollo de normas de diferentes asociacionesHan regulado lo relativo a la alfabetización informacional las asociaciones estadounidenfses ACRL/ALA, AASL/ALA, las australianas ANZIIL y las británicas SCONUL y CILIgP, entre otras. y modelos pedagógicos. Entre los modelos pedagógicos que integran diferentes aspectos de los enfoques cognoscitivo, humanista y constructivista de la educación se encuentran el Modelo Big 6 o BigBlue desarrollado por Eisenberg y Berkowitz, The 8Ws de  Annette Lamb producto de un estudio realizado por la Asociación de Bibliotecas Escolares de Ontario (OSLA) en Canadá y el Modelo Gavilán de la Fundación Gabriel Piedrahíta Uribe (FGPU).

Hasta ahora, la mayoría de las propuestas diferenciaban sus contenidos según el ámbito en que se fuesen a aplicar y las características de los destinatarios. El reto es llegar a un modelo de consenso, unas normas internacionales de carácter general válidas para describir en qué consiste la competencia informacional para cualquier individuo, y lo bastante flexibles como para adecuarse a marcos, colectivos y sociedades diferentes. miniaturadeimagen|La calidad de la información con la que nos relacionamos determina en gran medida nuestras percepciones, creencias y actitudes. Un problema que se observa es que en las políticas de desarrollo de la Sociedad de la Información se ha dado prioridad a la alfabetización tecnológica o digital, cuando una auténtica superación de la brecha digital requiere una alfabetización informacional, pues la comprensión y evaluación de la información es una condición para el uso adecuado y generalizado en la sociedad de las herramientas tecnológicas que mediatizan el acceso y uso de la información.

En cuanto a los métodos de enseñanza y evaluación de la alfabetización informacional, se basan en los enfoques constructivistas del aprendizaje, en los que el sujeto hace un aprendizaje significativo, que parte de sus conocimientos previos, y es activo, reflexivo e intencional en la realización de sus tareas. Por ello, se deben utilizar metodologías que favorezcan la implicación del sujeto en su proceso de aprendizaje, por medio de actividades prácticas de resolución de problemas (véase Aprendizaje basado en problemas) teniendo que utilizar información, compartirla (trabajo colaborativo, grupos de discusión), y llegando a ser capaz de autoevaluar el proceso que ha seguido y sus resultados.

Otra consideración frecuente es que la competencia informacional se adquiere mejor cuando se hace en el contexto de las necesidades de quienes siguen los programas; por ejemplo, si se hace en la escuela o la universidad, deben integrarse las actividades con las asignaturas y trabajos de los alumnos, de modo que no se les enseñe a informarse en abstracto, sino con ejemplos ajustados a sus intereses. Aunque esto hace que la motivación sea mayor, no siempre las actuaciones de alfabetización informacional se pueden hacer dentro del currículo formal, y en todo caso se debe procurar encontrar la relación entre los contenidos de la formación y los intereses de los destinatarios, y dar una acreditación de lo que han aprendido. La colaboración con docentes y el contexto son importantes, pero lo fundamental es que la competencia adquirida debe ser útil en cualquier situación, especialmente cuando el aprendizaje continuo ha roto la frontera entre educación formal y aprendizaje informal. La relegación de la alfabetización informacional tendría que ver en España con la dificultad para el cambio de la cultura docente y la insuficiencia de las bibliotecas escolares, lo que perpetúa los métodos didácticos basados en la transmisión y reproducción de contenidos, más que en el desarrollo de competencias. La alfabetización información es un paradigma teórico orientado a potenciar las buenas prácticas de modelos formativos para aprender a aprender, en una triple perspectiva: cognitiva, emocional y ética.

Campos de acción Toda biblioteca, los docentes y otros profesionales del campo de la enseñanza-aprendizaje pueden contribuir a la adquisición de esta competencia, que ayuda a desarrollar un pensamiento crítico y ser capaz de aprender durante toda la vida, capacitando para adquirir nueva información e integrarla con el conocimiento previo. Desde el punto de vista teórico o de la investigación el objetivo es el desarrollo de normas, modelos pedagógicos, criterios de evaluación, estrategias políticas para la mejora de las competencias informacionales de los ciudadanos.

En el campo de la educación incluye la educación formal en todos sus niveles, la educación informal, la educación a distancia y virtual, su inclusión en modelos curriculares, así como la evaluación, estándares y acreditaciones.

En el área de salud, además de la formación continua de profesionales como personal médico, hospitales, clínicas y servicios de emergencia médica, cubre también dominios tales como emergencia en catástrofes, problemas de transporte y energía y servicios de ayuda y orientación.

En el ámbito de los negocios y el desarrollo económico, gestionar esta competencia implica una inversión en capital humano y empleabilidad sustentable, tanto en las industrias nacionales como extranjeras.

Educación Superior La sobresaturación de la información disponible para el universitario subrayan la necesidad de contar con una habilidad lectora para enlazar, evaluar e interpretar la información. Esto tiene efectos sobre lo que se espera en la literacidad informacional de los universitarios en la sociedad de la información. En este contexto, los medios digitales han reformado la literacidad, se han modificado las actividades tradicionales del comportamiento lector y se transfiguraron las necesidades e intereses de los actores académicos en el proceso de enseñanza. Actualmente, los estudiantes viven una relación estrecha con la tecnología, no obstante, no significa que aprendan; saben comunicarse vía redes sociales, pero con dificultad las usan como instrumentos de aprendizaje.

Simultáneamente, la contingencia provocada por el COVID-19 resalta el problema de los estudiantes para buscar, seleccionar, manejar, interpretar y comunicar información a partir del cúmulo de material falso que se comparte en línea. Lo que los docentes esperan es que los estudiantes aprendan a utilizar las bondades de internet para acercarse rápido a tan diversa información, de la cual se pueden apoyar de las habilidades de su experiencia lectora.

Alfabetización Informacional en bibliotecas A diferencia de la formación de usuarios tradicionalmente realizada por las bibliotecas, de la que se puede considerar una evolución, la alfabetización informacional no se limita a preparar al usuario para usar una institución o sus servicios, ni pretende que este se adapte a unos criterios técnicos u organizativos, ni se queda meramente en la instrucción bibliográfica, en las habilidades de búsqueda y localización de la información. La alfabetización informacional aspira a incluir competencias no trabajadas usualmente en la formación de usuarios: evaluación de los recursos, comprensión, utilización y comunicación de la información. Es decir, para usar la información en la toma de decisiones o generar conocimiento hay que entrar en habilidades cognitivas, e incluso en aspectos éticos. Muchas actividades de formación de usuarios serían en parte alfabetización informacional, pero en función de las necesidades de los individuos, de las posibilidades del contexto o de la colaboración con otros mediadores en procesos de aprendizaje, habrá que ir más allá para incluir el uso reflexivo e intencional de la información para la creación de conocimiento. La alfabetización informacional se relaciona, en última instancia, con los enfoques constructivistas del aprendizaje, el fomento de la autonomía del individuo y el desarrollo de su capacidad crítica en una sociedad compleja, necesitada de implicación y participación democrática. Para ello las bibliotecas diseñan y organizan Servicios de alfabetización informacional, que pueden incluir cursos presenciales y en línea, tutoriales, sesiones informativas, guías o manuales de uso de recursos documentales (catálogos, buscadores o bases de datos, etc.), para facilitar el que los usuarios adquieran esta capacidad.

Sobre la puesta en práctica de servicios de alfabetización informacional en las bibliotecas, cada día mayor, es compleja porque implica:

• Nuevas competencias educativas de los profesionales (que deben tener ellos mismos competencia informacional),

• Una nueva concepción de los servicios según la cual apoyar el aprendizaje permanente y enseñar a usar la información se perciba como un valor añadido para las instituciones documentales

• Asumir un rol como mediadores de procesos de aprendizaje

• Establecer vínculos con el sistema educativo formal y otros servicios comunitarios relacionados que ayuden a su aplicación, consolidación y acreditación

• Adaptarse a las necesidades formativas de grupos específicos de usuarios y al contexto.