José Ignacio París Ricaurte (Santafé, 3 de enero de 1780 - ibidem, 31 de octubre de 1848) fue un prócer de la independencia y empresario neogranadino, primer contratista de las minas del Coscuez tras la independencia del país.
Primeros años José Ignacio París, conocido con el sobrenombre de Don Pepe, fue el segundo hijo del capitán español José Martín París Álvarez y de Genoveva Ricaurte Mauris. Fue colegial del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Le fue encomendada la organización del evento de bienvenida al virrey Antonio Amar y Borbón. Viajó a Europa en plan de estudios en 1803. Se dice que en Cádiz ingresó a la logia masónica y que allí conoció a Simón Bolívar, de quien fue íntimo amigo.
Prócer de la independencia A partir del grito de independencia, se alistó en el ejército granadino en el arma de caballería. Cayó prisionero en la batalla de Bogotá de 1813. Con la reconquista española, salió de Bogotá con las tropas que acompañaban al presidente Fernández Madrid. Acaecida la derrota de La Cuchilla del Tambo, París se estableció en Buga, donde encontró al general José María Cabal, y como los españoles supieran que habían conversado, interrogaron a París para dar con el paradero del general patriota, propinándole varios golpes que lo dejaron tendido en su habitación pero sin obtener la información perseguida. Capturado Cabal, París fue conducido a Popayán, donde le fue conmutada la pena de fusilamiento por prisión, permaneciendo en la Cárcel Grande de Bogotá hasta la victoria del ejército libertador sobre el realista en la batalla de Boyacá (1819).
Cargos Públicos Establecida la República, París fue nombrado Jefe del Tribunal de Cuentas de la Nación. Su espíritu generoso hacia la República y proclive a la defensa de las instituciones democráticas, le reconocían una objetividad tanto de sus amigos como de sus rivales. Prueba de ello fue su oposición abierta a que Simón Bolívar se convirtiera en dictador o monarca, a pesar de ser su íntimo amigo. Con el establecimiento de la dictadura de su sobrino Rafael Urdaneta, la confianza que inspiraba su nombre llevó a que fuera pedido como negociador por las tropas que se revelaron en favor del gobierno de Joaquín Mosquera, depuesto mediante el golpe de Estado.
Empresario La primera empresa de José Ignacio París fue una fábrica de pastas italianas que operó en 1812. La república le otorgó a París la propiedad de la Laguna de Fúquene a cambio de secarla y poner su suelo fértil al servicio del país, pero París nunca ejecutó el contrato. Mediante un contrato, obtuvo y dirigió las obras para drenar la laguna de Guatavita, contando con los servicios del ingeniero alemán Jacobo Wiesner.
Exportador de Esmeraldas La empresa más próspera de París consistió en la explotación de las minas de esmeraldas de Muzo y Coscuez, negocio que tuvo su bisabuelo José Salvador de Ricaurte. En su primera etapa, el contrato lo inició en sociedad con dos ciudadanos europeos, que al no manifestar ningún compromiso con la empresa, llevó a París a excluirlos de la operación, continuando solo la labor por veinte años. Como la explotación no daba ni para el pago del arriendo de las minas al Estado, el gobernador de Vélez lo ejecutó como moroso. Su hermano Joaquín París, enterado de que cerca de su hacienda operaba exitosamente la mina de plata de Santa Ana, acudió por asesoramiento y encontró al ingeniero inglés George Cheyne, que le recomendó el sistema de tajo abierto, logrando don Pepe a partir de su implementación, una extracción de gemas que lo convirtió en uno de los hombres más ricos su época.
Finalizado el contrato del Estado con París en 1848, la explotación de las minas la asumió el gobierno, recibiendo propuestas para su arrendamiento por diez años de Mariano Calvo, Enrique París y Compañía, Joaquín París y Compañía, Andrés Aguilar y Compañía y la sociedad de Juan De Francisco Martín y Patrick Wilson, otorgándole el secretario Meléndez de Arjona el contrato a De Francisco el 19 de marzo de 1849 por ofrecer la tarifa más alta de pago de alquiler, quien la operó nueve años y le cedió en 1859 la exlotación al danés Carlos Michelsen, que se hizo cargo hasta 1861. Al no encontrar el gobierno a un nuevo arrendatario, asumió la explotación de esmeraldas bajo la administración del ingeniero inglés Tomás Fallon que había trabajado por años en la explotación de plata de Santa Ana. Con la muerte del administrador en Muzo en 1863, el gobierno del presidente Murillo Toro licitó de nuevo la explotación de las minas en 1864 por un término de diez años, accediendo al contrato el alemán Gustave Lehmann, quien casualmente se casó en Bogotá con Carlina París, sobrina nieta de Don Pepe, y con quien se radicó años después en la capital de Francia.
Aquileo Parra Gómez, secretario de hacienda del presidente Santiago Pérez, propuso en 1874 la venta de las minas de esmeraldas por no tener el Gobierno un control efectivo de su explotación. El gobierno decidió volver a arrendarlas, recayendo la responsabilidad en Juan Sordo Girardot, quien cedió sus derechos a la Compañía de Minas de Esmeraldas integrada por Antonio y Silvestre Samper Agudelo, Wenceslao Pizano, José María Gómez Restrepo, Temístocles Paredes, Francisco Noguera, Manuel Uribe Toro, Guillermo Uribe, Jorge Holguín, Carlos Martín, Carlos Bonitto, Eusebio Bernal y José Antonio Obregón. La Ley 28 de 1878 le entregó la propiedad de las minas al Estado de Boyacá sin perjuicio del contrato de arrendamiento vigente. En 1875, el arriendo de las minas lo tomó Lorenzo Merino, quien sostuvo la operación luego de que la propiedad de las minas regresara a la nación con la Constitución de 1886. En 1894, el contrato de explotación lo asumió el francés Alejandro Mancini. En 1904 pasó la explotación pasó a un sindicato colombiano presidido por Laureano García Ortiz y en 1905 se separó la comercialización de esmeraldas, quedando a cargo de la casa Cortés Comercial Banking con domicilio en Londres. En 1908 el sindicato vendió su operación a la Colombian Emerald Company de Londres, que solo pudo llevar a cabo el negocio hasta 1910, año en el que el Gobierno desconoció la vigencia del contrato.
Primera Fábrica de Cerámicas En 1832, José Ignacio París fundó la Compañía Bogotana de Industrias, a la que vinculó como accionistas a los hermanos Ángel María y José María Chaves, al general Joaquín Acosta y a José de Jesús Oramas, José María Álvarez, Luis María Montoya y Rufino Cuervo. La empresa recibió el privilegio de explotación exclusiva de la Convención Granadina mediante decreto legislativo de marzo 23 y se dedicó a quemar loza, fundir hierro y fabricar papel, tejidos y vidrios. La fábrica se ubicó en un solar detrás de la Ermita de Belén, donde había funcionado una alfarería de la comunidad jesuita, y contó con la orientación de los técnicos especializados en cerámica Juan y Roberto Peak, que alcanzaron a contar con 61 operarios. En 1845, la empresa fue adquirida por Nicolás Leyva, que había sido su director.
Primer Acueducto de Bogotá En 1846, la ciudad de Bogotá le concedió a don Pepe París por 99 años, la explotación de sus aguas en sociedad con su pariente Valerio Ricaurte Neira, haciendo importar de Europa los tubos de acero para las primeras cañerías que condujeran el agua de la pila de la plazuela de San Carlos. Fallecido París, la empresa duró solo tres años, por diferencias de su hijo Enrique con el señor Ricaurte
Filántropo La vocación filantrópica de París lo llevó a propiciar la demolición de las viejas casas que amenazaban ruina en el costado occidental de la plaza mayor de Bogotá, buscando el mejoramiento del entorno del importante lugar público. Quiso avanzar con las del costado oriental, pero el general Santander negó su pretensión por querer reservar ese espacio para un palacio de Gobierno. Residente en Estados Unidos al poco tiempo de lograda la independencia, París conoció al español José María Barrionuevo, patrocinando su viaje a la Nueva Granada para que mejorara el armamento del Ejército.
Interesado en el desarrollo económico del país, París fue quien trajo el pasto tipo hierba de elefante para el desarrollo de la ganadería, el cual actualizó luego del aporte hecho por Antonio Nariño con el pasto carretón. Le ofreció al gobierno la financiación de estudios en contabilidad de la persona que designase para que trajera dicho conocimiento al país. En 1842, envió con destino a la Casa de Refugio de Bogotá, dos máquinas de tejer y cien juegos de cardas con dos instructores italianos que se encargaran de su instalación y enseñanza.
Siempre con la vocación de no dejar perder la memoria histórica de la independencia, recogió los dineros para construir el mausoleo para los restos del general Antonio Nariño, y donó un busto en memoria del prócer Camilo Torres Tenorio y los monumentos para la sepultura de José María del Castillo Rada en la capilla de La Bordadita y del general Juan José Neira en el Cementerio Central.
Con el propósito de propagar el patriotismo y la filantropía, fundó París la primera logia de Colombia, que operaba bajo el título del Taller de los Corazones Tristes, erigiéndose como el primer gran maestro masón del país, secundado por el general Francisco de Paula Santander. El Concejo de Bogotá emitió en 1842 una constancia de gratitud por todas las mejoras que don Pepe París hizo con desprendimiento en favor de su ciudad natal.
Amigo íntimo de Simón Bolívar Fue reconocido en su tiempo como el amigo íntimo del general Simón Bolívar. La precariedad de su situación, al no obtener ganancias de su empresa de esmeraldas, llevó a Bolívar a dejarle a su cuidado la casa quinta de Portocarrero, propiedad que la sociedad bogotana le había obsequiado al Libertador con la victoria en Boyacá. La correspondencia de Bolívar con París es abundante y en muchas cartas le reportaba el fiel amigo del Libertador el estado de su propiedad. En los dos atentados que Bolívar sufrió, París estuvo presente. El primero, ocurrido en agosto de 1828, fue durante un paseo en la hacienda de Fucha con José Ignacio y su hermano Ramón París. En la conspiración septembrina, si bien París no se encontraba en el Palacio de San Carlos, hay referencias que aluden a que Manuela Sáenz le recordó a Bolívar que podía escaparse por la ventana que Pepe París había dicho algún día que era buena para saltar.
Al salir exiliado de Bogotá, el expresidente Bolívar donó su Quinta de Portocarrero a José Ignacio París, transacción que dio lugar a la primera escritura pública de la Notaría Segunda de Bogotá, cuyo ejemplar está exhibido en sus instalaciones y en cuyo texto manifestó el Libertador su gran amistad por París y la condición que la propiedad pasara luego a su hija, Manuela París Prieto.
El diario El Tiempo publicó en 1943 la última carta que le envió Bolívar a don Pepe París, cuya fecha no era legible pero su contenido permite determinar que se encontraba El Libertador en sus últimos momentos:
"Dicto ésta para saludarte y ojalá no sea la última, pues está agonizando la lámpara de mi vida. Mucho he sufrido, y ahora enfermo, sin recursos y pensando en irme a Europa; pero día vendrá, cuando hayan pasado algunos años, en que mis enemigos me hagan justicia: desparecerá el Tirano, quedará el hombre y toda la América confesará que Bolívar fue un patriota. Me siento malo, mucho, y en la pieza contigua fuman, juegan a los dados, personas que se reirán de mi fallecimiento, entre ellos Mariano M.... Vino Estévez, me confesé y espero en Dios, pues en casi medio siglo de mi vida he padecido tanto por ingratos que si no fuera una blasfemia... Me traes a la memoria en la última tuya, la mañana del 25. Tu fuiste, ciertamente, uno de los que estuvieron a mi lado acompañándome. Si los conspiradores hubieran logrado su golpe, ya descansaría yo en el sepulcro. Buen Dios ¿y Colombia? Mucho he amado a esta tierra. Enséñasela a Enrique y piénsame".
La Estatua de Bolívar