En el budismo, el reino humano (en pali: manussa-loka; en sánscrito: manuṣya-loka) es uno de los seis reinos de existencia del saṃsāra, el ciclo de renacimientos. Los seres humanos son un tipo más de ser sintiente: según la cosmología budista, el mundo sensorial comprende los infiernos, el reino animal, el reino de los espíritus hambrientos, el mundo de los demonios, el mundo humano y los seis cielos inferiores. El término pali manussa significa «ser humano», «hombre» o «persona».

El nacimiento como ser humano se considera especialmente valioso dentro del budismo, porque es el estado en el que resulta más propicio practicar el Dharma y alcanzar la iluminación. En la tradición tibetana, esta cualidad se conoce como el «precioso renacimiento humano» o «precioso cuerpo humano».

Por qué se valora el nacimiento humano Según la cosmología budista, los seres de los otros reinos se hallan en condiciones que dificultan la práctica del Dharma: los de los infiernos y los espíritus hambrientos (pretas) están dominados por el dolor; los animales carecen de la capacidad intelectual para comprender las enseñanzas; los asuras viven dominados por la violencia; y los dioses (devas) gozan de su felicidad y no sienten la urgencia de buscar la liberación. Los seres humanos, en cambio, experimentan tanto el placer como el sufrimiento y tienen conciencia de la muerte, lo que los impulsa a buscar una salida definitiva del ciclo de renacimientos.

El canon pali expresa la misma idea: en los reinos inferiores «no se practica el Dhamma, no se practica el Dhamma rectamente, no se hace lo que es beneficioso, no se realizan méritos».

La rareza del nacimiento humano El canon pali ilustra la rareza del nacimiento humano con el símil de la tortuga ciega y el yugo. En el Samyutta Nikaya (SN 56.47), el Buda pregunta: «Monjes, imaginad a un hombre que lanzó un yugo con un solo orificio en el gran océano, donde había una tortuga ciega que salía a la superficie una vez cada cien años. ¿Qué pensáis, monjes? ¿Podría esta tortuga ciega, que sale a la superficie una vez cada cien años, insertar su nuca dentro de este único orificio?». Y concluye que esa tortuga insertaría la nuca en el orificio antes de que un ser caído en los mundos inferiores regrese al estado humano, porque en esos reinos «no hay conducta guiada por el Dhamma». La misma comparación aparece en el Majjhima Nikaya (MN 129, «El tonto y el sabio»).

En el budismo tibetano, esta idea se desarrolla en la noción del «precioso renacimiento humano»: el lamrim (el «camino gradual») considera que la vida humana es una oportunidad extraordinaria que no debe desperdiciarse, y retoma la analogía de la tortuga ciega y el yugo para ilustrar su rareza.

Origen de los seres humanos El Aggañña Sutta («Discurso sobre el conocimiento de los principios», DN 27) narra el origen de los seres humanos en el presente kalpa o eón. Según este discurso, al expandirse el mundo, seres del reino de los devas resplandecientes (Ābhāsvara) renacieron en la tierra «hechos por la mente, alimentándose del deleite, luminosos, moviéndose por los aires»; con el tiempo adquirieron el gusto por la «tierra de sabor» y, al alimentarse de ella, sus cuerpos se volvieron más densos y perdieron su luminosidad, hasta diferenciarse en dos sexos y desarrollar la vida social.

Véase también Seis reinos del samsara Reino animal (budismo) Reino de los Deva Asura (budismo) Preta Renacimiento (budismo)

Referencias

Categoría:Cosmología budista Categoría:Mitología budista Categoría:Conceptos budistas