thumb|300px|Un equeco cargado de bienes. El equeco o ekeko (del aimara iqiqu) «iqiqu [iqíqu] n. Muñeco cargado de objetos, adornos, frutas, es símbolo de abundancia, prosperidad; adj. Persona de baja estatura, enano.».La actual ortografía usual en castellano es una versión fosilizada de la ortografía usual en quechua y aimara a inicios del siglo XX. Dicha ortografía, hoy abandonada, era pentavocálica y escribía el fonema oclusivo uvular /q/ con la letra <k>. es un símbolo andino de la abundancia, fecundidad y alegría.

Asimismo, es una manifestación cultural característica del altiplano andino y que recibe culto en el occidente andino de Bolivia, principalmente en La Paz, en las regiones sur del Perú, norte de Chile y la Argentina.

Es un ídolo que se cree provee de la abundancia al hogar donde se le tributa ofrendas de cigarrillos, hoja de coca, billetes, etcétera. Toma la forma de un hombre de corta estatura, sonriente, ligeramente grueso, vestido con ropas típicas del altiplano o también ropa de ejecutivo u hombre de negocio e incluso ropa de mendigo. Suele cargar gran cantidad de bultos de alimentos y otros bienes de primera necesidad que cuelgan de sus ropas, y, en muchos casos, en un pie le falta una sandalia.

Actualmente, la estatuilla que lo representa, dispone de un orificio apropiado en su boca para poder introducirle un cigarrillo o puro encendido.

Historia

Referencias precolombinas Se piensa que se originó entre los habitantes de las culturas prehispánicas sudamericanas. La tradición de adoración al ídolo illa del equeco se remonta a tiempo prehispánico de las culturas pucará y tiahuanaco en el actual Altiplano boliviano.

Asimismo, tras hallazgos encontrados por el arqueólogo boliviano Carlos Ponce Sanginés de cerámica y escultura en la capital tiahuanacota, según el mismo historiador las representaciones del dios del equeco, habrían aparecido entre la etapa IV-V del período imperial de Tiahuanaco, como una representación del rayo y de la felicidad, lo habrían adaptado los aimaras, quienes lo adaptaran a una deidad del agua, y luego los incas, quienes lo convirtieron en símbolo de la fertilidad y la buena suerte.

El arqueólogo boliviano Carlos Ponce Sanginés opinaba que las antiquísimas figuras antropomorfas (con joroba prominente y apéndice fálico), serían de la época del Imperio inca, y antecesoras del equeco de la época de la colonia.Carlos PONCE SANGINÉS (1925-2005): Tunupa y Ekako. La Paz: Burillo, 1969. Citado en Adaptación y cambio cultural en la Feria de Alasitas. Manuel Rigoberto Paredes Iturri escribió que estas diminutas estatuillas fálicas serían remanentes de remotas fiestas sagradas del solsticio de verano.Manuel Rigoberto PAREDES ITURRI: Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia. La Paz: Atenea, 1936. Citado en Adaptación y cambio cultural en la Feria de Alasitas

En sus inicios, el equeco era de piedra, jorobado, tenía rasgos indígenas y no llevaba ningún tipo de vestimenta: su desnudez era el símbolo de la fertilidad.

En la colonia el culto a la deidad tomó nueva fuerza en La Paz (actual sede de gobierno de Bolivia) durante el cerco que esta ciudad soportó durante el alzamiento indígena de Túpac Katari contra el control español. Incluso el aspecto blancoide que tomó el rostro del equeco, según los estudiosos bolivianos, tiene relación con la autoridad española don Sebastián de Segurola quien instauró la famosa fiesta de las Alasitas.

La Iglesia católica intentó erradicar su culto en tiempos de la colonia, sin mayor éxito, aunque la imagen llegó a sufrir ciertos cambios: fue vestida y sus rasgos cambiaron a los de un mestizo.

Los equecos son amuletos para atraer prosperidad y abundancia, según una creencia del Altiplano (meseta alrededor del lago Titicaca que comparten Perú y Bolivia). Así que cuanto más cargado el equeco, mayor es la promesa de riqueza para su dueño. Muchas familias peruanas tienen un equeco en casa y su imagen suele aparecer en boletos de lotería. thumb|300px|Representación del neoequeco en Puno, Perú.

Hoy en día, existe especialmente en regiones de Bolivia, la creencia de que el equeco es capaz de conceder los deseos de sus seguidores si estos le ofrecen una copia de ellos en miniatura, y muchos tienen en casa una imagen para que les resuelva los problemas, dejando dinero a su lado y manteniendo un cigarro encendido en su boca, que si se consume hasta la mitad es señal de mal augurio, pero si se llega a consumir totalmente le puede conceder el deseo al ofrendante. Las figuras que le ofrecen son de cerámica, metal o piedra reproducciones exactas del objeto de sus peticiones: automóviles, electrodomésticos y alimentos. Cuando se desea amor, se le entregan miniaturas de gallos y gallinas. La deidad es conocida en los diferentes lugares del mundo, donde colonias de emigrantes bolivianos han extendido su culto.

La figura del equeco tomó gran popularidad en la provincia de Buenos Aires (Argentina) durante el período de la hiperinflación de los años ochenta. Allí sus adeptos lo toman como una especie de patrono de la fortuna.

En Argentina y Chile, el nombre equeco se utiliza como apelativo coloquial para referirse a alguien que carga muchos objetos, como la deidad. Así mismo, es común que una persona que llegue a un lugar cargando muchas cosas durante su camino afirme que «parecía un equeco» respecto a los demás.

Véase también lluchu

Bibliografía CAVOUR, Ernesto: Alasitas. La Paz (Bolivia): Maquev, 1996. DÍAZ VILLAMIL, Antonio: Leyendas de mi tierra. La Paz: Urquizo, 1989. PORTELA, Juan B.: Compendio de las tradiciones pampeanas (1143 pág.). Buenos Aires: Editorial Argentina, 1909. POSNASKY, Arthur: «El ekeko y la fiesta de Alasitas». En Revista de Antropología de Bolivia. La Paz, 1942.

Referencias

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