thumb|upright=1.3|Un ejército romano en combate contra los germanos durante las guerras marcomanas. Relieve del sarcófago de Portonaccio (c. 180 d. C), Museo Nacional Romano.

El término genérico ejército romano se utiliza para referirse a las fuerzas armadas de la antigua Roma, durante la monarquía, la república, el imperio y habitualmente también a las de su inmediato sucesor, el ejército bizantino.

Monarquía Servicio militar El servicio militar afectaba a los ciudadanos entre diecisiete y sesenta años de edad. Hasta los cuarenta y cinco participaban en las campañas, y los mayores defendían las ciudades y formaban la reserva. Por lo general las clases altas no intentaban rehuir el servicio militar, ya que su cumplimiento era imprescindible para poder acceder a las magistraturas del estado y hacer carrera política (el cursus honorum).

La organización política básica en aquella época era la gens. La leva obligaba a cada gens a proporcionar un cierto número de hombres armados más otros hombres de apoyo. Primero se elegían doce tribunos militares, los cuales elegían cada uno entre los que reunían de la leva en el Capitolio a cuatrocientos soldados, que llevaban por nombre legión.Polibio, Historia Universal durante la República romana, España, Editorial Iberia, 1969, p. 79. El requisito básico era ser ciudadano romano con ingresos mínimos de cuatrocientas dracmas,Ibíd., p. 80. y se ingresaba a la infantería o caballería pesada;Ibíd., p. 80. o bien ciudadano de algún pueblo bajo dominio romano (velites y caballería ligera), lo que contribuía a que el ejército tuviese una moral elevada y un gran fervor patriótico. No se tenían en cuenta otros factores como la religión o el color de la piel. Por el contrario, lo habitual entre los pueblos y civilizaciones de la época era un ejército formado por mercenarios profesionales sin importar su origen.Ibíd., p. 80.

Las tropas que constituían el ejército eran divididas según su edad. Los más jóvenes eran alistados entre los velites (infantería ligera que arrojaba una jabalina y era muy versátil), luego los hastarios; los que estaban en el esplendor de su edad entre los princeps (infantería pesada) y al final, los más maduros, entre los triarios.Ibíd., p. 80.

La leva solamente era obligatoria en tiempos de guerra, pero las continuas guerras en las que Roma se veía implicada hacían que en la práctica la leva siempre estuviese en vigor. Aunque los soldados percibían una paga (no muy elevada) sus campos de cultivo quedaban desatendidos, lo que inevitablemente les causaba pérdidas si la campaña se alargaba. El responsable de la leva era el cónsul.

Con el tiempo los criterios de sangre noble se fueron relajando. A mediados del  a. C. el rey Servio Tulio puso la riqueza personal por delante del criterio de sangre en relación con los derechos y deberes de los ciudadanos. Entre estos derechos y deberes se encontraba el ejército. Servio Tulio dividió Roma en treinta tribus, y agrupó a los ciudadanos en cinco clases sociales, subdivididas en un total de ciento noventa y tres centurias.

Legión

En los primeros tiempos no había distinción entre ejército y legión, Roma disponía de una sola legión de hasta tres mil infantes y trescientos caballeros. Sin embargo las guerras en aquella época eran escaramuzas limitadas que acababan con el invierno, y es dudoso que alguna vez se llegara a reunir el ejército al completo. Ni siquiera era un cuerpo permanente, se reclutaba y licenciaba según las necesidades.

Los trescientos caballeros (centuriae flexuntes o centuriae celeres) formaban la caballería del ejército de la Antigua Roma. Estaban bajo el mando de tres tribunos de la caballería (Tribuni Celerum) y el jefe supremo de la caballería era el magister equitum.

La aristocracia al principio y las clases ricas posteriormente ocupaban la primera línea como muestra de su liderazgo del pueblo, y también porque podía pagarse el mejor equipamiento, con lo que sus unidades eran muy eficaces y bien armadas. Muy pocos miembros de las clases más bajas podían costeárselo con su paga de soldado.

Con el crecimiento de la población de Roma y las mayores necesidades militares el número de legiones aumentó primero a dos y posteriormente a cuatro.

El mando supremo de la caballería correspondía a un magister equitum, y el de la caballería de cada legión a los tribunos de la caballería.

El mando supremo de los infantes correspondía inicialmente al rey y después a los cónsules o dictadores (o a los legati). El mando de los infantes de cada legión correspondía a los tribunos de la milicia.

Los infantes fueron divididos en cinco clases según su armamento (en función de la riqueza personal): las tres primeras eran las llamadas hastati (lanceros) y las otras dos velites (auxiliares).

Unidades

En los primeros momentos el ejército era simplemente una agregación de unidades indiferenciadas inspirada en la falange etrusca. Esta, a su vez, se creó por la influencia de las unidades de hoplitas (ciudadanos-soldados) de la Magna Grecia con las que habían entrado en contacto.

El tamaño de la legión pasó de unos tres mil hombres a más de cuatro mil, pudiendo llegar hasta los cinco mil. También hubo una mayor especialización de los soldados, pero tácticamente no se produjeron cambios y se mantuvo la estructura básica de la falange hoplita.

Armamento

thumb|Recreación de un legionario romano ataviado con una armadura de placas de acero. Museo Militar Nacional, Rumanía.

Como cada soldado debía pagarse el equipo, este dependía de a cuál de las cinco clases establecidas por Servio Tulio pertenecía el hombre. La mejor armada era la primera clase:

Escudo: circular, llamado scutum. Muñequera: muñequera de metal que contenía un cuchillo para atacar por sorpresa en un mano a mano, llamado munnecum. Cuerpo: corseles de cuero, pectorales de bronce, grebas. Para la época de la monarquía etrusca y los primeros tiempos de la república, la armadura sería de tipo helénica. Linotorax de láminas de lino superpuestas, ofrecía buena protección a la par que ligereza y flexibilidad. Y lorica musculata de bronce y más raramente hierro. Yelmo: varios modelos en este período: cónicos, etruscos, etrusco-corintios, calcidicos y áticos. Todos de bronce y de origen heleno. Armas: lanza de acometida, espada griega xiphos o kopis. Sandalias: reforzadas por una suela de piel gruesa de unos dos centímetros. También llamadas caligae, de ahí el nombre del emperador Calígula.

Las demás clases llevaban progresivamente menor equipamiento, de acuerdo con el poder adquisitivo. La segunda clase carecía de coraza y el escudo era oval, la tercera carecía además de grebas, la cuarta solo tenía jabalinas y una espada posiblemente griega, o un cuchillo largo en su defecto, y la quinta eran honderos (arrojaban piedras).

República

Servicio militar upright|thumb| El águila dorada era el símbolo del Imperio, y coronaba los estandartes de cada legión. Con el paso del tiempo el sistema militar iba sufriendo pequeños ajustes. Con el incremento de población la curia acabó desplazando a la gens. Las curias procedían de antiguas organizaciones principalmente económicas y comerciales, pero también religiosas y judiciales. Paulatinamente las curias se fueron transformando en simples organizaciones territoriales que fueron aprovechadas como unidades de leva.

En tiempos republicanos, los conquisitores estaban al servicio de los procónsules encargados de los reclutamientos. El adiestramiento se iniciaba con un entrenamiento físico realizado con el equipo puesto (unos treinta kilos) e incluía marchas y carreras de obstáculos. Posteriormente la instrucción militar incluía la práctica de movimientos aplicables en las batallas y el manejo de armas.

Legión

A comienzos de la etapa republicana la legión se organizó con una estructura mucho más formal y estricta. Los equipamientos eran costeados por la propia república y el ejército se hizo profesional. Esto hizo que muchos no ciudadanos entraran al ejército para mejorar su posición social. Como las guerras eran más frecuentes y habían dejado de ser simples escaramuzas, las batallas requerían más planificación.

A medida que las campañas aumentaban en duración se hacía evidente que la situación de una ciudadanía militarizada permanentemente no era sostenible. Esto supuso muchos problemas económicos hasta finales del  a. C. y principios del  a. C., cuando Roma empezó a tener tamaño suficiente para que los soldados solo fuesen una proporción pequeña de la población. Especialmente importante fue la victoria frente a la ciudad etrusca de Veyes (369 a. C.), cuyo territorio y población fueron anexionados. En esta época el Estado ya compensaba a aquellos que sufrieran un perjuicio económico por tener que abandonar su trabajo.

La lealtad del ejército se reforzaba por el juramento (sacramento) de fidelidad y obediencia a los superiores y de no desertar de la batalla. Las faltas de disciplina se castigaban de acuerdo a su gravedad con la suspensión del sueldo, con azotes o hasta con la muerte. El castigo para unidades completas consistía en diezmarlas, es decir, aplicar la pena de muerte a uno de cada diez legionarios.

Durante el transcurso de la etapa republicana se solía reclutar un máximo de tres o cuatro legiones. Sin embargo continuaron teniendo, como durante la monarquía, una existencia efímera. Únicamente se hicieron permanentes las legiones I a IV, sin contar con las legiones urbanae, que estaban destinadas a la defensa de la propia ciudad de Roma y a labores civiles o policiales dentro de la misma. Cada cónsul tenía dos legiones a su mando junto con los respectivos auxiliares de cada legión, esos eran los ejércitos consulares. Durante la segunda guerra púnica se reclutaron muchas más legiones para poder hacer frente a la gran amenaza de Aníbal. Hasta la intervención de Publio Cornelio Escipion Africanus, la república de Roma tenía doce legiones activas de forma permanente: Dos legiones en Hispania citerior, dos legiones en el norte de Italia, dos legiones destinadas al Mar Adriático (normalmente en Iliria), Las legiones V y VI (legiones malditas) en Sicilia, las legiones I y IV para un cónsul y las legiones II y III para el otro cónsul del año.

Mandos Cada legión quedó bajo el mando de un cónsul elegido por un periodo de un año. Esto suponía que muchas veces estos dirigentes carecían de dotes militares, y lo más habitual era que los cónsules a su vez nombrasen un legado (legatus), más profesional y con capacidad de mando al que situaban al frente de la legión.

La figura del tribuno militar apareció formalmente en el 331 a. C. La legión se reorganizó en seis cuerpos, dirigidos por los tribunos militares electos. Estos cuerpos se dividían a su vez en otros diez, las centurias, bajo el mando de sendos centuriones. Nominalmente cada centuria constaba de cien hombres, pero en realidad su número de combatientes podía ser de hasta sesenta; la cifra más habitual era de ochenta combatientes. El resto de los hombres que formaban esta centuria eran no combatientes, sirvientes encargados de mantener en las mejores condiciones posibles a los legionarios para combatir eficientemente. También les acompañaba una mula por cada ocho hombres para cargar parte del equipo y las provisiones. Así se creó una jerarquía formada en primer lugar por el cónsul electo, sus legados, los tribunos militares y los centuriones.

Otro cambio obligado por la mayor duración de las campañas fue la necesidad de prorrogar el mandato del cónsul en campaña. Así surgió la figura del Procónsul. La lealtad de los soldados, que se iba desplazando desde el Estado hacia sus jefes directos, hizo que los cónsules y procónsules empezaran a obtener un gran poder militar y político.

Unidades