La Comuna 3 Manrique es una de las 16 comunas de la ciudad de Medellín. Está localizada en la zona 1 nororiental de la ciudad. Limita por el norte con los barrios Carpinelo, Aldea Pablo VI, San Pablo y Villa Guadalupe de la Comuna 1, Popular; al este, con el corregimiento de Santa Elena; al oeste, con los barrios Berlín, La Piñuela, Las Esmeraldas, Campo Valdés n.º 1 y Manrique Central n.º 1 de la Comuna 4, Aranjuez; y al sur, con los barrios La Mansión y Batallón Girardot de la Comuna 8, Villa Hermosa. Alberga un total de habitantes y tiene una extensión de 549.65 hectáreas que corresponde al del total de la zona nororiental con una densidad de más de 400 habitantes por hectárea, siendo esta la menor en la zona nororiental.

Toponimia

El origen del nombre Manrique se debe a que uno de los urbanizadores del barrio, Antonio J. Álvarez, le impuso el nombre en honor al médico venido de Bogotá: Juan Evangelista Manrique, quien lo había tratado en tiempos de enfermedad.

Historia

Hasta el año 1920, los orígenes del barrio Berlín, de la comuna 4 Aranjuez y del barrio Campo Valdez están vinculados a la existencia de amplias fincas de propiedad de familias con una probada solvencia económica. Esta región se mantuvo en estas condiciones durante varios años, con algunas casonas y sus respectivas parcelas. El manicomio, levantado en 1875 en el «Paraje Bermejal», fue el punto de partida para el surgimiento de los primeros barrios.

En determinados casos, las familias crean Sociedades Urbanizadoras. Manuel José Álvarez adquiere la finca Berlín, organiza el barrio y lo provee de agua, alcantarillado y otras mejoras iniciales. Comienza a vender cada lote y, sin haber culminado la urbanización del barrio, se embarca en el desarrollo de Aranjuez; «este último se orientó hacia una clientela más selecta, por su comodidad y la construcción de casas quintas, lo que resultó en una atención más meticulosa a la arquitectura y a las dotaciones».

Gabriel Sanín V. y Cock Bayer e Hijos, junto con la familia Villa en el barrio Campo Valdez, tras la planificación del barrio y sus calles, iniciaron la venta de terrenos a precios bajos y con plazos de pago amplios. Esto facilitó la construcción de viviendas de estilo modesto, donde trabajadores y otros grupos de escasos recursos pudieron encontrar un hogar. En 1919, con la creación de la Sociedad Urbanización Mutuaria, se llevó a cabo la edificación del barrio Manrique, que fue precedida por la elaboración de planos y el trazado de las vías.

Estas urbanizaciones se desarrollaban en cumplimiento de la normativa legal, con una planificación técnica apropiada que contemplaba la distribución de manzanas, la creación de espacios públicos y sociales, y la dotación de servicios esenciales, incluyendo iglesias y escuelas. Adicionalmente, se observa una articulación entre las empresas urbanizadoras y el municipio destinada a promover el acceso a terrenos urbanizados. La Compañía de Seguros y Urbanización colaboró en la creación de una línea de tranvía hacia el barrio Manrique, así como en la instalación de servicios de agua y alumbrado en el mismo. La administración municipal apoya la formación de un barrio para la clase trabajadora en la zona elevada de Manrique, vendiendo al municipio una cantidad sustancial de terrenos necesarios para su creación.

El desarrollo de Manrique se centró en el parque Bolívar y en la catedral de Villanueva, actualmente conocida como Basílica Metropolitana. La construcción del tranvía tuvo un impacto significativo, ya que la población fue estableciéndose en la dirección de la ruta proyectada. Se dice que el barrio surgió gracias al tranvía, que sin duda desempeñó una función crucial en su crecimiento.

En 1925, a petición de los habitantes locales y gracias a una donación de 20000 pesos oro, la cesión de una franja de 16 metros de terreno y un préstamo de 30000 pesos oro, los constructores de Seguro y urbanización ampliaron las líneas del tranvía que había estado operando en Medellín desde 1921, extendiéndose hasta Palos Verdes en Manrique. Esta extensión facilitó el acceso a áreas que antes eran complicadas de alcanzar, convirtiéndose en barrios residenciales para muchos trabajadores que llegaron a Medellín impulsados por el crecimiento industrial de la década de 1930 y otros que arribaron tras los acontecimientos del Bogotazo en 1948.

Su conformación comienza en 1940 y su proceso de desarrollo se inició por el sistema de urbanización pirata, el cual se fue transformando en un desarrollo de asentamientos espontáneos; esto explica la poca relación de su conformación urbana con la morfometría del territorio.

Hasta 1932 solo se habían desarrollado los barrios considerados como barrios obreros, entre ellos están: Pérez Triana hoy Manrique central n.º 1 y 2, Campo Valdés n.º 2 y Berlín que fueron impulsados por los denominados urbanizadores piratas, quienes de alguna u otra forma incorporaron el amarre a la malla urbana, previendo secciones viales, orientación de calles y carreras y lotes típicos.

Hasta 1949 solo se había desarrollado aproximadamente un de la zona con los barrios El Pomar, Campo Valdés n.º 2 y Manrique oriental n.º 2; para 1961 el crecimiento de la malla urbana alcanza un de su territorio en donde se conformaron los barrios La Salle, Manrique Oriental y El Raizal; en 1978 se puede observar una conformación del , con los barrios Las Granjas y Santa Inés; finalmente hacia 1985 los nuevos desarrollos se dan aislados ocupando áreas vacantes al interior de los barrios ya existentes.

En 1993 se amplió el perímetro urbano de la ciudad incorporando a la Comuna n.º 3 Manrique los siguientes barrios: Versalles n.º 2, La Cruz , Oriente, San José de la Cima n.º 1, San José de la Cima n.º 2 y María Cano Carambolas.

Cuando se acabaron de levantar las primeras y elegantes casas del barrio Manrique, a los constructores de la Compañía de Seguros y Urbanización solo les quedaba un asunto por resolver: cómo agilizar el servicio de transporte de los compradores y habitantes de su exitosa urbanización, levantada en el nororiente, hasta el centro de la ciudad.

El problema lo resolvieron varios años después, de una manera aparentemente complicada, pero muy rentable. Le cedieron al municipio de Medellín una franja de tierra de 16 metros de ancho, le donaron veinte mil, y le prestaron treinta mil más, para que este, como propietario, tendiera los rieles de una nueva línea del tranvía, además de la que ya se había inaugurado, hacia el barrio La América.

Un año después, el tranvía llegó al barrio y se convirtió en su alma, pero además en un excelente negocio para los urbanizadores, que veían cómo los precios de los lotes y propiedades subían. En total, tenían 300 mil varas cuadradas que costaron 6 centavos cada una, pero que una vez derecidos al público, subieron a 20 centavos la vara

Pero el tranvía se fue para siempre en 1951, sobrepasado por las más rápidas —aunque incómodas— líneas de autobuses, en funcionamiento desde 1930. Uno de los urbanizadores del barrio, Antonio J. Álvarez, le impuso el nombre en honor al médico venido de Bogotá Juan Evangelista Manrique, quien lo había tratado en tiempos de enfermedad.

En las organizadas manzanas del barrio, vivían familias de clase media. Sin embargo, a comienzos de la década de 1970, la presión del éxodo de trabajadores del campo hacia la ciudad se comenzó sentir muy fuerte. Las casas se subdividieron y ya montaña arriba, gentes desplazadas por la violencia invadieron y comenzó otra etapa para Manrique, que se convirtió en el sitio obligado de paso entre los barrios con mayor problemática y el centro de la ciudad.

Esto, definitivamente hizo que el prestigio de este lugar, famoso por el calado que tuvo el tango sobre las generaciones de mitad de siglo, descendiera. Aun así, queda mucho todavía de aquel viejo y tradicional barrio. Queda una plaza y un monumento en honor a Carlos Gardel, queda su aire de tango —que hoy es más de hip-hop y rap— y queda la arquitectura de sus caserones, la amplitud de sus calles en la zona central y una de las construcciones más bellas de la ciudad: el templo estilo gótico de El Señor de las Misericordias, la primera señal de que se ha llegado a Manrique

Este barrio de Manrique fue la principal realización, en Medellín, de la Compañía de Seguros y Urbanización. Algunos lo atribuyen a Manuel J. Álvarez, tal vez porque fue su hermano quien lideró y fundó esta sociedad.

Antonio J. Álvarez C. fue el promotor y principal accionista de la sociedad de «Urbanización Mutuaria» registrada el 4 de abril de 1914 en Medellín, firma constructora de los barrios Manrique, Restrepo Isaza y otros.

Se dice que Manrique nació con el tranvía; sin lugar a dudas, este medio de transporte dinamizó el desarrollo del barrio, aunque no explica su surgimiento.

Respecto al tranvía, conviene recordar que la Compañía de Seguros y Urbanización celebró contrato con el Municipio con el propósito de llevar el tranvía al barrio, contribuyendo para tal fin con una subvención en 1925 a Roberto Arango V. quien solicitó al Municipio de Medellín veinte mil pesos oro ($) y el préstamo de treinta mil pesos oro ($30000) más a un interés bajo en su tiempo para la construcción del ramal del tranvía al naciente «Barrio de Manríque». Después junto con la compañía Urbanizadora del Norte, se fomentó la prolongación de la red del tranvía hasta los límites del barrio Campo Valdés.

El Municipio de Medellín le prestó cuarenta mil pesos oro ($) para la construcción de casas para su barrio Manrique; le dio alguna suma para el establecimiento del alumbrado eléctrico y le prestó dinero para la distribución de agua en el mismo barrio.

En 1928 se adjudicaron casas a obreros en los recién creados barrios de Aranjuez y Manrique. Entre este período (1925 - 1928) se construyeron 63 casas y el Municipio otorgó algunos lotes localizados en Manrique, Aranjuez, Gerona y el corregimiento del Prado, de 249 a 489 cuadras. En 1929 se habían construido y estaban habitadas ya 17 casas en Manrique.

La Sociedad Constructora cedió algunas fajas de tierra de su propiedad (16m de ancho) y compró otras para cederlas niveladas y perfiladas «sin costo para el Municipio». De otra parte, estas sociedades construyeron el puente que permitió el paso del tranvía en la quebrada La Honda. De igual forma, la sociedad contribuyó a financiar la instalación del alumbrado eléctrico con la suma de $1250 y $5 por cada lámpara que se instalara en el barrio, y también colaboró a mediados de la década del en la construcción del barrio Obrero de Manrique, por medio de la venta al Municipio de un terreno a 20 centavos la vara, cuando según Lisandro Ochoa valía 50 centavos, con plazo largo e interés módico para su cancelación. Además contribuyó en la construcción del templo de los padres carmelitas y de la escuela de Manrique, donando terrenos de su propiedad.

No es difícil demostrar que las donaciones, subsidios y demás contribuciones de la compañía al municipio y al barrio tenían importantes efectos positivos para los urbanizadores y en realidad eran una inversión. La intervención del Estado en infraestructura y en la extensión de la red del tranvía hasta estos barrios tuvo un papel fundamental en la consolidación y valorización del barrio.

En la década de 1940, cuando la presión del tráfico automotor y de los buses urbanos era fuerte en contra del tranvía, y se esgrimía el argumento de que las vías eran angostas y el tranvía obstaculizaba su ampliación, el predesor Brunner anotaba al respecto: «...Ahora, en cuanto al tranvía mismo, no entiendo bien las recriminaciones que se le hacen. A veces uno no sabe si se halla en un avión o en un tanque, pero por fin resulta siempre un tranvía que lleva rápido y barato a los barrios más apartados».