Agua, azucarillos y aguardiente es una zarzuela en un acto (género chico) con libreto de Miguel Ramos Carrión y música de Federico Chueca. Se estrenó en el teatro Apolo de Madrid el 23 de junio de 1897. La obra se mantuvo en el Apolo y después durante el verano pasó al teatro Príncipe Alfonso; a mediados de septiembre volvió al Apolo. Llegó a las doscientas representaciones sin interrupción. En 1897 con la función número cien se dio un homenaje a sus autores Chueca y Ramos Carrión. Durante años se mantuvo en las carteleras de otros teatros de España y de Hispanoamérica llegando a formar parte de casi todos los repertorios líricos. Es una de las obras que mejor representan el género chico.
Contexto histórico thumb|left|Busto en bronce de Federico Chueca (1846–1908), detalle del Monumento a los Saineteros Madrileños, c/ Luchana (Madrid) En 1886 se estrenó la zarzuela La Gran Vía con una trama y un tema especialmente madrileños. A partir de esa obra Madrid pasó definitivamente a ser protagonista del género chico ofreciendo sus calles, plazas, jardines, urbanismo, ambiente, clases sociales —el pueblo de los barrios bajos, los señoritos galantes y despreocupados, los militares, los oficios—. Por entonces ya se había tomado la resolución de abaratar los espectáculos con el sistema ofrecido por el teatro Variedades de Madrid que consistió en cambiar las cuatro horas de duración de cada zarzuela, —con un precio por entrada muy alto— , por cuatro funciones breves sin la obligación de asistir a todas. Fue así como nació el teatro por horas; a cada una de esas obras cortas e intrascendentes se dio el apelativo de género chico. Hacia 1873 el teatro Apolo de Madrid se incorporó al nuevo sistema obteniendo clamorosos llenos de aforo. Tuvo gran aceptación la última sesión a horas tardías, es decir la cuarta hora que pronto fue reconocida como «la cuarta de Apolo». El músico Federico Chueca fue uno de los grandes que se dedicó al género chico. En ocasiones trabajó en colaboración con Joaquín Valverde componiendo ambos una serie de títulos de poca duración y mucho éxito y popularidad. Uno de los mayores éxitos de Chueca fue Agua, azucarillos y aguardiente, obra que el propio autor clasificó como «pasillo veraniego» y que así consta en la partitura.Partitura
Ambientación thumb|Kiosco moderno en el Paseo de Recoletos. Estos kioscos fueron sustituyendo a los antiguos aguaduchos del siglo XIXEl libreto está ambientado en el Madrid de los últimos años del y la música apoya esa ambientación con ritmos conocidos y apreciados por el público, como el pasacalle, el vals, la mazurca, las seguidillas, la jota, los panaderos, incluso temas infantiles y populares. Los tipos que aparecen son también fiel retrato del Madrid de aquella época dando paso a unas situaciones realistas y costumbristas. Las escenas se suceden en lugares bien conocidos por el ''respetable'': un cuarto humilde en alquiler que aparece en el primer cuadro del único acto y el paseo de Recoletos donde está el aguaducho de la Pepa con poco género que ofrecer: agua, azucarillos y aguardiente; posiblemente también, agua de cebá. Unas pocas mesas de hierro y mármol, unas sillas también de hierro y los bancos de los jardines completan el decorado. El «puesto» o aguaducho es todo un lujo si se compara con la vasera y el botijo, material de trabajo de su rival la Manuela que ofrece el género voceando por todo el paseo.Una vasera es una salvilla grande y con asa, en que llevan los vasos los aguadores y vendedores de refrescos. y la RAE define así una salvilla
Como personajes de la época y propios de este lugar que enriquecen el ambiente van saliendo los barquilleros con su barquillera de ruleta colgada de un hombro, los guardias que dialogan, con su acento gallego, el músico callejero medio mendigo medio truhan, las aguadoras y sus chulos (o novios) que vienen de desempeñar el tesoro típico que no podía faltar: el mantón de Manila. La escena se completa con las niñeras, las amas de cría y las criaturas que están a su cuidado; los más grandecitos juegan a la comba, a la piedra o avión, al aro y al corro. El público se deleita con el ambiente veraniego en vísperas de la verbena de San Lorenzo; todo lo que acontece es reconocible y reconocido por los espectadores. En el estreno de 1897 contribuyeron a la perfecta ambientación los decorados de Giorgio Busato y de Armesto, especialmente el telón de fondo donde estaba pintada la entrada del Paseo de Recoletos.
Argumento La acción se desarrolla en Madrid en el mes de agosto en un puesto de refrescos (el aguaducho). El argumento gira alrededor de un enredo de carácter económico en el que están implicados, sin saberlo, los protagonistas. El personaje central del enredo es Aquilino, un hombre de negocios, propietario de pisos baratos de alquiler y prestamista.Pese a ser el eje de toda la trama, este personaje no tiene a penas papel en la obra ni mucha presencia en escena.
Con Aquilino están endeudados Serafín —el joven lechuguino hijo de un político—, Simona madre de Atanasia (Asia para los amigos), —la joven romántica y soñadora, poetisa aficionada— y Pepa, que tiene alquilado el aguaducho de Recoletos. Aquilino tiene la costumbre de marcar los billetes que presta a sus deudores, de manera que al final cuando Simona y Pepa cumplen con la deuda se da cuenta de que tiene en sus manos el dinero que en su momento prestó a Serafín. «Me pagan con mi propio dinero», dice malicioso sospechando que Serafín se entiende tanto con la joven Asia como con Pepa. Entremedias va apareciendo el tema amoroso, la seducción, los apuros económicos, los celos, el timo, la nostalgia o saudade de las niñeras gallegas, para terminar con un pasacalle de chulapos y chulapas en homenaje a la verbena de San Lorenzo.
Estructura de la obra. Libreto El autor del libreto, Miguel Ramos Carrión lo llamó pasillo veraniego y lo estructuró en un acto con dos cuadros.
Cuadro primero Se sitúa la acción en un piso alquilado, muy modesto, cuyo casero es Aquilino. Las inquilinas son Simona y su hija Atanasia que se hace llamar Asia. Es un cuadro sin música, todo es diálogo entre los tres personajes. La primera intervención es de Asia, romántica y enamorada que sueña además con ser una famosa poetisa. Precisamente han venido a Madrid desde su pueblo para editar un libro de versos pero Simona cuenta que eso ha sido la perdición y se ven en la ruina: «¡Gastarnos en la impresión dos mil pesetas, para no vender más que tres ejemplares! Ya te lo decían los libreros: doscientos ejemplares, no tire usted más. Pero tú, no, cuatro mil, hay que tirar cuatro mil... y efectivamente, tirados están por esas calles después de haber tenido que venderlos a perro chico.» thumb|Telón vertical. El telón se levanta y Asia ofrece al público una de sus poesías dedicada a un pajarito:
Simona se acerca cuando comprende que ya ha terminado la inspiración y habla seriamente con ella. No tienen dinero, están arruinadas y entrampadas y ha recibido una carta desde el pueblo de Valdepatata del tío Antón que ofrece pagar todas las deudas y aconseja que regresen y que Asia se case con su hijo el primo Aniceto. La carta del tío es clara y realista: « "Creo que si no se casa con su prima se me muere. Convéncela, y si se decide, yo iré a esa, pagaré todo lo que debéis y nos volveremos juntos, para vivir aquí en paz y en gracia de Dios." » A lo que Asia responde con frases rebuscadas y tono teatral. Pero Simona está firme y ha tomado una resolución: «O ese joven se casa contigo inmediatamente o nos volvemos a Valdepatata. Esta noche, si no me habla él, le hablo yo. De hoy no pasa...» Se oye la campanilla de la puerta y aparece el casero, con intenciones de cobrar los dos meses que se le adeudan. Tras una breve conversación Aquilino da su ultimátum: «Si mañana mismo no cobro las dos mensualidades, yo, sintiéndolo con toda mi alma, me veré precisado a embargar los muebles... y a despedir a ustedes de la casa.» y les otorga una última oportunidad: «Si ustedes me presentan un fiador que tenga suficiente garantía...» Simona ve el cielo abierto y ofrece a Serafín, que es novio de la niña «El hijo de un hombre político muy importante, ex ministro, a quien usted conoce seguramente; don Simón Pérez de la Lata.» La trama se va enredando; Aquilino les cuenta que Serafín tiene dinero porque se lo ha prestado él a cuenta de la fortuna de su abuelita que es riquísima y le respalda. Pero que tienen que pedirle ellas el dinero prestado. Aquilino se despide con la promesa de volver a cobrar al día siguiente. Asia, en tono melodramático recita: «¡Fatal, tremendo, perentorio plazo! ¡Oh, qué horrible es la prosa de la vida!»
Cae el telón supletorio (o telón de comodín) para poder hacer el cambio de decorado del segundo cuadro. En el telón hay una alegoría del botijo y en letras muy grandes se ve escrito otro poema de Asia:
Cuadro segundo Se desarrolla en los jardines de Recoletos o paseo de Recoletos. Como telón de fondo se ve la entrada a este paseo que los asistentes al estreno identificaron inmediatamente. El decorado lo forma el aguaducho de Pepa, sillas y veladores. En segundo término hay un banco de hierro que pertenece también al paseo y cerca del banco, un farol. El comienzo del cuadro lo protagonizan las amas, las niñeras y los niños. Estos juegan al corro cantando temas populares y canciones infantiles:
Las niñeras cantan comentando sobre su vida profesional:
Al compás de las seguidillas se intercalan también frases habladas de las niñeras y los niños. El público acogió siempre con regocijo aquello que dicen «yo quie’o correr. Y yo saltar. ¿Y tú qué quieres? Yo quie’o mear. Pero señora, ¿por qué le pega? Porque es muy malo. ¡Tía gallega!»
Terminan los coros de las niñeras y los niños y hacen mutis quedando en el escenario Pepa y su novio Lorenzo que se lamenta de lo mal que va a pasar el día de su santo por culpa del dinero, o mejor de la falta de dinero por la mala racha que están pasando:
«¡Ni siquiera poder uno alquilar una manola pa irse con cuatro amigos a refrescar por ahí y a beber unas tintas! ¡En la vida me ha pasao!»Una manola es un carruaje de pescante, de finales del siglo XIX. a lo que Pepa responde
«Pues, hijo, fastidiarse, que lo mismo me sucede a mí. Es la primera vez que he dejado yo de ir a la verbena de San Lorenzo.»
Lorenzo propone ir de todas formas a dar una vuelta pero Pepa se indigna porque no tiene el mantón de Manila, una prenda imprescindible:
«¿Tú piensas que estoy loca? ¡Pa que se enteré todo el barrio de que tengo empeñao el mantón de Manila! Vamos, hombre, que te se quite de la cabeza. Pasao mañana hay que entregarle a don Aquilino los veinte duros si no queremos que nos embargue el puesto...»
Hablan de solucionarlo todo si a Lorenzo (que es torero) le contratan en unas cuantas ferias. Después la conversación versa sobre la otra pareja Vicente y Manuela; hubo un tiempo en que Vicente fue novio de Pepa y Lorenzo de Manuela por lo que las rencillas y los celos están a flor de piel. A lo largo de la conversación sale a relucir el señorito Serafín y es entonces cuando se plantea el enredo del pago de las deudas con Aquilino y el engaño de que va a ser víctima Serafín. Pepa pone al corriente a Lorenzo:
«Oye lo que hay. Ese joven, que es hijo de un señorón que ha sido ministro y tiene mucho dinero, es novio de esa señorita, una cursi romántica, que está chalá por él. La mamá, que por lo visto quiere pescarle, hace lo que todas las mamás que vienen por aquí, se queda dormida, al parecer, y pa que los chicos tengan su miaja de palique; El se conoce que se ha convencido de que no va a conseguir ná de lo que busca, ¿comprendes? y ha pensao... Vamos, una barbaridá. Y de eso me hablaba anoche.»