Ngungunhane, Mdungazwe Ngungunyane Nxumalo, N'gungunhana, Gungunhana o Reinaldo Frederico Gungunhana (Gaza, c. 1850 — Angra do Heroísmo, 23 de diciembre de 1906) fue el último emperador del Imperio de Gaza, en el territorio que actualmente es Mozambique, reinando desde 1884 hasta 28 de diciembre de 1895, día en que fue hecho prisionero por Joaquim Mousinho de Albuquerque en la aldea fortificada de Chaimite. Apodado el León de Gaza y ya conocido por la prensa europea, la administración colonial portuguesa decidió condenarlo al exilio en vez de mandarlo fusilar (como había sucedido con otros). Fue llevado a Lisboa, acompañado por uno de sus hijos de nombre Godide y por otros dignatarios. Después de una breve permanencia en aquella ciudad, fue desterrado a las Azores, donde falleció 11 años más tarde. Fue el último monarca de la dinastía Jamine.

Biografía Los primeros años (1850-1864).

Mundagaz, el futuro Ngungunhane, nació en una sociedad compleja y en un período de gran inestabilidad social y política. Su abuelo, Soshangane o Manicusse, era un rey (o nkosi) de un pueblo de lengua nguni, después denominado por los portugueses como angune o vátua, líder incuestionable de un poderoso ejército que en las décadas anteriores, a lo largo del Mfecane, migraría hacia el norte desde Zululândia, sometiendo durante la década de 1820 cerca de doscientas tribus, cuyos jefes pasaron a ser régulos vasallos suyos.

Después de haberse ido de sus tierras ancestrales en el territorio de la actual África del Sur, los guerreros angunes liderados por Soshangane se movieron incesantemente por los territorios situados entre los ríos Maputo y Zambeze, sometiendo a los pueblos autóctonos y fundando un imperio al que dieron el nombre de Gaza, que en la fase inicial ocupaba cerca de 56.000 km²:.

Con la llegada de los angunes, el relativo sosiego en que habían vivido los pueblos locales, y los comerciantes portugueses establecidos a lo largo de la costa mozambiqueña, fue rudamente quebrado con sucesivas masacres y la sumisión forzada al nuevo poder, creándose un clima de inseguridad y miedo que permanecería durante décadas.

Después de oscilar durante casi 20 años, el centro del poder de los angunes se establece en torno al valle del río Limpopo, región donde Soshangane, ya conocido como Manicusse, funda la aldea de Chaimite y fija allí su capital. Siendo una de las presencias europeas más antiguas en aquellos territorios, Portugal decidió enviar en agosto de 1840 una embajada a la corte de Manicusse. La delegación estaba encabezada por el alférez Caetano dos Santos Pinto y tenía instrucciones de establecer un tratado de amistad, intercambiando una espada y una banda del rey a cambio de una azagaya y de una roela (escudo). La embajada fue recibida, pero Manicusse declaró que en ese momento, ignoraba las ventajas que le podría proporcionar un tratado de amistad con el rey de Portugal, tal como consta en el relato, fechado el 18 de noviembre de 1840, que fue presentado por el alférez Caetano dos Santos Pinto y registrado por el escribano de la Hacienda Nacional de Inhambane João Caetano Dias. A pesar de que la espada fue intercambiada por la azagaya los ataques continuaron.

En esta región y en este contexto social y político, hacia 1850 nació Mundagaz, el futuro Gungunhana, un príncipe de sangre real, hijo de Muzila, uno de los hijos ilegítimos de Manicusse. Educado para la vida de guerrero, participante desde su más tierna edad en las marchas militares que su padre y abuelo emprendían anualmente por sus vastos dominios, Ngunguhane fue formado para la lucha, aprendiendo las tácticas de guerra que su abuelo y Shaka habían introducido.

Cuando Manicusse murió en 1858, tuvo lugar una disputa por el trono tuvo entre los dos principales pretendientes: Muzila, el padre de Mundagaz, y Mawewe, su tío. Después de una breve contienda armada, salió victorioso Mawewe, que decidió en 1859, atacar a sus hermanos para ganar más poder. Poco después de huir para el Transvaal, Muzila organizó un ejército para atacar a su hermano. Probablemente Mundagaz siguió a su padre al exilio, evitando de esta manera la destrucción de su linaje.

Con Mawewe, o Maueva, como era designado por la administración colonial portuguesa, al revelarse todavía más agresivo que su padre y predecesor, los portugueses, los bóeres y muchos de los líderes tribales que se sentían amenazados por la dominación angune, se unieron contra él. Sintiéndose también amenazado, el Presidente de la República Bóer de Orange, se dirigió el 29 de abril de 1861 al vicecónsul de Portugal proponiéndole una alianza formal contra Mawewe, la cual es aceptada con reservas. Pero estas reticencias desaparecieron cuando Mawewe exige que la colonia de Lourenço Marques pase a pagarle tributo, incluyendo una cláusula que obligaba a que las mujeres embarazadas pagasen un impuesto doble. Y todo esto bajo la amenaza de, en caso de negativa, promover una guerra de exterminio contra los intereses portugueses en la región. Onofre Lourenço de Paiva de Andrade, entonces gobernador de Lourenço Marques, responde enviando un cartucho y diciendo que esa sería la forma de pago del impuesto.

Declarada la guerra, un 2 de noviembre de 1861, llegan a Lourenço Marques enviados de Muzila, que aceptan el apoyo portugués en la contienda a cambio de vasallaje. A partir de entonces Muzila asume el papel de rey y la guerra gana ímpetu.

La batalla decisiva tuvo lugar a finales de noviembre de 1861, en una línea de casi de cuatro leguas entre en las playas de Matola y las tierras de Moamba. A pesar de tener menos hombres, Muzila salió vencedor y el 30 de noviembre se presentó en el presidio de Lourenço Marques, siendo amigablemente recibido por el gobernador.

El 1 de diciembre de 1861 se firmó un tratado en que Muzila se declaraba súbdito portugués y se hizo un acta, que después de aprobada por el gobierno portugués, sería publicada en un decreto de 18 de febrero de 1863 por José da Silva Mendes Leal, entonces Ministro de Marina y Ultramar, e incluida el número 4 de la publicación de Términos de Vasallaje (1858-1889).

Una nueva y decisiva victoria de Muzila en una batalla acontecida el 16 de diciembre de 1861, en la región de Maputo, consolidó la alianza. En el proceso Portugal proveyó a Muzila 2000 espingardas, 50000 cartuchos y 1200 pedernales, además del apoyo bóer y de los líderes locales que preferían someterse al lejano rey de Portugal que a la hegemonía local de Mawewe.

A pesar de que la guerra había durado hasta 1864, y, entre tanto la capital del reino se había trasladado desde el valle del río Limpopo a Mossurize, al norte del río Save, en la actual provincia mozambiqueña de Manica, Muzila fue dominando progresivamente a los angune y sus pueblos vasallos y a partir de 1864 fue el líder incuestionable del Imperio de Gaza. Con esto, Mundagaz pasó a ser uno de los posibles príncipes sucesores, iniciando un camino que lo llevaría al poder.

El reinado de Muzilla (1864-1884)

Terminada la guerra, Muzila se dedicó a la consolidación de su poder y a la expansión del Imperio de Gaza. Mantuvo el estilo de gobierno de su padre, gobernando con mano de hierro y manteniendo su corte en constantes campañas militares, recorriendo incesantemente el territorio que dominada. La capital continuó en Mossurize, pasando la población de Chaimite a ser considerada la aldea sagrada del linaje y el sitio de residencia de los espíritus de sus antepasados.

A pesar del tratado firmado en 1861 y de la alianza existente con los intereses portugueses que le permitiera conquistar el trono, los guerrilleros de Muzila devastaron varias veces las colonias portuguesas instaladas en Sofala y Inhambane, manteniéndose un clima de tensión que en nada coincidía con lo formalmente acordado en las constantes manifestaciones de amistad.

La presión europea sobre la región era creciente: portugueses, ingleses, y bóeres luchaban por el control de cada vez más territorio. En este periodo aumenta rápidamente el número de expediciones europeas de exploración en África. Eran también cada vez más los misioneros y los comerciantes europeos en las tierras de Gaza. En Lisboa ya se comenzaba a alimentar el sueño del control de los territorios de Angola situados a la contracosta, que culminaría en el mapa rosado algunos años después.

En este ambiente de creciente presión europea, la posición de Muzila era cautelosa, traduciéndose en un distanciamiento en relación a los europeos. Nominalmente se mantenía como vasallo portugués, pero olvidaba con frecuencia los términos del acuerdo de 1861: hacía la guerra cuando entendía y no se cohibía de atacar los intereses portugueses siempre que se le mostrara favorable y, a pesar de sus manifestaciones de amistad y gratitud, sus guerreros arrasaron en diversas ocasiones los distritos de Sofala y Inhambane, penetrando en territorios que estaban bajo soberanía portuguesa o pertenecientes a régulos que se declaraban súbditos del rey de Portugal.

A principios de la década de 1880, cuando el reinado de Muzila se aproximaba a su fin, la presión europea creció rápidamente. Las expediciones eran cada vez más frecuentes y penetraban cada vez más profundamente en el territorio de Gaza. Las presiones para que fuese autorizada la exploración de recursos minerales también crecían. Manteniendo una política de equilibrio estratégico con los intereses portugueses, a 27 de enero de 1882 Muzila, acompañado por dos mangas de sus tropas, visita Lourenço Marques, rindiendo vasallaje y justificando los conflictos registrados en Inhambane. Es recibido con todas las honras por el gobernador, que le ofrece buey, arroz y aguardiente. Poco después, a mediados de aquel año, pide incluso una bandera portuguesa para hacerla ondear en su campamento.

Al año siguiente, en 1883, Portugal decide nombrar un embajador en la corte de Muzila. La elección recae sobre Antonio María Cardoso, un hombre experimentado en la región, que se dirigió de inmediato para el sitio donde Muzila se encontraba, en la región de Bulawayo, en el actual territorio de Zimbabue. Después de una larga espera para tener a autorización para aproximarse al campamento y para ser recibido en audiencia, António Maria Cardoso consigue finalmente llegar a hablar con Muzila y es bien recibido. Lo mismo acontece con el capitán de artillería Joaquim Carlos Paiva de Andrada, que aquel año se dirigió a Manica y allí se reunió con Muzila.

Sin embargo, a pesar de este aparente buen entendimiento, las tensiones aumentaban rápidamente, con las potencias europeas exigiendo un efectivo dominio del territorio como la única forma de justificar la posesión de territorios en África. Por entonces, de cara al creciente despliegue de otras potencias europeas en África, Portugal decide reforzar su presencia en aquel continente: son organizadas las grandes expediciones de exploración, destacando las de Roberto Ivens y Hermenegildo Capelo, con las cuales pretendía demostrar la efectiva ocupación del interior de África.

Sin que Muzila lo supiese, en el último año de su vida, a miles de kilómetros de sus tierras se preparaba la Conferencia de Berlín y, con ella, el reparto del continente africano entre las potencias europeas. Cuando fallece, a finales de agosto de 1884, los europeos ya estaban reunidos para fijar las reglas que dictarían el futuro de Gaza.

Durante el reinado de Muzila, su hijo Mundagaz, el futuro Gungunhana, fue progresivamente ganando importancia, convirtiéndose en una de las principales figuras de su corte. Cuando su padre murió, no siendo el heredero legítimo, posición que recaía sobre su hermanastro Mafemane, cuya madre era la esposa principal (nkosicaze) de Muzila, se generaron algunas escaramuzas fratricidas, tradición de los algunes, finalizadas las cuales Mundugaz había eliminado al príncipe heredero y obligado a los otros dos rivales, Anhana y Mafabaze, a huir al exilio.