El Museo Arqueológico Nacional (MAN) es un museo nacional español con sede en el Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales de Madrid, un edificio del , iniciado por el arquitecto Francisco Jareño y Alarcón y finalizado por Antonio Ruiz de Salces, que comparte con la Biblioteca NacionalY antiguamente también con otras instituciones: el Museo de Arte Moderno, el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Archivo Histórico Nacional y la Sociedad de Amigos del Arte. y que se ubica en la calle Serrano, junto a la plaza de Colón.
Es el principal museo español dedicado a la arqueología. Su colección se nutre de piezas originarias de España, desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna. No obstante, también tiene diferentes colecciones procedentes del exterior, en especial de la Antigua Grecia, tanto de la metropolitana como, sobre todo, de la Magna Grecia, y, en menor medida, del Antiguo Egipto, además de «un número reducido de piezas» de Oriente Próximo.
El museo es de titularidad estatal y de gestión directa del Ministerio de Cultura. Orgánicamente depende de la Dirección General de Bellas Artes y Patrimonio Cultural, concretamente de la Subdirección General de Museos Estatales.
En 1962, el museo fue declarado monumento histórico-artístico, por lo que es bien de interés cultural con categoría de monumento,
Historia Fundación. Casino de la Reina El proyecto de un Museo Arqueológico Nacional se fraguó a partir de 1862. En ese año se decidió levantar al final del paseo de Recoletos un edificio, el Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales, que serviría de sede a la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional de Pintura y Escultura (más conocido como Museo de la Trinidad) y el Museo Arqueológico Nacional.miniatura|Gaceta de Madrid de 21 de marzo de 1867 en la que se publica el real decreto por el que se establece en Madrid un Museo Arqueológico Nacional.|alt=|izquierdaSu creación se enmarca dentro de una corriente, iniciada en el , que fomentaba la creación de museos o gabinetes para fines de investigación o docencia, especialmente por parte del Estado, con bienes de la Corona o por iniciativa real. A ello se unió el fenómeno de las desamortizaciones eclesiásticas, con graves consecuencias para el patrimonio histórico y artístico. Para mitigar ese problema, en 1844 se crearon las Comisiones Provinciales de Monumentos, cuyo fin era reunir objetos para formar museos o colecciones en cada provincia. A toda esta actividad se unió la creación de archivos y bibliotecas en distintas provincias y la creación, en 1858, del Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios, que posteriormente se amplió con la sección de Anticuarios.
Asimismo, la Ley General de Instrucción Pública de 1857 otorgaba a los archivos, bibliotecas y museos una misión docente, factor que también influyó en la creación del Museo Arqueológico Nacional. A diferencia de otros países europeos, España no contaba con un museo constituido por grandes colecciones; la idea de tal proyecto se expresaba ya en 1854, bajo la denominación de Museo Arqueológico General, y su puesta en marcha se vislumbró, al menos, desde 1862, con la intención de construir su sede.
Tales motivaciones hicieron que, en marzo de 1867, el ministro Manuel Orovio Echagüe expusiera a Isabel II la necesidad de contar con un Museo Arqueológico Nacional, y así, el 20 de marzo de 1867, a través de un real decreto, la reina firmó su creación en un contexto político y social en el que se fraguaba la revolución de 1868. Poco tiempo después, el 16 de junio, se nombró a su primer director, Pedro Felipe Monlau, y se cedió para sede provisional del Museo el palacete y otros pabellones del Casino de la Reina, pues en 1866 se habían iniciado las obras de la que sería su sede definitiva. Sus colecciones fundacionales procedían principalmente del Real Gabinete de Historia Natural (antecesor del actual Museo Nacional de Ciencias Naturales), a las que se sumaron los fondos del Museo de Medallas y Antigüedades de la Biblioteca Nacional, integrados por alrededor de 100 000 monedas, medallas y entalles, así como por un millar de objetos arqueológicos y artísticos, los de la Escuela Superior de Diplomática, y los de la Real Academia de la Historia.
El estado de sus edificios no era el más adecuado, por lo que durante el verano de 1867 se llevaron a cabo diversas obras de rehabilitación y adaptación, que afectaron principalmente al antiguo invernadero, y en el otoño del mismo año se produjo una segunda etapa de rehabilitación, con especial atención a los jardines. En noviembre, una real orden mandaba trasladar las colecciones al nuevo Museo Arqueológico.
En 1868 accedió a la dirección del Museo José Amador de los Ríos. Bajo su gestión se realizaron obras en la capilla, en los jardines y en la nueva portada del recinto exterior. Asimismo, comenzó la realización de un inventario con objeto de crear un catálogo del Museo, y se iniciaron dos libros de registro de piezas, para donaciones y compras. La previsión era inaugurar el Museo en noviembre de 1868, pero la revolución de septiembre dilató este acontecimiento. Durante la misma, una turba enemiga de Isabel II prendió fuego a la fachada, siendo atajada por los trabajadores, ante lo cual el director ordenó al personal del Museo que se armase para defenderlo, llegando a patrullar por el barrio auténticos arqueólogos milicianos.
Destituido el director por motivos políticos, le sustituyó Ventura Ruiz Aguilera, quien tuvo que posponer la inauguración del Museo debido a las obras y mejoras que requerían las instalaciones. Las deficiencias de estas y el espacio insuficiente para un montaje adecuado llevaron a solicitar al Ministerio la ampliación del Museo, sin fortuna. A pesar de ello, el 9 de julio de 1871 tuvo lugar la inauguración del mismo de la mano del rey Amadeo I, y contaba entonces con cuatro secciones: 1.ª — Tiempos primitivos, con 2703 objetos. 2.ª — Edad Media, con 3033 objetos. 3.ª — Numismática, con 103 096 monedas de oro, plata, bronce y plomo. 4.ª — Etnografía, con 3500 objetos procedentes de Asia, África, América y Oceanía.
Al año siguiente asumió la dirección Antonio García Gutiérrez, a quien siguieron en el cargo Francisco Bermúdez de Sotomayor y Basilio Sebastián Castellanos de Losada. El espacio reservado al Museo disminuyó al concederse terrenos a Veterinaria para la construcción de su Escuela. Este hecho, la necesidad de ampliar la sede y la lentitud de los trabajos del palacio de Recoletos hicieron que en 1888 se construyera un nuevo edificio anexo al palacete del Casino. En cuanto a las publicaciones, en 1876 se había publicado la Noticia histórica-descriptiva del Museo Arqueológico Nacional, y en 1883 se publicó un Catálogo, obra de Rada, del que solo vería la luz su primer volumen, dedicado a una de las secciones del museo. Igualmente, entre 1871 y 1882 se publicó la revista Museo Español de Antigüedades, que difundía las piezas más notables del museo a través de monografías. miniaturadeimagen|Motín en la noche del 11 de diciembre de 1872, cuando una turba de sublevados invadió el museo. Se produjo el robo de una espada granadina, recuperada al día siguiente. Tras su inauguración, el Museo sufrió varios intentos de robo y asalto, como el ocurrido en 1873, durante el cual robaron una espada hispanoárabe, o en 1877, cuando robaron varias estatuillas de bronce, todo ello recuperado posteriormente. Con las obras del palacio de Recoletos ya finalizadas, en 1892 se organizaron dos exposiciones, la Histórico-Americana y la Histórico-Europea, conmemorativas del IV Centenario del Descubrimiento de América. En ellas participó el Museo, trasladando muchas de sus colecciones, que se recogieron en un Catálogo General en 1893. En este año el Museo también participó en otra exposición, la Histórico-Natural y Etnográfica.
Finalizadas las exposiciones, en julio de 1893 se ordenó el traslado definitivo del resto de colecciones del Museo desde el Casino de la Reina. Aunque se preveía disponer de mayor espacio en la nueva sede, al Museo solo le correspondieron dos plantas del ala de Serrano, dos patios cubiertos y parte del sótano. Finalmente, el 5 de julio de 1895 se inauguró oficialmente el Museo en su nueva sede.
Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales Instalado en su nueva sede, el Museo continuó su misión docente de la mano de los conservadores, como la serie de conferencias entre 1896 y 1897. En 1900 se suprimió la Escuela Superior de Diplomática, trasvasando sus enseñanzas y profesores a la Universidad, por lo que el cuerpo de archiveros, bibliotecarios y anticuarios perdía parte de su personalidad. Al año siguiente, y con objeto de mejorar la enseñanza de la arqueología en la Universidad, se dispuso que los museos arqueológicos tuvieran cierta dependencia del Rector de la Universidad; servirían para las clases prácticas y los jefes de museos darían dos conferencias al mes. Poco tiempo después dichos procedimientos no harían falta con la formación, en la propia Universidad, de los futuros arqueólogos tanto para esta como para los museos.
En el largo periodo hasta 1930 apenas tuvieron lugar obras de albañilería en el Museo, salvo montajes o desmontajes y reparaciones, como las continuas llevadas a cabo en las cubiertas de vidrio de los dos patios. En estos años se publicaron varios trabajos destinados a difundir los fondos del Museo, entre ellos varios catálogos y dos guías, la Guía histórica y descriptiva del Museo Arqueológico Nacional (1917) y Una visita al Museo Arqueológico Nacional (1925). La actividad científica de directores y conservadores fue muy prolífica y destaca asimismo la presencia de tres arqueólogos franceses en el Museo, además de las continuas relaciones de Adolf Schulten con el mismo.
Las nuevas tendencias artísticas se fueron imponiendo en la museografía y todos los aspectos decorativos derivados del neoclasicismo, eclecticismo y Art Nouveau se fueron eliminando; se pretendía que las piezas absorbieran la atención del público sin la molestia de adornos complementarios. El Museo asumió lo anticuado de sus instalaciones y elaboró un proyecto de modernización a realizar en varias fases; sin embargo, solo se llevó a cabo la primera, finalizada en julio de 1936, que afectó a la planta baja. En esta se crearon cuatro nuevas salas en las que, pensando en el público, se presentaban únicamente las piezas más importantes. Años antes, el 10 de julio de 1931, se había creado el Patronato del Museo Arqueológico Nacional.
Bajo la dirección de Francisco de Paula Álvarez-Ossorio y Farfán de los Godos se publicaron varios catálogos temáticos, como bronces ibéricos, vasos griegos, monedas, mientras que las nuevas adquisiciones fueron publicadas en folletos independientes. El inicio de la Guerra Civil paralizó tanto la inauguración de las nuevas salas como los restantes proyectos de modernización del Museo.