«Nothing Really Matters» es una canción interpretada por la cantante estadounidense Madonna, incluida en su séptimo álbum de estudio, Ray of Light (1998). Fue compuesta por Madonna y Patrick Leonard, mientras que la producción estuvo a cargo de la primera, William Orbit y Marius de Vries. Las compañías Maverick y Warner Bros. Records la publicaron como el quinto y último sencillo del disco el 26 de febrero de 1999. Es una canción de géneros disco y trance que incluye ritmos de techno y dance, así como música ambiental y frecuencias de ruido electrónico agregadas por de Vries. La letra ahonda en el nacimiento de la primera hija de Madonna, Lourdes «Lola» León, y explora otros temas como el egoísmo y la maternidad.

En términos generales, obtuvo reseñas variadas, aunque en su gran mayoría de carácter favorable; la crítica resaltó la letra y la composición, aunque consideró que no estaba a la altura en comparación con otras canciones del material. Desde el punto de vista comercial, alcanzó la primera posición en España y Hungría y estuvo entre los diez primeros en Canadá, Finlandia, Grecia, Islandia, Nueva Zelanda, Países Bajos, Polonia y Reino Unido. En Estados Unidos, fue el vigésimo primer número uno de Madonna en el conteo Dance Club Songs; sin embargo, se convirtió en su sencillo con la posición más baja dentro de la lista Billboard Hot 100, tras ocupar el puesto 93. Esto se debió al retraso del lanzamiento físico, mucho después de que lograra popularidad en las radios y discotecas del país.

El videoclip, dirigido por Johan Renck, tuvo su estreno en MTV el 13 de febrero de 1999. Inspirado en la novela Memorias de una geisha (1997) de Arthur Golden, muestra a la cantante como una geisha mientras baila en una habitación, intercalado con escenas de bailarines de ascendencia asiática que realizan movimientos butō. Madonna luce un kimono rojo —confeccionado por el diseñador de moda francés Jean-Paul Gaultier— que usó nuevamente durante la presentación de la canción en la 41.ª entrega anual de los premios Grammy, celebrada ese mismo mes en Los Ángeles. Casi veinticinco años después de su lanzamiento, el tema formó parte de la gira The Celebration Tour (2023–2024), realizada para conmemorar los cuarenta años de carrera de Madonna. «Nothing Really Matters» ha sido citado como uno de sus sencillos más infravalorados, sumado a que periodistas y académicos consideraron el videoclip y el vestuario como una de las mejores y más icónicas reinvenciones de Madonna.

Antecedentes thumb|upright|Para «Nothing Really Matters», Madonna trabajó con el productor William Orbit luego de que Guy Oseary (fotografía), socio de la discográfica Maverick, se contactara con él y le solicitase algunas melodías para la cantante

Entre 1996 y 1998, Madonna pasó por una serie de experiencias que le «cambiaron la vida», entre ellas el nacimiento de su hija Lourdes «Lola» León, su interés por el yoga, el misticismo oriental y la cábala, así como el papel protagónico de Eva Perón en la adaptación cinematográfica del musical Evita, dirigida por Alan Parker. En 1997, empezó a trabajar en su séptimo álbum de estudio Ray of Light; para ello, compuso canciones con William Orbit, Rick Nowels, Patrick Leonard y Babyface con el propósito de que reflejara los «cambios de perspectivas» en relación con su vida personal. Joan Anderman del Boston Globe señaló que se trataba de un «disco dance profundamente espiritual», cuyo meollo se basaba en «liberarla de una carrera construida sobre imágenes recogidas e identidades cultivadas». La maternidad había suavizado emocionalmente a la artista, lo que se reflejaba en las canciones. En este sentido, ideó conceptos y usó palabras que implicaban pensamientos más profundos y personales, en lugar de las melodías típicas de música dance que había compuesto anteriormente. En aquella época, se encontraba en su fase «más espiritual» y, a medida que crecía su interés por el misticismo y la Cábala, las letras adquirían un enfoque «menos situacional y más universal». En una entrevista con la revista Q, expresó que la maternidad la llevó a «buscar respuestas a preguntas que nunca antes me había hecho».

Madonna compuso la canción con Leonard durante el desarrollo de Ray of Light, aunque, a diferencia de su dinámica de trabajo anterior, este último solo coescribió cuatro temas del disco: «Nothing Really Matters», «Skin», «Sky Fits Heaven» y «Frozen». Su participación en la producción también fue mínima, ya que, en ese momento, la artista buscaba «cierta sensibilidad europea» en el álbum con música de Inglaterra y Francia que no «podría haber obtenido de un productor estadounidense». Por ende, trabajó principalmente con Orbit luego de que Guy Oseary, socio de la discográfica Maverick, se contactara con él y le solicitase algunas melodías para la cantante; le envió una cinta de audio digital de trece pistas, entre las cuales se encontraba una maqueta de «Nothing Really Matters». A los cinco días, ella se comunicó con el productor y le comentó que estaba interesada en colaborar con él. Era gran admiradora de los discos del productor y de las remezclas que había creado para sus sencillos anteriores; agregó: «Estaba interesada en fusionar una especie de sonido futurista, pero también usar muchas influencias indias, marroquíes y cosas así. Quería que sonara viejo y nuevo al mismo tiempo».

Desarrollo y grabación Para «Nothing Really Matters», Madonna empleó lo que Lucy O'Brien, autora de Madonna: Like an Icon (2007), denominó la «estrategia psicológica» de enfrentar a dos productores entre sí para que, de esa manera, cada uno pudiese «elevar su juego». De acuerdo con el coproductor Marius de Vries, era el tema que más tenía preparado de antemano; durante las sesiones, Orbit consideró sus contribuciones «desagradables», a lo que respondió: «En todas las colaboraciones le dejé mucho espacio, pero aquí quería poner algo sobre la mesa y decir: "Esto es lo que pienso"». Para ello, había añadido frecuencias de ruido electrónico en la introducción y afirmó que tenía una «visión de cómo terminar la canción». A Orbit no le gustó la adición, ya que le parecía que la cinta de audio digital estaba rota, y de Vries defendió su contribución al confirmar que ese era precisamente el punto desde un principio: «Es bastante lenta para una melodía dance de esa naturaleza, no una melodía pausada». Pese al desacuerdo de Orbit, el sonido se mantuvo por decisión de Madonna.

Un aspecto que O'Brien analizó es cómo la maternidad había transformado a la artista de manera positiva. En este punto, de Vries señaló que se mostró «más asentada, más tranquila. Lola estaba cerca todo el tiempo. Una de las salas de ocio del estudio se convirtió en una especie de guardería. Era muy tierna». Madonna profundizó: «Lola no sabe que soy famosa y es un amor completamente incondicional, que nunca conocí porque crecí sin madre. Cuando tienes hijos tienes que salir de ti mismo... Lo miras desde una perspectiva diferente». Producida por Madonna, Orbit y de Vries, la grabación tuvo lugar en los estudios Larrabee North de Universal City (California), mientras que la masterización en Sterling Sound (Nueva York), a cargo de Ted Jensen. No se grabó con músicos en vivo, lo que representó un problema de maquinaria que retrasó la grabación inicial, puesto que, en su lugar, Orbit prefería trabajar con samples, sintetizadores y Pro Tools. Como resultado, tomó tiempo terminar la producción de la canción, así como la de todo el álbum, hasta que se repararon las máquinas. El resto del personal incluyó a Steve Sidelnyk en la programación de batería; Donna De Lory y Niki Haris en los coros; y Pat McCarthy, David Reitzas, Jon Englesby, Mark Endard y Matt Silva en la ingeniería.

Composición

«Nothing Really Matters» es una canción de géneros disco y trance que incluye ritmos de techno y dance. Larry Flick de Billboard la describió como una «rebanada de disco retro». Según la partitura publicada en Musicnotes.com por Alfred Publishing Co. Inc., se establece en un compás de 4/4, con un tempo moderado de 104 pulsaciones por minuto. Está compuesta en la tonalidad de fa mayor y el registro vocal se extiende desde las notas fa3 a la4. Sigue una progresión armónica de re menor—si bemol—re menor—si bemol—re menor—fa/do—do. De acuerdo con los autores René T. A. Lysloff y Leslie C. Gay, en Music and Technoculture (2003), «Nothing Really Matters» revela una fusión de naturaleza y tecnología, es decir, la voz de Madonna y otras características musicales «aportan un elemento natural a sus cimientos electrónicos». En este aspecto, hace un uso «intenso» de sonidos asociados a la electrónica.

Inicia con una introducción instrumental sintetizada donde el uso de la electrónica toma protagonismo a través del timbre. Según Rikky Rooksby, autor de The Complete Guide to the Music of Madonna (2004), el «delicado» comienzo ambiental da la sensación como si la canción fuera una balada compuesta en re menor. A continuación, el oyente percibe el «extraño ruido electrónico [y] ligeramente roto», agregado por de Vries, similar a un «chirrido de percusión que recuerda a un procesador de computadora». También se incluye una línea de cuerda grave, que comienza de manera acústica y luego se distorsiona electrónicamente, y un riff melódico que continúa a lo largo de la canción. A diferencia de la línea de cuerda, el riff nunca se altera o se secuencia, sino que permanece en su timbre original con algunas excepciones melódicas. La artista canta la primera estrofa, bajo los sintetizadores «glaciales» de Orbit, y explica cómo era su vida antes de que su hija naciera: When I was very young, nothing really mattered to me, but making myself happy, I was the only one. Now that I am grown everything's changed, I'll never be the same, because of you («Cuando era muy joven, nada me importaba realmente más que hacerme feliz, yo era la única. Ahora que soy mayor, todo ha cambiado, nunca seré la misma, gracias a ti»). Con la entrada de la voz de Madonna, se agrega otro elemento natural a los sonidos electrónicos, los cuales no interfieren con su voz; en este caso, el sonido natural de su canto contrasta con los tecnológicos. La «sensación» de balada da paso a una pista dance de tempo medio en el estribillo, que evoca las obras anteriores de la cantante, mientras canta los versos Nothing really matters, love is all we need, everything I give you, all comes back to me («Nada importa realmente, el amor es todo lo que necesitamos, todo lo que te doy, todo regresa a mí»). La influencia del dance puede observarse en el estribillo, que utiliza un contratiempo de bajo rítmico para establecer esa conexión. Los sonidos electrónicos ocurren al final de los versos para enfatizar la voz de Madonna. La producción ambiental se vuelve moderada, aunque puede escucharse un pitido somero de derecha a izquierda. Hay varias líneas de cuerda tenues y se aprecia la «profundidad» del campo estéreo. El puente contiene un solo de piano con muchas notas desafinadas mientras recorre un par de compases. Posee una cualidad improvisada, como si fuera un solo de jazz. La asociación con este género y el piano acústico evoca una forma de música anterior, menos controlada por la tecnología, y se yuxtapone con la sección rítmica electrónica, que predomina en la producción, junto con la voz de Madonna.