El Club Deportivo Macará , más conocido como Macará, es una entidad deportiva ecuatoriana con sede en la ciudad de Ambato. Fue fundado el 25 de agosto de 1939, por un grupo de estudiantes del Colegio Nacional Bolívar. Actualmente participa en fútbol masculino y femenino, aunque también ha competido a nivel profesional y amateur en baloncesto, natación, tenis de mesa, entre otras disciplinas. Su plantel masculino se desempeña en la Serie A de Ecuador; su plantel femenino, en la Súperliga Femenina de Ecuador.

Por ser el equipo más popular de la ciudad, es apodado como el «Ídolo Ambateño». Por tal motivo, y también por ser uno de los clubes más antiguos de la urbe, es conocido también como «Viejo y Querido». En cuanto a los logros deportivos, su mayor proeza es el tercer lugar en el Campeonato Ecuatoriano de Fútbol 2019. No obstante, ha logrado varios títulos en divisiones menores, siendo el tercer equipo más laureado de la Serie B, con cinco títulos. Su mayor rivalidad es con el Club Deportivo Técnico Universitario, al ser ambos los dos equipos más populares de Ambato y la Provincia de Tungurahua, juntos protagonizan el Clásico Ambateño. También tiene gran rivalidad con Centro Deportivo Olmedo, el equipo más popular de Riobamba, ciudad muy cercana a Ambato; ambas escuadras disputan el Clásico Interandino.

El club juega sus partidos de local en el estadio Bellavista, donde comparte localía con Técnico Universitario. El estadio tiene una capacidad de 16.467 personas y es propiedad de la Federación Deportiva de Tungurahua. Su centro de entrenamientos es el Complejo Deportivo La Providencia, localizado en el Cantón Tisaleo.

Historia En el mes de julio de 1939, un grupo de estudiantes del Colegio Nacional Bolívar, Eduardo Jurado, Vicente Álvarez, Fierro, Chimborro Rodríguez, Navas, Panguaco Martínez, Echeverría, Eduardo Ortiz, Vicocho Guevara, César Agila, campeones de básquet del rojo y negro, como reacción a no ser tomados en cuenta en la selección de la provincia, en reuniones realizadas en el parque Montalvo.

Posteriormente, en el mes de agosto de ese año y en conversaciones mantenidas con el capitán del Ejército Galo Molina (familiar del señor Eduardo Khalifé), quien hizo guarnición en el cantón Macará de la provincia de Loja, se manifestaron por este nombre de manera unánime y fue así como surgió Macará, inicialmente con las disciplinas de básquet, tanto masculino como femenino, natación y ping pong.

Su fecha oficial de fundación es el 25 de agosto de 1939, en el parque Montalvo en Ambato. Sus fundadores: Eduardo Jurado, Edison Constante, Vicente Álvarez, Fierro, Chimborro Rodríguez, Navas, Panguaco Martínez, Echeverría, Eduardo Ortiz, Vicocho Guevara, César Mancheno, Eduardo Khalifé, Roberto Rodríguez, Eduardo Ortiz, Juan Navas, Francisco Dalmau, Ernesto Núñez, Guillermo Porras, Rodrigo Torres, Humberto Núñez, Oliverio Mancheno, Juan Mosquera, Alfredo Auz, Cristóbal Alfredo Abril, Daniel Altamirano, Gilberto Mayorga, Carlos Rafael Martínez, Carlos Zambrano, Antonio Vargas, Luis Tricheri y Carlos Rodríguez.

FUNDADORES:

La designación de Presidente se produce debido a que del grupo no podían elegir a uno, y deciden invitar a Jorge Vicente Álvarez Saa y le proponen la Presidencia, y la Vicepresidencia le designan a Eduardo Jurado.

UNIFORME: Confección: Señor: Homero Ortiz

Camiseta: Celeste con dos franjas blancas siendo la del centro de mayor tamaño. Cuello y puños blancos

Pantaloneta: Azul celeste

Medias: Plomas

Exterior: Habano, casi blanco con celeste Sello en la parte de atrás y letras

Sello: Celeste con blanco Celeste: Color del cielo, con proyección a la eternidad Blanco: Paz, con un mensaje de la juventud al mundo

Primer equipo de básquet: Eduardo Jurado, Vicente Álvarez (entrenador), Fierro, Chimborro Rodríguez, Navas, Panguaco Martínez, Echeverría, Eduardo Ortiz, Vicocho Guevara, César Manchego

Primer equipo, 1939 Arqueros: Carlos Rodríguez y Guillermo Tricceri. Defensas: Luis Echeverría, Carlos Escobar y Alfredo Auz. Volantes: Cristóbal Antonio Abril, Carlos Ortiz, César Mata y Augusto Arboleda. Delanteros: Carlos Rafael Martínez, Oliverio Mancheno, Eduardo Ortiz, Ernesto Guevara y Humberto Núñez.

Realizan partidos frente a: Selección del Colegio Nacional Bolívar Selección de sexto curso del Colegio Nacional Bolívar Selección de la Quinta Normal Selección de quinto curso del Colegio Bolívar

Así comienza la historia de Macará, el equipo del inolvidable Neptalí "Ñato" Barona. Tantos años de historia por donde han pasado cientos de jugadores, entrenadores y directivos.

Es uno de los clubes de mayor tradición en el fútbol ecuatoriano. Jugó su primera participación en el campeonato nacional en 1960. En 1968, desciende por primera vez a Segunda Categoría y aunque su retorno fue inmediato, desde esa época, son frecuentes sus ascensos y descensos de categoría, incluso, bajando nuevamente a la Serie B en 1974, después a Segunda Categoría en los años 1974, 1977 y 1982, luego subiendo a la Serie B en 1975 y 1979 y finalmente subiendo al balompié rentado en 1985 después de casi 12 años. Sin embargo, de aquello y de no haber podido clasificar a una Copa Libertadores, de sus filas han surgido jugadores importantes, así como han llegado al club reconocidas figuras del fútbol nacional e internacional. Entre los futbolistas ecuatorianos mucho se recuerda con la camiseta celeste a Marco “Rivelino” Constante, jugador de garra, bríos y habilidad. En su época, mediados de los sesenta y primeros años de los setenta, fue considerado el jugador símbolo de los guaytambos. Incluso fue seleccionado preolímpico del Ecuador en 1968 y pretendido por importantes equipos como Emelec y Barcelona. Fue uno de los protagonistas en la gran campaña de 1972, donde Macará quedó en cuarto lugar, detrás de Emelec, El Nacional y Barcelona. En la última fecha, los celestes vencieron en Quito al América por 3-1, con goles de Estupiñán, Suárez y Constante y aquello motivó que la hinchada les brinde un recibimiento nunca antes visto, incluso saliendo a recogerlos a Latacunga. Posteriormente, continuó su carrera en Aucas.

Entre los arqueros de esa época, está Zaracho, de buenas condiciones; Mario Peralta, el héroe del retorno de Macará a primera, al atajar dos penales a Politécnico en la final de ascenso de 1975. También, Vicente “Suicida” Nájera, quien fue considerado por la prensa de Tungurahua, el mejor futbolista de su tierra en 1974. Guardameta de buena talla, elasticidad y arrojo; iba a todos sin temer a nada ni a nadie. El volante de ataque Enrique “Tarzán” Garrido, jugador fuerte, entrador, había jugado en el Deportivo Quito, camiseta con la que quedó campeón en 1968 y desde 1970, se convirtió en uno de los pilares del Macará. El zaguero paraguayo Gaspar “El León” Agüero, de 1,85 m de estatura, proveniente del Olimpia del Paraguay, con toda la estampa y estilo del bravo defensor guaraní. Seguro, enérgico, con buena salida desde atrás, manejando con oficio la línea de fondo, entregándose de lleno en cada partido y siendo poseedor de una buena estatura; imponía su presencia en el juego aéreo. En un partido en el Modelo frente a Emelec en 1972, fue poco menos que impasable, siendo la figura del empate a 0 goles en ese juego. Junto a él, alternaba el esmeraldeño Fausto “La Mole” Rodríguez, de sólidas condiciones físicas y técnicas; fue uno de los primeros laterales en marcar y llegar con potencia al campo rival. En el medio campo, sobresalían otros dos extranjeros, el argentino Casiano Suárez y el paraguayo Miguel Ángel Paiva, de buenas condiciones y vocación ofensiva. Pero, sin duda, los mejores aportes surgidos del ídolo ambateño, fueron los delanteros Rómulo Dudar Mina e Ítalo Estupiñán.

Rómulo “El Dinamitero” Mina, fue goleador del torneo nacional de 1970 con 19 goles. Era un verdadero cañonero, jugaba de puntero zurdo, elástico, hábil, jugaba colectivamente pero, en lo individual era muy rápido, no privilegiaba el desborde, sino más bien para cortarse en el área, filtrarse entre los defensores para disparar o cabecear, tenía el gol entre ceja y ceja y en todos los equipos donde participó, siempre era una alternativa de gol. Lo hizo en Aucas, Barcelona, Bonita Banana entre otros planteles. En todos lució, inclusive en el ídolo del astillero; donde a pesar de no haberse consolidado como una gran figura, se recuerdan grandes tardes donde inflaba las redes. Su nombre consta entre los diez goleadores históricos de los campeonatos nacionales.

Ítalo Estupiñán, fue otro devorador del área; por ello su apelativo de “Gato salvaje”. Con apenas 20 años conformó en las temporadas 1971 y 1972, una dupla endiablada con Mina, al punto que fue convocado por primera vez a la selección, para el mundialito de Brasil en 1972. Fue transferido a El Nacional, donde prosiguió con su racha imparable por la ruta del gol, contribuyendo al título de 1973. Su salida, provocó la incorporación de uno de los mejores centrodelanteros que hallan jugado en el Estadio Bellavista de Ambato. El argentino Juan José De Mario. Era un insigne goleador, de aquellos que pisaban el área y generaban enorme peligro, especialmente, en el juego aéreo. En Ambato, el gol tenía un sello, JJ; luego siguió su carrera en Aucas, sin el mismo suceso. Por aquella época, se recuerda el paso del defensor uruguayo Jorge “Vikingo” Peralta, recio, muy de estilo charrúa en esa posición y del delantero paraguayo Óscar Amarilla, quien se incorporó en lugar de De Mario en 1974, atacante peligroso, sin llegar a la dimensión de su antecesor, incorporándose posteriormente en el Cúcuta Deportivo de Colombia.

Pero, fueron las temporadas de 1987 y 1988, donde Macará realiza muy buenas campañas. En aquel torneo, fue un equipo protagonista. El arco lo cuidaba el experimentado Milton Rodríguez; con varias temporadas a cuestas, aún mantenía sus reflejos intactos, agilidad, pero sobre todo mucha madurez, por lo que garantizaba plenamente el cuidado del pórtico ambateño. La defensa, era liderada por un verdadero cacique: Rodolfo Abalde; este jugador uruguayo, llegó años atrás al América de Quito, era volante pero, con el pasar del tiempo, se fue acomodando en la zaga central y para esa época era todo un “Samurái” tal como lo identificaba la afición. Era un guerrero de combate, incluso su pinta así lo evidenciaba; organizaba a su zaga, llegaba con fuerza y decisión a todas las pelotas, era difícil superarle en el mano a mano, porque marcaba con muchos bríos, a pesar de no ser espigado, se elevaba bien y con frecuencia empujaba al ataque desde atrás, recordando su época de mediocampista, arremetía con peligro en el área rival.