Juan Núñez III de Lara (c. 1313/1314/1315 – Burgos, 28 de noviembre de 1350). Fue un magnate y ricohombre castellano, y era hijo de Fernando de la Cerda y de Juana Núñez de Lara.

Fue señor de Lara y señor consorte de Vizcaya por su matrimonio con María Díaz de Haro, que fue señora de Vizcaya y era hija de Juan el Tuerto. Fue además señor de Villafranca, Oropesa, Torrelobatón, Lerma, Paredes de Nava, Castroverde y Aguilar, y desempeñó los cargos de alférez del rey y de mayordomo mayor del rey Alfonso XI de Castilla.

Fue bisnieto de los reyes Alfonso X de Castilla y Luis IX de Francia.

Orígenes familiares Era hijo de Fernando de la Cerda y de Juana Núñez de Lara, que anteriormente había estado casada con el infante Enrique de Castilla el Senador, hijo de Fernando III de Castilla. Y era nieto por parte paterna del infante Fernando de la Cerda, hijo de Alfonso X de Castilla, y de Blanca de Francia, hija a su vez del rey Luis IX de Francia. Y por parte materna eran sus abuelos Juan Núñez I de Lara, señor de Lara, y Teresa de Haro.

A pesar de pertenecer al linaje de la Cerda, que era una rama de la Casa Real de Castilla, portó el apellido de la familia de su madre, Núñez de Lara, que se correspondía con el nombre de su señorío.

Biografía A la muerte de su tío, Juan Núñez II de Lara, señor de Lara, que falleció durante las Cortes de Burgos de 1315, se convirtió en señor de la Casa de Lara, a pesar de que su tío, el difunto señor de Lara, había dispuesto en su testamento que todas sus posesiones fueran vendidas y que el producto de su venta fuera destinado a misas por el descanso de su alma. No obstante, los hijosdalgo de Castilla dependientes de la Casa de Lara, no deseando que ésta quedase sin señor, siendo como era uno de los tres casas solariegas primitivas de Castilla, solicitaron al rey que nombrase a Juan Núñez de Lara, a pesar de su corta edad, señor de la Casa de Lara. El rey se mostró conforme y los hijosdalgo reunieron una suma de dinero con la que adquirieron tierras, castillos y villas para el señorío de Lara. En 1326, a los once años de edad, aparece su firma en algunos privilegios rodados. Alfonso XI, rey de Castilla y rey de León en esos momentos, había asumido la mayoría de edad el año anterior, en 1325. En 1327, un año después de la muerte de Juan de Haro, llamado «el Tuerto» señor de Vizcaya y Alférez del rey, que había sido asesinado en Toro por orden de Alfonso XI, Juan Núñez de Lara fue nombrado alférez del rey, y como tal aparece confirmando privilegios desde ese año, figurando el primero entre los ricoshombres.thumb|220px|Retrato que se supone representa a Don Juan Manuel, hijo del infante Manuel de Castilla y nieto de Fernando III de Castilla. (Catedral de Murcia).

En 1329, Don Juan Manuel, nieto de Fernando III y uno de los principales magnates castellanos, se hallaba enemistado con Alfonso XI de Castilla, debido a que el rey, que estaba casado con la hija de Don Juan Manuel, la había encerrado en un castillo. Por ello, Don Juan Manuel, deseoso de aliarse con Juan Núñez III de Lara, debido a la riqueza e influencia del señor de Lara, propuso a su suegra, Juana de Lara, madre de Juan Núñez de Lara, que este último contrajese matrimonio con María Díaz de Haro, hija de Juan el Tuerto y de Isabel de Portugal y Manuel. Después de la aprobación del plan matrimonial por su suegra, Don Juan Manuel se comprometió a hacer la guerra al rey de Castilla y León, hasta que este devolviese a María Díaz de Haro las posesiones que habían pertenecido a su padre, Juan de Haro, y de las que el rey se había apoderado, juntamente con el señorío de Vizcaya, después del asesinato de este último en la ciudad de Toro por orden del rey. Concertado el acuerdo, Juan Núñez de Lara y Don Juan Manuel se dirigieron a la ciudad de Bayona, donde se encontraba María Díaz de Haro, que había sido conducida a Francia después del asesinato de su padre por su aya, temiendo las posibles represalias de Alfonso XI de Castilla. En 1331, en la ciudad de Bayona, contrajo matrimonio con María Díaz de Haro, bisnieta de Alfonso X el Sabio y señora de Vizcaya.

Poco después, Don Juan Manuel concertó el casamiento de su hija Constanza con el infante Pedro de Portugal, hijo de Alfonso IV de Portugal, que a la muerte de su padre reinaría en Portugal con el sobrenombre de Pedro I de Portugal. Con ello, Don Juan Manuel obtenía el apoyo del soberano portugués en la alianza que forjaba contra Alfonso XI, a la que pronto se incorporaría el rey de Granada, deseoso de emprender la guerra contra el soberano castellano. En los acuerdos concertados entre el sultán granadino y Don Juan Manuel, este último dejó constancia de que en el pacto de mutua ayuda que ambos sellaban, el magnate se encontraba respaldado por Juan Núñez de Lara, que ponía a disposición de sus aliados sus vasallos y posesiones, con el objetivo de que Alfonso XI devolviese a su esposa las posesiones que le había confiscado.

En 1332, año en que Alfonso XI fue coronado y en que se instituyó la Orden de la Banda en el reino de Castilla y León, Juan Núñez III de Lara y Don Juan Manuel, mostrando su desavenencia con el rey, no estuvieron presentes en las dos ceremonias, a pesar de que el rey nombró caballeros de la Orden de la Banda a los principales magnates y ricoshombres castellanos. En esa época, tanto Don Juan Manuel como Juan Núñez III de Lara, fortificaban sus posesiones y procuraban enemistar a los servidores del rey y a los miembros de su casa con el soberano, tales como Juan Martínez de Leyva, quien abandonó su cargo de Camarero mayor en la corte y pasó a ocupar el puesto de mayordomo mayor de Juan Núñez de Lara, a pesar de las rogativas de Alfonso XI. Poco después, Don Juan Manuel y Juan Núñez de Lara comenzaron a hacer la guerra al soberano castellano, Don Juan Manuel desde su castillo de Peñafiel y Juan Núñez de Lara desde la ciudad de Lerma. Por ello, el rey, que se encontraba en la ciudad de Burgos, se trasladó a la ciudad de Valladolid. Poco después, el rey se apoderaba del castillo de Avia, que había sido ocupado por los partidarios de los magnates rebeldes.

En 1333 los musulmanes sitiaron la ciudad de Gibraltar. El rey, que en esos momentos guerreaba contra los dos magnates rebeldes, envió a los maestres de las Órdenes Militares a socorrer Gibraltar, mientras él permanecía en Castilla, entrevistándose con Don Juan Manuel y con Juan Núñez de Lara en Villaumbrales a fin de lograr la paz. No obstante, durante la entrevista, Juan Martínez de Leyva persuadió a los dos magnates de que la intención del rey era asesinarlos, por lo que ambos magnates se excusaron de asistir a la entrevista que ambos debían mantener con el rey al día siguiente. En vista de la situación, el rey se dirigió a Valladolid, Don Juan Manuel a Peñafiel y Juan Núñez de Lara a Lerma. Poco después, el rey solicitó la ayuda de los dos magnates, a fin de que ambos acudieran junto con sus mesnadas a socorrer la ciudad de Gibraltar. Don Juan Manuel comunicó al rey que si deseaba su ayuda debería concederle el título de duque, que debían heredar sus descendientes después de su muerte, que le eximiese del pago de cualquier tributo, y que se le permitiese acuñar moneda propia en sus señoríos. Por su parte, Juan Núñez de Lara solicitó al rey que el señorío de Vizcaya fuese devuelto a su esposa, así como todas las villas, posesiones y castillos que habían pertenecido a su suegro, Juan el Tuerto. Alfonso XI demoró la concesión de una respuesta a tales demandas, y, poco después, acudió a entrevistarse con Don Juan Manuel en Peñafiel. A pesar de la buena voluntad inicial, no se alcanzó un acuerdo definitivo entre el magnate rebelde y su soberano. Mientras tanto, las tropas de Juan Núñez de Lara devastaban la Tierra de Campos, al tiempo que el rey era informado de la gravedad de la situación que atravesaban los sitiados en Gibraltar, por lo que Alfonso XI, desistiendo de su propósito de que Juan Núñez de Lara y Don Juan Manuel le acompañasen, se dirigió a Andalucía, pues el reino de Córdoba había sido invadido por el rey de Granada. Mientras tanto, la ciudad de Gibraltar capituló ante los musulmanes y el rey comenzó a sitiarla, aunque hubo de levantar el cerco ante la llegada de las tropas de Granada y Algeciras. Poco después, Juan Alfonso de Haro, señor de los Cameros, que se hallaba enemistado con el rey, se alió con Don Juan Manuel y Juan Núñez de Lara en su lucha común contra Alfonso XI.

En 1334 Don Juan Manuel se entrevistó con Alfonso IV de Aragón, quien le concedió el título de príncipe de Villena, al tiempo que se comprometía a mediar en el conflicto existente entre los magnates castellanos sublevados y su rey, además de concertarse el matrimonio entre el infante Fernando, hijo de Alfonso IV de Aragón, con una hija de Don Juan Manuel. Durante la Cuaresma de 1334, un escudero de Juan Núñez de Lara entregó al rey una carta de su amo, en la que este comunicaba al rey que rompía su vínculo vasallático con él. Enfurecido el rey, ordenó cortar los pies y las manos al portador del mensaje, que fue degollado después. El rey se propuso entonces atacar a Juan Núñez de Lara, a quien consideraba cabeza de la sublevación, encontrándose este último sitiando la localidad de Cuenca de Campos. El rey, después de apoderarse de las localidades de Melgar y Moral de la Reina, se dirigió a Valladolid, a fin de reclutar más tropas. Poco después, se tendieron una serie de emboscadas, dirigidas por el rey desde Burgos, contra Juan Núñez de Lara, que consiguió escapar de todas las celadas. Alfonso XI resolvió entonces apoderarse de las fortalezas del señorío de Vizcaya que seguían manteniéndose fieles a María Díaz II de Haro, esposa de Juan Núñez de Lara. Sitió entonces el rey las fortalezas de Villafranca Montes de Oca y Bustos y se apoderó de la de Peñaventosa, que ordenó demoler. Después de haber sido reconocido como señor de Vizcaya por la mayor parte de los castellanos al mando de las fortalezas de Vizcaya, excepto algunas que, como la Peña de San Juan, mantuvieron su fidelidad a la esposa de Juan Núñez de Lara. Alfonso XI, después de dejar a parte de sus tropas sitiando la Peña de San Juan, regresó a Castilla, donde, en la localidad de Agoncillo, ordenó ejecutar a Juan Alfonso de Haro,señor de los Cameros, debido a los saqueos y desmanes cometidos por él en el reino, por su apoyo a los magnates rebeldes, así como por haberse adueñado de fondos pertenecientes a la Corona. Tras la ejecución en Agoncillo del señor de los Cameros, Alfonso XI sitió la localidad de Herrera, donde se encontraba Juan Núñez de Lara, al tiempo que el soberano ordenaba a Rodrigo Álvarez de las Asturias que cercase la villa de Torrelobatón, donde se encontraba Juana de Lara. Viéndose cercado y sin posibilidad de recibir ayuda de su aliado, Don Juan Manuel, Juan Núñez de Lara se resolvió a concertar la paz con el rey. A fin de poner término a las disputas, se ratificó la posesión de Juan Núñez de Lara sobre el señorío de Vizcaya, al tiempo que Alfonso XI se comprometía a dejar de usar el título de señor de Vizcaya. Juan Núñez de Lara se comprometía a comportarse en el futuro como leal vasallo del rey y a prestarle toda la ayuda que este requiriera. El castillo de Herrera, propiedad de Juan Núñez de Lara, sería demolido. Poco después, Don Juan Manuel concertó la paz con el rey de Castilla y León.