Los "Solidarios", también conocidos como el "Crisol", por el periódico del mismo nombre -"El Crisol"- que acordaron poner en marcha en 1923, fue un grupo de resistencia armada, formado en torno a 1922 por anarquistas españoles y creado para hacer frente a la represión gubernamental y patronal contra el movimiento obrero anarcosindicalista de Barcelona. Junto con otros grupos de afinidad similares, consideraban la lucha obrera armada no solo como un elemento defensivo contra la violencia estructural del Estado, sino como el único modo de llevar a cabo la revolución que culminase en la desaparición del mismo, incluso a costa de prescindir de los sectores más moderados del anarcosindicalismo como los liderados por Ángel Pestaña y Salvador Seguí.
Historia Surgió como sucesor de un grupo anterior llamado "Los Justicieros". Éste surge en torno a 1919, según versiones en la ciudad de San Sebastián, entre activistas vascos y aragoneses que se encontraban trabajando en la construcción del Gran Kursaal. El testimonio del albañil valenciano Ricardo Ortiz -miembro de Los Solidarios-, apunta a que la reunión fundacional tendría lugar en el domicilio de Inocencio Pina "el Negro" en Zaragoza. En cualquiera de los casos, pueden no ser versiones contrapuestas y ser en este momento en que se integran oficialmente al Grupo el propio Pina, Domingo Ascaso y Torres Escartín. Miembros destacados del mismo fueron Buenaventura Durruti, Gregorio Suberviola y Marcelino del Campo "el Torinto".
Diversas fuentes polemizan sobre el momento en que tiene lugar la reunión que dio lugar a la constitución del grupo de afinidad conocido como "Los Solidarios" en la que se integrarían los miembros del grupo "Los Justicieros" que a su vez pudiera haberse fusionado con el grupo catalán "Crisol" en el que podría estar militando Francisco Ascaso. Historiadores como Diego Navarro Bonilla, Abel Paz o César Vidal, aportan versiones dispares de tales hechos. Más allá de controversias, el grupo "Los Solidarios" se constituye en la mencionada reunión que tuvo lugar en el domicilio de Domingo Ascaso en la calle de San Jerónimo en Barcelona en 1922. Hay divergencias también respecto de los primeros "solidarios"; según testimonio de uno de sus principales protagonistas, Aurelio Fernández Sánchez apodado "el Jerez", lo fundarían hombres de gran valía y veteranos en la acción política y las luchas sociales tales como Buenaventura Durruti, Juan García Oliver, Ricardo Sanz García, Antonio Ortiz, Gregorio Jover, Rafael Torres Escartín, Eusebio Brau, Alfonso Miguel Martorell, entre otros y hasta trece, siendo el decimotercero el propio Francisco Ascaso que probablemente aún permanecía en la cárcel al momento de celebrarse la importante reunión fundacional. Meses después nuevos integrantes se incorporan destacando la inclusión de cuatro mujeres: Juliana López Mainar - delegada junto con Durruti de la Federación de Grupos Anarquistas-, María Luisa Tejedor, Ramona Berni i Toldrá - ambas tejedoras- y la cocinera Pepita Not. En realidad es difícil distinguir entre integrantes y militantes colaboradores, algunos de ellos pertenecientes a otros grupos de afinidad de similares intereses o discursos.
Era un grupo mayoritariamente de militantes anarcosindicalistas jóvenes, avezados en las luchas obreras, trabajadores manuales y con inquietudes intelectuales. Organizados en una estructura horizontal, sin jefes, contaban con el respaldo de simpatizantes de toda condición social, siendo destacable la colaboración desinteresada del abogado barcelonés Juan Rusiñol.
Surge este Grupo, como otros de afinidad que proliferaron en esta época, en el contexto internacional complejo del período de entreguerras donde la violencia, el estraperlo, el espionaje ligado a los diferentes bandos y a la policía, son la tónica general, aparte del importante movimiento obrero internacional que protagoniza una oleada de huelgas y revueltas en Rusia, Hungría (la República de los Consejos), Alemania (levantamiento espartaquista, sublevación obrera en el Ruhr y Hamburgo), Italia (biennio rosso), Estados Unidos (huelga general en Seattle), Argentina (huelga de la semana trágica), etc con los objetivos de hacer efectiva la revolución social, así como la creación de partidos comunistas y organizaciones sindicales. Además, la creación del Sindicato Libre patronal, la evolución salvaje del capitalismo en torno a una sociedad todavía con prácticas caciquiles y donde la violencia era una práctica extendida como instrumento en la lucha de clases. Una sociedad carente de una legislación que garantizara la dignidad y los derechos laborales de un proletariado consciente de la precariedad de su situación y con un sistema parlamentario que en realidad no era tal, que aplica de forma indiscriminada la Ley de Fugas y reprime las huelgas con violencia. Igualmente, la impronta de la Escuela Racionalista aviva los debates y las demandas sociales de mejora. Al mismo tiempo, activistas que se exilian a Francia durante la Dictadura de Primo de Rivera, desertores del servicio militar, etc. se impregnan de ideas anarquistas influenciadas por la corriente del llamado “ilegalismo” desplegando dicho bagaje al regresar a España con la República.
Pudiera resumirse la ideología que les unía con una cita de Francisco Ascaso contenida en uno de los numerosos artículos de colaboración que publicó en 1922 durante su estancia en la cárcel de Zaragoza titulado "Partido y clase obrera" para el Semanario "Voluntad" que reza así : " La lucha cotidiana no es otra cosa que la preparación de la clase obrera, y es por ésa práctica por la que los trabajadores adquirirán la experiencia que los hará aptos para mostrar que la emancipación económica y política ha de ser obra de ella misma. Si esa labor la clase obrera la confía a unos dirigentes o a un partido político, no sólo no alcanzará su propósito, sino que forjará nuevas cadenas. Los hombres providenciales no existen. El único factor es el proletariado en armas...".
Son numerosos los hechos violentos que se les atribuyen, asaz de otros que rozan la leyenda con la que suele rodearse a este tipo de personalidades en el imaginario colectivo. Para llevar a cabo su lucha armada, montaron una red para compra y depósito de armas con las que se atentaba contra elementos del Sindicato Libre patronal. Intentaron sin éxito acciones de venganza contra Miguel Arlegui y Martínez Anido -una vez cesados en 1922 por el presidente Sánchez Guerra al excederse en el ejercicio de sus cargos en materia de seguridad y orden público-. Exitoso fue el asesinato del cardenal conservador Juan Soldevila en junio de 1923 a quien consideraban instigador del terrorismo patronal contra la clase obrera y de permanente enfrentamiento a través de sus discursos pastorales, a mayores de atribuirle participaciones en negocios ilegales como casas de juego, contrataciones de obra, etc. Además latía la necesidad de así vengar el asesinato del dirigente anarquista Salvador Seguí a manos de los pistoleros del "Libre" (Sindicatos Libres) en 1921 en Barcelona. La autoría se atribuyó a Francisco Ascaso y Rafael Torres Escartín, el primero juzgado en rebeldía tras fugarse de la cárcel de Predicadores, y el segundo detenido y tras una larga estancia en la cárcel, liberado en 1931, murió asesinado en 1939 por fuerzas franquistas en el manicomio donde finalmente había sido internado. Asimismo, el acopio de fondos tenía como destino no solo la adquisición de armas y el sufragio a las familias de los presos políticos, sino también la apertura de escuelas, editoriales e imprentas para la difusión del ideario libertario, no solo en España - así el francés y el italiano eran lenguas comúnmente utilizadas-.
El advenimiento en septiembre de 1923 de la Dictadura de Primo de Rivera con el beneplácito del monarca Alfonso XIII, cuya imagen estaba si cabe más deteriorada a raíz del desastre de Annual, hacía que la situación y el futuro del movimiento obrero y anarquista cobrara tintes nada halagüeños. El general había pactado con los dirigentes de la conservadora Liga Catalana su respaldo al golpe a cambio de la promulgación de un estatuto de autonomía para Cataluña y la supresión de la CNT tan perjudicial para los intereses de la burguesía afiliada a su partido. La CNT y los grupos de afinidad sabían lo que se avecinaba pues ya desde el mes de febrero, por los rumores y las informaciones provenientes de colaboradores en las filas del ejército como el capitán Alejandro Sancho, conocían de los preparativos. La CNT y la Federación de Grupos Anarquistas acordaron crear un Comité Revolucionario al objeto de preparar una insurrección popular. Las disidencias y las diferentes corrientes de pensamiento en su seno sobre la futura sociedad revolucionaria y los modos de alcanzarla, una vez más dividía a sus integrantes y dirigentes. Para Los Solidarios no había dudas: golpear a los verdaderos culpables de tanta violencia estructural del estado y la patronal, y conseguir fondos para su causa con la organización meditada de asaltos a la banca, la administración y los grandes empresarios.
El 1 de septiembre llevan a cabo el famoso asalto a la sucursal del Banco de España en Gijón obteniendo un botín de 850.000 pesetas que serviría para pagar un importante arsenal de armas adquiridas a la fábrica vasca Gárate y Anitúa sita en Éibar para lo cual los fabricantes simularon un contrato de compraventa legal hacia Sudamérica vía el puerto de Barcelona donde a Los Solidarios no les resultaría complicado la recogida y ocultación. La operación no pudo rematarse con éxito a causa del golpe de Primo de Rivera el 13 de ese mes, de manera que las armas quedaron abandonadas en los almacenes portuarios con el consiguiente retorno a origen al poco tiempo de dejarse de percibir el abono correspondiente a los gastos de almacenamiento.
En 1924 dejó de publicarse el principal periódico anarquista Solidaridad Obrera, el Partido Socialista y la UGT aceptaron colaborar con la dictadura ocupando puestos en los llamados "comités paritarios" para la resolución de conflictos laborales, en la cartera de Trabajo Largo Caballero no cumpliría las expectativas obreras, además se prohibieron las huelgas y la clandestinidad se cernía una vez más sobre las actividades sindicales y de la CNT. Pero la recuperación para los cargos de director general de orden público y como ministro de la gobernación de Miguel Arlegui y Martínez Anido respectivamente, auguraban malos tiempos para los ácratas.
En el exilio Por su parte, las tensiones entre anarquistas y sindicalistas, los reproches y la condena a sus actividades por los círculos confederales, unido al hecho de que muchos de sus integrantes estaban presos o muertos, acabaría poco a poco desintegrando el grueso del grupo de Los Solidarios que, aunque no llegaron a decidir la disolución oficial del Grupo, optó por facilitar el exilio de parte de sus cabecillas tales como Aurelio Fernández, García Oliver, Durruti, Ascaso y otros miembros que huyeron a Francia primero y después a América Latina, donde se les imputan más atracos en México, Chile y Argentina y en torno a los cuales se recrean numerosas anécdotas. Durruti, Francisco Ascaso y Gregorio Jover serán los protagonistas en su periplo por América, si bien su labor y actividades en el exilio cuentan con la colaboración de numerosos correligionarios, exiliados españoles y colectivos ácratas que les van a proporcionar ayuda y sobre los que dejaron su impronta a lo largo de su periplo por tierras americanas. La labor de difusión de los ideales libertarios es una constante, lo mismo que el desempeño de diversos trabajos como obreros manuales que les permitieran no solo sobrevivir, sino compartir la precariedad laboral de la clase obrera de aquellas latitudes, en general en situaciones de mayor atraso en cuestión de derechos humanos que las que ellos habían experimentado en el Viejo Continente.