Golpes de Estado en Argentina se refiere al análisis somero de los golpes de Estado que se cometieron o intentaron a partir de 1853, año en que se sancionó la primera Constitución argentina.

Luego del establecimiento del sufragio secreto y obligatorio en 1912, se concretaron seis golpes de Estado, en 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976.

Los cuatro primeros establecieron dictaduras provisionales, en tanto que los dos últimos establecieron dictaduras de tipo permanente según el modelo de Estado burocrático-autoritario. El último impuso un régimen de terrorismo de Estado, en el que se violaron masivamente los derechos humanos con un aparato desplegado a partir del terrorismo de Estado que generó miles de desapariciones, asesinatos, torturas, robos de bebés, violaciones, encarcelamientos ilegales, persecuciones ideológicas y exilios forzados.

En los 53 años que transcurrieron desde el golpe de 1930, hasta que cayó la última dictadura cívico-militar en 1983, hubo seis regímenes ilegales en el poder, habiendo estos sumado 25 años en total, en donde se cruzaron 14 dictadores con el título de «presidente» y varias autoridades de facto a lo largo y ancho del país. En ese período todas las experiencias de gobierno elegidas democráticamente entre radicales y justicialistas fueron interrumpidas mediante golpes de Estado.

Hubo también varias decenas de golpes de Estado frustrados; el último intento de golpe de Estado se realizó en diciembre de 1990.

Aclaración terminológica En la ciencia política, golpe de Estado es la toma del poder político de un modo repentino por parte de un grupo de poder de forma ilegal, violenta o a la fuerza. Tradicionalmente ha sido realizado por militares, habitualmente en colaboración con grupos civiles y con apoyo de grupos armados. Una revolución es un cambio social profundo y relativamente veloz, que usualmente —aunque no necesariamente— implica confrontaciones violentas entre sectores. En el golpe de Estado hay un simple cambio de autoridades en tanto que en la revolución hay “una transición de una situación política, jurídica o social, a otra, de un nuevo sistema de reparto y distribución del poder político, a otra, de un nuevo sistema de reparto y distribución del poder político, o del poder social, según los casos.” En América Latina en general y en Argentina en particular, en algunas ocasiones se denominan “revoluciones” a los golpes de Estado. El golpe de Estado y la revolución pueden o no presentarse simultáneamente.

Toma del poder por Bartolomé Mitre en 1861 Luego de su victoria en la batalla de Pavón del 17 de septiembre de 1861, y del colapso del gobierno nacional de la Confederación Argentina, el 12 de diciembre de 1861, el gobernador de Buenos Aires Bartolomé Mitre tomó de facto el Poder Ejecutivo Nacional bajo el título de Gobernador de Buenos Aires Encargado del Poder Ejecutivo Nacional. Eligió este nombre para diferenciarse claramente del de Director provisorio de la Confederación Argentina que había utilizado casi diez años antes Justo José de Urquiza, a quien había combatido de palabra y de hecho durante todo ese tiempo pero, en la práctica, no había ninguna diferencia real entre ambos cargos.

El origen del cargo fue la cesión de las relaciones exteriores por los gobiernos provinciales, la mayor parte de los cuales habían asumido el mando en los meses anteriores bajo la presión de los ejércitos invasores enviados por Mitre. Además de las Relaciones Exteriores que le cedieron las provincias del interior, la Legislatura de Buenos Aires le concedió el título de encargado del Poder Ejecutivo; nótese que las provincias ya habían cedido las Relaciones Exteriores al gobierno nacional, y que la Legislatura porteña no tenía derecho alguno a encargar a su gobernador el Poder Ejecutivo de la Nación. Por esa razón, si bien no es sencillo establecer en qué fecha tuvo lugar el presunto golpe de Estado, está claro que el gobierno de Mitre era de facto. Fue el primer gobierno de facto posterior a la sanción de la Constitución, y el único hasta el golpe de Estado de 1930.

Revolución de 1874 (fallido) 278x278px|thumb|Ocupación de la Casa de Gobierno por las tropas; Buenos Aires (L'Illustration, Vol. LXIV, nº 1.660, 19/12/1874).|alt= La revolución de 1874 fue uno de los últimos intentos del Partido Liberal, continuador ideológico y político del Partido Unitario, de imponerse en el gobierno nacional, si bien alegó como excusa prácticas fraudulentas en las elecciones del 1 de febrero de 1874 de la provincia de Buenos Aires. Hubo elección de presidente el 12 de abril y ganaron Nicolás Avellaneda como presidente y Mariano Acosta como vicepresidente.

Inicialmente, Bartolomé Mitre, que era el jefe rebelde, fijó el alzamiento para después del 12 de octubre, fecha en que asumiría Avellaneda, ya que no quería sublevarse contra el presidente Domingo Faustino Sarmiento; pero, descubierto, el 18 de julio decidió adelantar la revolución. Otros dirigentes políticos rebeldes eran Eduardo Costa, Rufino de Elizalde y Norberto Quirno Costa.

El comandante Erasmo Obligado, de la Armada Argentina, inició la revolución el 23 de septiembre. Los jefes militares de la revolución en el interior de la provincia de Buenos Aires se dedicaron a reunir las milicias de gauchos de las estancias de la misma, y Mitre se puso al frente del improvisado pero numeroso ejército de algo más de 5000 hombres, casi todos de caballería. La escasa infantería iba armada con fusiles anticuados y en mal estado. Llevaba, además, unos mil auxiliares indígenas.

El general José Miguel Arredondo, líder de la revolución en el interior, se dirigió con tropas sublevadas hacia Córdoba. El coronel Julio Argentino Roca no tenía fuerzas suficientes para hacerle frente, de modo que lo dejó pasar y ocupar la ciudad. Luego Arredondo se dirigió hacia la provincia de Mendoza y el 29 de octubre, en la primera batalla de Santa Rosa, venció a las milicias mendocinas, muriendo el jefe de éstas, el teniente coronel Amaro Catalán.

En el Litoral fluvial los revolucionarios no lograban ningún avance, por lo que, el 16 de noviembre, Obligado entregó sus naves en Montevideo.

Tras reunir a los gauchos voluntarios del sur de la provincia de Buenos Aires, en el arroyo Gualicho, cerca de Las Flores, Mitre derrotó al regimiento de milicias del coronel Liborio Muzlera y continuó su avance hacia el norte. Al frente del Regimiento 6 de infantería de línea, el teniente coronel José Inocencio Arias se encontró de golpe a muy corta distancia del numeroso ejército de Mitre, por lo que optó por atrincherarse en la estancia La Verde, cerca de Nueve de Julio, cavando zanjas y colocando en líneas de tiro parapetadas a sus 900 hombres, armados con fusiles Remington semiautomáticos. Aunque pudo haberlo esquivado, Mitre consideró que eso debilitaría la moral de su ejército, de modo que el 26 de noviembre atacó de frente con sus casi 5000 hombres. Mitre sufrió 260 bajas mortales, entre ellos algunos oficiales superiores y varios cientos más de heridos.

El ejército de Mitre, mucho más desmoralizado que si hubiera esquivado a su enemigo, continuó su camino hasta quedar rodeado por fuerzas superiores en Junín. El 3 de diciembre, el general Mitre ofreció su rendición a cambio de correr personalmente con toda la responsabilidad; la exigencia fue ignorada, sus oficiales fueron arrestados, y varios de ellos dados de baja.

Mientras tanto, Roca continuaba reuniendo refuerzos y avanzando hacia Mendoza; Arredondo regresó a Santa Rosa, donde había vencido a Catalán y fortificó un espacio fácil de defender, al que le agregó zanjas y trincheras. En la noche del 6 al 7 de diciembre, guiado por un baqueano, Roca rodeó la posición de Arredondo y se ubicó a su retaguardia; sorprendentemente, todo se hizo en absoluto silencio, sin siquiera el relincho de un caballo. A primera hora de la mañana del 7 de diciembre, Roca atacó a un sorprendido Arredondo, que aún estaba mirando hacia el este, en la llamada segunda batalla de Santa Rosa. Arredondo se vio obligado a rendirse y fue sometido a un consejo de guerra; pero Roca, con la lista de los futuros jueces de su enemigo en la mano, y temiendo que fuese fusilado, lo ayudó a huir a Chile.

En total, la revolución fracasada costó unas 5000 vidas, y el Partido Autonomista Nacional pudo gobernar sin sobresaltos. Mantendría su hegemonía, a pesar de cuatro revoluciones en su contra, hasta 1916.

Revolución del Parque (fallido)

thumb|298x298px|Escena de la Revolución del Parque. El 26 de julio de 1890 se inició un fallido golpe de Estado dirigido por la recién formada Unión Cívica, liderada por Leandro Alem, Bartolomé Mitre, Aristóbulo del Valle, Bernardo de Irigoyen y Francisco Barroetaveña, entre otros, que perseguía el derrocamiento del gobierno encabezado por el presidente Miguel Juárez Celman.

El golpe fue precedido por una grave crisis económica que se había prolongado por dos años, así como denuncias de corrupción y autoritarismo por sus opositores. Se formaron una Junta Revolucionaria y una logia militar conocida como la Logia de los 33 oficiales. Entre sus líderes estaba el subteniente José Félix Uriburu que 40 años más tarde encabezaría el golpe de Estado que derrocó a Hipólito Yrigoyen.

El plan era que las fuerzas rebeldes se concentrarían en el Parque de Artillería y la flota bombardearía la Casa Rosada y el cuartel de Retiro. Al mismo tiempo, grupos de milicianos debían tomar prisioneros al presidente Juárez Celman, el vicepresidente Pellegrini, al ministro de Guerra general Levalle, y al presidente del senado Julio A. Roca, y cortar las vías de ferrocarril y telegráficas.

El levantamiento comenzó en la madrugada del 26 de julio de 1890. Un regimiento cívico armado tomó el estratégico Parque de Artillería de la Ciudad de Buenos Aires (donde hoy se levanta el edificio de la Corte Suprema de Justicia, ubicado 900 metros de la casa de gobierno) y simultáneamente otros contingentes sublevados marcharon hacia allí desde otros puntos. Al mismo tiempo se sublevó la mayor parte de la escuadra naval ubicada en el puerto de la Boca del Riachuelo, al sur de la Casa Rosada, luego de un cruento enfrentamiento armado. Las tropas revolucionarias contaban con el apoyo de civiles armados organizados en "milicias cívicas".

El sitio principal donde se concentraron las fuerzas del gobierno fue el Retiro, en la zona noreste de la ciudad. Allí existía un importante cuartel en el lugar en que hoy se encuentra la Plaza San Martín y la terminal de ferrocarril de Retiro, estratégica para traer las tropas ubicadas en las provincias. En Retiro se instalaron desde las 6:00 los hombres clave del gobierno: el presidente Miguel Juárez Celman, el vicepresidente Carlos Pellegrini, el presidente del Senado Julio A. Roca, el ministro de Guerra, general Nicolás Levalle, quien tomaría el mando directo de las tropas leales, y el Jefe de Policía coronel Alberto Capdevila.

Una vez que el gobierno se encontró reunido en el cuartel de Retiro, Juárez Celman salió de Buenos Aires aconsejado por Pellegrini y Roca, que de ese modo quedaron a cargo del mando político.

Una vez concentradas las tropas revolucionarias en el Parque de Artillería, el general Manuel J. Campos cambió el plan establecido la noche anterior, y en lugar de atacar las posiciones del gobierno y tomar la Casa Rosada, dio la orden de permanecer en el interior del Parque. La gran mayoría de los historiadores atribuye la decisión a un acuerdo secreto entre Campos y Roca; este último habría fomentado la revuelta para provocar la caída del presidente Juárez Celman, pero evitando un triunfo de los rebeldes que hubiera instalado a Leandro Alem como presidente provisional.