Luis Bordino, nacido como Andrés Bordino, fue un hermano religioso católico y miembro de los Hermanos de San José Benito Cottolengo. Se hizo conocido por su ciudado y dedicación a los enfermos.
Primeros años Nacido en una familia de vinicultores, era el tercero de nueve hermanos. Sus padres eran Giacomo Bordino y Rosina Sibona. La familia era profundamente religiosa: asistían diariamente a misa, rezaban el rosario cada noche y practicaban regularmente los sacramentos. En el colegio, Luis no destacó en los estudios, pero se dedicó más a ellos. En los veranos, ayudaba a su padre en su trabajo junto con su hermano mayor, Risbaldo, el cuál recordaría:
A los 16 años, participó en un retiro espiritual para jóvenes católicos en el otoño de 1938. Su hermano dijo:
Andrés volvió a casa diferente y pronto asumió un rol activo en el grupo juvenil parroquial. En 1941, a los dieciocho años, fue nombrado presidente de la sección local de Acción Católica.
Servicio militar y cautiverio En enero de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, fue reclutado junto a Risbaldo en el ejército de los Alpes de Cuneo."Memoria del Beato fratel Luigi della Consolata Bordino", Monastero Cottolenghino donde fueron a Polonia y posteriormente a Ucrania asistiendo el 15 de agosto al Frente oriental, donde atendió a sus compañeros soldados. En diciembre de 1942, la ofensiva del ejército soviético rompió las líneas italianas en el río Don, forzando una retirada desesperada. En medio de una tormenta de nieve, Andrés y Risbaldo se unieron a una columna de soldados, caminando hacia el oeste.
El 26 de enero de 1943, Bordino y su hermano fueron hechos prisioneros por los soldados de la Unión Soviética, siendo sometidos juntos con varios otros a la Marcha de la Muerte, caminando día y noche a través de la nieve, muchos murieron. Estuvieron a punto de perder la vida al caminar bajo temperaturas 40° bajo cero rumbo a Rusia, pero Andrés hizo un voto:
Ambos hermanos fueron al final unos de los pocos sobrevivientes. Andrea se convenció totalmente de que su supervivencia era un milagro de la intercesión de la Virgen María.
Después, los hermanos fueron llevados en vagones de ganado llenos de gente y transportados a Akbulak en Siberia, donde Risbaldo fue enviado a un campo de trabajo, mientras que Andrés, ya enfermo de disentería, fue llevado a la enfermería. Aunque muy enfermo, pudo darles un poco de pan o sorbos de gruel a otros compañeros enfermos y moribundos, hasta que contrajo tifus, aunque finalmente pudo sobrevivir Contrajo tifus, quedando debilitado. A principios de 1944, fue trasladado a Kazajstán a un campo de prisioneros, donde pudo recuperarse de su enfermedad y pudo reunirse con Risbaldo en Uzbekistán.
En el verano de 1945, al terminar la guerra, las autoridades soviéticas comenzaron a liberar a los prisioneros de guerra italianos sobrevivientes, pudiendo regresar los hermanos a Italia, apenas pesando Luis 40 kilos. Honrando su voto, construyó la capilla cerca de su casa.
Religioso La dura experiencia le hizo cambiar, ya no sentía gusto queriendo reanudar sus pasatiempos, pasando más tiempo en la iglesia, asistiendo a Misa diariamente, pensando que Dios le había salvado por un motivo en especial.
En 1946, un sacerdote de la orden de la Pequeña Casa de la Divina Providencia fundada por San José Benedicto Cottolengo, pasó por Castellinaldo para un retiro. Al conocerlo y poder hablar con él sobre lo que sentía, se dio cuenta de su vocación religiosa consagrado al sufrimiento y ayudar a los demás. Una peregrinación al Santuario de la Virgen de las Flores en Bra, despejó todas sus dudas.
El 23 de julio, entró a la congregación como postulante junto a una de sus hermanas a la casa madre de Turín. Los primeros años colaboró con los demás miembros en el cuidado de los residentes de la Pequeña Casa, desempeñando tareas humildes como asistencia a enfermos, limpieza, cocina, mantenimiento, atención directa, trabajo agrícola y administración, algo a lo que se entregó con entusiasmo. Trabajaba desde las cinco de la mañana hasta altas horas de la noche, sin mostrar fatiga ni desánimo. También limpiaba suelos, que bañaba enfermos, transportaba a inválidos en camillas o curaba llagas infectadas. Era descrito como alegre, de espíritu fraterno, responsable y generoso, nunca llegó a quejarse.
Andrés cuidaba a los enfermos, les lavaba, cortaba el pelo, quitaba los parásitos, les daba ropa, todo con delicadeza y respeto. Considerado humilde, dormía en el dormitorio común, vestía ropas humildes y comía lo que se le servía. Si alguna vez encontraba una moneda en su bolsillo, la entregaba al primer necesitado que veía. Se imponía pequeñas penitencias para mantenerse puro en cuerpo y espíritu.
El 17 de julio de 1947 entró formalmente a la congregación, tomando el nombre de Luis de la Consolación, en honor a la Virgen de Consolación y al rey Luis IX de Francia. El 19 de julio de 1948, completó su noviciado e hizo su primera profesión de votos religiosos, de pobreza, la castidad y la obediencia en la Congregación de Cottolengo, durante los siguientes 17 años renovó los votos, ya que no tener la hermandad la aprobación papal, no se podía los votos de por vida.
El médico de los enfermos Alrededor de 1950-51, se inscribió en un curso de enfermería profesional, especilizandose como enfermero general y anestesista, trabajando durante casi 30 años en el quirófano, en salas de ortopedia y cirugía. Su habilidad quirúrgica y su serenidad fue indispensable. El doctor Chiaffredo Bussi, otorrinolaringólogo, recordaba:
Solía trabajar muchas horas. Durante el día, atendía pacientes con discapacidades físicas y enfermos graves, y por la noche a menudo estaba de guardia para cirugías de emergencia. Las enfermeras notaron que nunca se rompió o mostró impaciencia, incluso cuando estaba abrumado por las tareas.
Conforme pasaron los años asumió mayores responsabilidades dentro de la congregación. Por ejemplo, a finales de los años sesenta, el sistema de salud de Italia se sometió a una importante reforma, lo que obligó a la congregación a la transición de operaciones puramente privadas dirigidas por voluntarios a una asociación con las autoridades de salud pública.
Aprobación de la congregación El 30 de abril de 1965, los Hermanos del Cottolengo recibieron el reconocimiento pontificio oficial, algo a lo que desde 1959, venían pidiendo muchos hermanos, incluido Luis. En enero de 1966, él y otros 26 hermanos pudieron finalmente hacer la profesión perpetua de votos. Ese mismo año fue nombrado vicario general de la congregación, cargo que implicaba supervisar la formación de los nuevos hermanos y coordinar las casas de misión. Aunque sumaba tareas administrativas a su jornada hospitalaria, jamás dejó de servir en las salas. Iba a las reuniones nocturnas rendido por el cansancio, pero ofrecía siempre opiniones sensatas, sin buscar protagonismo. Los que estaban cerca de él recuerdan que Luis iba a las reuniones cansado aunque sin quejarse, el hermano Benedicto Peschiera, concejal general, diría:
En 1972 fue elegido superior local de la casa madre de Turín. Aún en un cargo tan importante, siguió con su sencillez de siempre. No daba discursos. Guiaba con el ejemplo: oración, trabajo, generosidad, dijeron sus hermanos. En una carta a un amigo escribió:
Enfermedad y muerte Para la primavera de 1975, con 52 años, empezó a sentirse inusualmente fatigado. Aunque seguía atendiendo gente y sus deberes como superior, su ritmo se desaceleró notablemente. Preocupado, sus superiores lo enviaron para pruebas médicas, donde se le diagnóstico leucemia mieloide, una forma que en ese momento era poco curable. Al enterarse, se dirigió al superior general de la orden y le dijo:
Se sometió a quimioterapia y tras mejorar un poco y ser dado de alta, fue enviado por su comunidad a un chalet en las montañas para la convalecencia. Pasó largas horas en oración en medio del campo, observando los árboles y las flores. Regresaba al hospital cada mes para más pruebas.
Su salud se deterioro a fines de 1976 y empeoró en febrero. Sin embargo, su serenidad permaneció intacta. Incluso escribió a un amigo, reflexionando sobre su condición:
A principios de 1977, su enfermedad se deterioró, al darse cuenta que su fin estaba cerca, Bordino solicitó el alta voluntaria, para regresar al convento y poder morir entre sus hermanos. Recibió la Unción de enfermos y recibió en la enfermería la vista del cardenal y arzobispo de Turín, Michele Pellegrino, el 26 de febrero, lo visitó en la enfermería y le declaró su admiración. Mientras, su enfermedad avanzaba, tenía fiebre, la garganta inflamada y apenas podía tragar. En medio del dolor, susurró: Por fin tengo algo que ofrecer al Señor.
Le ofrecieron la opción de viajar a Estados Unidos para recibir tratamiento especial, pero la rechazó, declarando:
Continuó con los tratamientos que le ofrecieron, aunque con humildad, apenas podía entender porque le daban tanta atención:
En agosto su estado se volvió irreversible, tenía hemorragias internas, fiebre alta, inflamación de la tráquea, cólicos. Sabía que el final estaba cerca. Decía:
Su hermana Pía (también religiosa cottolenguina) corrió a su lado, estando con el día y noche, también fueron a verle sus tres hermanos con sus familias para recibir su bendición, rodeado de ellos y su comunidad religiosa murió el 25 de agosto. Poco antes, había expresado su deseo de donar sus córneas, al morir, se respeto su deseo y sus córneas fueron trasplantadas a dos personas ciegas. Su cuerpo fue velado en la capilla del convento, donde muchas personas fueron a despedirse: familiares, vecinos, antiguos pacientes, médicos, religiosos, mendigos. En su funeral, el templo y los patios quedaron desbordados. Treinta sacerdotes concelebraron, el párroco de su natal Castellinaldo lloró emocionado. Fue enterrado en el cementerio monumental de Turín, sin embargo en abril de 1997, su cuerpo fue trasladado a la iglesia de la Pequeña Casa el centro de la congregación, a pocos metros de la tumba del santo fundador.
En Turín, un centro de investigación lleva su nombre.books.google.it
Beatificación La fase diocesana se abrió en 1988 en la Arquidiócesis de Turín, siendo declarado Siervo de Dios el 17 de noviembre de 1990. El tribunal eclesiástico, escuchó los testimonios de 58 testigos que habían conocido a Bordino, entre ellos sus compañeros prisioneros de guerra que atestiguaron su caridad y generosidad durante la guerra. Otros incluían a familiares, confrersos, colegas médicos y personas a las que había ayudado. Se reunieron unas 2.000 páginas de documentación (la Positio) detallando su vida, sus virtudes y el impacto que tuvo en otros, siendo mandado a la Congregación para las Causas de los Santos en 1993.
El 14 de febrero del 2003, nueve teólogos de la Congregación aprobaron por unanimidad la Positio, declarando que Luis Bordino había practicado las virtudes cristianas en un grado heroico, siendo el 12 de abril, declarado Venerable por el papa Juan Pablo II.
De 2010 a 2014, la Arquidiócesis de Turín, empezó la investigación diocesana sobre el supuesto milagro ocurrido en 1991, cuando una religiosa que había trabajado Bordino, fue diagnosticada de cáncer avanzado, curándose tras rezarle. Se aprobó el milagro y el 3 de abril de 2014, el Papa Francisco firmó el decreto de beatificación y autorizó a la Congregación que lo promulgada, reconociendo la curación como un verdadero milagro, médicamente inexplicable y atribuible a la intercesión de Bordino.
El 2 de mayo de 2015, se realizó la ceremonia de beatificación, presidida por el cardenal Ángel Amato en su nombre, en la iglesia de la Santa Faz en Turín, ante 4.000 personas, en la homilía, el cardenal Amato diría:
Referencias
Bibliografía Agasso Domenico, Fratel Luigi Bordino, Effatà Editrice, Cantalupa 2010. ISBN 88-7402-564-5 Carena Domenico, Fratel Luigi la Roccia, Ediciones San Paolo, Cinisello Balsamo 2003. ISBN 88-215-5033-8