El levantamiento de Lima de 1834, también denominada en algunas reconstrucciones combate o levantamiento popular de Lima, fue el enfrentamiento ocurrido en la capital peruana el 28 de enero de 1834, durante la guerra civil entre los partidarios de Luis José de Orbegoso y las fuerzas de Pedro Bermúdez y Agustín Gamarra. El enfrentamiento terminó con la retirada de las fuerzas bermudistas y permitió el regreso de Orbegoso a la capital al día siguiente.

Contexto El enfrentamiento se produjo en el contexto del sitio de las fortalezas del Callao. Después de que Orbegoso se refugiara allí y Bermúdez fuera proclamado Jefe Supremo Provisorio en Lima, las fuerzas bermudistas mantuvieron el sitio de las fortalezas mientras el conflicto se extendía a otras partes del país.

Durante enero, la situación del bando bermudista se deterioró. Según Basadre, el 24 de enero se conoció el pronunciamiento de Arequipa a favor de Orbegoso, lo que provocó nuevas deserciones dentro del ejército sitiador, incluida la de la artillería. Finalmente, las fuerzas bermudistas comenzaron a retirarse de Lima hacia la sierra. La población de la capital, temiendo que las tropas pudieran saquear la ciudad durante su retirada, comenzó a movilizarse.

El levantamiento El 28 de enero, la noticia de la retirada de las fuerzas bermudistas llegó a Lima. Al mismo tiempo circuló el rumor de que los buques que se encontraban en el Callao estaban engalanados, lo que fue interpretado como una señal favorable para los partidarios de Orbegoso. La tensión aumentó entre la población.

Por la tarde, la Plaza Mayor se encontraba llena de personas. En ese momento, los soldados que se encontraban en el Palacio comenzaron a disparar contra la multitud desde el techo. La población se retiró inicialmente en desorden, pero regresó armada con piedras y algunos fusiles. El enfrentamiento rápidamente se extendió por las inmediaciones de la plaza. Los combatientes utilizaron las calles, techos, balcones y azoteas de los edificios cercanos. Las torres de las iglesias de San Francisco y Santo Domingo también fueron utilizadas para disparar contra las fuerzas que ocupaban el Palacio. La población llegó a ocupar la Catedral y comenzó a tocar las campanas. Durante la noche, se utilizaron barriles de alquitrán para iluminar algunas calles, mientras grupos de civiles recorrían la ciudad buscando armas.

Durante los enfrentamientos también participó Francisca Zubiaga, esposa de Agustín Gamarra. Cuando las tropas que habían permanecido en el Callao llegaron a Lima, Zubiaga se colocó al frente de ellas y participó activamente en el combate, vestida de hombre y alentando a los soldados. Echenique proporciona otro testimonio sobre su participación. Según sus memorias, durante la retirada de las fuerzas de Gamarra, Zubiaga permaneció en Lima y recorrió las calles acompañada por una pequeña fuerza y algunos oficiales y partidarios, mientras recibía disparos procedentes de los techos y balcones. El relata:

Retirada de las fuerzas bermudistas El enfrentamiento se prolongó durante varias horas. Finalmente, las fuerzas de Bermúdez abandonaron la capital y emprendieron la retirada hacia la sierra. Echenique, que se encontraba con las fuerzas de Gamarra fuera de Lima, afirma que inicialmente desconocían lo sucedido. Sus tropas avanzaron posteriormente hacia la capital creyendo que todavía podían ocuparla. Al aproximarse descubrieron que Bermúdez había abandonado Lima y que Orbegoso había recuperado el control de la ciudad.

Consecuencias En la mañana del 29 de enero, Orbegoso entró nuevamente en Lima desde el Callao. Llegando acompañado por unos cien soldados y fue recibido por una multitud que manifestó entusiasmo y apoyo hacia su persona. Con la retirada de Bermúdez y el regreso de Orbegoso, la capital volvió a quedar bajo la autoridad del gobierno establecido por la Convención Nacional. Sin embargo, el conflicto no terminó con la recuperación de Lima, pues las fuerzas rebeldes continuaron su retirada hacia el interior del país y la guerra civil prosiguió en otros escenarios.

Es notable recalcar que tras la revuelta, el Palacio, los ministerios, la casa de Gamarra y la de Vivanco que había sido nombrado prefecto de Lima, el Colegio Militar y varios establecimientos fueron saqueados.

Importancia Basadre resalta que la lucha no estuvo limitada a un único grupo social. Mencionando la participación de artesanos, magistrados, comerciantes, profesionales, extranjeros y niños, mientras que las mujeres alentaban a los combatientes. De esta manera, el enfrentamiento adquirió las características de una movilización urbana contra las fuerzas militares que permanecían en la capital. Orbegoso, en sus memorias, afirma que el pueblo de Lima se levantó espontáneamente y que su actuación demostró su adhesión a la autoridad que él representaba y a lo que denominaba la «voluntad nacional».

Este fue un hito de enorme relevancia histórica porque representó la primera vez en la historia republicana del Perú en que la ciudadanía civil organizada derrotó a las fuerzas de un golpe de Estado militar, defendiendo activamente el orden constitucional.

Bibliografía