Ángel es una obra realizada por la fundición Malingre en 1907. Está ubicado en el cementerio de San Francisco de Orense (Galicia, España).
Historia Ruperto García El mausoleo de Ruperto García, donde originalmente estuvo ubicada la estatua, fue mandado construir por el comerciante Ruperto García Pérez, nacido en El Cañizo en 1846. Ruperto ordenó en 1907 erigir el mausoleo para sí mismo y para su esposa, Purificación Feijóo, quien fallecería al año siguiente. García era uno de los hombres más ricos e influyentes del Orense de comienzos del siglo ; hijo de un notario, García comenzó su andadura profesional como mozo de almacén en la sucursal orensana abierta en 1879 de Hijos de Simeón García y Cía., empresa radicada en Vigo donde dejó patentes unas grandes habilidades comerciales así como dotes para el mundo de los negocios. Esta empresa, establecida en Orense en el Edificio Simeón y dedicada a la adquisición y venta al por mayor y al por menor de productos tales como seda, lana y algodón, tanto nacionales como extranjeros, vivió una delicada situación interna en 1881 cuando surgió una fuerte discrepancia que llevó a los antiguos propietarios de la compañía a formalizar una denuncia contra la firma en el Juzgado de Primera Instancia de Orense, pleito que se resolvería con el acuerdo de que el socio Antonio Rodríguez Orejas quedaba fuera del negocio, renunciando a los beneficios líquidos presentes en la escritura de constitución así como a cualquier reclamación a cambio del pago de 50 000 pesetas y de la entrega de los créditos pendientes de cobro. La salida de Orejas sería subsanada con la contratación de Ruperto, a quien se le otorgaron poderes de gestión y administración, convirtiéndose posteriormente en socio de la empresa. García, quien estableció su residencia en la segunda planta del Edifico Simeón, se mantendría en la compañía hasta 1929, año en que toma la decisión de abandonar la sociedad, de la que obtenía el 28% de los beneficios, lo que lo convirtió en el segundo mayor beneficiario de la empresa, solo superado por su fundador, Simeón García de la Riva. La carrera de Ruperto, fallecido en 1931, no solo se circunscribió a Hijos de Simeón García y Cía., pues cuando ya su situación económica era lo bastante prominente, fundó junto con Simeón la sociedad Riva y García en Barcelona, además de ser representante de una escuela de negocios de gran reputación, donde no solo impartía sus conocimientos sino que también dejaba clara su firme ideología carlista, si bien su labor en Hijos de Simeón García y Cía. es su mayor reconocimiento al ser este negocio uno de los más históricos de la ciudad, del que a día de hoy solo queda el Edifico Simeón, construido en 1893 y sede desde 1897, junto con la empresa de telas, del popular Banco Simeón, quebrado en 1984 y adquirido por la poderosa familia Ruiz-Mateos.
Origen thumb|Ruperto García Pérez (c. 1880). El mausoleo fue encargado por Ruperto con el fin de que allí fuesen sepultados los restos tanto de él como de su esposa; la orden de levantamiento del panteón se produjo en 1907 y las labores de construcción dieron inicio ese mismo año. Para este trabajo, el cual era de gran importancia puesto que la alta sociedad tenía por costumbre plasmar su riqueza con suntuosos mausoleos a modo de recuerdo del poder que alguna vez ostentaron, aparte de que al mismo tiempo hacían exaltación de los sentimientos católicos entonces profundamente arraigados en la sociedad orensana, García encargó el levantamiento del panteón al afamado arquitecto Daniel Vázquez-Gulías, quien obtuvo el cargo de arquitecto diocesano en 1899, desarrollando la práctica totalidad de su carrera entre las décadas de 1900 y 1930. A diferencia de otros túmulos, cuya fecha de construcción se desconoce, se sabe con seguridad que los trabajos comenzaron en 1907, año en que Gulías tuvo también a su cargo la obra del panteón de la familia Espada García, y que los mismos concluyeron en dicho año, dato significativo teniendo en cuenta que este mausoleo es el más grande y lujoso de toda la necrópolis; la rápida terminación de las obras podría deberse a que quizá la esposa de Ruperto se hallaba enferma y, por lo tanto, el empresario querría que el mausoleo estuviese concluido lo antes posible para poder dar un enterramiento apropiado a su mujer, quien apenas tuvo tiempo de ver la construcción terminada puesto que su deceso se produjo en enero de 1908. A mayores, no solo se conoce la fecha de levantamiento del panteón sino que también se sabe que la escultura del Ángel fue encargada y facturada también en 1907, destacando el hecho de que su comitente no fue Ruperto sino el propio Gulías, lo que deja patente que esta pieza muy probablemente ya figuraba en el diseño original del mausoleo y que, por ende, no habría sido un añadido realizado por García al boceto del arquitecto. La estatua fue encargada a la fundición Malingre, entonces una de las empresas más potentes de toda la provincia, con más de tres décadas de historia al momento del encargo, si bien la industria era mayormente conocida en la época por la creación de maquinaria y piezas artísticas más enfocadas a la funcionalidad que a la estética, como tapas de alcantarilla, jarrones, farolas, etc.
Aunque se desconoce a cuánto ascendió el precio pagado a Malingre por la estatua, sí se conoce el valor del mausoleo en la década de 1930, pues el mismo consta en el testamento de Ruperto, cuya fortuna ascendía a un total de 703 545 pesetas; el panteón estaba valorado en 1931 en 15 000 pesetas y se erigía ya entonces como una construcción de gran valor ya que era el único inmueble consignado en la escritura, en la que García estableció que el enterramiento quedaba, al no haber tenido hijos, en herencia a los hermanos Antonio y María Seoane, quienes sin embargo quedaban obligados a «respetar a perpetuidad dichas cenizas» (las de Ruperto y su esposa) junto con las de ellos mismos, voluntad que al parecer no cumplieron ya que presuntamente dilapidaron la fortuna. El propio García ordenó a mayores disponer, a modo de recordatorio, un letrero indeleble en la entrada de su nicho con el lema «así lo diga y mande», habiendo hecho entrega en vida de la cuantiosa suma de 25 500 pesetas en concepto de legado a sus criadas María y Consuelo Outeiriño para labores de «conservación y limpieza del panteón», compuesto por un total de once nichos a un precio de 11 486 euros cada uno, de los que solo cuatro están ocupados,Los restos sepultados son los de Ruperto, Purificación, Antonio y María. todo lo cual evidencia que el empresario fue en su momento el difunto más rico del cementerio. Al igual que con el mausoleo, se puede conocer el precio pagado por el terreno donde se levantó el panteón, aunque en este caso mediante una estimación; para 1902 cada metro cuadrado de la zona más exclusiva del cementerio se vendía a perpetuidad por 100 pesetas, una cifra elevada que denotaba la especulación llevada a cabo por el ayuntamiento mediante la compra de parcelas de labranza por escaso valor para ampliar la necrópolis y su reventa por cuantías muy superiores que suponían la obtención de generosas plusvalías, por lo que el terreno donde se asienta el panteón, de aproximadamente 10 m², habría costado en torno a 1000 pesetas ya que se encuentra en una zona que para comienzos del siglo debía de ser considerada de primer nivel dada su excelente ubicación, no en el punto más elevado del camposanto aunque sí en una sección con gran profusión de mausoleos y a gran distancia del área reservada para enterramientos civiles, entonces socialmente denostados por el hecho de estar reservados para suicidas y no católicos. Con el paso de los años el mausoleo empezó a sufrir los estragos del tiempo, cayendo paulatinamente en un estado de abandono al igual que el resto del camposanto, pese a lo cual los descendientes de Ruperto trataron en 2007 de renovar la concesión al cumplirse 100 años de la construcción del túmulo, a lo que el ayuntamiento respondió proponiendo una prórroga previo pago de las tasas correspondientes, oferta que nunca fue contestada por los herederos. El desinterés de los actuales propietarios por el mantenimiento de esta edificación, situación que se repite con otros mausoleos del cementerio, ha llevado a que el mismo se encuentre a día de hoy en estado ruinoso, situación agravada por una profanación denunciada por la familia en 2009, lo que ha llevado a que desde entonces la puerta de entrada se encuentre cerrada con un candado.
Vicisitudes thumb|Garita principal del antiguo Cuartel de San Francisco (anterior a 1987). Claustro de San Francisco de Orense. Cabe destacar que la estatua corrió riesgo de ser robada e incluso destruida poco antes de la guerra civil, durante la Segunda República española, pues el Ángel adorador, ubicado en el tejado del mausoleo de la familia Ferro Martínez y realizado en hierro fundido al igual que la estatua del mausoleo de Ruperto García, fue sustraído poco antes del estallido de la contienda, siendo el hurto advertido supuestamente por los enterradores cuando al llegar al camposanto notaron la falta de la escultura; tras descubrirse a los autores del robo mientras huían con la pieza en un carro tirado por vacas, se les indicó que si la devolvían a su lugar no se tomarían acciones legales, a lo que los ladrones accedieron. Se desconoce el motivo por el que se produjo el robo de esta obra, aunque resulta probable que los ladrones se la llevasen con el fin de venderla ya que el comprador podía obtener grandes beneficios al fundirla y destinar el material a otros menesteres, como la fabricación de piezas de cerrajería o cocinas, entonces muy demandadas, siendo muy probablemente la gran altitud a la que se encontraba entonces la escultura del mausoleo de Ruperto García el factor que salvó a esta pieza de ser robada, pues a diferencia del Ángel dorador, ubicado a poco más de tres metros del suelo y fácilmente accesible desde la tapia que rodea el camposanto, el Ángel se hallaba en ese momento a una altura de alrededor de seis metros y solo accesible desde la cúpula que coronaba. De igual modo, tanto esta como las demás obras de la necrópolis estuvieron a punto de ser retiradas del lugar, y por tanto, de tal vez perderse para siempre a finales del siglo cuando en 1998 se planteó el cierre del cementerio debido al estado de abandono en el que se encontraba, si bien el poeta José Ángel Valente logró evitar la clausura y desmantelamiento del recinto, quedando el mismo definitivamente protegido tras ser declarado Bien de Interés Cultural el 11 de febrero de 2000.