Tigüipa, también conocida como Tigüipa Pueblo, es una localidad de Bolivia, ubicada en el sur del país. Administrativamente se encuentra en el municipio de Macharetí de la provincia de Luis Calvo, en el departamento de Chuquisaca.
Toponimia El origen del topónimo de Tigüipa es incierto y se le han atribuido varias etimologías guaraníes, entre ellas "terreno inundado, todo" (por el explorador Arthur Thouar, 1889), "de la misma sangre" y "lugar hondo".
Historia Antecedentes y fundación Existen referencias a Tigüipa desde al menos mediados del siglo XVII, cuando la región comprendida entre los ríos Parapetí y Pilcomayo, en el sector central de la llamada "Cordillera", era visitada de manera esporádica por conquistadores y misioneros. En 1758, una serie de interrogatorios sobre los "pueblos infieles" de la zona mencionaba a Tigüipa y señalaba que estaba conformada por tres aldeas. Durante la época colonial, la zona formó parte de la misma área de influencia que Macharetí y Tarairí, aunque existen pocos registros sobre Tigüipa hasta el periodo republicano.
La colonización del Chaco boliviano fue impulsada durante el gobierno de José Ballivián (1841-1847), quien promovió la exploración de las tierras bajas orientales en busca de una vía fluvial hacia el océano Atlántico. En 1843 y 1844, el prefecto de Tarija encabezó una expedición por el río Pilcomayo que, aunque no logró alcanzar su objetivo, permitió fundar la población de Villa Rodrigo en Caiza, marcando el inicio de la colonización criolla permanente en la región. Poco después, los franciscanos de Tarija retomaron su actividad misionera entre los chiriguanos. Refundaron Itau en 1845, fundaron Chimeo en 1849 y, en 1851, se establecieron por primera vez en el Chaco propiamente dicho, en Aguairenda, al pie de la serranía del Aguaragüe. En 1854 lograron establecerse en Tarairí, al norte del Pilcomayo. La expansión de las misiones provocó la resistencia armada de las comunidades chiriguanas de Macharetí, Guacaya y Cuevo, que atacaron en varias ocasiones la misión de Tarairí con el apoyo de indígenas tobas y de guerreros de Tigüipa dirigidos por su capitán Aruapi.
En 1855, colonos de Caiza organizaron una expedición punitiva contra los chiriguanos rebeldes. Aruapi murió durante el enfrentamiento y su grupo se dispersó. Algunos se refugiaron en Tarairí, Macharetí y Cuevo, mientras que otros se establecieron en el cerro situado sobre Tigüipa. Parte de este grupo participó todavía en 1869 en nuevos ataques contra la misión de Macharetí, aunque estos fueron rechazados. Poco después, el capitán Atari solicitó a los franciscanos la fundación de una misión propia en Tigüipa. Entre las razones de la solicitud se encontraba la necesidad de proteger a la población indígena frente al avance del ganado de los colonos criollos sobre los cultivos indígenas. La petición tardó varios años en concretarse debido a la falta de misioneros disponibles. Para 1871, unos 500 chiriguanos se habían reunido en Tigüipa a la espera de los franciscanos. Finalmente, el 20 de mayo de 1872, el prefecto de misiones Alejandro Ercole llegó al lugar, donde construyó una pequeña choza que sirvió de capilla y celebró la primera misa, fundando así la misión de San José de Tigüipa. Tras su establecimiento, la misión recibió a antiguos pobladores dispersos en otros pueblos, así como a indígenas chané procedentes de la vecina Caipependi y a chiriguanos de Ivo. Estos últimos, sin embargo, regresaron posteriormente a sus tierras de origen.
Consolidación y conflictos miniaturadeimagen|Gerónimo Basili, a cargo de la misión de Tigüipa durante más de 30 años. Desde 1873 y durante más de treinta años, la misión estuvo a cargo de un único conversor, fray Gerónimo Basili, una permanencia excepcional a comparación de otras misiones, cuyos misioneros eran reemplazados con frecuencia. A su llegada, Basili encontró solo una vivienda precaria construida con cañas y emprendió la construcción de una iglesia, que fue inaugurada en 1879. Las descripciones de la época señalaban que el lugar tenía un clima húmedo y poco saludable, con frecuentes casos de paludismo, hidropesía y pleuresía.
Hacia 1883, Tigüipa era descrita como un conjunto de casas bajas construidas con palos y barro, dispuestas en forma de cruz junto a una quebrada. La iglesia, la casa del misionero y la escuela de niñas se encontraban en un terreno más elevado. La misión contaba entonces con unas tres hectáreas cultivadas y cerca de 320 cabezas de ganado vacuno, además de caballos, mulas, asnos y ovejas. Entre sus edificaciones se encontraban el templo, el cementerio, la casa parroquial, una cárcel, un hospedaje y escuelas separadas para niños y niñas.
Al igual que en otras misiones de la región, los habitantes de Tigüipa debían realizar trabajos obligatorios destinados a proyectos gubernamentales, de acuerdo con el reglamento de misiones de 1871. En 1877 y 1878, el subprefecto de la provincia Azero (actual provincia de Hernando Siles) solicitó a la misión herramientas, mano de obra y materiales de construcción. En 1883, cerca de 150 trabajadores de Tigüipa fueron enviados a la Colonia Crevaux, sobre el río Pilcomayo. Estas exigencias generaron tensiones y perjudicaron las labores agrícolas propias de la comunidad, y continuaron las décadas siguientes, con la apertura de caminos y la construcción de obras como la represa de Carandaití, en 1910, y el fortín D'Orbigny, en 1911. Según el historiador Erick Langer, el principal impacto de las misiones franciscanas del Chaco fue económico más que religioso, debido a la incorporación de la población indígena como mano de obra barata al servicio de la colonización.
Los habitantes de Tigüipa también fueron movilizados durante los conflictos armados de la época. En 1874 comenzó la mayor rebelión chiriguana del siglo XIX, conocida como la guerra de Guacaya. En enero de 1875, 200 chiriguanos de las misiones de San Francisco Solano, Tarairí, Macharetí y Tigüipa fueron enviados a combatir junto a las tropas criollas. Tras varios años de enfrentamientos, la resistencia de las comunidades chiriguanas libres fue derrotada. La firma de un tratado de paz de 1884 estabilizó la región y favoreció el asentamiento de nuevos colonos criollos en localidades cercanas, entre ellas Camatindi. miniaturadeimagen|Misionero dictando clases a alumnos en Tigüipa, en 1898. El incremento de la población criolla también generó conflictos crecientes entre los franciscanos y los colonos, así como fugas de neófitos de la misión. En 1884, el conversor de Tigüipa informó sobre varios indígenas prófugos y el prefecto de misiones observó un deterioro de la disciplina que había caracterizado a la misión desde su fundación. En 1893, el delegado de Gobierno Manuel Othón Jofré intervino en Tigüipa ante las invasiones de colonos criollos sobre tierras y ganado de la misión. Entre los involucrados se encontraba un vecino que llegó a resistir con armas de fuego las órdenes de las autoridades. Jofré describió a los indígenas de Tigüipa como dóciles y trabajadores, aunque señaló su desaliento por los abusos que sufrían por parte de los colonos.
En enero de 1892 se dio la última gran rebelión chiriguana, encabezada por Apiaguaiki Tumpa y que culminó el día 28 de enero con la masacre de Kuruyuki. La mayoría de los neófitos de las misiones, incluidos los de Tigüipa, permaneció neutral o combatió junto a las fuerzas criollas. Guerreros de la misión participaron en la marcha del capitán Mandepora de Macharetí, contra los sublevados y en la defensa de la misión de Santa Rosa de Cuevo. Sin embargo, algunos habitantes de Tigüipa se incorporaron al movimiento encabezado por Tumpa. Poco antes de la batalla final fue capturado un mensajero enviado desde Tigüipa hacia Macharetí.
Tras la derrota de los sublevados, numerosos combatientes se refugiaron en Tigüipa. Esto motivó una advertencia del subprefecto de la provincia Azero al conversor de Macharetí. En las semanas siguientes, el delegado de Gobierno Melchor Chavarría ordenó el fusilamiento en Ñancorainza de dos neófitos de Tarairí y Tigüipa y de un chiriguano de Macharetí, acusados de haber apoyado la rebelión.
Apogeo y decadencia miniaturadeimagen|Dionisio Polverini, misionero franciscano sucesor de Gerónimo Basili. miniaturadeimagen|Vista de la misión de Tigüipa, alrededor del año 1904. A pesar de la batalla de Kuruyuki, a comienzos del siglo XX Tigüipa atravesó su etapa de mayor prosperidad. La nueva iglesia, iniciada por el padre Basili, fue inaugurada en 1902 con una celebración a la que asistieron habitantes de varias misiones vecinas. Basili murió el 16 de octubre de 1903, después de treinta años al frente de la misión, y fue sucedido por Dionisio Polverini. Bajo su dirección, Tigüipa llegó a convertirse, hacia 1908, en la misión más poblada de la región, con 1060 habitantes.
Sin embargo, desde fines del siglo XIX las misiones del Chaco boliviano atravesaron un proceso de deterioro. Los franciscanos atribuyeron la creciente desobediencia de los neófitos a la influencia de los colonos mestizos y, especialmente, a la migración estacional hacia los ingenios azucareros del norte argentino. Según un misionero, este fenómeno constituía una "verdadera plaga": cerca del 70 % de la población entre 10 a 50 años dejaba anualmente la misión para trabajar en las haciendas argentinas, y aproximadamente una quinta parte no regresaba. A ello se sumaron una epidemia de viruela que causó 88 muertes y un incendio que destruyó buena parte de las viviendas indígenas. En el ámbito político, la llegada del Partido Liberal al poder en 1899 dio inicio a una etapa de políticas anticlericales que redujeron las atribuciones de los misioneros. En 1905, un decreto del presidente Ismael Montes secularizó las misiones de San Francisco Solano y San Antonio de Padua, en cuyo territorio se fundó la ciudad de Villa Montes.
A comienzos del siglo XX, de las ocho misiones fundadas por el Colegio de Tarija, solo Tarairí, Macharetí y Tigüipa, las tres situadas al norte del río Pilcomayo, continuaban en funcionamiento. Poco después fueron secularizadas también las misiones de Aguairenda, Chimeo e Itau. En 1919, ante problemas similares en las misiones administradas por el Colegio franciscano de Potosí en Guacaya, Cuevo e Ivo, ambos colegios franciscanos unieron esfuerzos para crear el Vicariato Apostólico del Sudeste, conocido como Vicariato de Cuevo.
Hacia 1930, muchos indígenas de la región trabajaban para la compañía petrolera Standard Oil. Ese mismo año, el presidente Hernando Siles decretó la secularización de las misiones aún existentes. Sin embargo, el decreto no llegó a ejecutarse debido a su renuncia a la presidencia al año siguiente.
Guerra del Chaco y secularización definitiva Durante la Guerra del Chaco, tropas paraguayas ocuparon Tigüipa en 1935 y destruyeron la iglesia inaugurada en 1902. Antes de la ocupación, el conversor había hecho enterrar las campanas del templo en la quebrada. Sin embargo, las tropas paraguayas las encontraron y las llevaron a Paraguay. Parte de la población de Tigüipa huyó hacia Argentina, mientras que otros fueron capturados y trasladados a territorio paraguayo, donde muchos de sus descendientes permanecen hasta la actualidad.
Después de la guerra, la misión subsistió solo nominalmente. En 1949, el gobierno nacional formalizó la secularización definitiva de Tigüipa y de las misiones de Tarairí, Macharetí, Guacaya, Cuevo e Ivo. A cada de las antiguas misiones se le asignaron 1700 hectáreas destinadas a la parroquia y 1250 hectáreas para el sostenimiento de escuelas. Los maestros pasaron a depender del ministerio de Educación, mientras que los franciscanos conservaron únicamente la instrucción religiosa. Cada poblado fue organizado como una Sociedad Agrícola Ganadera de Pequeños Propietarios, integrada tanto por familias indígenas como por colonos criollos, dando origen a la actual localidad de Tigüipa.
Ubicación y geografía