miniaturadeimagen|Un repartidor de periódicos en Calcuta, India (2015) Un repartidor de periódicos es una persona dedicada a la distribución y entrega de periódicos a sus lectores, generalmente mediante el reparto a domicilio a quienes pagan por una suscripción. Históricamente, esta ocupación estuvo asociada en Occidente principalmente a hombres jóvenes, especialmente menores de edad desde los 12 años, quienes realizaban sus rutas de reparto en bicicleta.Con el declive de la prensa impresa y el auge de los periódicos en línea, sumado a los cambios en los sistemas de distribución en respuesta a la oferta y demanda por periódicos en papel, la ocupación ha perdido la importancia que adquirió en el siglo y se ha vuelto menos habitual.

Historia miniaturadeimagen|Licencia de repartidor de periódicos para niños menores de 14 años en 1970, cuando a las niñas no se les permitía repartir periódicos en el estado de Nueva York.

Estados Unidos Durante la década de 1930, el reparto y la venta de periódicos por menores de edad fueron objeto de un debate de la opinión pública en Estados Unidos en el marco de las discusiones sobre el trabajo infantil. En 1934, el código laboral de la National Recovery Administration (NRA) permitía a los periódicos emplear a menores para vender o repartir periódicos fuera del horario escolar, siempre que ello no perjudicara su salud. Sin embargo, las autoridades propusieron establecer restricciones adicionales, entre ellas una edad mínima de 14 años para los nuevos vendedores, límites de jornada para los menores de 16 años y la obligación de portar permisos con la autorización de los padres o credenciales. Las organizaciones de editores de periódicos se opusieron a estas medidas, mientras que el Comité Nacional del Trabajo Infantil sostenía que la venta y distribución de periódicos era inadecuada para los niños pequeños debido, entre otros factores, al trabajo nocturno, los riesgos del tráfico y otros peligros asociados a la actividad.

Antes de la masificación de Internet, ya durante la década de 1980, se produjo un descenso sostenido del número de repartidores de periódicos menores de edad en todo el país. Según un estudio de la American Newspaper Publishers Association publicado en 1987, su número disminuía en aproximadamente 10 000 por año desde 1980. Este fenómeno estuvo relacionado con diversos factores, entre ellos la reducción del trabajo infanto-juvenil y los cambios en los sistemas de distribución. Para las empresas periodísticas, además, resultaba más eficiente recurrir a repartidores adultos que utilizaban automóviles, especialmente en las zonas suburbanas, donde las rutas eran más extensas y difíciles de cubrir en bicicleta o a pie.

América Latina Mientras que en Estados Unidos se consolidó especialmente el modelo del repartidor juvenil que distribuía periódicos a domicilio mediante rutas, en diversos países de América Latina adquirió especial importancia la venta callejera realizada por niños y jóvenes, con distintos nombres de acuerdo a cada país, por sobre el reparto a domicilio. Ambas modalidades podían coexistir con otras formas de distribución, por lo que estas figuras no son equivalentes al repartidor de periódicos.

En México, la comercialización de periódicos combinó desde el siglo distintas modalidades de distribución. En 1870, por ejemplo, los repartidores de La Voz de México obtenían una remuneración por llevar los ejemplares a domicilio, tanto por cuenta propia como de la administración del periódico, dentro de un sistema basado también en suscripciones y agentes de distribución. Posteriormente, la expansión de la prensa industrial favoreció la venta callejera mediante papeleros y voceadores.

En Chile, la distribución a domicilio, inicialmente realizada por intermediarios que entregaban los periódicos a los suscriptores, perdió importancia con la expansión de la venta callejera, llamados suplementeros o diareros, y de los puntos de venta de periódicos, entre ellos los quioscos de periódicos.

Una situación similar se desarrolló en Argentina, donde la venta de periódicos en la vía pública adquirió una importancia creciente desde fines del siglo . Los llamados canillitas se dedicaban principalmente a la venta ambulante de diarios y revistas en calles y otros espacios públicos de circulación, constituyéndose en el eslabón principal de la cadena de comercialización de la prensa. La actividad estuvo inicialmente asociada en particular a niños y adolescentes, aunque posteriormente se consolidó como un oficio ejercido también por adultos.

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