Los sabotajes rusos en Europa se refieren a una serie de ataques encubiertos contra infraestructuras y otros objetivos en Europa que se produjeron desde finales de la década de 2010 y se intensificaron después de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania. Los gobiernos occidentales y los servicios de inteligencia occidentales sostienen que las fuerzas armadas rusas o los servicios especiales rusos han organizado sistemáticamente actos de sabotaje en Europa, incluidos incendios provocados planes de asesinato intentos de dañar infraestructuras ferroviarias vandalismo, ciberataques e interferencias electrónicas, como la perturbación de las señales GPS como parte de una guerra híbrida destinada a desestabilizar a los países que apoyan a Ucrania durante la invasión rusa. Funcionarios europeos informaron de que el número de incidentes sospechosos de sabotaje aumentó entre 2023 y 2024 y que los objetivos incluían infraestructuras críticas, como gasoductos y cables de comunicaciones Los funcionarios afirman que la campaña de sabotaje está coordinada en gran medida por la inteligencia militar rusa (GRU) y ejecutada por operadores encubiertos o colaboradores reclutados localmente, mientras que las autoridades rusas niegan su responsabilidad El Gobierno de Rusia niega llevar a cabo sabotajes en Europa y ha responsabilizado a otros actores de los incidentes. En 2025, la OTAN calificó el nivel de amenaza de sabotaje de «récord histórico» y afirmó que consideraba la campaña rusa de actividades subversivas una grave amenaza para la seguridad europea

Antecedentes Rusia tiene una historia de operaciones encubiertas y sabotaje en Europa que se remonta a la Guerra Fría, y su doctrina militar ha subrayado desde hace tiempo la importancia de atacar las infraestructuras del adversario. En 2023, funcionarios de la OTAN y de la Unión Europea indicaron que Rusia estaba llevando a cabo una campaña coordinada de actividades subversivas y de sabotaje por debajo del umbral de una guerra abierta, mientras que el IISS registró más de 50 sucesos entre 2022 y mediados de 2025 considerados probablemente vinculados a Rusia

Durante la década de 2010, agentes rusos fueron relacionados con incidentes concretos de sabotaje, como las explosiones del depósito de municiones de Vrbětice en 2014, en la República Checa. en las que murieron dos personas. Según los servicios checos, la munición iba a ser transportada a Bulgaria y posteriormente, entre otros destinos, a Ucrania, algo que el propietario de la carga cuestionó. Según las conclusiones de la investigación policial, Alexander Mishkin y Anatoly Chepiga, agentes del GRU pertenecientes a la Unidad 29155, fueron responsables del ataque La revelación de las conclusiones provocó una crisis diplomática, incluidas expulsiones recíprocas de diplomáticos entre Praga y Moscú

Tipos de sabotaje e incidentes Energía e infraestructuras thumb|Sección transversal de un cable submarino de telecomunicaciones.

El 26 de septiembre de 2022 se produjeron explosiones y fugas de gas en los gasoductos Nord Stream y Nord Stream 2, que la fiscalía sueca calificó de «sabotaje grave» tras detectar restos de explosivos. En febrero de 2024, Suecia cerró su propia investigación por falta de jurisdicción y entregó el material recopilado a los investigadores alemanes; los responsables seguían sin ser identificados y las investigaciones en otros países continuaban.

Entre 2023 y 2024 varios cables y gasoductos submarinos del mar Báltico fueron cortados o dañados, lo que aumentó las sospechas de sabotaje ruso. En octubre de 2023 resultó dañado el gasoducto submarino Balticconnector, entre Finlandia y Estonia, al mismo tiempo que un cable de datos. Finlandia consideró que se trataba de una acción deliberada, aunque también se examinó la posibilidad de que el daño hubiera sido causado por el ancla arrastrada de un buque.

En noviembre de 2024 dos cables independientes de fibra óptica de Internet en el mar Báltico fueron cortados con dos días de diferencia: uno conectaba Finlandia con Alemania y el otro Suecia con Lituania. Las autoridades de Alemania y Finlandia describieron los hechos como posibles «daños deliberados» contra infraestructuras críticas. A finales de diciembre de 2024 también fue cortado el cable eléctrico submarino Estlink 2 entre Finlandia y Estonia, junto con varios cables de telecomunicaciones cercanos, lo que causó interrupciones del suministro eléctrico y de Internet. Finlandia incautó un buque vinculado a Rusia sospechoso de participar en el incidente, mientras que dirigentes regionales afirmaron que era poco probable que la sucesión de frecuentes «accidentes» que afectaban a infraestructuras submarinas desde 2022 fuese accidental.

En enero de 2026, la policía finlandesa liberó el carguero «Fitburg», que había sido incautado anteriormente bajo sospecha de haber dañado un cable submarino de telecomunicaciones entre Helsinki y Estonia. Reuters informó de que el buque había sido detenido el 31 de diciembre de 2025 y que la investigación continuaba, mientras que algunos miembros de la tripulación seguían sujetos a una prohibición de abandonar el país.

En enero de 2026, las Fuerzas de Defensa de Finlandia evaluaron en su revisión anual de inteligencia que Rusia probablemente continuaría intentando influir sobre las infraestructuras submarinas del mar Báltico, aunque señalaron que no existía una prueba concluyente que permitiera atribuir inequívocamente al Estado ruso la responsabilidad por los incidentes recientes.

Los operadores de telecomunicaciones de la región nórdico-báltica notificaron numerosas interrupciones provocadas por daños inexplicados en cables, mientras que los servicios occidentales han señalado regularmente a Rusia como principal sospechosa.

Unidades cibernéticas rusas, a menudo en coordinación con actos físicos de sabotaje, han atacado sistemas críticos, como centrales eléctricas, al menos desde mediados de la década de 2010.

Ferrocarril e infraestructuras de transporte thumb|Tren de alta velocidad ICE de Deutsche Bahn.

Las infraestructuras ferroviarias y de transporte europeas también han sido objeto de ataques. El 8 de octubre de 2022 se cortaron cables de comunicaciones del ferrocarril alemán en dos lugares, lo que provocó una paralización de casi tres horas del tráfico ferroviario en los estados septentrionales de Alemania y retrasos en los servicios internacionales. La policía alemana señaló que no había indicios de la participación de un Estado extranjero, aunque también se investigaron posibles motivaciones políticas.

Un segundo acto de sabotaje contra cables ferroviarios tuvo lugar en Alemania en diciembre de 2022, cuando se cortaron cables cerca de Essen, provocando breves perturbaciones en el tráfico regional.

También se produjeron actos de sabotaje ferroviario en Polonia, un país clave de tránsito para la ayuda militar de la OTAN a Ucrania. En agosto de 2023, los atacantes utilizaron una sencilla manipulación de las comunicaciones por radio para activar señales de parada de emergencia en las frecuencias ferroviarias, deteniendo más de 20 trenes en el noroeste de Polonia. Emitieron una falsa señal de emergencia intercalada con el himno ruso, aprovechando un sistema ferroviario de comunicaciones sin protección. Funcionarios polacos consideraron que el sabotaje estaba «patrocinado por un Estado».

El incidente ocurrió después del desmantelamiento en 2023 de una red de espionaje rusa en Polonia que presuntamente planeaba sabotajes contra líneas ferroviarias y transportes de armamento. Posteriormente, los fiscales polacos anunciaron que más de una docena de personas, supuestamente al servicio de la inteligencia rusa, habían sido acusadas de preparar actos de sabotaje contra las infraestructuras de transporte polacas. Entre los objetos incautados había cámaras ocultas utilizadas para vigilar las líneas ferroviarias por las que se transportaba material destinado a Ucrania.

Funcionarios de la OTAN confirmaron que también hubo intentos de descarrilar trenes y otras formas de sabotaje del transporte como parte de la campaña destinada a alterar la logística.

El 16 de noviembre de 2025 se produjo una explosión que dañó una vía de la línea Varsovia–Lublin; el primer ministro Donald Tusk calificó el suceso de «acto de sabotaje sin precedentes». El ministro del Interior informó simultáneamente de un acto de sabotaje confirmado y de un segundo incidente considerado muy probablemente como sabotaje, mientras que el ministro coordinador de los servicios especiales señaló que existía una alta probabilidad de que hubieran sido encargados por un servicio de inteligencia extranjero. Al día siguiente, Tusk informó de que se habían identificado dos personas responsables de la explosión y las describió como ciudadanos ucranianos que colaboraban con la inteligencia rusa y que supuestamente habían huido a Bielorrusia. Ese mismo día, el portavoz del ministro coordinador de los servicios especiales declaró públicamente que «todo indica» que el sabotaje había sido encargado por los servicios de inteligencia rusos.

Incendios provocados y sabotaje urbano thumb|Centro comercial Marywilska 44 de Varsovia tras el incendio de 2024.

A mediados de la década de 2020, una ola de incendios provocados y falsas amenazas de bomba afectó a objetivos comerciales o simbólicos en Europa, especialmente en Polonia y Lituania. El 9 de mayo de 2024 una tienda de IKEA en Vilna fue incendiada después del cierre. Nadie resultó herido. Los fiscales lituanos describieron el ataque como un acto de «terrorismo» cometido por el GRU. Dos ciudadanos ucranianos fueron acusados de participar como ejecutores locales. Uno fue detenido en Lituania y el otro en Polonia. Se determinó que ambos habían recibido la promesa de un pago de coordinadores rusos a cambio de colocar artefactos explosivos o provocar incendios en centros comerciales de Lituania y Letonia.

El 12 de mayo de 2024 un gran incendio destruyó el centro comercial Marywilska 44 de Varsovia, un mercado con más de 1400 establecimientos, durante la noche y sin víctimas mortales. Los investigadores polacos determinaron que el incendio había sido provocado y coordinado por los servicios especiales rusos: los ejecutores contratados habían recibido dinero para incendiar el centro. En 2025 se revelaron pruebas de que el incendio había sido encargado por un oficial del GRU ubicado en Rusia. Varias personas sospechosas de actuar como intermediarios locales en el incendio de Marywilska fueron detenidas en Polonia y Lituania

Las autoridades lituanas y polacas consideraron probable que la misma red vinculada a Rusia estuviera detrás del incendio de IKEA y del incendio del centro comercial de Varsovia. Como respuesta, en mayo de 2025 Polonia ordenó el cierre del consulado ruso en Cracovia.

En Europa occidental se registraron a mediados de la década de 2020 varios ataques incendiarios o intimidatorios. En el Reino Unido, el objetivo fue un complejo industrial y de almacenes perteneciente a un empresario ucraniano en el este de Londres. El 20 de marzo de 2024, unas instalaciones implicadas en el suministro de equipos de protección a Ucrania fueron incendiadas y sufrieron graves daños. La policía británica detuvo a varios sospechosos y afirmó que el líder del grupo había sido reclutado por Internet y dirigido por personas vinculadas al grupo mercenario ruso Wagner.