thumb|250px|Póster de El ángel ebrio, de Akira Kurosawa, de 1948, una película del género. El es un subgénero cinematográfico popular en Japón que se centra en la vida y las actividades de los yakuza, los sindicatos del crimen organizado japonés. Durante la época del cine mudo, era habitual representar a los bakuto (precursores de los yakuza modernos) como personajes que despertaban simpatía, similares a la figura de Robin Hood.
En las décadas de 1950 y 1960 surgieron dos tipos de películas sobre la yakuza. El estudio Nikkatsu destacó por sus filmes de yakuza modernos inspirados en el cine de gánsteres de Hollywood, mientras que Toei fue el principal productor de lo que se conoce como . Ambientadas en las eras Meiji y Taishō, las ninkyo eiga retratan a forajidos honorables que se debaten entre el giri (el deber) y el ninjō (los sentimientos personales).
A diferencia de las ninkyo eiga, en la década de 1970 ganaron popularidad las , inspiradas en historias criminales auténticas. Estas obras no presentaban a los yakuza modernos como herederos honorables del código samurái, sino como matones callejeros despiadados que vivían para satisfacer sus propios deseos.
Primeras películas En la era del cine mudo, era habitual encontrar películas que retrataban a los bakuto (precursores de los yakuza modernos) como figuras similares a Robin Hood. A menudo retrataban a figuras históricas que habían acumulado leyendas con el tiempo como «figuras compasivas pero solitarias, obligadas a vivir al margen de la ley y anhelando, aunque desesperadamente, regresar a la sociedad convencional.» Kunisada Chūji fue un personaje muy popular; un ejemplo de ello es la trilogía Chūji Tabi Nikki de 1927, dirigida por Daisuke Itō. Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno japonés utilizó el cine como herramienta de propaganda bélica, por lo que las representaciones de los bakuto perdieron protagonismo. En su libro The Yakuza Movie Book: A Guide to Japanese Gangster Films, Mark Schilling señala la película de 1948 El ángel ebrio, de Akira Kurosawa, como la primera en retratar a los yakuza de la posguerra, si bien advierte que el filme no sigue las temáticas habituales del género. Asimismo, durante la ocupación de Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial, se supervisaban con firmeza las películas que se producían. No obstante, tras finalizar la ocupación en 1952, las películas de época de todo tipo recuperaron su popularidad. Un ejemplo destacado sobre los yakuza modernos es Hana to Arashi to Gyangu de 1961, dirigida por Teruo Ishii, obra que dio inicio a una serie centrada en la vida de las pandillas contemporáneas, incluidos los enfrentamientos entre ellas.
Mukokuseki Action y ninkyo eiga El estudio Nikkatsu produjo las películas modernas de yakuza bajo la etiqueta de ; a diferencia de otros estudios del género, estas obras se inspiraban notablemente en el cine de gánsteres de Hollywood. Un ejemplo representativo es la serie Wataridori, iniciada en 1959 y protagonizada por Akira Kobayashi y, en la mayoría de las entregas, por Joe Shishido. Otra serie popular de este estilo fue Kenjū Buraichō, protagonizada por Keiichirō Akagi y, nuevamente, por Joe Shishido; sin embargo, esta saga concluyó abruptamente en 1961 debido al fallecimiento de Akagi.
Entonces comenzó a prosperar un subgénero cinematográfico conocido como ninkyo eiga (仁侠映画) o «películas de caballerosidad». La mayoría fueron creadas por el estudio Toei y producidas por Koji Shundo, quien entabló estrechas relaciones con miembros reales de la yakuza antes de dedicarse a la producción y de quien se dice, pese a sus negativas, que él mismo formó parte de la organización. Ambientado en las eras Meiji y Taishō, el héroe yakuza de estas películas, vestido con kimono e interpretado por actores como Kōji Tsuruta y Ken Takakura, aparecía siempre como un forajido estoico y honorable, desgarrado entre los valores contrapuestos del giri (el deber) y el ninjō (los sentimientos personales). Sadao Yamane señaló que la disposición de estos personajes a luchar y morir para salvar a alguien o a su jefe se retrataba como «algo hermoso». En su libro, Schilling citó la película de 1963 Jinsei Gekijo: Hishakaku, de Tadashi Sawashima, como la obra que inició la tendencia del ninkyo eiga. Este género gozaba de gran popularidad entre los jóvenes que habían emigrado del campo a las ciudades en busca de empleo y educación, solo para encontrarse con duras condiciones laborales y salarios bajos. En su libro Yakuza Film and Their Times, Tsukasa Shiba y Sakae Aoyama escriben que estos jóvenes, «aislados en una época de rápido crecimiento económico y estructuras sociales rígidas», se sentían atraídos por los «temas de camaradería masculina y la unión de fuerzas para combatir la estructura de poder».
Shundo supervisó a Takakura y ayudó a Toei a contratar a Tsuruta; además, su propia hija, Junko Fuji, se convirtió en una popular actriz de películas de yakuza al protagonizar la serie Hibotan Bakuto. En 1963, Nikkatsu produjo su primera película del género ninkyo eiga, titulada Otoko no Monsho y protagonizada por Hideki Takahashi, para contrarrestar el éxito de Toei en este ámbito. Sin embargo, hoy en día Nikkatsu es más conocida por las surrealistas películas de serie B de Seijun Suzuki, cuya relación con el estudio terminó con su despido tras el estreno de Marcado para matar en 1967. Asimismo, Daiei Film incursionó en el género en 1961 con Akumyō, protagonizada por Shintaro Katsu, y también compitió con Toei en el subgénero de yakuza femenina gracias a Kyoko Enami y su papel en la serie Onna Tobakuchi.
En 1965, Teruo Ishii dirigió la primera entrega de la serie Abashiri Bangaichi, que fue un gran éxito y lanzó a Takakura al estrellato.
Aparte de estas películas que presentan a la yakuza moderna en el siglo XX, muchas chanbara (películas de samuráis) realizadas en las décadas de 1960 y 1970 presentaban a la yakuza provincial en períodos anteriores. Ejemplos notables incluyen Yojimbo (1961) de Akira Kurosawa, en el que un rōnin contrata sus servicios a bandas yakuza rivales, y varias apariciones de la serie de larga duración Zatoichi (1962-1989).
Década de 1970 y jitsuroku eiga Muchos críticos de cine japoneses señalan el retiro de Junko Fuji en 1972 como el momento que marcó el declive del ninkyo eiga. Justo cuando el público empezaba a cansarse de este estilo, surgió una nueva clase de cine de yakuza: el jitsuroku eiga (実録映画; «películas de crónicas reales»). Estas cintas retrataban a los yakuza de la posguerra no como herederos honorables del código samurái, sino como matones callejeros despiadados y traicioneros que vivían para satisfacer sus propios deseos. Muchas películas de jitsuroku se basaban en historias reales y se rodaban con un estilo documental, empleando a menudo la cámara en mano. El género jitsuroku se popularizó gracias a la innovadora epopeya yakuza de Kinji Fukasaku estrenada en 1973, Batallas sin honor ni humanidad. Basada en sucesos reales relacionados con las disputas territoriales de la yakuza en la prefectura de Hiroshima, la película, protagonizada por Bunta Sugawara, dio lugar a cuatro secuelas y a otra serie de tres entregas.
Sadao Yamane, biógrafo de Fukasaku, considera que estas películas gozaron de popularidad debido al momento de su estreno: el crecimiento económico de Japón estaba en su apogeo y a finales de la década de 1960 habían tenido lugar las revueltas estudiantiles. Los jóvenes compartían sentimientos similares a los de la sociedad de la posguerra representada en el filme. Schilling escribió que, tras el éxito de Batallas sin honor ni humanidad, Takakura y Tsuruta recibieron cada vez menos papeles por decisión del presidente de la Toei. Poco después, Shundo se retiró, aunque más tarde regresaría a la actividad.
Otro estilo que surgió en la década de 1970 fue el de las películas sobre sicarios, centradas en asesinos a sueldo que operaban en el mundo de la yakuza pero no estaban sujetos a las tradiciones y obligaciones habituales de los miembros regulares de la organización. Entre los ejemplos se incluyen la trilogía Yūgi (1978-1979) de Tōru Murakawa y varias películas protagonizadas por Sonny Chiba en el papel de un sicario experto en karate, como Yakuza Deka (1970), The Street Fighter (1974) y sus respectivas secuelas.
Algunas pinku eiga (películas eróticas de contenido sexploitation) también incorporaron temáticas relacionadas con la yakuza, como Sex & Fury y su secuela Female Yakuza Tale (ambas de 1973).
Declive y resurgimiento en el mercado doméstico upright|thumb|Takeshi Kitano ha recibido elogios internacionales por dirigir, escribir y protagonizar películas de yakuza. En la década de 1980, las películas de yakuza sufrieron un declive drástico debido, en parte, al auge de los reproductores de vídeo doméstico VHS. Una excepción fue la serie Gokudō no Onna-tachi, protagonizada por Shima Iwashita, basada en un libro de entrevistas con esposas y novias de gánsteres reales. De hecho, en 1994, la compañía Toei anunció que The Man Who Shot the Don, protagonizada por Hiroki Matsukata, sería su última película de yakuza, a menos que recaudara 4 millones de dólares en alquileres de vídeo doméstico. Como no alcanzó esa cifra, anunciaron que dejarían de producir este tipo de filmes, aunque retomaron el género un par de años más tarde.
Sin embargo, en los años 90, las películas de bajo presupuesto lanzadas directamente a vídeo, conocidas como gokudō, propiciaron una gran cantidad de títulos sobre la yakuza, como la línea V-Cinema de Toei iniciada en 1990. Muchos directores jóvenes gozaron de libertad para innovar y desafiar los límites del género. Uno de ellos fue Rokurō Mochizuki, quien saltó a la fama con Onibi en 1997. Directores como Shinji Aoyama y Kiyoshi Kurosawa debutaron en el mercado del vídeo doméstico antes de convertirse en habituales del circuito internacional de festivales. No obstante, el creador de gokudō más reconocido es Takashi Miike, quien ha alcanzado fama internacional gracias a sus películas de este estilo, caracterizadas por una violencia extrema, la transgresión de los códigos del género y la ruptura de fronteras geográficas (como ocurre en Rainy Dog, de 1997, ambientada fuera de Japón).
Un director que no participó en el circuito de vídeo doméstico es Takeshi Kitano, cuyas películas existencialistas sobre la yakuza son conocidas en todo el mundo por su estilo único. Sus filmes se caracterizan por un montaje abrupto, diálogos minimalistas, un humor peculiar y una violencia extrema, elementos que surgieron en Sonatine, de 1993, y se perfeccionaron en Flores de fuego, de 1997.
Actores destacados
Películas destacadas
Referencias
Bibliografía
Categoría:Géneros cinematográficos Categoría:Yakuza