Antonio Franco fue un sacerdote católico italiano de ascendencia francesa, que sirvió en la corte española y fue prelado de Santa Lucía del Mela. Es Beato de la Iglesia Católica.
Biografía Nació en Nápoles, en el seno de una familia noble, siendo el tercero de los seis hijos de Orlando Franco y Francisca Pisana de Antonio. Según la información dada por su familia, ya en la infancia y la adolescencia, demostró una especial sensibilidad hacia los pobres. Estudió teología y con apenas 17 años, se licenció en derecho civil y canónico el 23 de septiembre de 1602, continuando sus estudios en Roma. Posteriormente y por insistencia de sus padres, se trasladó a Madrid para servir en la corte española.
Fue ordenado sacerdote en 1610 y solicitó al rey Felipe III de España ser miembro de su corte. El 14 de enero de 1611 fue nombrado capellán real y, posteriormente, en 1616, consejero general y capellán mayor del Reino de Sicilia. El rey llegó a sentir mucho aprecio por Antonio, nombrándolo prelado (anterior a obispo) de Santa Lucía del Mela. Durante su estancia en Roma, el papa Pablo V confirmó el nombramiento, siendo investido formalmente y tomando posesión el 11 de febrero de 1617, entrando en la prelatura el 18 de mayo.
Franco era considerado un hombre santo que fue muy caritativo hacia los pobres y enfermos. Visitaba periódicamente todos los rincones de su prelatura. Se dice que al sufrir una cercana aldea de la misma de sequía, el pueblo fue a verle para pedirle que orara por ellos, algo que lo dejó profundamente conmovido, diciéndoles que confiaran en Dios. Cuando regresaron, con gran sorpresa, lo vieron delante de ellos mostrándoles una fuente de agua. Impulsó una reforma profunda de las instituciones eclesiásticas del obispado, convocando el primer sínodo de la prelatura, siguiendo las directrices del Concilio de Trento, prestando especial atención a la formación de los sacerdotes, la enseñanza de la doctrina cristiana y la integridad de la piedad popular. Reconstruyó la iglesia prelata y el palacio destinado a albergar al prelado.
Llevaba una vida de privaciones, vestía atuendos prelatales muy sencillos, donando incluso sus sabanas y frazadas a los pobres que acudían a él, e incluso, en ocasiones, se despojaba de su ropa personal. En una ocasión, mientras visitaba a pacientes en un hospital, se inclinó sobre una persona con gangrena y besó o lamió su llaga purulenta. Comía poco, dormía en el suelo con una piedra como almohada, llevaba dos cadenas todo el tiempo (una de las cuáles aún se conserva) y hacía mucha penitencia, algo que deterioro su salud. En sus últimos días repetía continuamente una frase de San Pablo: Me disolveré y estaré con Cristo (Filisenses 1.23), tras recibir la Unción de enfermos y el Viático, falleció apaciblemente el 2 de septiembre de 1626, poco antes de cumplir los cuarenta y un años, con fama de santidad.
Beatificación
La causa se inició el 11 de abril de 1984 bajo el pontificado del papa Juan Pablo II, con la declaración del nihil obstat, que establecía que no había objeciones al inicio de la causa, siendo nombrado Siervo de Dios. Benedicto XVI declaró que había vivido una vida de virtud heroica y lo proclamó venerable, el 14 de enero de 2011. Posteriormente, aprobó un decreto que ratificaba la existencia de un milagro el 20 de diciembre de 2012, firmando el acta de beatificación, en el decreto papal destacó su vida pastoral, su formación del clero, sus visitas a las comunidades, su cuidado de la liturgia, su asistencia a los pobres y a los enfermos, así como su lucha contra la usura.
Fue beatificado en la Catedral de Mesina el 2 de septiembre de 2013, por el cardenal Ángel Amato en nombre del papa Francisco.
Referencias
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