La reconstrucción de San Sebastián tras el incendio de 1813 fue el proceso de reedificación de la ciudad iniciado después de su destrucción durante el sitio de 1813, en el contexto de la Guerra de la Independencia Española. miniaturadeimagen|301x301px|Plaza de la Constitución de San Sebastián Tras el incendio, buena parte de la población abandonó la ciudad y la mayor parte del núcleo urbano resultó destruido. En septiembre de 1813, representantes municipales y vecinos reunidos en Zubieta acordaron reconstruir San Sebastián. A finales de ese año se restableció la Junta de Obras Públicas, encargada de organizar buena parte de los trabajos.

El arquitecto e ingeniero Pedro de Ugartemendía recibió el encargo de elaborar un nuevo proyecto urbano. Su primera propuesta, presentada en 1814, modificaba de forma importante el trazado anterior y el reparto de las propiedades. La oposición de los propietarios impidió su ejecución. En los años siguientes se elaboraron nuevas propuestas, incluida una realizada junto con Alejo de Miranda hasta que en 1816 se aprobó una solución más próxima a la trama urbana anterior al incendio.

La reconstrucción determinó buena parte de la configuración posterior de la actual Parte Vieja de San Sebastián. Antecedentes

El 31 de agosto de 1813, durante el asedio de San Sebastián, las tropas aliadas entraron en la ciudad, ocupada hasta entonces por una guarnición francesa. En las horas siguientes se produjo un incendio que destruyó la mayor parte del casco urbano. De unas seiscientas casas existentes antes del sitio, solo unas pocas decenas quedaron en condiciones de ser habitadas.

Numerosos vecinos buscaron refugio en localidades cercanas. Los que permanecieron en San Sebastián o regresaron durante los meses siguientes tuvieron que alojarse en los edificios que habían sobrevivido o en construcciones provisionales.

El 8 de septiembre de 1813 se celebró en Zubieta una reunión de representantes municipales y vecinos en la que se acordó reconstruir la ciudad.

La Junta de Obras

El Ayuntamiento restableció el 1 de diciembre de 1813 la Junta de Obras Públicas. El organismo se ocupó de cuestiones relacionadas con la reconstrucción, la administración de fondos y la contratación de trabajos.

Pedro Manuel de Ugartemendía fue nombrado responsable técnico de las obras. Era arquitecto de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ingeniero militar e inspector de caminos de Guipúzcoa.

Durante los primeros años la Junta tuvo que atender problemas inmediatos como la retirada de escombros, la reparación de calles, el abastecimiento de agua y el alojamiento provisional de la población. Proyecto de Ugartemendía de 1814

A comienzos de 1814 se encargó a Ugartemendía levantar un plano de la ciudad anterior al incendio y preparar un proyecto de reconstrucción.

El proyecto fue presentado el 28 de mayo de 1814. Frente a una reproducción literal de la ciudad destruida, Ugartemendía propuso una reorganización racional del espacio urbano. El plan regularizaba las calles y las manzanas, modificaba el parcelario y buscaba mejorar la iluminación, ventilación, circulación y salubridad de las viviendas.

El esquema incluía una plaza central de planta octogonal de la que partían diversas calles, además de otros espacios públicos próximos al puerto y a la iglesia de Santa María.

La propuesta afectaba a numerosos límites de propiedad y encontró una fuerte oposición entre los propietarios, por lo que no llegó a ejecutarse.

Proyectos de 1815 y aprobación del plan definitivo

Después del rechazo del proyecto de 1814, el alcalde Manuel de Gogorza defendió una reconstrucción que respetara en mayor medida la trama y las propiedades anteriores. En 1815 Ugartemendía y Alejo de Miranda prepararon una nueva propuesta.

La oposición de los propietarios continuó. Finalmente, en 1816 se aprobó una solución que mantenía en lo esencial la distribución anterior de las propiedades, aunque introducía algunas nuevas alineaciones y rectificaciones en las calles.

Una Real Provisión de 1816 reguló asimismo las funciones de la Junta de Obras y el proceso de reedificación. Ordenanzas de edificación

La reconstrucción no se limitó a recuperar el parcelario anterior. Ugartemendía elaboró también reglas de edificación destinadas a ordenar las nuevas construcciones. En marzo de 1816 presentó disposiciones relativas a la reedificación, que fueron completadas posteriormente en 1817.

Estas normas pretendían establecer criterios comunes para las fachadas, alturas y alineaciones de las viviendas y facilitar una reconstrucción urbana más homogénea.

La arquitectura resultante quedó vinculada al neoclasicismo, que caracterizó buena parte de los nuevos edificios de la Parte Vieja.

La reedificación se prolongó durante años debido a la magnitud de la destrucción y a las dificultades económicas. Durante las primeras fases coexistieron los nuevos edificios con solares en ruinas y numerosas barracas provisionales utilizadas como viviendas y establecimientoslo que propició la aparición de una epidemia de fiebre amarilla.

La Junta de Obras gestionó los recursos destinados a la reedificación y dirigió trabajos de desescombro, pavimentación, apertura y alineación de calles, abastecimiento de agua y reconstrucción de infraestructuras públicas.

En 1817 fue inaugurada la nueva Plaza Nueva, posteriormente denominada plaza de la Constitución, que se convirtió en uno de los principales símbolos urbanos del proceso de reconstrucción. Resultado urbano y legado

La reconstrucción dio forma a buena parte de la actual Parte Vieja. El proyecto de 1814 no llegó a construirse, pero las actuaciones posteriores introdujeron nuevas alineaciones y normas comunes para la edificación.

La ciudad reconstruida permaneció dentro del recinto amurallado hasta 1863, cuando comenzó el derribo de las fortificaciones y se inició una nueva etapa de expansión urbana con el Ensanche de San Sebastián.

Referencias

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