Diego Hidalgo de Cisneros (fallecido antes de 1791) fue un funcionario de la Monarquía Hispánica activo durante la primera mitad del siglo XVIII en el Virreinato del Perú y en el territorio de la Real Audiencia de Charcas. Ejerció el corregimiento de Moquegua en torno a 1730-1731, se integró posteriormente en la vida política y judicial de Oruro, donde fue nombrado alcalde ordinario por el virrey José Antonio Manso de Velasco en 1746, y realizó en 1749 una visita de inspección a la Caja Real de Carangas. En 1752 aparece además litigando por el derecho a entrar en el uso y ejercicio del corregimiento de Lampa.
Era hijo de Antonio Hidalgo de Cisneros y Cantarín, militar y administrador de la Corona que había servido en las Guardias y dirigido las Reales Fábricas de Armas de Guipúzcoa. Durante su alcaldazgo de Oruro, Diego invocó expresamente los servicios de su padre en una carta dirigida al virrey Manso de Velasco el 30 de abril de 1746. Su propia trayectoria consolidó una rama americana de los Hidalgo de Cisneros que quedó vinculada a Moquegua, Oruro, Los Yungas y La Paz.
Orígenes y familia Diego fue hijo de Antonio Hidalgo de Cisneros y Cantarín, militar y administrador de la Monarquía Hispánica que sirvió en las Guardias, dirigió las Reales Fábricas de Armas de Guipúzcoa y ejerció posteriormente como gobernador de Bayona. Oscar Cornblit, basándose en documentación del Archivo General de la Nación de Buenos Aires, identifica expresamente al alcalde de Oruro como hijo de Antonio y remite, entre otras fuentes, a la carta que Diego dirigió al virrey Manso de Velasco desde Oruro el 30 de abril de 1746.
Fue hermano de Francisco Hidalgo de Cisneros y Seijas, oficial de la Armada Española que alcanzó el grado de teniente general. Francisco permaneció vinculado principalmente al ámbito peninsular y naval, mientras que Diego desarrolló su carrera en el Virreinato del Perú y la Real Audiencia de Charcas, dando origen a la rama americana de la familia.
Por medio de su hermano Francisco, Diego fue tío de Baltasar Hidalgo de Cisneros (1755-1829), marino y último virrey efectivo del Virreinato del Río de la Plata antes de la Revolución de Mayo. De este modo, los descendientes de Antonio Hidalgo de Cisneros y Cantarín quedaron vinculados a dos espacios diferentes de la Monarquía: la rama de Francisco continuó la tradición militar y naval en España y alcanzó particular notoriedad con Baltasar, mientras que la de Diego se estableció en el espacio surandino, principalmente en Moquegua, Oruro, Los Yungas y La Paz.
La documentación actualmente conocida no permite fijar con seguridad la fecha ni el lugar de nacimiento de Diego. Su presencia en América está documentada, en cambio, desde comienzos de la década de 1730.
Contrajo matrimonio con Francisca Castellanos Luis de Bustillos. Juan Antonio Montenegro y Ubaldi, al enumerar los corregidores de la provincia, registra a Diego acompañado de Francisca Castellanos.
La forma más completa del nombre de su esposa se conserva en un documento posterior de su hijo Francisco Xavier Hidalgo de Cisneros. En un poder para testar otorgado en La Paz el 10 de marzo de 1791, Francisco Xavier se declaró natural de Oruro e «hijo legítimo» de Diego Hidalgo de Cisneros y Francisca Castellanos Luis de Bustillos, a quienes menciona entonces como ya fallecidos.
Entre los hijos documentados o identificados por la historiografía de Diego se encuentran María Ignacia Hidalgo Cisneros, Tadeo Hidalgo Cisneros y Francisco Xavier Hidalgo de Cisneros. A través de Francisco Xavier continuó una de las líneas establecidas en La Paz; entre sus hijos se encontraba Josefa Hidalgo de Cisneros, madre de Juan de la Cruz Cisneros.
Corregidor de Moquegua La primera etapa americana bien documentada de su carrera transcurrió en Moquegua, importante jurisdicción del sur del virreinato peruano.
Una relación de corregidores estudiada por Alfredo Moreno Cebrián y Núria Sala i Vila sitúa a Diego Hidalgo de Cisneros tomando posesión del corregimiento de Moquegua en 1730. La información procede de documentación del Archivo General de Indias, Escribanía de Cámara, 555 A.
Montenegro y Ubaldi, cuya reconstrucción de la historia de Moquegua utilizó antiguos protocolos y documentación local, lo registra todavía en 1731 como «don Diego Hidalgo de Cisneros», corregidor y esposo de Francisca Castellanos. Las dos noticias permiten situar su ejercicio del cargo en torno a 1730-1731.
La permanencia de su familia en Moquegua tuvo también una dimensión doméstica y patrimonial. La investigación de César Augusto Coaguila Calvimontes sobre Ignacia Landaeta documenta que Lorenza, posteriormente madre de Ignacia, había nacido en situación de servidumbre en la casa de Diego Hidalgo de Cisneros. Al contraer matrimonio María Ignacia Hidalgo Cisneros, hija de Diego, Lorenza fue entregada como parte de su dote y pasó a integrarse en la casa formada por María Ignacia y Tomás de Landaeta.
La reconstrucción de Coaguila vincula además a aquella familia con bienes y desplazamientos entre Moquegua, Chucuito y Oruro. La presencia de los Hidalgo Cisneros en estas regiones precedió al establecimiento más duradero de la familia en el espacio de Charcas.
Establecimiento y actividad política en Oruro miniaturadeimagen|Vista de Oruro en una acuarela de Godfrey Vigne de 1855. La ciudad fue el principal escenario de la actividad política documentada de Diego Hidalgo de Cisneros durante la década de 1740. Diego Hidalgo de Cisneros aparece documentado en Oruro desde comienzos de la década de 1740. Su llegada a la vida pública de la villa coincidió con un período de intensos enfrentamientos entre las facciones de la élite minera, comercial y municipal, estudiados especialmente por Oscar Cornblit.
Elecciones municipales de 1741 En las conflictivas elecciones municipales de 1741 figura como «Commissar Don Diego Hidalgo de Zisneros». En los días anteriores a la elección circulaban acusaciones entre los grupos políticos acerca de la intención de controlar la designación de los nuevos miembros del cabildo.
Durante la jornada electoral, por orden del corregidor, Diego transmitió instrucciones para que hombres pertenecientes a las fuerzas disponibles en la villa ocuparan la antesala, las escaleras y los accesos al edificio del cabildo. Los adversarios del grupo gobernante presentaron posteriormente el despliegue como una forma de intimidación destinada a influir en la elección.
El episodio constituye una de las primeras apariciones documentadas de Diego dentro de la política local orureña y lo sitúa ya relacionado con el funcionamiento del cabildo y con las disputas entre sus principales facciones.
Actuación ante la Audiencia de Charcas En 1744 intervino en un litigio que enfrentaba a Alonso Ramírez con el alcalde José de Imblusqueta. Ramírez, capitán de los yanaconas e hijo natural de Domingo Ramírez, cuestionaba la administración que Imblusqueta hacía de los bienes dejados por su padre.
Ramírez recurrió a la Real Audiencia de Charcas y designó a Diego Hidalgo de Cisneros como su apoderado. La Audiencia falló favorablemente a Ramírez y exigió explicaciones a Imblusqueta. La reacción del alcalde provocó nuevas actuaciones judiciales en Oruro.
Dentro de este expediente se conserva la referencia a un «Pedimento de Diego Hidalgo de Cisneros», fechado en Oruro el 9 de octubre de 1744.
La participación de Diego como representante ante la Audiencia demuestra que, antes de alcanzar el alcaldazgo, ya estaba integrado en los mecanismos judiciales y políticos de la villa. miniaturadeimagen|Vista de Oruro publicada en La Ilustración Española y Americana en 1880. Aunque posterior a Diego Hidalgo de Cisneros, muestra el entorno urbano de la ciudad en la que desarrolló buena parte de su carrera política durante la década de 1740.
Candidatura de 1745 Los conflictos municipales continuaron durante 1745. Uno de los grupos enfrentados propuso al virrey tres nombres para el alcaldazgo: Juan José de Helguera, Pedro de Eulate y Diego Hidalgo de Cisneros.
La magnitud de las disputas llevó al virrey José Antonio Manso de Velasco a abandonar la práctica ordinaria de dejar la elección exclusivamente en manos de las autoridades locales y a intervenir directamente en la designación de los alcaldes.
Alcalde ordinario de Oruro A comienzos de 1746, Manso de Velasco nombró alcaldes ordinarios de Oruro a José de Helguera y Diego Hidalgo de Cisneros. El nombramiento formaba parte del intento del gobierno virreinal de reducir los enfrentamientos entre las facciones locales.
El jesuita Pedro Ignacio Romero, rector del colegio de la Compañía de Jesús en Oruro, había sido utilizado por el virrey como intermediario debido a su posición relativamente neutral. En enero de 1746 comunicó favorablemente la designación de Helguera y Diego, manifestando la expectativa de que los nuevos alcaldes contribuyeran a restablecer la administración de justicia y la paz de la villa.
Posición económica A diferencia de algunos de los grandes empresarios mineros y comerciantes que dominaban la política local, Diego disponía de recursos más modestos. Cornblit, basándose en su propia correspondencia de 1746, señala que una parte fundamental de los ingresos domésticos procedía de una panadería aportada por su esposa al matrimonio.
Este dato permite situar su posición dentro de la élite orureña: poseía el estatus y las relaciones suficientes para acceder a empleos municipales y representar litigantes ante la Audiencia, pero su patrimonio no era comparable al de los principales magnates mineros de la villa.
Conflicto con Francisco de Ugalde Poco después de asumir el alcaldazgo, Diego tuvo diferencias con Francisco de Ugalde, que había sido nombrado corregidor de Carangas. Hidalgo de Cisneros pidió al virrey que restringiera determinadas actuaciones de Ugalde.
Manso de Velasco rechazó la solicitud y respondió de manera desfavorable a Diego. Para Cornblit, este incidente contribuyó a que el virrey perdiera confianza en la capacidad de los alcaldes recién nombrados para terminar con la inestabilidad política de Oruro.
Compromiso de pacificación del cabildo La tensión entre la Corona y las facciones orureñas desembocó en una severa intervención del virrey. Como respuesta, representantes de los principales grupos del cabildo remitieron una declaración colectiva en la que reconocían los excesos cometidos durante los enfrentamientos y prometían abandonar las disputas.
Entre los firmantes figuraron Manuel de Alserreca, José de Helguera, Diego Hidalgo de Cisneros, Melchor de Herrera, Pedro Durán Valencia de Salazar, Lorenzo Rodríguez y Manuel de Ayllón.
El virrey recibió favorablemente la declaración, aunque mantuvo reservas acerca de la duración de aquella reconciliación y continuó interviniendo en el gobierno local. miniaturadeimagen|Mapa histórico de Oruro relacionado con la rebelión de 1781, elaborado en el siglo XIX. Permite apreciar la configuración histórica de la ciudad algunas décadas después de la etapa en que Diego Hidalgo de Cisneros ejerció como alcalde ordinario.
Denuncias y conflicto con Pedro de Orosco La pacificación fue temporal. Dentro de las nuevas disputas, José Francisco de Alserreca acusó a Diego Hidalgo de Cisneros y a auxiliares de la administración de tergiversar informaciones enviadas a las autoridades superiores.
El 28 de julio de 1746, el corregidor Juan de Landaeta informó al virrey de otra controversia. Pedro de Orosco, vecino de Oruro, había recurrido a la Audiencia de Charcas para acusar al alcalde Diego Hidalgo de Cisneros en relación con el cobro de una deuda de 500 pesos que Orosco mantenía con un oficial vinculado al gremio de plateros.
Landaeta intervino como mediador y logró una conciliación entre las partes. La documentación demuestra que Diego continuaba ejerciendo como alcalde al menos hasta finales de julio de 1746.
Correspondencia con Manso de Velasco