El budismo en América Latina es una religión minoritaria presente en prácticamente todos los países de la región, resultado de dos procesos históricos distintos: la inmigración asiática de los siglos y , que trasplantó instituciones budistas de carácter étnico, y la conversión de personas sin ascendencia asiática, mayoritariamente a partir de la segunda mitad del .

Un inventario de centros y templos publicado en 2025 por Frank Usarski, Rafael Shoji y Catón Carini contabilizó cerca de 985 instituciones budistas activas en la región, con presencia de prácticamente todas las escuelas, desde las tradiciones más antiguas hasta los movimientos neobudistas. El mahayana reúne alrededor del 60 % de ellas, el vajrayana cerca del 32 % y el theravada apenas un 4 %.

El campo académico dedicado al tema es todavía reducido y se ha concentrado en Brasil y Argentina, por lo que los autores de los estudios de conjunto han señalado repetidamente la falta de investigaciones de alcance regional.

Historia

Primeras oleadas migratorias asiáticas

La primera inmigración asiática significativa hacia América Latina llevó trabajadores chinos a varios países de la región. Un grupo reducido llegó a Brasil en 1810 sin dejar rastros budistas públicos, y algo semejante ocurrió en el Perú, destino de inmigración china desde 1848 y que hacia 1874 contaba con unos 100 000 chinos. La tendencia a los matrimonios mixtos y una aculturación rápida hicieron que aquella migración no dejara legado institucional budista, proceso que se repitió en otros países como Venezuela.

Fue la inmigración japonesa, más duradera y extensa, la que tuvo mayor impacto sobre el budismo institucionalizado de la región. Entre los primeros inmigrantes japoneses hubo representantes religiosos: en 1903 llegaron al Perú los monjes Ueno y Masumoto, de la escuela soto zen, y el reverendo Kinoshita, de la escuela jodo.

Institucionalización en Brasil

El reverendo Tomojiro Ibaraki, de la escuela honmon butsuryū-shū, llegó a Brasil en 1908 a bordo del Kasato Maru, el buque que inauguró la inmigración japonesa al país y que atracó en Santos el 18 de junio de ese año. En 1936 fundó el templo Taissenji en Guaiçara, la primera institución budista oficial de Brasil, trasladado a Lins en 1951.

Poco después se inauguró en Cafelândia la primera entidad del budismo shin y se introdujeron las escuelas honpa honganji y shingon. Entre 1940 y 1941 se edificaron otros dos templos de la honmon butsuryū-shū.

Consolidación de posguerra

La decisión de la mayoría de los inmigrantes japoneses de permanecer en Brasil después de la Segunda Guerra Mundial produjo una ola de institucionalización. La honmon butsuryū-shū abrió tres nuevos centros entre 1949 y 1950 e inauguró su sede en São Paulo en 1962. A principios de la década de 1950 abrieron sus primeros templos la escuela tendai y la rama ōtani del jōdo shinshū, mientras que la rama honpa estableció su sede nacional en São Paulo y las escuelas soto zen y nichirenshu anunciaron oficialmente sus misiones en el país. En 1958 se fundó en Brasil la Federación de Sectas Budistas, entidad aglutinadora de las organizaciones japonesas que operaban en territorio brasileño.

Buena parte de las instituciones fundadas en ese periodo siguió arraigada exclusivamente en la vida religiosa de las familias de ascendencia japonesa, tendencia observable en la mayoría de las más de ochenta ramas del budismo shin de la región y en templos zen tradicionales como el Busshinji de São Paulo o el Daishinji de Bogotá.

Inmigración coreana y china tardía

Las oleadas migratorias chinas posteriores sí dejaron huella institucional. El proceso desarrollado entre 1949 y finales de la década de 1980, que llevó a Brasil unos 100 000 chinos, dio lugar a la primera institución budista china del país, el templo Mo Ti de São Paulo, fundado en 1962, y más tarde al templo Kuang Ying, en 1987 en la misma ciudad.

La inmigración coreana también contribuyó. México fue destino temporal de migración coreana ya hacia 1903, aunque sin consecuencias religiosas manifiestas, y el flujo hacia Centroamérica y Sudamérica se reanudó e intensificó a partir de la década de 1960. En 1984 la escuela chogye inauguró en São Paulo el templo Jin Gak, que absorbió parte de la membresía de la escuela kwan um, asentada en Brasil el año anterior. Posteriormente el budismo seon se implantó en Argentina, donde entre 1991 y 1992 estableció centros locales, incluida una filial en Buenos Aires.

Difusión entre la población no asiática

Junto al budismo de base migratoria se desarrolló un budismo de conversos, personas sin ascendencia asiática que abandonaron su religión de origen, generalmente el catolicismo. En países con inmigración asiática poco significativa, como Colombia y Chile, el budismo institucional se sostiene casi exclusivamente sobre este segundo grupo.

En la difusión del zen entre practicantes sin raíces asiáticas fueron determinantes figuras como Shingū Ryohan, superintendente del templo Busshinji entre 1956 y 1985, además de Tokuda Ryotan, Shunkyo Aoki y Daiko Moriyama. La recepción intelectual del budismo en el ámbito hispanohablante estuvo mediada también por la publicación en México de Budismo zen y psicoanálisis, de D. T. Suzuki, Erich Fromm y Richard De Martino, por el Fondo de Cultura Económica en 1964.

En el caso del budismo tibetano, la relación entre maestro y discípulo hizo que la presencia de lamas fuera un elemento decisivo. El maestro de la línea nyingma Chagdud Tulku trasladó la sede de su movimiento internacional desde Estados Unidos a Brasil y estableció una red transnacional de centros que incluye instituciones en Argentina, Chile y Uruguay; en Chile, el lama Tounsang ya iniciaba practicantes en 1981. Las siete visitas del dalái lama a América Latina entre 1988 y 2013 promovieron el budismo en general y el vajrayana en particular.

La tradición theravada también se ha difundido entre conversos sin ascendencia asiática, aunque en una escala mucho menor: a diferencia del mahayana y el vajrayana, su implantación en la región ha dependido casi por completo de la conversión y no de comunidades migrantes. Su presencia institucional se organiza en torno a una pequeña red de monasterios y maestros de las tradiciones birmana y tailandesa. El monje de origen argentino Bhikkhu Nandisena fundó en 1999 el Dhamma Vihāra en Jilotepec, Veracruz, México, el primer monasterio theravada del mundo hispanohablante, y ha traducido al español el Abhidhammattha Saṅgaha (1999) y el Dhammapada con el comentario de Buddhaghosa (2008). El monje mexicano Bhante Rāhula, discípulo de Sayadaw U Tejaniya del linaje birmano de Mahasi, fundó el monasterio Paññābhūmi en Zapopan, México, y ha enseñado en Uruguay, Colombia, Perú, Argentina, Chile y Brasil. En Brasil, el monje Ajahn Mudito fundó en 2017 el Mosteiro Suddhavāri, el único monasterio brasileño de la tradición tailandesa del bosque. La tradición de meditación vipassana de Ajahn Tong Sirimangalo se difundió entre conversos hispanohablantes a través de la Casa de Meditación Vipassana en México, fundada por Khun Chakkaratani, y la comunidad Anumodana dirigida por Miguel Pelusi, con retiros en México, España, Colombia y Argentina.

Escuelas

Mahayana

El mahayana es la corriente institucionalmente más extendida, con unas 565 organizaciones, cerca del 60 % del total regional. Predominan ampliamente las instituciones de origen japonés (unas 515), seguidas de las de origen chino (unas 28), coreano (trece) y vietnamita (diez).

La escuela numéricamente más relevante de toda la región es la Soka Gakkai, con aproximadamente 240 centros locales, alrededor del 25 % de todas las instituciones budistas de América Latina. El zen ocupa el segundo lugar dentro del mahayana con unos 158 centros, y el budismo shin el tercero con unas 86 instituciones.

Vajrayana

El budismo vajrayana de origen tibetano cuenta con unos 354 templos y centros, alrededor del 32 % de las instituciones budistas establecidas en la región. Predomina la escuela kagyu, con unos 118 grupos, seguida de la nyingma con unos 89 sitios de práctica. La Nueva Tradición Kadampa ha establecido aproximadamente 55 centros, y la escuela guelug está representada por unos 44. Once centros pertenecen a la escuela sakya, ocho a la tradición bön y 29 grupos locales se clasifican como no sectarios.

Theravada

El theravada es la corriente institucionalmente menos significativa de la región, con unos 38 centros locales, apenas el 4 % del total. A diferencia del mahayana y el vajrayana, su implantación ha dependido casi por completo de la conversión y no de comunidades migrantes.

La única institución theravada predominantemente étnica de América Latina es el templo Wat Lao Rattanarangsiyaram, en Posadas, provincia de Misiones, Argentina. Su origen se remonta a 1979, cuando alrededor de doscientas familias laosianas recibieron asilo en Argentina y se instalaron en Misiones por la semejanza entre la selva misionera y la de Laos. La comunidad careció durante años de templo y de monjes, situación que se revirtió con la apertura del recinto en 1997. En su predio se inauguró el 21 de febrero de 2020 la mayor estatua de Buda de América Latina, de trece metros de alto por diez de ancho, construida por la propia comunidad a lo largo de ocho años y financiada con donaciones propias y de devotos de otros países.

Entre los antecedentes de la enseñanza theravada en la región figura la presencia del monje cingalés Puhuwelle Nayaka Vipassi, especialista en meditación vipassana, en la Sociedade Budista do Brasil de Río de Janeiro entre 1986 y 2006.

El primer monasterio theravada del mundo hispanohablante fue el Dhamma Vihāra, fundado en 1999 en Jilotepec, Veracruz, México, por el monje de origen argentino Bhikkhu Nandisena, también traductor al español del Abhidhammattha Saṅgaha de Anuruddha y del Dhammapada.

En Brasil, el monje brasileño Ajahn Mudito fundó en 2017 el Mosteiro Suddhavāri, en Soledade de Minas (Minas Gerais), el único monasterio brasileño de la tradición tailandesa del bosque.

Otra vía de implantación ha sido la del linaje de meditación vipassanā de Wat Phra That Si Chom Thong, en el norte de Tailandia, fundado por Ajahn Tong Sirimangalo: grupos que practican en esa tradición operan en México, Colombia y Argentina.

En el Caribe, la presencia theravada es más reciente. En Cuba, donde los practicantes budistas representan una fracción mínima de la población, la tradición fue sostenida durante años por visitas del monje Bhikkhu Mihita, del Toronto Mahavihara, que impartió conferencias en la Universidad de La Habana y guio talleres de meditación en varias provincias.

Según la propia comunidad, en febrero de 2026 abrió en La Habana el Sanditthiko Vihara, el primer vihara theravada de Cuba, a cargo de la bhikkhuni Mārajinā, de origen cubanoestadounidense, ordenada en mayo de 2012 en el eremitorio Aranya Bodhi de California con Tathālokā Therī como preceptora. Buena parte de la actividad de esta comunidad se sostiene mediante transmisiones en línea en español, una modalidad que se consolidó durante la pandemia de COVID-19 y que ha permitido a los grupos theravada hispanohablantes, dispersos y de pequeño tamaño, compartir enseñanzas a distancia.

Distribución geográfica

El budismo latinoamericano está distribuido de manera muy desigual. Brasil concentra alrededor del 40 % de las organizaciones de la región.

+ Instituciones budistas por país País Instituciones Brasil 392 México 139 Chile 87 Argentina 84 Colombia 48 Venezuela 37 Perú 35 Uruguay 24 Bolivia 22 Costa Rica 22 Cuba 17 Ecuador 15 Guatemala 14 República Dominicana 10 El Salvador 10 Puerto Rico 10 Paraguay 9 Nicaragua 5 Panamá 4 Honduras 1

Demografía